Nuestra Señora de la Soledad - Marcela Serrano

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Nuestra Señora de la Soledad - Marcela Serrano

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LA LOBA

5  20.06.2006

Ventajas:
Ademàs de una novela policial es un verdadero aprendizaje sobre la vida en general .

Desventajas:
Ninguna

Recomendable: Sí 

Detalles:

Argumento

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Norma52

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Sobre la autora: Marcela Serrano nació en Santiago de Chile. Sus cuatro primeras novelas: "Nosotras que nos queremos tanto"- 1991, "Para que no me olvides"- 1993, "Antigua vida mía"- 1995 y "El albergue de mujeres tristes"-1998, ya llevan varias ediciones. "Para que no me olvides" obtuvo el Premio Municipal de Literatura de Santiago en 1994, y "Nosotras que nos queremos tanto" fue galardonada el mismo años con el premio Sor Juana Inés de la Cruz, concedido por la editorial femenina Cotè Femmes/Índigo y la feria del Libro de Guadalajara (México) a la mejor novela latinoamericana escrita por una mujer. También ha obtenido el segundo lugar en el Premio Planeta 2001.

Nuestra Señora de la Soledad tiene la trama de una novela policial con sus intrigas y enredos. Ubicada entre las décadas de los 70 y 90, también describe el retorno de la democracia a Chile y el descontento de muchos sectores, que vieron con rencor y tristeza que democracia no es sinónimo de memoria y justicia. Mientras otros tantos, en cambio, mostraban su conformidad y se alegraban también de que "estos zurdos" no pensaran que se iban a imponer tan fácilmente.
Otro punto a destacar es la visión de las personas, lugares y situaciones que tiene una de sus protagonistas: Rosa Alvallay, detective privada. Y, también es una enseñanza y un aprendizaje, una clase, una lección para la vida misma del lector. ¿Por qué?: porque muestra tanto en las características opuestas entre sus personajes, como en la elección final de su protagonista la importancia de la búsqueda del ser interior, la libertad, la espontaneidad, la riqueza de la gente común, la identidad propia, lo material versus lo inmaterial. Muestra que alguien puede tenerlo todo y sentirse y verse a sí misma como una "Kamari" de la India, la única diosa viviente del mundo, adorada y cuidada, pero prisionera para toda la vida en su fastuoso claustro.


Esta novela debe su nombre a la patrona de Oaxaca (México), lugar donde transcurre la parte final y más "jugosa" del libr


Carmen L. Ávila, famosa escritora nacida en Chile, nacionalizada en Estados Unidos y con parte de su corazón en la India, donde viven sus padres, ha desaparecido.
Su esposo chileno, fue a recogerla al aeropuerto donde llegaría en un vuelo de American Airlines pero ella no llegó. Había viajado a Miami a la Feria Internacional del Libro, siendo una de las principales protagonistas, donde se mostró muy normal. Había hecho sus maletas y dejado el hotel lujoso en que se albergaba y partido rumbo al aeropuerto, según testimonio del chofer del taxi que allí la dejó. Y luego: nadie más la vio, no estaba en casa de ningún amigo o conocido, su cuerpo no había sido encontrado con vida o sin ella.
Luego de dos meses de búsquedas sin resultado alguno, aparece Rosa Alvallay, detective privada y abogada, a quien su Jefe elige para esta misión por su conocimiento de México, ya que allí estuvo exiliada, conoció a su marido y tuvo sus hijos. Rosa, de 54 años, baja estatura, desconforme con su vida y con su cuerpo, demasiado sola, con dos hijos grandes y un hogar que mantener, se alegra de este nuevo trabajo, su orgullo junto con sus hijos; recibe toda la información que tienen disponible y un cuaderno común de colegio, que su Jefe acostumbra regalar en cada caso para que hagan allí sus anotaciones y su hipótesis.
Lee con avidez la documentación que le han dado, y se devana los sesos pensando por dónde comenzar, en realidad es muy poco lo que sabe. Pero de algo está segura, debe comenzar por sus amigos, sus parientes y sus amores.
Así se entrevista con el marido de Carmen, el Rector Tomás Rojas, un hombre de apariencia conservadora, buena posición económica, baja estatura, serio y muy a la usanza de la clase a la que pertenecía. Le cuenta detalles de la vida de ambos, datos que la detective necesitaba, (al final de cuentas él los había contratado para buscar a su mujer, aunque se muestre algo cansado de repetir la misma historia). Él tenia la corazonada que estaba viva, aunque haya retirado todo el dinero de su cuenta del Banco de Nueva York durante su estadía en Estados Unidos, pero eso no le sugería nada raro, ella estaba desconforme con el servicio, era todo. Era un hombre práctico, dijo, mientras su cadáver no apareciera…Aún así, a veces su intuición le decía que la había secuestrado la guerrilla.

