Adolfo Suárez Discrepar sin Insultar es DIPLOMACIA

5  23.01.2007

Ventajas:
Es posible desarmar dialécticamente al adversario sin violencia .

Desventajas:
Es demasiado sutil para duros de mollera .

Recomendable: Sí 

restaurador_e

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. Adolfo Suárez González era un ciudadano de familia común nacido en un pueblecito de Ávila, que estudió la carrera de derecho como un trampolín para labrar un futuro mejor del que le esperaría si quedase en aquellas tierras esperando la lluvia.

. Siempre dio muestras de notable inteligencia y agudeza para encontrar las palabras justas en cualquier circunstancia y como esa rara habilidad tiene recompensas políticas si además se emplea pacífica y constructivamente, no es difícil comprender las simpatías que sabía granjearse entre las personas que iba encontrando en su camino político.

. Cuando llegó el momento y hubo que encontrar a "ese" hombre capaz de sortear los obstáculos y zancadillas que debería afrontar quien capitaneara el barco donde todos debemos navegar juntos y nuestras diferencias se refieren únicamente a detalles como los puertos que debemos visitar y en consecuencia el rumbo que debe fijarse o a la forma en que debe gastarse el presupuesto para pintar el barco cada año teniendo en cuenta que a cada uno de los pasajeros se alojen a babor o a estribor le gustaría lógicamente emplear su propia pintura y brocha para realizar esa tarea necesaria e ineludible, consiguió que se le encomendara esa delicada misión proponiendo y desarrollando un proyecto donde cada pasajero que lo desease podría aportar algo de su pintura y donde los más decididos y preparados encontrasen su oportunidad para pintar con sus propias brochas pero respetando el trabajo de los demás pintores y no teniendo demasiado remilgos dando un brochazo de izquierdas al lado de uno de derechas, pues partiendo de la idea de que lo importante es comprender la idea de que el trabajo debe realizarse para que el barco de todos luzca la mejor apariencia posible en cualquier océano y lo mismo daría pintarlo con pintura de los pasajeros de babor empleando las brochas de los pasajeros de estribor o al contrario. Si al final todos percibían que habían aportado algo importante y visible en ese barco que estamos obligados a compartir y a todos se les reconocen sus esfuerzos por conseguirlo se podrían evitar estériles debates y pérdidas de tiempo que perjudicarían notablemente la posición que ocupase nuestro barco en sus travesías por la historia.

. Una vez que se demostró que sus ideas eran viables y oportunas, consiguiendo éxito electoral, hubo quien pensó que al igual que sucedió con Cristóbal Colón, que una vez que hubo demostrado que sus ideas tenían razón y hubo desvelado su secreto para navegar con un rumbo triunfador, las intrigas propias de la marinería más escandalosa, le obligaron a abandonar su puesto en el puente de mando de la nave.

. Pero al igual que sucedió con Cristóbal Colón se decidió ennoblecer su sangre para agradecer de modo simbólico sus desvelos al frente de la nave del Estado y engrandecer su figura para que la historia que estudien las generaciones futuras encuentren más fácil recordar un nombre cuanto más largo mejor. Y quedó escrito que a partir de entonces el Excelentísimo señor don Adolfo Suárez González acompañaría su persona con el título de Duque de Suárez y la Grandeza de España, reconociendo el otorgante que de los títulos dados por la corona a lo largo de la historia monárquica de España, pocos títulos fueron tan merecidos y laboriosamente conseguidos no con la sangre de soldados sino con diplomacia y las habilidades del diálogo pacífico que pone de acuerdo a enemigos que parecían irreconciliables al sentarse a una mesa y se abrazan al levantarse de ella.

. Hubo por cierto quien habiendo nacido en familia de tan alta alcurnia y rancia estirpe que sus tarjetas de visita precisan un tamaño más grande de lo normal para acomodar todos sus apellidos, sin duda avergonzado de tener que rebajarse a saludar protocolariamente a un nuevo Grande de España con un árbol genealógico tan poco vistoso y en su opinión con raíces tan poco profundas y elegantes dio en el desaire y durante un tiempo consiguió evitar el encuentro y el saludo ritual, pero fatalmente coincidieron en un acto público y el rancio intentando ocultar con su sonrisa el desagrado y profundo malestar que sentía por tener que saludar a un "advenedizo", según lo definía no mucho antes, se dirigió a don Adolfo y le felicitó:

- Felicidades sr. Suárez, al final lo consiguió usted, ya somos iguales. Dijo el rancio.

- Está usted equivocado, respondió don Adolfo con la mejor de sus sonrisas.

- No somos iguales. Yo con quien me igualo es con su antepasado, el que ganó su título.

. Palideció el rancio y los testigos esbozaron una sonrisa, no atreviéndose sin duda a la franca carcajada que la agudeza y maestría con las palabras de don Adolfo, que siempre fue elegante hasta en los insultos, consiguiendo con la sutileza lo que no conseguirían sin duda las bofetadas dialécticas.

. Y dicen que don Adolfo Suárez González desde entonces fue bienvenido en la diputación de la Grandeza pues siendo uno de los pocos miembros con méritos propios reconocidos para ocupar su sitio todos le agradecían implicitamente que no se dedicase a recordárselo permanentemente.

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Comentarios sobre esta opinión
OCA-58

OCA-58

22.03.2008 04:48

Es una anécdota muy interesante para conocer la calidad humana del personaje. Un saludo.

Alcrique

Alcrique

07.07.2007 04:52

Una anécdota genial. Un saludo.

guantanamo

guantanamo

08.06.2007 13:32

Precisamente hace dos días pusieron un reportaje en Tv sobre este personaje tan importante en la historia de España. Un saludo.

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