UNA GRAN CITA ( PARTE I )

5  23.11.2008 (22.11.2008)

Ventajas:
Las de conocer en carne y hueso a personas que son mucho más que círculos de color .

Desventajas:
Es sólo la primera parte de una extensa opinión .

Recomendable: Sí 

Solsticio

Sobre mí:

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¿POR QUE LO LLAMAN "QUEDADA" CUANDO QUIEREN DECIR UNA GRAN NOCHE ENTRE AMIGOS?


Como muchos de vosotros habréis notado cuando me pongo a escribir hablo más que una suegra. Es por esto por lo que he decidido dividir mis impresiones de la gran cita del 15 de noviembre en dos partes. Una sola sería larga en exceso. De todos modos la ocasión requiere esta extensión porque me estáis haciendo trabajar de lo lindo. La segunda parte la colocaré, cuando la ultime, en la sección "Quedada en Madrid - Noviembre 2008" Por el momento os dejo conmigo mismo. En la segunda parte me lanzaré sobre vosotros.

[ DESDE EL INTERIOR: PENSAMIENTOS Y SENSACIONES ]


SABADO, 15 DE NOVIEMBRE DE 2008, 17'00 HORAS

Me revuelvo en la cama padeciendo una agitada siesta. ¡Maldita sea! ¿Por qué saldría yo anoche? ¿Por qué demonios tuve que hacerlo? Me había jurado a mí mismo hasta la saciedad que el viernes no saldría a tomar ninguna copa con el fin de sentirme completamente despejado en el gran día que se avecinaba con el amanecer del sábado. ¿Eres un irresponsable? No lo sé. Pero sí sé que quiero dormir. ¡Dormir! Necesito dormir un rato pero no lo estoy consiguiendo. Siento ansiedad y nervios. Tengo sueño y no debo tenerlo. He de empezar a prepararme pronto. Menudas ojeras tengo. ¿Por qué diablos salí ayer?

Debilidades humanas.

Me propuse acostarme pronto la noche del viernes pero, al final, me encontré con unas amistades que me sugirieron tomarnos algo en unos bares cercanos a mi casa. Les dije que me bebería alguna copa con ellos con la condición de que me marcharía a dormir a la 1 de la madrugada, como hora límite, porque al día siguiente tenía una gran cita. ¿Una cita con gente de Internet que no has visto en tu vida? Sí, así es. No les he visto pero tengo la impresión de que les conozco. Por lo que escriben, por sus pensamientos y sus experiencias, alguien que está lejos puede sentirse cercano. Por lo que escriben les conoceréis porque con la escritura se conoce a las personas. Se las siente. Se les toma aprecio. Me marcharé pronto a dormir para estar mañana bien descansado.

¿Estás seguro de que lo conseguirás? Tic tac, tic tac, tic tac… Implacable reloj, interminable charla, inacabable noche…

Sí, ya lo sé, ya lo sé! La carne es débil. Se me olvidó por completo el inexorable latido del tiempo y al final me dieron casi las 5 ¿Por qué me quedaría hasta tan tarde teniendo la cena en poco más de 12 horas? Ya no existe la posibilidad de una rectificación a tiempo. No hay otra solución. No puedo fallarles y no quiero hacerlo. No voy a fallar porque deseo estar allí a la hora en punto para verles en carne y hueso. Tengo que olvidar las horas de sueño que tanto me suplica el cuerpo, levantarme de esta cama en la que no paro de dar vueltas y empezar a recuperarme para estar despierto cuando acuda a su encuentro.

Ducha caliente, restauración del organismo, aseo general y un poco de corrector de ojeras para camuflar mi aspecto trasnochado.


