Una aventura

3  12.06.2007

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susiky1

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Removía los dos sobres de azúcar en aquel café que aunque debía ser corto era más bien largo. Después de la remodelación de la cafetería los fumadores habíamos quedado relegados a una esquinita siempre muy poblada, pero que hoy, casualmente, estaba casi vacía, los fumadores habían decidido que aquel día no era el adecuado para salir de viaje. A pesar de todo, aquel sitio seguía siendo estratégico, permitía ver el ir y venir de la gente cargada con sus maletas y los billetes en la mano para asegurarse que no los habían perdido y que no los iban a perder.

Las estaciones de tren siempre han tenido un encanto especial. El ir y venir de la gente, las despedidas con lágrimas y gestos compungidos, los encuentros llenos de abrazos y sonrisas. Esto también se podría dar en un aeropuerto, al fin y al cabo, la gente se separa y se encuentra de igual modo, pero no, no es lo mismo, la frialdad del aeropuerto choca con la calidez y cercanía de la estación de tren. En el aeropuerto a la despedida le sucede la espera solitaria después del embarque, el tiempo que deambulas por los pasillos hasta que por fin la luz se enciende y puedes entrar en el avión; en cambio, en el tren la despedida y la salida de viaje es algo inmediato, no te da tiempo a pensar, si acaso a sacar la mano por la ventanilla y a decir adios, pero poco más. Lo mismo sucede con la llegada, en el tren la llegada y el encuentro son algo rápido, lleno de impaciencia; por el contrario, en el avión la impaciencia se da en la cinta por la que salen las maletas, y el pensamiento se concentra en "¿habrán perdido mi maleta?".

El café estaba demasiado caliente, demasiado amargo, pero aquel mejungue era bebible a pequeños sorbos. La neblina del cigarrillo distorsionaba las figuras de los viajeros, figuras que eran siempre grises hasta que fijabas la mirada en uno de ellos y te concentrabas en él.

Les envidiaba, quizá envidia no es la palabra correcta, pero si curiosidad. Envidia porque yo estaba allí como una estatua y a ellos les imaginaba unas vidas ajetreadas y emocionantes, pero al fin y al cabo aquella era la vida que había escogido. Curiosidad, si, estaba claro, les miraba e intentaba imaginar donde irían, quien les esperaría, que les había llevado hasta aquella estación.

El café humeante y los restos de un cigarrillo al que se auguraba un lento final fueron abandonados en la mesa.

- Quería un billete.
- ¿A dónde?
- No importa, donde sea, el primero que salga por favor - le dije mientras esbozaba una sonrisa.


¿Y si por una vez fueran ellos los que se fijaran en mi y no yo en ellos?


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cordobes21

cordobes21

10.02.2008 02:16

pues es muy bueno elcomentario,,la verdad que es una cosa que hacemos todo el mundo,saludos y besos

miluc

miluc

05.09.2007 10:14

ten por seguro que hay quien te mira y te observa y siente esa "envidia"

AnacletoTristan

AnacletoTristan

06.07.2007 17:51

Lo lógico es que se marchara a un lugar donde poder fumar con tranquilidad, sin leyes que lo quemen a uno por fuera, más de lo que quema el tabaco por dentro ;)

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