La próxima entrevistada de Rosa fue Georgina, la empleada de la casa. No tenia una buena opinión de su patrona, a la que nunca consideró así, ya que era muy mala para llevar una casa adelante, nada le importaba más que sus libros y se la pasaba durmiendo y encerrada en su escritorio. Nada que ver con la señora Alicia, la anterior dueña de casa, esa sí era una señora y estaba en el mismo nivel del Señor Tomás, en la casa nada fue igual desde que el señor la abandonara por Carmen, estando tan enferma la pobre. ¡Qué mala elección! Cuando llegó a la casa parecía la hija del señor por la vestimenta, esos vestidos hippies, ese pelo tan largo y enmarañado; el señor le hizo un vestidor y le compraba ropa para que lo acompañara en sus reuniones sociales, pero ni bien estaba en casa ella se sacaba todo y volvía a sus túnicas y hasta andaba descalza. También le hizo saber de su antigua asistente, Gloria, una chica muy sencilla a la que la empleada había tomado mucho cariño, pero parece que hubo algún enredo, porque un día ya no volvió más a la casa. Y eso que era pariente de la señora Carmen. Con el señor se llevaban muy bien, ¡agradecida debía estar por un hombre que le dio todo!, salvo aquella discusión, por la casa de Cachagua que el señor compró para pasar allí los fines de semana e invitar amigos, eso se usaba mucho, pero la señora se negó rotundamente a ir, ni siquiera para veranear. Decía que no le gustaba la gente que iba allí, que solamente hacia vida social.


Sin embargo, Martín Robledo Sánchez, escritor y amigo de Carmen, no opinaba lo mismo. Sobre la relación con su marido dijo que era una mezcla de respeto, agradecimiento y de temor. A Tomás no le interesaba mucho lo que escribía su esposa, él habitaba mundos más importantes, más materiales, después de todo era un economista. En cambio Carmen era pura corporalidad, pura gestualidad. Vivía de acuerdo su reloj interno, ¿qué era eso de cuatro comidas al día?, ella comía cuando su cuerpo lo pedía. Martín, siendo tan amigos, no había conocido a alguien "que sufriera tanto de sentirse prisionera de la mera formalidad existente; ella debiera haber sido una habitante de la selva…o de los bosques…nunca de una ciudad tan tiesa y poco original como Santiago"
Sobre la desaparición de Carmen, no lograba llegar a una conclusión. Eso sí, descartaba el suicidio, su amiga no era una suicida, era una mujer feliz. Sí, claro, con esa "fisura" que era la falta de coincidencia de su tiempo interno con el externo. "Una fisura feroz, que se agigantaba día a día". Pero, si eso es una razón para quitarse

Fotos de Nuestra Señora de la Soledad - Marcela Serrano
Nuestra Señora de la Soledad - Marcela Serrano Fotografía 5229140 tb
Marcela Serrano, la autora
la vida, nuestro país estaría bastante despoblado.

Jill Irving es su mejor amiga, desde chicas cuando cursaban juntas el colegio en San Francisco. Al terminar los estudios, ella partió a recorrer Estados Unidos. Fue un recorrido largo. Viajó sola y acompañada, hasta que un día se aburrió del grupo y llegó hasta la frontera de México, donde se instaló. Desde allí llamó a Jill y se juntaron nuevamente. Ninguna tenía dinero, pero hacían artesanías que vendían en la plaza. México las había embrujado.
Carmen pasó su infancia en Chile con su abuela materna y cuando ella murió se fue a vivir con la única hermana de su padre, Aunt Jane, en Estados Unidos. Esta tía también se hizo cargo de Vicente, el único hijo de Carmen, hasta que ésta se casó con Tomás. "Todos los signos de Carmen son los de un esencial desarraigo", dijo Hill, cuando hablaban de su madre, decía que había hecho un trato con el cielo y viviría en algún monte, muy cerca de él.
Fue en México cuando escribió su primera novela y la envió a su tía quien tenia contacto con editores. ¡Y tuvo éxito!
Carmen decía que primero siguió a sus padres y luego a sus hombres, sin rumbo, sin rol, sin talento alguno y que debía tener dentro suyo algo escondido, algo que encontró y sacó hacia fuera por medio de sus libros.
Rosa le pregunta por su amante colombiano, Luis Benítez. Jill no parece cómoda con este tema y explica que no quiere terminar concordando con Tomas. Carmen dijo, tuvo muchos amores y Luis fue uno de ellos. A ella le parecía un disparate pensar que la guerrilla la tenía secuestrada. Y, opinó: "creo que Carmen está muerta.