SABADO, 15 DE NOVIEMBRE DE 2008, 19'00 HORAS

Es casi invierno. Las temperaturas serán bajas esta noche. Estoy seguro de que en la madrugada refrescará bastante a pesar de que ahora no haga excesivo
Fotos de Mi propia experiencia
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Mi propia experiencia Foto 1
Noche Ciao
frío. Así que rebuscaré en el armario y me pondré ropa que abrigue aunque tampoco en exceso. Detesto los resfriados pero odio de verdad las gripes. Tampoco me gusta sudar porque el calor excesivo me enferma. Saldré pronto de casa, me tomaré un café en un lugar que frecuento para terminar de despejarme y después pondré rumbo hacia Callao tratando de controlar el rítmico golpeteo de los nervios que convierte casi en un galope a caballo a los latidos del corazón. Me siento como un jinete tratando de dominar el principal músculo de mi cuerpo que corre desbocado en mitad de una carrera. Sostendré con fuerza las riendas en mi cabalgada hacia el lugar de la reunión.

!Ring, ring! ¡Ring, ring!

Parece un maldito despertador pero no hay duda de que se trata del teléfono porque ya estoy bien despierto. Han llamado para decirme que el libro agotado que encargué hace dos semanas, "El resplandor" de Stephen King, puedo ir a buscarlo porque ya lo han repuesto. Sonrío. ¡El destino se alía conmigo! El Corte Inglés queda a un paso del punto de encuentro para la gran cita en Callao. Pasaré a recogerlo antes de encontrarme con ellos aunque deba cargar con él toda la noche. De todas formas, cabe dentro de los amplios bolsillos interiores de esta cazadora por lo que no notaré que lo llevo encima. Y de esta manera puedo comentarlo con "enderlarkin" al que sé bien que le encanta el autor.

Salida de la casa. Café caliente en una cafetería. Unos pocos de nervios y bastantes cigarros rubios aplastados en un cenicero humeante.

Bebo el último sorbo de café y me contemplo pensativo en un espejo que tengo enfrente. Observo mi reflejo entre botellas de licor de llamativos colores y formas que centellean bajo los focos con relucientes tonalidades. Me pienso a mí mismo. He oído hablar de muchas quedadas pero jamás acudí a ninguna. Es mi primera vez aunque me siento raro al decir algo semejante. Lo admito si bien no lo comprendo: estoy nervioso. Es aún temprano pero tengo que ponerme en marcha hacia Callao porque experimento ansiedad y deseos de que se produzca el encuentro ya que nunca he vivido nada semejante a esto. He leído muchos pensamientos de ellos y ahora siento que de verdad quiero verlos. Salgo al exterior abrochándome la cazadora. No puedo permanecer parado. Estoy inquieto. Demasiado bullicio en las calles como para poder calmarme. Ruido de motores y sirenas sobre el gimiente asfalto. El clamor de mucha gente se desborda en las repletas aceras. Hago una llamada de teléfono. Entraré en el metro aunque esté abarrotado de personas y en apenas 15 minutos estaré allí. Prefiero esperar en el mismo lugar donde nos hemos citado y empezar a tomar contacto anticipado con el terreno de las operaciones.


SABADO, 15 DE NOVIEMBRE DE 2008, 20'00 HORAS

Gente, coches y más gente por todas partes en la turbulenta Gran Vía madrileña. Miles de personas y de vehículos. Miles de compras y calles saciadas de gente. Miles de almas y de luces resplandecientes. Energía y vida. Gente y más gente viva. Vidas que viven a un ritmo infernal. Suenan en mi cabeza los acordes de la canción "Gran Vía" de Antonio Flores. Se amontonan pensamientos y recuerdos. Me siento pequeño en este lugar. Sé que adoro a Madrid aunque en ocasiones me obliga a odiarlo.

Tengo el hábito de ser puntual pero hoy me he excedido. Falta aún una hora para el acontecimiento y mis pies ya pisan Callao. ¿Qué sucederá sobre este mismo suelo desgastado por tantos pasos dentro de sesenta minutos? Hay muchos encuentros en este lugar pero estoy ansioso por conocer cómo será el nuestro. Quiero verlo. Quiero saberlo. Quiero vivirlo. Recogeré el libro, me daré una vuelta por la zona tratando de averiguar el punto exacto de reunión y me tomaré una copa para hacer tiempo y tranquilizar esta agitación nerviosa. Justo cuando estoy dando un trago de whiskey, sobre la barra de un restaurante a pocos metros de Callao, el pitido de mi teléfono móvil anuncia la llegada de un mensaje de texto. Lo envía "susiky1" y me dice que… ¡no es posible! ¡no puede venir porque se encuentra mal! Marco su teléfono de inmediato y hablamos durante un rato de manera distendida pero no puedo convencerla. Le pido que haga un esfuerzo pero me responde que no existe ninguna posibilidad porque está mal de verdad. Lo siento. Cuídate y otra vez será, Susana, pero que conste que la tuya es una ausencia importante esta noche.

