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Munich - DVD

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Asesinos de asesinos

3  07.02.2006

Ventajas:
Eric Bana, la planificación de los dos primeros asesinatos .  Un par de personajes secundarios .

Desventajas:
Alargada, repetitiva, mal dirigida en varios momentos .  Personajes por lo general estereotipados .

Recomendable: No 

Detalles:

Argumento

Personajes

Calidad de dirección

Banda sonora

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freddyvoorhees

Sobre mí: ¿Queda alguien conocido por ahí? Se admiten opis para el MATRISS (ver Mi Página).

usuario desde:06.06.2001

Opiniones:182

Confianza conseguida:308

Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 187 miembros de Ciao

Otro año más llega la hora de los Óscar y si en USA las películas aspirantes al premio tienden a estrenarse en diciembre (o en todo caso a finales de año, aunque de cuando en cuando hay alguna excepción) para que la calidad de la cinta esté fresca en la mente de los votantes. No obstante, esto es España y aquí es febrero (y finales de enero) el mes estrella para este tipo de estrenos. No por nada nos han llegado hace nada filmes como “Jarhead” (francamente decepcionante tercer película del director de “American Beauty” que abusa de las expresiones malsonantes para ocultar la nada más absoluta que es su guión), “Memorias de una geisha” (que se ha quedado muy lejos de las expectativas generadas y se ha de contentar con un puñado de nominaciones técnicas), “En la cuerda floja” (tópico biopic de Johnny Cash en la que apenas destaca su pareja protagonista de actores, la cual ha sido nominada, pero no la película al quedarse fuera a última hora en beneficio de la película que nos ocupa) y dentro de unos días le llegará el turno a “El nuevo mundo” (nuevo punto de vista sobre la historia de Pocahontas pasada por el lírico punto de vista del sobrevalorado Terrence Malick, cineasta a mi entender con demasiada buena prensa para lo que realmente ha hecho). Es lo que tienen estos premios: Muchos aspirantes y decepciones constantes, con ciertas apariciones de sorpresas (algo que no se ha cumplido este año al no tener narices de apostar por excelentes películas como “Match Point”, “Una historia de violencia” o “El jardinero fiel”, aunque afortunadamente tampoco han estado tan locos de nominar a esa mediocridad absoluta de “Cinderella man”), pero al final sólo son 5 las nominadas.

Este año el honor ha recaído sobre “Brobeback Mountain”, “Crash” (estrenada en Estados Unidos en la primera mitad de 2005 y que aquí ha tardado más de medio año en llegar), “Buenas noches, y buena suerte”, “Truman Capote” (ciertamente incomprensible la decisión de alterar el original “Capote”, pero ya se sabe las licencias que se toman muchas veces en la traducción de títulos en nuestro país) y “Munich”, la cinta que ahora nos ocupa. Por ahora no he tenido la oportunidad de visionar “Buenas noches, y buena suerte” (segunda película como director de George Clooney que ya demostró su capacidad para tal área en “Confesiones de una mente peligrosa”, obra lastrada por el deficiente guión de Charlie Kaufman, y es que el autor de los geniales libretos de “Olvídate de mí” o “Adaptation” la pifió pero bien en ese caso) ni “Truman Capote” (ésta me despierta malas vibraciones y es que, salvo contadas excepciones, no soporto las películas que transmiten la apariencia de estar diseñadas para el lucimiento de su protagonista y el resto se deja un tanto de lado. Espero equivocarme.), por lo que actualmente mi visión es algo parcial e injusta, pero como esta es mi opinión y me apetece os daré a grandes rasgos mi opinión de las otras dos nominadas que sí he visto antes de entrar con la última película del director de la notable “Salvar al soldado Ryan”. Crash es una buena película, pero incapaz de ir más allá por un guión tan demagógico y manipulador que en algunos casos puede llevar a odiar directamente la película. La verdad, me cuesta entender el motivo pro el que se han acordado de ella tras haberse estrenado hace tanto y aparte del tema y ser el debut como director de Paul Haggis (así a bote pronto puede no decir nada, pero es el guionista de la premiadísima y algo sobrevalorada “Million Dollar Baby”), pero la cuestión es que no entiendo su nominación y nunca debería ganar nada. Por otra parte, hace unas semanas tuve el placer de visionar la estupenda “Brobeback Mountain” y no me extraña nada que sea la favorita, pues prácticamente todo en la película encaja a la perfección y el conjunto es sin duda brillante. Si acaso la única pega sería la errónea concepción de la película como “la de los vaqueros gays”, injusta e inadecuada para una historia de amor (por culpa de uno de los dos) imposible en la que la orientación sexual es importante, pero no tantísimo. Y ahora lo que me queda es entrar a hablar ya de “Munich”, pero antes de nada apuntar que la película no merece premio alguno al estar plagada de fallos y resultar incomprensible su nominación más allá del ser un tema polémico y estar hablando de Spielberg. Más allá de eso la película presenta tal cantidad de carencias y errores que a duras penas (y por estar generoso) consiguen salvarla del suspenso:

1972. Unos terroristas palestinos del grupo Septiembre Negro secuestran a varios participantes israelíes en su residencia dentro de los Juegos Olímpicos de Munich. De buenas a primeras eliminan a varios de ellos y exigen a la ministra israelí que libere a más de 200 presos palestinos. La ministra se niega y lo que consiguen los secuestradores es la puesta a su disposición de un avión para huir de allí con sus rehenes. No obstante, es una trampa mal ejecutada que acaba con todos los rehenes muertos y también varios de los secuestradores. Golda Meir no tarda en aprobar una respuesta al crimen aprobando (de forma extraoficial, eso sí) la formación de un grupo de integrantes de la Mossad que actúen de forma independiente para eliminar a unos objetivos palestinos muy concretos como medida de represalia al ser supuestamente ellos los instigadores de lo sucedido en Munich. El grupo, compuesto por 5 hombres con ciertas diferencias dentro de la misma ideología, comienza a ejecutar los planes previstos, pero la venganza no es tan “dulce” como podían esperar y los asesinatos empiezan a cambiarlos hasta quizá llegar a un punto de no retorno. Para saber el resto os diría que vierais la película, pero al no parecerme gran cosa me abstengo de hacerlo.

DIRECCIÓN: Spielberg tampoco es Dios

En mi penúltima opinión comenté de forma larga y tendida la pérdida de rumbo que marcaba “King Kong” en la carrera de Peter Jackson y que seguramente se debiera a una especie de complejo de Dios por el enorme (y merecido) éxito de “El señor de los anillos” y vamos, es lógico que eso pueda pasar en la cinta que sigue al primer gran éxito en la carrera de un realizador, pero sorprende más cuando sucede en alguien con una larga carrera plagada de éxitos y evidentes altibajos, pero Spielberg nunca ha sido tan pretencioso como con su trabajo en “Munich”. Sería una necedad negar los riesgos adoptados por el autor de genialidades como “Tiburón” o “El diablo sobre ruedas” (y también de mediocridades como “Hook”, todo sea dicho) al rodar una película que fácilmente (aunque de forma errónea) puede ser entendida como una especie de (dudo que intencionado) ataque al poderoso lobby judío de Hollywood

Fotos de Munich - DVD
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Munich - DVD Fotografía 2953936 tb
Avner con su familia
al contar una historia muy espinosa para el pueblo israelí y encima basarse en un libro que no fue precisamente bien recibido por esos lares. Vale, Spielberg ha demostrado valor, pero el resultado artístico ofrece el peor bagaje de una obra suya desde los tiempos de “El mundo perdido” (terriblemente inferior secuela de la excelente “Parque Jurásico”, aunque a su vez infinitas veces mejor que la pésima tercera entrega), pero bueno, será mejor empezar a usar argumentos.