Esa noche, cuando Rosa pensaba qué iba a comer, sonó el teléfono. Era Martín R. Sánchez, que, un poco borracho le confesó que había olvidado decir algo: Carmen estaba cansada de Pamela Hawthorne, la detective y abogada protagonista de sus novelas. La odiaba, se sentía maniatada por ella y no sabía cómo librarse de su creación.


Rosa necesitaba hacer algo más. El caso era bastante vago, indefinido, solamente uno de los involucrados tenía una hipótesis, y finalmente era el que pagaba, así que, se debía atender ese punto de vista. Así lo habló con su Jefe, quien prometió responde.

Llega el turno de Ana María Rojas: Carmen se casó con mi padre por interés, no tengo la menor duda, atacó diciendo la regordeta y rencorosa hija del Rector. Carmen era egoísta y no sentía ninguna culpa por ello. Queda demostrado en su hijo, lo entregó a mi padre porque necesitaba una imagen paterna ¡tonterías!, no quería hacerse cargo de él. Ahora, ya hombre (¿sabe que se casó hace muy poquito?), Vicente se viste igual que mi padre, es su consentido, todos los días hablan por teléfono. No es justo para mí.
Mi padre es un hombre rico y su fortuna se repartirá en partes iguales tanto para Vicente como para mí. Pero Carmen es más rica que mi padre y solo Vicente figura como su heredero, aparte de mi padre, claro. Pero yo no. ¡Es una gran injusticia!
Cuando mi padre la conoció le dijeron que era una loca. No comprendo a mi padre. Nunca estuvo a la altura de él. Si nació en un pueblito que ni figura en el mapa, su madre era una campesina y hasta cuentan que su bisabuela era gitana.
Carmen no ayudaba a papá a crecer en su vida. Ella se hacia la sumisa con él, pero yo creo que ya no lo amaba. Era tan primitiva…Creo que Carmen se fugó. Su vida la hastiaba y podía inventarse otra en cualquier sitio. Para algo era escritora ¿no? Ella era muy distinta desde el hecho de Guatemala. ¿No lo conoce?, pregúntele a Jill.


El "hecho" de Guatemala: Jill, parecía consternada, pero esta vez relató todo. Sucedió hace cuatro meses, la última vez que se vieron. Carmen debía dictar una conferencia allí y llamó a Jill para estar juntas esos días. Después de sus obligaciones, decidieron ver el recital de una cantante que les gustaba a ambas y averiguaron cómo hacer para llegar. Una avioneta privada cubría el trayecto. Había un vuelo esa noche y otro al amanecer del día siguiente, y, como a ninguna le gustaba madrugar, eligieron el de esa noche. Una hora antes de la partida, tomaban algo en el bar del hotel cuando se les acercó una joven pareja. El pequeño hijo de ellos había tenido un accidente y tenían boleto para el pasaje de la madrugada: ¿no serian ellas tan amables de cambiar los boletos? Sus instintos maternales no dudaron y los boletos fueron cambiados. Agradecidos, los padres partieron. Cuando Carmen los ve partir, le comenta a su amiga que esa pareja ha despertado en ella una rara inquietud. Jill la calma y se dirigen al comedor a cenar. Hay una sensación casi instintiva de lo inevitable. Y la noticia llega: la avioneta partió, subió los cielos pero chocó contra un cerro. No había sobrevivientes.


Finalmente, luego de hacer algunas averiguaciones con el padre de sus hijos que vive en México, Rosa decide, con la venia de su Jefe, viajar allí para averiguar lo que se pueda con respecto al secuestro.