Un reloj mortecino que cuelga de una pared marca las 20'45 horas cuando empieza a mirarme.

La conversación por teléfono con Susana ha conseguido que el tiempo transcurra deprisa. Se acerca el momento y siento cómo los nervios palpitan en la base del estómago. Observo sin cesar las manecillas del reloj de la pared. El reloj no para de mirarme. Me inquietan la esfera y las agujas. Me inquieta su incesante latido. Parece que esa máquina de relojería quiere hipnotizarme porque no me quita ojo de encima. Estoy en las manos del tiempo. Avanza sin piedad y pronto serán las 9 en punto. Me siento como Gary Cooper cuando miraba el reloj en aquella secuencia de la película "Sólo ante el peligro". Los brazos del suspense me han atrapado como si Hitchcock jugara a su capricho conmigo. Enseguida los veré a todos. ¿Cómo serán? ¿Cómo hablarán? ¿Cómo sonreirán? Estoy deseando encontrarme con sus rostros, con sus voces, con sus movimientos…, con sus vidas. Siento que lo deseo de verdad. Apuro el último trago de whiskey y apago un cigarro por la mitad en un cenicero vacío. El tiempo se acaba. Miro el reloj y sus ojos inquietantes se clavan por última vez en los míos. Esta vez percibo su pensamiento infinito: es hora de salir de aquí.


SABADO, 15 DE NOVIEMBRE DE 2008, 21'00 HORAS

Día D, hora H.

¡Oh, santo Dios! ¡Cómo demonios voy a encontrar en medio de toda esta marabunta humana a unos tipos a los que sólo conozco por una foto de tamaño reducido! Bordeo la plaza de Callao abriéndome paso entre miles de personas que transitan por ella y empiezo a mirar caras tratando de encontrar algún rasgo familiar. Algunos viandantes me están observando de forma extraña porque no paro de mirar de manera compulsiva hacia todos los lados y hacia todas las caras con las que me cruzo. ¿Creerán que soy un buscador de oro? ¿Acaso un ladrón de carteras? ¿O tal vez creen que soy un recién casado que busca a la novia fugada tras la boda? Me da igual lo que piensen. Sigo caminando sin dejar de mirar todo lo que me rodea. No creo que esos policías de a pie, que parecen observarme, me pregunten qué estoy buscando con tanto ímpetu. En la bolsa de plástico que sostengo entre mis manos no oculto ningún objeto sospechoso y en su interior sólo hay un libro. Sé bien cuál es mi misión y a quiénes debo encontrar. Es una misión amistosa y de paz. Por el momento no reconozco a ningún rostro. Los nervios siguen jugando a su antojo con mi estómago. Tendrán que empezar a aparecer o de lo contrario me pondré a gritar sus nombres a todo pulmón. Pero entonces será cuando la Policía me pare para preguntarme qué diablos me ocurre y cuáles son mis propósitos. Tengo que tranquilizarme con el fin de no causar alarma. La situación puede empeorar si doy un mal paso. Los nervios golpean ahora con ostensible fuerza.

Centro exacto de la plaza de Callao, junto a la salida del metro, sobre las 21'10 horas.

