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Depósito cilíndrico fabricados en acero o aluminio en el que se almacena aire atmosférico a una presión de 200 atmósferas (200 bar), que será el que respire el buceador durante la inmersión.
Existen botellas con diferentes capacidades, las más usuales son las de 10, 12, 15 ó 18 litros, lo que conlleva que en estas botellas puede llegar a almacenarse 2000, 2400, 3000 ó 3600 litros de aire a presión atmosférica. Estas cantidades que en principio parecen enormes, resultan bajas teniendo en cuenta que el consumo es mayor que en la superficie al respirar a una presión elevada y realizar ejercicio físico. Aunque el gasto de aire dependerá directamente de las características físicas del individuo, lo más habitual es el uso de botellas de 18 litros.
Las botellas van equipadas con un grifo especial que permite el acoplamiento del regulador de presiones, cuyo fin es el de que se produzca la mínima pérdida de aire posible. El grifo está provisto en su punto de conexión con el primer cuerpo del regulador de una junta de material elástico denominada Junta Tórica, que garantiza su estanqueidad. Estos grifos requieren de un cuidado especial, se debe evitar muy mucho tratarlo con violencia, mientras que la junta Tórica deberá ser reemplazada con cierta asiduidad para evitar desajustes del regulador. Dos consejos para su cuidado:
Aplique vaselina protectora antihumedad, durante las temporadas en las que no utilice el equipo. Después de utilizarlo en agua de mar debe limpiarlo con agua dulce y secarlo, para impedir la formación de sales. Otra de las partes fundamentales de la botella es el mecanismo de reserva, que cuenta con dos partes principales: una interior para el almacenamiento de la reserva y otra exterior, que es la varilla que acciona el mecanismo.
Por su parte el manómetro comprobador de la presión nos permite conocer en cualquier momento el volumen de aire del que disponemos.
La legislación vigente obliga a que las botellas sean revisadas cada cuatro años por la Delegación de Industria, quedando totalmente excluidas para el uso aquellas botellas que no cumplan este requisito. De cualquier forma y aunque la ley estipule un periodo de cuatro años, lo más conveniente y recomendable es realizar una revisión cada tres años para una mayor seguridad.
Algunos consejos para la manipulación de las botellas:
A la hora de cargarlas: Nunca rebase el tope de presión permitida. Sumerja la botella en un recipiente con agua fría, con el fin de evitar el calentamiento. Realice la carga de forma gradual, poco a poco. Para transportarlas: No las mueva cargadas del todo: durante el trayecto puede producirse un calentamiento que puede ser peligroso. Colóquelas en posición horizontal, poniendo especial cuidado en los grifos y mecanismo de reserva. Evite que rocen dos botellas entre sí (pueden producirse rayaduras). No deje nunca los reguladores colocados durante el transporte. Nunca las deje al sol. Si no las va a utilizar durante un periodo de tiempo prolongado, guárdelas en posición vertical y con una carga del 50%, nunca vacías. Ponga un especial cuidado en los grifos, ya que un golpe en ellos podría producir un escape violento de aire. No utilice nunca una botella cuya fecha de revisión esté caducada.