Tomás Rojas deseó verla antes de su partida. Esta vez comentó algo sobre unas palabras que Carmen recordaba de su padre, sobre buscar el paraíso. Tomás le decía siempre que eso no existía, mas luego de lo pasado en Guatemala, ella había insistido sobre la búsqueda del paraíso. También le dijo que Carmen enviaba dinero a una escuela de alfabetización en Katmandú, donde sus padres enseñaron por una temporada. Ella nunca le hacia caso en cuestiones de dinero, solamente en comprar la casa para Vicente cuando éste se casó. Ella tenía un gran despego por lo material, quería siempre andar liviana, muy liviana. Aunque Tomás dudaba si no le pasaría dinero a su amigo el guerrillero. A veces pensaba que con lo mucho que ella viajaba, podría muy bien tener una doble vida, nadie se enteraría, y por lo político, no dudaba, si hasta lo acusaba de estar tan cerca de la derecha…Ella regresó a Chile con esperanzas, al término de la dictadura, pero de a poco se fue desilusionando: "pienso que la izquierda le ha regalado la normalidad a este país a cambio de nada". La hería el tema de la justicia y la falta de memoria o la falta de ambas. En ese encuentro le entregó a Rosa ("lectura para el avión"), una entrevista que ofreció a una revista española.


Esta entrevista tuvo lugar en el Hotel Palace de Madrid, en el invierno de 1997. Habla de su infancia, de sus padres, de su abandono, de sus amores. Cuenta que nació en un pequeño pueblo, que su padre era un gringo errante, que conoció a su madre y se casaron. El padre trabajaba la tierra que pertenecía a su abuela. Pero pronto se cansaron y se marcharon a la India y ella quedó con su abuela. La gente era allí muy pobre y ellos también, pero los ayudaba la tierra. Su abuela consideraba que lo más digno de la vida era tener su propio ataúd antes de morir. Así que, cada vez que ahorraba algún dinero, fue haciendo los de toda la familia. Los cinco ataúdes guardados en una especie de buhardilla eran la envidia del pueblo. Un día, estando Carmen allí, visitó a su abuela una de sus sobrinas, con una niña en brazos. A ella no la vieron. El caso es que hubo una discusión porque la tía quería uno de los ataúdes, pensando que sus primos morirían lejos y no los necesitarían. Pero la abuela no quería dárselo así que discutieron y la abuela le pegó una bofetada a la sobrina. En devolución, la otra le pegó con un velador y huyó. Cuando Carmen bajó de su escondite encontró a su abuela muerta. Había sido testigo de un asesinato, pero no se atrevió a hablar. Era muy chica. Así que solo se lo contó a sus padres, cuando llegaron. Ellos se encargaron de la denuncia y por temor a represalias, la enviaron a Estados Unidos con su tía Aunt Jane. Por eso era que se hablaba de que, como le preguntaba la periodista, los orígenes de dedicarse a la novela negra, venían de estos hechos de la infancia.


Así ella queda con su tía y sus padres vuelven a la India. A veces ella pasaba una temporada en compañía de ellos, por eso su costumbre de andar descalza, pero luego se perdían en lugares en los que ni siquiera había un teléfono para estar en contacto. Su recuerdo más nítido de la India, era cuando la llevaron a conocer a la Kumasi, la única diosa viviente del mundo. Es una niña que vive en un palacio en Katmandú, y se asoma algunas veces a saludar por una ventana enrejada. Era una diosa, pero prisionera. ¡Y era una niña!


En esta entrevista habla también de sus amores. Allá por la época que se quedó a vivir en México por diez años, allí escribió su primera novela, tuvo su primer y gran amor y su primer y único hijo. Dice que el padre de su hijo era un norteamericano que se mató en un accidente. Y de su primer amor dice que ocurrió poco, "todo lo necesario para destruir, quebrar, destrozar la fragilidad de un corazón. El problema con los mexicanos es que siempre están casados". (Risas).


Cuando le hacen una pregunta sobre las diferencias de sus referentes: Estados Unidos, México, la India, ella cita a otro escritor, Octavio Paz: "Estados Unidos no tiene pasado, es un país que nace con la modernidad, no importa quiénes fueron los que componían antes esta población. Y en ese sentido una parte mía encuentra allí una perfecta horma. Pero mi otra parte mira hacia el pasado, y lo encuentro a raudales en la India y en México, países cuyo proyecto es la modernización pero cuyo futuro implica una crítica a su pasado aún defendiendo la cultura no europea porque, en ambos casos, es extremadamente rica y viva. Lo que une a ambos países, mucho más parecidos entre ellos de lo que la gente creería, es que viven la misma contradicción: consideran el pasado como un obstáculo, pero lo exaltan y desean salvarlo. La ambigüedad entre la ruptura y la salvación…allí me encuentro yo también"


Y termina la entrevista diciendo que en la actualidad se ve a sí misma como una princesa dentro de un minarete, de aquellos que coronan cualquier palacio de la India. Goza de todos los beneficios pero de alguna manera se siente prisionera como la Kumasi.