La dirección de Spielberg es mala y resulta incomprensible que haya sido nominado cuando su labor en “La guerra de los mundos” en este apartado es muy superior y una de las mejores del pasado 2005. De no ser por un amigo es posible que no me hubiera percatado demasiado de este punto, pero Spielberg abusa de forma innecesaria del zoom de forma constante a lo largo del metraje y ese recurso bien empleado puede lograr efectos interesantes (caso del magistral uso que le dispensó Hitchcock en “Vértigo”), pero en “Munich” la tendencia es a usarlos de forma algo gratuita sin querer subrayas ningún elemento en particular ni buscar nada que una panorámica, un travelling o simplemente dejando la cámara quieta no hubiesen logrado. Pero lo que más sorprende de su dirección en “Munich” es su horrible uso de la aceleración de las imágenes como por ejemplo cuando el personaje de Avner aparece repentinamente corriendo en la pantalla para reencontrarse con alguien. No sé lo que Spielberg podía buscar en ese momento, pero sí sé que si hago algo similar para una práctica de la universidad me lloverían los palos. Para empezar sorprende al espectador descolocándole completamente (lo cual podría ser bueno, pero ni la escena lo requiere ni creo que sea ese el efecto buscado) y además resulta molesto al ojo, aunque eso es algo que no parece importarle demasiado al rey Midas de Hollywood, porque la película asume otras decisiones técnicas harto discutibles sobre las que entraré más adelante.

Me diréis que esos son fallos muy puntuales como para decir que la ha pifiado, pero las cosas no quedan ahí, pero antes de proseguir con los fallos necesito entrar con el mayor acierto (aunque sólo durante cierta parte del metraje) de Spielberg y es lo implacable que resulta la presencia de la violencia a lo largo del metraje. En tiempos dominados por el más rancio puritanismo sorprende positivamente que la sangre aparezca siempre que hay una muerte violenta y sin racanear la cantidad. Y además si hace falta mostrar gráficamente los asesinatos no hay problema. Bravo por Spielberg…. de no ser porque la película abusa reiteradamente de este elemento y acaba por conseguir que parezca que la historia no evoluciona realmente, ya que es un asesinato, preparación del siguiente, nuevo asesinato y alargando esto hasta rayar al espectador y acabar importándole una mierda qué personajes sobreviven y cuáles mueren. El tema de alargar en exceso el metraje de sus películas es una constante en los últimos años en las cintas de Spielberg, con el problema de que aquí no consigue evitar las innegables carencias de una historia con una estructura interna harto redundante, algo que también pasaba (aunque en una medida inferior) con “Atrápame si puedes”, pero si en esa consiguió su mejor obra en muchos años con “Munich” sucede justo lo contrario.

Y es la inevitable tendencia a la repetición (venga, va, los personajes algo evolucionan, pero los acontecimientos principales tienen todos una idéntica finalidad) lo que lastra el trabajo de Spielberg, ya que durante los primeros 75 minutos o así su trabajo funciona con discreta eficacia alcanzando sus puntos álgidos de interés durante las dos primeras “ejecuciones”, pero luego las novedades son prácticamente nulas y encima están aderezadas por alguna acción secundaria como el pseudoligue de Avner con una chica en un bar que resulta un tanto vergonzante (aunque lejos de las caras de Avner cuando Spielberg las compagina con la resolución del secuestro del 72. Infumable) y como encima Spielberg es entonces cuando más aderezos emplea y lo hace de forma equivocada y molesta lo que queda es una primera mitad de película interesante y disfrutable (y algo pesada, ojo) para luego derivar en un galimatías en la que no hay problemas para olvidarse de personajes, reconducir la historia hacia no se sabe dónde y finiquitándolo de una forma oportunista que pretende ser sutil pero se ve venir a Spielberg a la legua que su resolución moral resulta tan loable como facilota y mal conseguida.

