Así como no tengo ningún apuro en cambiar de canal o parar el DVD cuando una película no me gusta (no así el salirme de un cine, básicamente porque generalmente voy con alguien y no es plan de dejarlo tirado) con los libros soy incapaz de dejarlos a medias aunque sean horrorosos. Añadid esto a mis manías bibliófilas.
Pero con ‘Monte frío’ no he podido, aunque me ha costado medio libro tomar la determinación de dejarlo aparcado para otro momento. Ya tengo suficientes cosas pendientes como para perder el tiempo con un libro que no sólo no me aporta nada sino que además es aburridísimo de leer. Y como consumidor previo de este libro, y esperando que mi experiencia con él sirva de aviso a navegantes, os digo: no. Definitivamente no.
‘Monte frío’ es la novela en que se basó Anthony Minghella para realizar su última película, que aquí se estrenó como ‘Cold Mountain’ (a eso le llamo yo traducción literal...) y estaba protagonizada por Jude Law (¡hip!), Nicole Kidman (¡hip!) y Reneé Zellwegger (¡hurrah!). La película no la vi, aunque la presencia de la Kidman, concretamente, me llamaba. Pero el hecho de que el director fuera Minghella y que una de las películas con las que jamás de los jamases he podido sea su ‘El paciente inglés’ me tiraba para atrás. Sé ver mis limitaciones y los pastelones de más de dos horas y media no son lo mío.
Un día vi en la fnac que la versión en catalán de ‘Monte frío’ (titulada ‘La Muntanya Glaçada’ para más señas) costaba 9 euros de nada sin ser edición de bolsillo (es que los libros en catalán andan últimamente reventados de precio, oye) y además tenía en la portada, grandote, el póster de la peli con la Kidman rutilante. Así que me lo compré sin pensarlo dos veces y lo dejé en cola. Cuando le ha tocado el turno me he dado cuenta de que la película que hiciera en su momento Minghella puede ser un coñazo, pero más que el libro... lo dudo.
La novela se abre con un tal Inman convaleciente en un hospital. Descubrimos que es un soldado de la Guerra Civil norteamericana y que le pegaron un tiro en el cuello al que sobrevivió milagrosamente. Ciertamente no es el mejor modo de empezar, pues la narración de la convalecencia de un herido no es que sea el colmo del dinamismo. Obviamente, abundan las descripciones del paisaje, del camino que recorre el sol por las lomas lejanas, del cieguito que pasa por el camino, de la herida de Inman que no cicatriza (ecs!) y hasta de las moscas que revolotean por la habitación.
En el capítulo siguiente la acción se traslada a Black Cove, una granja perdida en mitad de la nada donde vive Ada, una mujer que vive sola tras la muerte de su padre. De Ada se nos cuenta alguna cosa más, como el hecho de que ella es, de hecho, una chica de ciudad forzada a vivir en el campo por los problemas de salud de su padre. Durante los primeros años Ada y su padre, Monroe, llevaban una vida casi de urbanitas, comprando la carne que necesitaban en vez de criar cerdos y explotando sus tierras de cultivo de un modo superficial y casi como pasatiempo. Pero una vez muerto el padre y con una guerra en la puerta de casa, Ada se da cuenta de que o se espabila o morirá de inanición antes de que termine el invierno. Afortunadamente, contará con la ayuda de Ruby, una arisca jovencita con un pasado algo turbio, que le enseñará los rudimentos de la vida en una granja.
Luego la acción (bueno, lo de ‘acción’ es un modo de hablar, claro) se traslada de nuevo a Inman, que decide escaparse del hospital. ¡Imaginad! ¡Si hasta el propio protagonista se aburre! Empieza así una vuelta a casa que implícita y explícitamente recuerda al viaje de Ulises de vuelta a Ítaca. Sólo que en anodino.
Los siguientes capítulos alternan metódicamente entre lo que le ocurre a Inman en el camino y el proceso de aprendizaje de Ada en la granja, como una Mari Cielo Pajares televisiva. En ambos casos a menudo se interrumpe la narración principal para narrar episodios del pasado, tanto de los dos protagonistas como de los personajes que van apareciendo en escena. Cuando me empecé a dar cuenta de que estas explicaciones me resultaban mucho más amenas que la trama principal fue cuando empecé a sospechar que el sopor que destilaban las primeras páginas de la novela no era fruto de tener yo un mal momento.
Hay un capítulo en el libro que, irónicamente, hace referencia a una agobiante cantidad de verbos. En el contexto, se trata del mogollón de cosas que Ada debe hacer para adecentar su granja medio abandonada. Pero también se puede hacer extensiva a toda la novela, que no es más que una sucesión de hechos, casi metódica, que carece de alma. La explicación de lo que hacen Ada e Inman es lineal, contada hasta por compromiso. Lo peor es que, de repente, te das cuenta de que el autor está poniendo énfasis en determinado detalle, como queriendo transmitir alguna información importante que a ti se te escapa. Quizá en el contexto de un norteamericano más o menos informado la cosa es genial (no en vano le dieron un premio nacional a Frazier por esta novela) pero como españolito de a pie el hecho de que se detenga de este modo en cuestiones banales en apariencia no hacía más que inquietarme por mi incultura y aburrirme con un circunloquio que no me llevaba a ningún lado.
Otro problema de la novela es, precisamente, lo de la aparente banalidad de lo que ocurre. Incluso Ada, que se supone que está recibiendo unas clases en toda regla, no da muestras de estar aprendiendo nada. No hablo de que pase de coger una azada o de ordeñar una vaca. Me refiero al enriquecimiento personal que se supone que reporta aprender cosas nuevas y superarse. Por su parte Inman, el Ulises del cuento, tampoco da excesivas muestras de que el viaje que realiza sea de esos que cambian a las personas. Y eso que va conociendo lo peor de cada casa, en un país en guerra donde las situaciones son extremas.
Quizá el problema es que Frazier no quiere (o no sabe, o no puede, o no le interesa, o qué sé yo) presentarnos a los personajes. Es como si estuvieran recubiertos de un velo y los pudieras ver, pero sin fijarte en esos detalles que los hacen cercanos y únicos. Sobre todo en el caso de Inman, no llegas a poder saber cómo piensa o por qué actúa en determinados momentos de la forma en la que actúa.
Así que tanto por el tema (los dramas personales de la Guerra Civil norteamericana no sería una de mis pasiones) como por la forma de escribir del autor ‘Monte frío’ me ha resultado una novela del todo prescindible. Para los interesados en el contexto histórico no dudo que ofrece aquello que se dice ‘un fresco de la sociedad del momento’ que puede resultar útil. Pero para los que buscábamos en esta novela una historia y unos personajes... la verdad es que no.
Un besote ruidoso y pecador.
16.11.2006 20:23
A mi este libro si me gustó. Lo de menos es la acción.
27.10.2004 22:32
no creo que lo lea, no se, no es mi estilo. Besos
25.10.2004 22:03
buena opi, te sigo leyendo!!