Ya en México, Rosa activa sus contactos. Su ex marido Hugo, que se conecta con alguien cercano a la guerrilla. (Le deben el favor de haber salvado la vida de uno de ellos, al fin de cuentas, es médico). No se han hecho secuestros en los últimos tiempos. Aunque sí existen mujeres en los campamentos, pero ninguna de manera forzosa. También hay "ayudistas", pero al informante de Hugo se le hace imposible decir quiénes son. Pero Rosa no se conforma, quiere averiguar si alguna de esas mujeres puede ser Carmen. El padre de sus hijos, aunque a desgano, promete volver a consultar, pero no verá a su informante en algunos días.

Pero cuando Hugo regresa, Rosa anda por otros caminos, ha recordado a un escritor mexicano, Santiago Blanco, que escribió artículos contra la dictadura chilena y tubo mucho éxito en su carrera. Hugo busca entre sus libros y muestra finalmente triunfante, la novela que buscaba, la que hizo famoso al escritor mexicano: "La Loba" y se la entrega a Rosa diciéndole que no será difícil saber de él, entre la gente conocida.
La Loba: "Yo soy como la loba.
Quebré con el rebaño
Y me fui a la montaña
Fatigada de llanto.
Yo tengo un hijo fruto del amor; amor sin ley.
Yo soy como la loba, ando sola y me río
Del rebaño. El sustento me lo gano y es mío
Dondequiera que sea, que yo tengo una mano
Que sabe trabajar y un cerebro que es sano.
El hijo y después yo, y después…lo que sea.
De "La Inquietud del Rosal, de Alfonsina Storni: Era el epígrafe de la novela de Santiago Blanco.


Rosa meditaba; "una loca, que era una loca le dijeron a Tomás Rojas cuando la conoció". Y Blanco decía en su novela: "Una loca. Una loca le dijeron. Que la mujer del vestido rojo bailando arriba de esa mesa era una loca, le dijeron…una pantorrilla fuerte, musculosa y flexible de perfecto contorno bajo la malla calada de bailarina, miles de pequeños triángulos negros sobre el blanco de la piel como un diminuto tablero de ajedrez mirado en diagonal, diamantes perfectos relucientes entre el remolino…Todo lo demàs, inútil, pues nada de eso le atañe por haber quedado fijo, colgado del rectàngulo que su vista arbitrariamente cerrò: una pantorrilla…Ese encuadre lo saturò todo. Al despedirse a la mañana siguiente, tuvo la osadìa de preguntarle a la falsa bailarina cuàl era su fantasìa.
Tener una casa en algún lugar del mundo. Pintada de azul"


Por fin Rosa se comunica con Tomás Rojas. Trate de recordar Rector, necesito su ayuda. Año 1983, trasládese a México: ¿dónde y cómo conoció usted a Carmen? Luego de rezongar un poco, Rojas le cuenta: en un bar, en Coyoacàn. Me llevó un amigo chileno. ¿Qué hacia Carmen cuándo usted llegó al bar?. Bailaba. Bailaba sola arriba de una mesa con la música a todo volumen. Rector, trate de recodar cómo estaba vestida: finalmente acepta que tenía un vestido rojo. Pero él solamente se había fijado en las piernas, usaba medias como las bailarinas. Cuando Rosa le preguntó qué hizo después del baile, contestó que se fue con ella y que no preguntara más. Y solamente respondió, entre varias preguntas, que ella siempre estaba enamorada. Que en Chile se lo preguntó y ella siempre negó un amor con un mexicano, sólo nombraba al colombiano. Al colgar Rosa recordó lo escrito por Carmen en un apunte de su niñez: "Bang. Bang. La pelota rebotaba. Los niños la atrapaban. La niña queda mirando, queda mirando, queda mirando. La niña no atrapa la pelota, la niña sólo mira."