GUIÓN: Los problemas de un film ideológico

Pese a su cacareada neutralidad (de la que tampoco estoy tan seguro) y a las altas dosis de violencia “Munich” es una cinta con un mensaje pacifista y contrario a las numerosas salidas de tono derivadas de cualquier tipo de nacionalismo político. Me explico, la película recoge múltiples amalgamas de pensamiento proisraelí dentro del grupo comandado por Avner para vengar los atentados durante las olimpiadas de Munich y tanto la moderación como la facción más radical, pero a la vez otorga una importancia meramente circunstancial a la mayoría, ya que lo que realmente parece interesar es la evolución dramática del rol interpretado por Eric Bana y éste completa una actuación loable, pero insuficiente para evitar que Munich se caiga por su propio peso. En el resto del grupo hay cambios, sí, pero importan menos ya que los tibios intentos de identificación del espectador están depositados en Avner. Un hombre con un claro amor por su tierra adoptiva que cree hacer lo más justo por ella sin pararse a indagar las motivaciones, las pruebas; pero al que la espiral de muerte, desconfianza y corrupción interna está a punto de convertirlo en una mera máquina de matar. Y es que, obviando toda connotación política del asunto, ¿De qué sirve tener una “buena” idea si se desarrolla de una forma despreciable, violenta y casi inhumanamente?

Resumir el mensaje de la película es fácil: La violencia sólo engendra más violencia y si no se detiene por voluntad propia en algún momento las consecuencias irán siendo cada vez mayores, pasando de matar a un único objetivo a provocar múltiples bajas colaterales. Ah, claro, y el ojo por ojo no soluciona nada, que no se me olvide. La verdad, tal mensaje me parece tan obvio y de puro sentido común que quien no lo defendiera de antemano dudo mucho que viendo la película se diga “Oh, es verdad, he abierto los ojos”. No, una historia con unas pretensiones tan altas sobre un conflicto aún abierto (y creciente, o al menos eso se deduce de toda la problemática derivada de la publicación de ciertas caricaturas) sólo podría estar bien logrado con un virtuosismo conjunto de todo el equipo y más aún si se apuesta por una fría neutralidad que no casa con una película de este estilo. Me consta que la primera versión del guión fue escrita por Eric Roth, el cual ya lidió a la perfección con otro relevante (aunque a otro nivel) caso real con la magnífica “El Dilema”, y que Spielberg exigió ciertos cambios sobre el mismo para remarcar más la equidistancia hacia israelíes y palestinos. Pues vale, muy bien, pero entonces no otorgues el control ideológico absoluto de la película a los personajes de un bando y permite la oscilación entre verdugos y “víctimas” (entrecomillado porque supuestamente ellos fueron verdugos a su vez de forma previa) o al menos concede más cancha a toda la ideología, porque la vertiente más radical encarnada por el personaje de Daniel Craig queda reducida a un mero estereotipo de “Enemigo bueno, enemigo muerto” (y claro, buscar cualquier tipo de matiz a la palabra enemigo es perder el tiempo en este caso) y según nos adentramos en los terrenos más espinosos dicho personaje va perdiendo peso de forma paulatina. ¿Casualidad? Pues de serlo es un fallo tremendo por parte de Tony Kurshner, el otro guionista que ha dejado una impronta tan fuerte en el libreto como para aparecer acreditado.

Ojo, con esto no quiero criticar la idea de que los horrores de la violencia pueden modificar sobremanera la conducta de cualquiera, pero me hace gracia lo de la neutralidad, porque un par de veces a lo largo del metraje se comenta los crímenes cometidos contra los palestinos de forma previa a los atentados de Munich y en su mayor parte contra civiles sin nada que ver (por eso de que igual alguien me salta que buscaban a terroristas), lo cual perfectamente podría ser la justificación (totalmente insuficiente, reprobable y odiosa, pero justificación a fin de cuentas) de los integrantes del grupo Septiembre Negro. El mal engendra mal y las muertes injustas sobra decir lo que acaban causando. El problema es que una historia con tantas aspiraciones se les ha escapado de las manos a Roth y Kurshner y han provocado que las reflexiones morales de los protagonistas sean en su mayor parte evidentes y a veces de una molesta grandilocuencia (la frase de Robert sobre quitarle el alma, no sé vosotros, pero a mí me pareció exagerada y fuera de lugar), pero sobre todo administradas con demasiado cuentagotas, ya que durante mucho metraje parece que los asesinatos son lo importa y al principio el tema interesa, pero luego uno ya se cansa y cuando lo dejan de lado ya es demasiado tarde para enmendarlo y encima se incurren en nuevos errores (no me cansaré de mencionar la escena íntima en la que Avner pone unas caras que casi estropean la notable interpretación de Bana y sin duda remata definitivamente el filme). Simplemente, muchísimo ruido y tan sólo alguna nuez suelta y gracias.

