Un País sin Navidad

4  31.12.2004

Ventajas:
Todo :  amor, paz, comida y bebida .

Desventajas:
Todo :  amor, paz, comida y bebida .  .  .

Recomendable: Sí 

FLYER

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Nuestra Navidad es uno de esos montajes cansinos que proclaman la absurda incapacidad mental de un gran número de human beings. A mí personalmente me gustan la mayor parte de las cosas que tiene esta Navidad.

El problema principal de la Navidad, o de esa otra expresión tan ridícula pero más amplia "las Navidades", es que nadie sabe muy bien en qué consiste. El ser humano, a bit simple, tiende a unificar tres fechas del calendario (24-25-26); (31-1) y (5-6) en un mismo esquema o patrón de turrones y luces, construyendo sobre un ancestro religioso que casi nadie celebra, un monumento comercial y emocional demasiado endeble. Este es probablemente uno de los grandes errores, porque al final esa terna de fechas se confunden y repiten cíclicamente, haciendo que muchos acaben tan hasta los huevos del turrón, que aborrecerán cualquier atisbo de adorno navideño el mismo día 7 de enero, y eso que son bonitos. La Navidad no sólo cansa al personal porque sea tan larga y machacona, sino porque llega año tras año, sin apenas variación. Y porque su ritual ha quedado sin sentido en muchos de sus aspectos, con lo que la gente ya duda entre seguir imitándolo o dejar de hacer el tonto de una vez por todas.

EL NACIMIENTO DE JESUS DE NAZARETH

El venazo radical de los gobernantes de la Iglesia Católica, que por alguna razón insisten en que los que no son católicos se comporten como si lo fueran, se ha dejado sentir este año polémico también en Navidad. Reclaman, ellos o sus imitadores, en diarios como La Razón, que la Navidad es una fiesta religiosa y que ZP la ha hecho laica. No os sorprenda, es habitual que La Razón se invente todas sus noticias. En el fondo este ZP, que yo sepa, no ha tenido nada que ver en un fenómeno que es progresivo y que lleva muchos años iterando, la Navidad es ahora una pelota que mezcla antiguas fiestas nórdicas de la luz en mitad del invierno, con el hecho burocrático del cambio de año, con un origen católico innegable que estructura toda esta historia.

Esta reivindicación, en cierto modo justa porque el origen de la parafernalia es religioso, no deja de esconder algunas incoherencias. La primera y más clara es que la propia comunidad católica ha pervertido (alterado...) sus fiestas, haciéndolas populares, pretendiendo que los no católicos las celebren, y rodeándolas de símbolos anticatólicos, como lo son el propio lujo y el materialismo. Este doble juego ha permitido perpetuar la fiesta navideña, sin duda más trascendente que otras como la Semana Santa, tal vez más mitológica para los católicos, pero sin duda apagada y disuelta en unas vacaciones de esquí o playa, por no haber sabido dotarse de un atuendo tan vistoso y laico como la Navidad.

En resumen, y sobre la cuestión religiosa, no se puede nadar y guardar la ropa, de modo que la Iglesia (los que mandan en ella) deberían haber elegido hace tiempo entre ser auténticos o seguir en la cresta de la ola, y eligieron seguir en la brecha. Es similar a permitir, como permiten, que se use el matrimonio religioso como atrezzo en parejas que no volverán a pisar una Iglesia hasta la próxima boda. Ahora que no nos vengan de auténticos.

LA COMIDA Y LA BEBIDA.

Sin duda este puede ser la nueva amenaza de la Navidad, en los últimos años. Cualquier fiesta se basa en la excepción, en contar con elementos extraordinarios que no se disfrutan normalmente. En el caso de la Navidad estaba más que claro su refuerzo cultural basado en estos elementos. El menú Navideño, de la Nochebuena, Navidad, San Esteban en Cataluña, Fin de Año, etc... era en sí mismo una tradición opulenta de elementos caros y genuinos, que mucha gente apenas probaba más que esos días y en la boda de la hija del alcalde. Luego llega el trasnoche de Nochevieja, sumergida en alcohol y con licencia para volver al día siguiente. Esta España "roja y rota" de 2005 se merienda un cordero con langostinos para celebrar que el sol ha salido, cuando le viene en gana, y bebe para olvidar y volver a casa a las 10 de la mañana para celebrar que la luna ha salido, entendedme, también cuando le sale de ahí mismo. Esto desluce el presunto relieve de los festines y el cava con traje negro, y los invierte para hacer de ellos ocasiones médicas en los que es más importante no empacharse y conservar la línea, el colesterol, qué se yo cuántos defectos propios de la abundancia gastronómica.

Estaréis conmigo en que, por más religiosos y sentimentalistas que seais, si la Navidad ya casi no destaca por su comida, la Navidad tiene a partir de ahora bastante menos en lo que apoyarse. Felicitamos, eso sí, a la economía que nos ha permitido extender su menú al resto del año.

EL SENTIMENTALISMO FRATERNAL

Si no es religión y tampoco comida - o regalos -, la Navidad siempre tuvo una tercera pata muy "noche de paz". Parecía que el mundo se daba una tregua familiar y amistosa, donde afloraban los sentimientos nobles y fingidos de los poderosos, tal vez por la visita de los espíritus de la Navidad pasada, presente y futura que les visitaban de parte de Dickens. Pero llegaron los jodones y se inventaron lo que de todo el año es Navidad para los sentimientos, que hay que querer a las personas o no quererlas, pero no se puede centellear entre el te quiero, te odio, te ignoro como una carraca intermitente puesta en la picota de un arbusto navideño plastificado.

Osea que a partir de los 15 years old ya nadie se cree que en Navidad la gente sea mejor. Ni nadie quiere más por el frío a sus familiares, amigos o lo que sea. Afortunadamente hay muchos que se quieren, también en Navidad, pero los que no se quieren, siguen sin quererse. Mejor así, en cierto modo, porque lo contrario sería un trastorno bipolar de la personalidad, insano mentalmente.

VIVA LA NAVIDAD

Y entre tantas amenazas tan poderosas, la Navidad se queda muy indefensa. Aquellos que más dicen creer en ella, sus más fanáticos, la han desestructurado tanto que en su exageración está su propio enemigo. Son troyanos de la Navidad que se la están cargando desde dentro, que al hacerla absurda evitan que se propague. Y luego estoy yo, neutral y liberal como de costumbre, orgulloso de que la bolsa de Londres abra el 24 y el 31 de diciembre, que no son festivos por la mañana, defensor del descanso y el deporte que puede hacerse estos días, y al que le gustan las luces, los dulces y algunos regalos. Sin duda seré otra paradoja, y otra amenaza optimista pero latente para la Navidad. ¿Cuántos años más le dáis a esta Fiesta?

Happy New Year 2005 Ciao, Madrid y Cantábrico.

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CHIARA94

CHIARA94

31.12.2004 14:14

Una opinión excepcional, aunque algunas cosas no las comparto, claro que por eso no deja de serlo. Veo que además tiene cierta ironía crítica en alguna de sus partes, y eso me ha gustado bastante. Saludos y ¡ Felices días de deporte, lucecitas, dulces y regalos. ! Ah !, para que quede redondito, ¡ Próspero año nuevo !. Saluditos.

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