La novela "La Loba" es un tratado sobre el desamparo, un precioso tratado sobre el desamparo. Entonces Rosa, decide llamar a Jill. Una fuerte intuición le dice que la novela está basada en Carmen L. Ávila, que ella, la náufraga es también la loba.


A partir de aquí, todo se precipita. Jill confirma, a su entera insatisfacción, pero creyendo que Rosa ya tiene otra fuente, del amor con el mexicano, del hijo de ambos, de que finalmente Santiago era casado y no dejaría a su mujer. Pero, rencorosa, dice: pregunte a su informante por Gloria, la asistente de Carmen, Tomás lo sabe bien.


Ahora no podía averiguar eso, pensó Rosa y se dedicó a tratar de ubicar a Blanco. Lo hizo, como buena persistente que era. Justo cuando él estaba por viajar a su casa de veraneo en Puerto Escondido. Pero, sabiendo que era chilena, apreciaba mucho al país, le concedió unos minutos. Luego se despidió de Rosa. Pero la detective había sido rápida, en cuanto él partió, compró un pasaje para Oaxaca y disfrazada de mamarracho fue detrás suyo. No se había equivocado, no iba a Puerto Escondido, al menos por esta noche, Lo siguió y descubrió la casa de rejas en la puerta, escondida por la vegetación y, en cuanto pudo echar una mirada hacia adentro se quedó sin aliento: estaba totalmente pintada de azul. Esa noche los vio salir a pasear y a cenar. Ella reía y él la miraba con una mirada que emocionaba.


Rosa aprovechó para golpear en la casa e interrogar a la empleada. "No, no, señora, acá no vive ninguna mujer norteamericana. La patrona es colombiana y se llama Lucía Reyes". La nombrada Lucía, tenia el pelo rubio y muy corto (fácil de lograr), varios kilos menos que lo que aparentaba Carmen (con una buena dieta), y parecía bastante más joven, pero también se lograba, con gente experta y con dinero.


A la mañana siguiente él partió, ahora sí a Puerto Escondido. Y ella quedó en esa casa, su casa azul, dueña y señora de sus actos, de hacer lo que le plazca. Primero sale en el coche con sus empleados, ella no sabe conducir. Y Rosa aprovecha para introducirse en la casa y hacer las comprobaciones que necesita. Hay varios datos que le resultan útiles: La oficina con papeles desparramados y algunas hojas recién impresas le dicen que la "nueva escritora" va por el capitulo IV; el placard está lleno de ropa estilo hindú, túnicas, batas amplias y cómodas, zapatillas coloridas y bajas; las "joyas" son todas hechas por artesanos, igualmente bellísimas. Todos los ambientes hablan de Carmen Ávila, pero aquí vive Lucía Reyes.


Sale de compras, se sienta en un bar y lee mientras toma su café, con una túnica blanca, unas pulseras de esas que hacen los aborígenes y unos zapatos también blancos pero tan bajitos como si anduviera descalza. Rosa se sienta en una mesa próxima y la observa. La cruz que llevaba colgada del cuello era la misma que tenia Jill, ya le había dicho que ambas compartían la misma cruz de Oaxaca. Luego se atreve a más y le pide fuego, es entonces cuando ve las inconfundibles marcas en sus muñecas ¡Dios Mío!. Sabía bien lo que significaba.


Rosa comenzó con sus conclusiones. Lucía Reyes, según un funcionario de la embajada de Colombia a quien habían podido contactar por Hugo, no aparece registrada como ciudadana colombiana residente en México.


Y esa llamada a Chile que no conseguía. Antes de hablar con su jefe, necesita hacerlo con Tomás Rojas. Cuando al fin lo logra, la pregunta es seca:- Disculpe Rector, pero la pregunta es crucial: ¿Carmen trató alguna vez de quitarse la vida?- y, ante la reticencia de él pone como excusa que es la distancia la que no la deja explicar bien el caso. Rojas se mantiene tajante y le pide que regrese a Chile. Entonces ella le dice:- Tengo el dato de una mujer que por propia voluntad trabajaba para la guerrilla, tiene unas marcas irreversibles en sus muñecas, ¿le agrada que le siga contando datos a través de una línea telefónica intercontinental?- Cuando hablamos por primera vez, le pedì que me dijera todas las marcas que Carmen tuviera, su apariencia, ¿se acuerda de eso rector? ¿Desea de verdad que la encontremos o solamente es para acallar su conciencia?
Rojas se siente ofendido. Pero aún desea que investigue a esa mujer de la que habla Rosa.