PARTE TÉCNICA: Esfuerzo baldío

Hay un elemento (bueno, varios, pero ahora uno concreto) sobre el que no suelo entrar a hablar cuando comento una película mayormente porque mis conocimientos en ese campo son escasos, pero en “Munich” resulta evidente que la manipulación de la fotografía de Janusz Kaminski (colaborador habitual de Spielberg que un día decidió probar en la dirección y le salió esa cosa con Winona Ryder titulada “Poseídos” y creo que sobra decir que pronto volvió a dedicarse a lo que sí se le da bien) obedece a la relación entre los colores y su definición y las motivaciones y acciones de los personajes protagonistas. No sé si estaré diciendo un disparate, pero para mi gusto la propia fotografía divide la película en tres partes. Al principio los tonos marrones, terrosos se adueñan de la película, como señal de que algo ha sucedido y hay incertidumbre sobre lo que va a suceder a continuación. Luego los colores se definen sobremanera marcando que ha llegado la hora de entrar a la “acción” y hacia el final se debilitan sobremanera, acompañando al sentimiento de los protagonistas. Ahora bien, la pregunta que me asalta es ¿hacía falta?, bueno, podría decirse que así para enriquecer los matices de la película, pero se hace de una forma tan descarada que alguien cuya experiencia en temas fotográficos es casi nulo percibe su uso cuando la gradualidad en el cambio sería más adecuado para dar cierta sensación de sutileza, aunque bueno, de eso no hasta la película. Eso sí, hay una cosa que no le perdono a esta decisión artística y es que en un par de escenas la hiperdefinición luminosa me forzó a apartar la vista de la pantalla o a cerrar los ojos durante unos segundos y por ejemplo en uno de los casos eran 2 personajes hablando con calma rodeado de flores (que más que flores parecían potentes luminosidades que molestaban al ojo), así que me da en la nariz que no era ese el efecto buscado.

En la parte musical, John Williams experimenta con el empleo ocasional de elementos que dan la sensación de tener una marcada inspiración árabe. Seré simple: Cuando Williams apuesta por eso su “score” de la película no me gusta lo más mínimo. Entiendo el motivo de la inclusión de este tipo de música, pero la película no lo necesita más allá de algún momento muy concreto (y tampoco lo veo imprescindible en esas situaciones). El resto de sus composiciones pasan bastante desapercibidas sin llegar a molestar en ningún momento. Sobra decir que esperaba mucho más de uno de los indiscutibles mejores compositores de bandas sonoras (ya entrar a si es mejor no me apetece) y su nominación por la música creada para “Munich” me parece una tomadura de pelo (aunque bueno, tampoco comprendo la inclusión de “Brobeback Mountain” en esa categoría cuando la música de Gustavo Santaolalla es lo único que chirría en la excelente cinta de Ang Lee). Sólo faltaría que ganase para decidirme a mandar definitivamente a los Óscar a la porra.

