Por la noche, por el parque
05.04.2009
Ventajas:
El Parque, la noche, el ejercicio, la amnesia
Desventajas:
El cansancio
Recomendable:
Sí
 nycblue
Sobre mí:
Quiero decir tantas cosas con solo mirarte a los ojos
usuario desde:10.03.2008
Opiniones:592
Confianza conseguida:266
Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 70 miembros de Ciao
Pantalón de deporte negro ajustado, camiseta azul, zapatillas blancas, te miras en el espejo antes de salir a correr, ¡pasable! ; esperas al ascensor, o no, mejor bajas los ocho pisos por la escalera, hace frío cuando llegas a la calle, pero no importa, necesitas descargar adrenalina, desconectar el cerebro, vaciarlo, tarea imposible, pero al menos es cuestión de intentarlo. Poco a poco, intentando calentar, andas cada vez más deprisa, pero llega el primer semáforo, un “tío simpático” te suelta la típica gracia sin gracia, ni le escuchas, sigues, esa maldita cuesta hasta El Retiro, dura, implacable, pero llegas, hacía tiempo que no subías hasta allí, pero no importa, lo consigues, esos árboles centenarios que te dan la bienvenida y consigues ir “vaciando” el cerebro, fijándote en las personas que vas pasando, algunos hasta te suenan, de otras ocasiones. Esa señora de peinado impoluto, de suave tono gris, una viuda solitaria, que cada día pasea a su pequeño y “raquítico” perro abrigado con un “jersey” rojo pasión ; te mira con cierto desprecio, no le gustara mi “modelito” deportivo o será de las que piensan que el deporte destroza las rodillas y no es adecuado para damas.
Sigo corriendo, más suave, sin prisa, disfrutando del olor a tierra mojada, se acaba de poner en marcha el riego automático, enfilo el paseo hacía el Ángel Caído - a su alrededor voy observando cuadros elaborados con materiales reciclados- no sé que tendrá esa escultura homenaje al diablo, siempre me da la sensación de que me está observando, pase por donde pase su escorzo me mira, como atravesando mi mente, transmitiéndome todo lo que he hecho mal desde la última vez que me vio. Una pareja, no tan joven como aquellas con las que me suelo cruzar, quizás veintimuchos o treintaytantos, parecen enamorados, al menos van doblemente agarrados, no sé cómo pueden andar así de pegados, aunque casi todos hemos pasado por esa etapa alguna vez, se paran delante de mí , guapos, altos, rubio, morena, mirada, beso intenso, paso a su lado, ni siquiera me miran , sólo tienen ojos para ellos ; hacen bien, no les preocupa lo que les rodea sólo están ellos, mientras puedan, no importa nadie, ojala les dure todo lo que puedan disfrutarlo.
Sigo el paseo de asfalto, más duro que el de arena, pero apenas me tengo que ir apartando, hay poca gente, alguien me pasa, va más deprisa que yo, me mira, le miro, va reduciendo la marcha, yo , sin embargo acelero, no me apetece demasiado este coqueteo deportivo, es inevitable mirarlo de reojo, no está mal, pero me alejo, me alcanza, me paro, se para, me habla, me callo, una mirada fulminante y se aleja ; una amiga mía diría por qué les miras de esa manera, lo siento , no puedo evitarlo, quizás en otra ocasión. El estanque, mi recorrido favorito, ya está la barcaza en medio, cada noche que voy por allí, la observo, el monumento a Alfonso XII majestuoso e iluminado, la recogida de los puestos de chucherías y tentempies metidos en cajas atadas con cuerdas, mientras los que han estado allí todo el día las observan con caras de cansancio. También veo las estatuas humanas retirando las pinturas de sus rostros, contando las pocas o muchas monedas que han conseguido reunir hoy. Los adivinadores del futuro, o las echadoras de cartas de tarot, recogen sus mesas plegables y carteles anunciadores, ¿realmente serán capaces de ver nuestro futuro?, si por mi fuera no dan una, nada de lo que me dijeron se ha cumplido, aunque nunca se sabe, quizás hay tiempo de todo ; también queda una última pareja que se deja retratar a la luz de la farola, por uno de esos dibujantes callejeros que tan bien saben caricaturizar nuestros defectos.
Enfilo el paseo de las estatuas como le llamo yo, el que conduce a mi maravillosa Puerta de Alcalá, disfruto de la nueva exposición temporal de esculturas extrañas y desde mi punto de vista semiinfantiles, mientras recorro metros, acabando sin fuelle, me parece que debo parar, pero no puedo, si paro el cerebro dejará de alejarse de la tierra, pero no me importa si el fuelle falla, deberé de parar ; aún así puede más mi mente, sigo corriendo, una de las últimas familias que paseaba por el parque se aleja, tres angelitos saltando con sus vaqueros cortos y sudaderas de colores, ocupando todo el ancho del camino, seguidos por unos padres con cara de agotamiento ; me hacen meterme por el césped, con lo poco que me gusta destrozarlo. Voy sudando, me pican los ojos, noto el pelo mojado, menos mal que no hay un espejo a mano, sino me vería atroz, veo mi camino de vuelta, cuesta arriba, esta vez por la arena, demasiado oscuro, un grupo de chavales bebiendo en la oscuridad, parejas sobre el césped, ciclistas, patinadores, footineros, andarines, caminantes, los últimos ciudadanos del parque saliendo por la puerta que les llevará hasta sus casas, territorio seguro, abandonando esa noche de parque urbana, llena de regalos para los sentidos ; yo también salgo, estoy agotada, demasiado deprisa, está vez cuesta abajo, subo las escaleras corriendo, no quiero mirarme en el espejo del ascensor, abro rápido la puerta y el grifo de la ducha, tiro la ropa, y por un momento consigo esa amnesia de momentos, donde sólo recuerdo los últimos instantes de mi existencia, el agua cae poco a poco sobre mi cabeza, borrando, eliminando segundos, salgo y caigo rendida en la cama, no escucho, no veo, sólo quiero aprovechar la amnesia que ha conseguido mi mente.
Leer más sobre este producto
|
|
13.06.2010 19:08
Hay veces que no se corre por correr, sino por huir de los recuerdos, del pasado. Un besazo.
12.09.2009 13:44
Bonita manera de contar un paseo por el parque, saludos.
11.06.2009 18:16
Atroz? Seguro que esa bella chica estaría preciosa.