¡Claro estúpido! ¿Cómo no se me ocurrió antes? No existe en este lugar otro sitio más perfecto donde localizar el punto de reunión que en la isleta situada en el mismo centro de la plaza. ¿Acaso no me enseñaron orientación cuando estuve en el ejército? Agilizo el paso y atravieso la calle casi tropezando con la marea humana. Me sitúo junto a la escalera del metro mientras aprieto mis dedos contra la bolsa de plástico. Hace frío y hay mucha gente. Excesiva humanidad que palpita por todas partes. Demasiadas personas y muchas de ellas agrupadas en círculos. Otras entran y salen apresuradas del suburbano. Si no les localizo me iré al restaurante y les esperaré sentado junto a la barra. Deben estar a pocos metros. Miro en todas direcciones. Miro a un lado y a otro hasta que al fin vislumbro a un grupo que mantiene una ágil conversación justo frente a la entrada del metro. Está situado a poca distancia y a sólo unos pasos de donde yo me encuentro. Estoy dispuesto a recorrerlos de manera serena sin apartar la vista de ellos. Al aproximarme trato de quitar hierro al asunto y se me ocurre hacer un comentario en broma. Miento porque lo tenía ya preparado. Les digo que estoy buscando a la pandilla de "Verano Azul" y es cuando empiezo a reconocer algunos rostros. Los reconozco con una facilidad que me asombra. Las sonrisas afloran y los nervios se esfuman igual que un copo de nieve se deshace con el calor humano. ¡Soy Solsticio! -digo en voz alta mientras pienso que nunca antes había pronunciado eso en mi vida- y a continuación les saludo. Les reconozco. Son ellos. Ahí están en persona. Me siento entre gente amiga. Noto miradas que indagan en mi cara tratando de averiguar quién puedo ser. ¿Solsticio? Te pareces al de la fotografía aunque la tienes puesta en blanco y negro. Pero sí, eres tú el mismo.

Ha concluido con éxito la fase más compleja de la misión que consistía primero en encontrarlos y después en romper el hielo. Lo mejor llegaría a continuación. Respiro tranquilo el frío aire de la noche y de mi boca se desprende la bocanada de humo de un cigarrillo que se desvanece con suavidad entre los brillantes destellos de la luz urbana. La Gran Vía de Madrid almacena nuevos recuerdos desde hoy. Una historia más entre miles de historias anónimas. Millones de emociones que se custodian vivas en el interior de miles de almas. Momentos y memorias. La Gran Vía los contempla todos. Me gusta la Gran Vía. Siempre me gustó. Lleva ahí casi toda la vida y la gente la quiere todavía.

Continuará, en una segunda parte, en la sección "Quedada en Madrid - Noviembre 2008"
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alicia_lopez

alicia_lopez

30.12.2008 21:07

Que bien, hacía tiempo que no me pasaba por Ciao y los reencuentros no pueden ser mejores. Me encanta como transmites todas las sensaciones, me da una poquita de envidia, me hubiera gustado mucho poder estar ahí, soy muy muy reservada y me costaría mucho hablar al principio, pero como tú dices todos incluso nos queremos un poquito ^^. Y bueno, no sabía que os gustaba King a vosotros dos, ya seríamos tres cotorras sobeteando el libro XD, yo tengo una edición del año catapún, ahora mismo sin mirar no lo sé, pero suelo comprarme los libros de segunda mano, me resultan mas especiales cuando han pasado por otras manos y otras vidas. Sigo comentando en la segunda parte.

galilea1083

galilea1083

10.12.2008 15:26

te debo un excepcional

Pesimista_Productivo

Pesimista_Productivo

30.11.2008 16:02

Hacía mucho que sabía que habías escrito la primera parte de tu crónica, pero entre que no quería quedarme con ganas hasta que sacases la segunda mitad, y que tenía que hacerme el "safari fabuloso", preferí esperar. Ahora ya estoy más "despejado", y aunque aún me tocará esperar a las maravillosas palabras que conformen la siguiente entrega, me ha encantado leer tus sensaciones pre-quedada (palabra que no le hace justicia, tienes razón). La verdad es que Madrid brillaba de una manera especial esa noche, en la que hizo un tiempo muy agradable, y es que todos coincidíamos en que teníamos la corazonada de que, a pesar de los nervios, todo iría bien. Pero resultó mucho mejor. La última foto no la había visto hasta ahora, y es genial. Ya te diré en su momento lo que me alegró conocerte :) Hasta entonces.

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