ACTUACIONES: Con unos personajes mal definidos poco se puede hacer

De tan ambiciosa que es la película descuida uno de los elementos centrales para captar el interés del espectador y es el dibujo de personajes, ya que la tendencia a seguir en “Munich” es echar mano de estereotipos y esperar que funcione y creo que sobra decir lo que opino de eso. El que más se salva de la quema es el personaje de Avner, líder del grupo de asesinatos selectivos, ya que la película se preocupa en mostrarnos la transformación ideológica que sufre el personaje pasando de obedecer ciegamente al extremo opuesto. El encargado de interpretarlo es Eric Bana, el cual con esta película tenía que confirmarme si su estupenda actuación en “Troya” no era más que una ocasional y magnífica exhibición de carisma o sí había que ir siguiéndole la pista y la respuesta de decanta por la segunda opción. Todo el peso de la película recae sobre él y consigue mantenerlo durante más o menos la mitad del metraje ocultando las carencias de esas partes, pero luego se viene todo abajo e incluso su actuación pasa por un momento que a mí directamente me dio vergüenza ajena (del que se pueden extraer varias reflexiones ideológicas, vale, pero eso no indica que esté bien hecho) y es ahí cuando uno se da cuenta de la solvencia de Bana, pero que tampoco es la quitaesencia de la brillantez, sino un buen actor que cumple cuando la película lo permite. Ojo, puede parecer relativamente pesimista, pero él es uno de los puntos positivos de “Munich”, así que imaginaos lo que me parece el resto si a él le busco peros.

Dentro del grupo de Avner destacan dos personajes, en concreto Steve y Robert, uno por interesante y desaprovechadísimo y el otro por tipiquísimo (ojo, esto también es aplicable al primero de ellos), molesto y me aventuraría a decir que mal interpretado. En el caso de Steve molesta más porque Daniel Craig es un actor que fácilmente puede transmitir emociones siniestras con sus rasgos y Spielberg ha preferido dejarle el papel de loco fundamentalista que mata y mata y mata sin importarle las consecuencias ni nada y hasta ahí no estaría mal, pero no indaga nada en sus motivaciones y parece que está ahí sólo por necesitar a alguien que actúe de esa manera y no porque le interese el personaje. Craig cumple competente con tan desaprovechado personaje del que se podría haber sacado mucho más, pero a Spielberg le interesan otros personajes. Una pena, veremos si al menos su fichaje como nuevo James Bond se traduce en ciertos cambios en el personaje (de lo contrario su elección sería incomprensible). Por su parte, Matthieu Kassovitz (que para mi gusto destaca más por su faceta como director de cintas como las notable “El odio” y “Los ríos de color púrpura” que como actor, donde más allá de la espléndida “Amelie” no ha hecho nada de particular interés) interpreta a Robert, un creador de juguetes (supuestamente) experto en la manipulación de explosivos. Muchas dudas y poco interés es lo que transmite el personaje, a cuenta del cual corre la escena más sonrojante de la película ya incluida en el trailer de “Munich”. La verdad, podrían haberle asignado el papel de experto en explosivos a Steve y que su carácter le llevase a cometer ciertos excesos y de paso indagar en el personaje para eliminar a Robert o como mucho asignarle otra función y así la función ganaría enteros.

Los otros dos integrantes del equipo de Avner son personaje más anodinos y discretos que, salvo momentos muy aislados, se limitan a estar por ahí cuando la cinta necesita de un momento “de personajes” o de alguna charla con Avner para intentar situarlos a una dimensión superior. Un pufo es lo que es, pero al menos no molestan y cumplen discretamente con roles muy manidos. Para empezar tenemos a Carl, el que tiene más claro que para el trabajo a hacer no hay que causar daños secundarios, vamos, el más sensato. El problema es que es un personaje gris, con un carácter entre sumiso y pasivo por lo general y no interesa, la verdad. Le da vida un ascendente Ciarán Hinds, que entre su participación en la teleserie “Roma” y este filme no dudo que su carrera terminará de despegar tras unos años sin rumbo fijo y limitado a papeles muy secundarios. Para acabar tenemos a Hans, el encargado de la falsificación de documentos y todos esos trámites administrativos necesarios que alcanza su momento de gloria cuando tiene un ataque inspirador y hace algo harto peligroso por su cuenta y riesgo. Dicho momento es el único en el que personaje destaca, ya que en el resto del metraje está por ahí haciendo lo que le mandan y ya. El (al menos para mí) desconocido Hanns Zischler lo interpreta con corrección, pero en ningún momento consiguió a través de su actuación que yo como espectador me interesara por él.

