McDonald’s o Burger King. Coca Cola o Pepsi. Telecinco o Antena 3. Pokemon o Digimon... Hay cantidad de ejemplos de productos que viven una aparente relación hostil, pero que de hecho termina siendo una curiosa simbiosis. Porque cuando tienes ganas de comerte una hamburguesa y no tienes tu Burger King de cabecera a mano (porque a la parrilla sabe mejor) no te duelen prendas en echar mano del McDonald’s reluciente que ves a unos metros. Y una vez ahí, no pides agua cuando te dicen que sólo tienen Coca Cola, no tu amada Pepsi light, que ya sabemos todos que sabe mucho mejor.
Pues bien, Dean Koontz es esta amistosa némesis de Stephen King. O por lo menos lo es un mi malsana mente simplificadora, que por más que le digan que Clive Barker escribe de rechupete es incapaz de procesar la obra de más de dos autores de un mismo género. Así que para mi los cuentos de miedo son para King. Pero ahora que el pobre está cada vez peor y encima se nos ha perdido por los soporíferos parajes de la Torre Oscura, recurro a Dean Kontz para quitarme el mono. Y, oye, le he pillado el gusto.
La gran ventaja de ponerle los cuernos a King con Koontz (omito el juego de palabras con el mono ese gigante) es que, técnicamente, vienen a ser lo mismo. Ambos adolecen de una verborrea tremenda que hace de sus novelas jugosos tochos a los que hincar el diente con ganas. Más que nada porque leerte 800 páginas sin ganas es tener fe. Además, las obras de Koontz tienen un componente muy marcado de realidad (o terror cotidiano, si se me entiende mejor) que se complementa a la perfección con las novelas de King, donde el miedo surge de sacar de contexto un objeto cotidiano (un coche que mata, un perro asesino, niñas con poderes psíquicos...).
En definitiva, y lo siento pero no me puedo resistir a mentarlos en una opi sobre libros: es como cuando te lees uno de la Neville y como quieres más pillas uno de Dan Brown. Conoces el juego de ambos, sabes lo que te vas a encontrar y no defraudan.
‘Mirada ciega’ es, sobre el papel, una novela de asesino psicópata que al tiempo que intenta burlar a la policía persigue incansable una víctima inocente cuyo nombre le es mostrado en sueños. Pero Koontz complica la cosa bastante más, añadiendo una galería de personajes enorme (incluso diría que demasiado extensa) y un componente paranormal, que como lector de Koontz sabes que tarde o temprano acabará saliendo por algún lado.
La historia avanza en tres ámbitos distintos, que se van alternando capítulo a capítulo. De este modo, al principio de la novela se abren frentes muy dispares, que obligan a centrarse en lo que se lee y hacerse un sólido esquema mental, aunque también es cierto que desde el primer momento el autor deja claro que esas tres historias tienen algo en común y acabarán confluyendo al final de la novela de un modo explosivo.
Por un lado Junior, el malo, recibe en sueños la premonición de que un tal Bartholomew será el artífice de su caída, así que se pone a perseguirlo de forma obsesiva aun sin saber quién es. De modo que equivoca la pista fácilmente y confunde el Bartholomew de sus sudores nocturnes con Ángel, una nena la mar de mona. Pero no pasa nada, porque de hecho Ángel y Bartholomew están unidos, en primer lugar, por una cadena de personajes secundarios superpoblada y, en última instancia, por un extraño don que para colmo comparten también con Tom Vanadium, el policía que se encarga de cazar a Junior.
La cuestión esta del don no es, en absoluto, secundaria. De hecho, conforme avanza la novela y se dan detalles del asunto uno comprende que lo del psycho killer mochales que quiere pasar a cuchillo a la mitad de protagonistas es sólo una excusa para poner en marcha una sorprendente teoría que aplica las leyes de la física cuántica a las relaciones personales. Que ya es aplicar. Para quienes sigan a King, comentar que el don de los protagonistas del libro parece fundarse de modo peligrosamente cercano a la teoría de los mundos que vertebra ‘El talismán’ y ‘Casa Negra’ de Stephen King y Peter Straub, que a su vez tienen sus raíces en la ya mencionada saga de la Torre Oscura. O eso o es que yo soy un paranoico xD
En definitiva, ‘Mirada ciega’ es un libro de esos que yo recomiendo leer cuando hay ganas de disfrutar del acto mismo de la lectura, independientemente del hecho de que tiene como 800 páginas (que eso es evidente). Y no porque su lectura resulta complicada, porque de hecho es todo lo contrario, sino porque el mosaico de personajes y las tramas que los relacionan son muy disfrutables. Más que la historia misma de un par de niños lindos acosados por un maníaco maloso.
Un besote ruidoso y pecador.
24.03.2005 18:06
Durante años fui lectora compulsiva de las novelas de Dean Koontz, desde "fantasmas" que tuvo una horrorosa adaptación cinemátografica, como suele suceder con las novelas de este escritor, "los servidores del crepúsculo", "relámpagos", "susurros" y sobre todo "tensión" (me suena que una peli francesa reciente llamada "alta tensión" está basada en este libro). Si me gusta mas Koontz que king (del que tengo ganas de volver a leer "el retrato de Rose Mader") es sencillamente porque Koontz me divierte mas, ya se que soy muy simple. Tomo nota de su nueva novela y ya te contaré. Saludos.
08.02.2005 21:54
Es curioso: soy anti-burri-kin y prefiero la amrca Coca-cola, pero no em gusta la Cola, es por el Nestea. Pero en el siguiente párrafo dices que es hipertediosa "La torre oscura" y esta vez estoy totalmente de acuerdo contigo. Así seguiría un rato, pero en tu opi, para mi, no hay medias tintas: o estpy totalmente de acuerdo o totalmente en desacuerdo (parece una encuesta de esas de Ciao :D).
17.01.2005 14:29
Es que para mí…Donde esté un buen Koontz que se quite un King (Stephen..que no Burguer…que sus patatas son más ricas :P)… *** Por eso me gusta más este hombre, porque sus personajes tienen verdadero pánico a lo cotidiano: ¿has probado alguna vez a imaginarte el vacío de tu casa justo antes de entrar en ella una noche? Sí, lo sé…soy una paranoica…(Aunque ahora que sigo leyendo tu opinión, veo que no soy la única :P)*** Jo, hacía tanto que vagaba perdida por mundos templarios y dantescos…que me están entrando unas ganas de zamparme este libro….Un besín silencioso y casto ;)