Rosa supo que debía hablar con Santiago Blanco. Ninguna vida es posible sin alguien que la atestigüe.

El elegido había sido el mismísimo Santiago. Y finalmente, con fatiga, le cuenta la verdadera historia. Una historia de amor y generosidad. "La loba", sí, la loba era ella.

Sí, cuando Carmen vivía en Coyoacàn, se embarazó de Santiago Blanco, lo que fue una felicidad para ambos en la medida que la familia de Santiago no se enterara de "este amor sin ley". Pero, no dejaría a su familia para ir detrás de una aventura, y Carmen Ávila, mandó al niño con su tía a Estados Unidos. También existieron Luis Benítez y, entre sus idas y venidas a México, Blanco se vio amenazado como amante oficial. Carmen jugó con los sentimientos de los dos, los enfrentó, tal vez con la esperanza de que Blanco se decidiera a su favor. Pero no fue así.
Hoy Carmen siente un gran afecto por el comandante y éste por ella, cosa que comprobó al enviarle el pasaporte que ella le pidiera.


La vida no le fue fácil a Carmen; al volver de su último viaje a la India, sintió en forma definitiva el abandono de sus padres. Terminó su eterna relación con Santiago, que no tomó en cuanta su ultimátum, y se fue con su tía. Entró en una gran crisis, había perdido a su gran amor y también a su hijo que le reprochaba el abandono. Y después ocurrió que entraron tres sujetos en la casa de Aunt Jean, estando Carmen sola, la atacaron y la violaron. Luego de eso Carmen intentó matarse cortándose las venas, pero su tía la encontró a tiempo para salvarla.

Así se reencontró con Tomás Rojas, que había conocido en México y llegó a pensar que Chile podía ser un buen sitio para volver. Era su única tabla de salvación y para recuperar a su hijo Vicente.

A Rojas lo quiso a su manera, y le agradecía por Vicente. Pero, pasado el tiempo, las penurias de las que se estaba recuperando, parecieron regresar. Entre otras cosas, ella jamás olvidó a la pequeña niña de la asesina de su abuela, y, como toda obsesiva, se la llevó con ella. Era Gloria, su asistente. Hasta que Tomás Rojas compró la casa de Cachagua, donde Carmen no quería ir. Entonces Gloria la reemplazó y los fines de semana los pasaba en la cama del Rector. Enviada Gloria de vuelta a su casa, en apariencias todo volvió a ser como antes, pero el Rector ya se había tomado el vicio de la casa de la playa, y su hija invitaba a sus amigas en una especie de revancha con su perverso padre, pensando que así destronaría a su madrastra.

Cuando Vicente se casó e instaló en la casa que le regalara su madre, ya no había motivos para fingir más.

Después de la avioneta que tendría que haber terminado con su vida en Guatemala, Carmen no tomó un avión a Chile sino a México. La vida le había regalado otra oportunidad. ¿Por qué no aprovecharla?

Mantuvieron intacta la antigua amistad. Y tomó su decisión final: acabaría con Carmen Ávila y tomaría otra identidad. Se compró la casa de Oaxaca, la hizo arreglar y él se compró otra en Puerto escondido.

Desde Miami, tomó un vuelo a Nueva York, y se internó en una Clínica para ser la "otra", aquella que Ana María Rojas creía incapaz de ser.

Eso es todo.


EPÌLOGO: Rosa Alvallay comprende que debe rendir cuentas. Pero también comprende que, siendo una mujer, no desearía que alguna vez, otra mujer la delatase si en ella hubiera aún una esperanza.
Entonces, el pequeño baño del avión, vio desaparecer una multitud de papelitos rotos, resultado de la destrucción de su cuaderno. Y no se inquieta, tiene siete horas para inventar, esta vez ella, una novela negra.

Esta vez, finalmente la niña atraparía la pelota.

Gracias por leerme.




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Comentarios sobre esta opinión
SOYVOYBUENNA

SOYVOYBUENNA

15.12.2006 09:06

un libro que tiene un gran mérito, pero más tienes tu por la buenisima calidad de tu opinión un beso

mattuttess

mattuttess

09.07.2006 20:47

EXCELENTE OPINIONN!! debe ser un muy buen libro, serrano es una gran escritora... besoss!

rucapina

rucapina

23.06.2006 17:40

Sin palabras: EXCEPCIONAL

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