Hay una gran cantidad de personajes secundarios, pero me voy a detener específicamente en cinco de ellos. Empezaré por la parte femenina más relevante del reparto, en concreto el personaje de Daphna, mujer de Avner que evoluciona a medida que su esposo va mutando por los acontecimientos, aunque uno nunca se termina de explicar muy bien este punto, ya que sus encuentros con Avner son sumamente esporádicos a lo largo del metraje. La israelí Ayelet Zurer consigue que su personaje nos interese mínimamente, todo un logro teniendo en cuenta lo que sucede con casi todos los demás personajes. El otro tol femenino de interés recae sobre una tal Marie-Josée Croze, la cual encima cuenta con tan sólo dos escenas que corrían un grave peligro de resultar fuera de lugar, aunque son imprescindibles para el desarrollo dramático de la película. Digamos que las escenas (en especial la primera, ya que la segunda sólo el detalle del gato la estropea) no están muy conseguidas, pero ella no lo hace mal.

El resto de papeles menores relevantes recaen en intérpretes de ellos y es aquí donde encontramos a los 2 personajes secundarios más interesantes de la función. Michael Lonsdale (uno de los protagonistas de “Chacal”, ejemplo perfecto de magnífica película con crímenes políticos como eje de la acción) interpreta a “Papá”, que es como se conoce al dirigente de la organización que suministra a Avner información sobre el paradero de sus objetivos. Un personaje intrigante que añade un aire de relación paternalista a la película (algo que en este caso sí queda bien, no como por ejemplo la existente en “King Kong”) y que encima está muy bien interpretado. Al fin un acierto, pero es que además el personaje de Louis, hijo del primero y contacto directo con Avner, también resulta interesante, siendo el ejemplo perfecto de intermediario frío, seco y desconfiado. La única pega es que el personaje encarnado con eficiencia por Matthieu Amairic recuerda bastante al otro personaje secundario de importancia y dos roles miméticos es excesivo y cansa. No obstante, Ephraim (contacto entre el gobierno israelí y Avner) no logra interesar al personaje en ningún momento y Geoffrey Rush no consigue extraer nada positivo del personaje, el cual además es uno de los protagonistas el muy mal conseguido (y que encima deja la sensación de ser un “pegote”) epílogo que recurre de forma indirecta a un trágico suceso de hace unos años para vincular la acción del filme con la actualidad.

Resumir lo que me ha parecido “Munich” es sencillísimo y espero no ofender a aquellos que les haya encantado la película, pero es que la nueva película de Steven Spielberg es un bluff considerable que alarga los acontecimientos (y el metraje de la película) y no consigue crear unos personajes realmente motivantes para el espectador. Estos puntos no importan tanto durante la primera mitad de la película, en la cual se te hace algo pesada, pero al disfrutas. Lo malo es que uno enseguida nota lo repetitiva que es la estructura narrativa y luego, cuando se sale por la tangente, “Munich” pierde el rumbo hasta desembocar en un desenlace que deja con la sensación de ser un momento elegido de forma arbitraria para finalizar la película. Por el camino hemos podido disfrutar de ciertas cosas buenas, aunque también innumerables puntos oscuros que convierten a “Munich” en la peor obra de Spielberg de los últimos años a la que en un acto de suprema generosidad decido aprobar por los pelos, pero sobra decir que por mi parte no recomendaría a nadie verla. Ahora vosotros decidís.
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Comentarios sobre esta opinión
Carreras17

Carreras17

29.11.2007 12:05

Estoy de acuerdo contigo en que Match Point es una excelente película, pero esta para mí también esta muy bien y no me aburrio en absoluto. Una buena opi compañero!

nanita86

nanita86

14.07.2006 19:52

Personalmente me encantó la película. Un saludo :-)

KurganZ

KurganZ

10.07.2006 23:00

Una gran opinion, aunque no estoy de acuerdo contigo, ya que la pelicula me gusto mucho. Quizas haya momentos que se haga larga y lenta, pero a mucha gente le parece aburrida porque el problema israeli es un problema con el que no se sienten identificados. Saludos!

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