Sobre mí:GRACIAS a los que hacéis de Ciao un buen lugar de encuentro. Al resto... Porque el momento de se...
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Un padre le decía a su hija de poco más de cinco años a unos metros de la entrada del Parador: "No te quites todavía la capucha, que está lloviendo. Espera a que entremos en el castillo". Y a la niña se le iluminaba la cara de ilusión, pues estaba efectivamente viviendo en un castillo. No era la única a la que le hacía ilusión, pues he de reconocer que a mi también me la hacía. Todo contribuye a crear esta ilusión, pues al acercarte en coche desde Madrid, la primera visión que tienes de Sigüenza es la del castillo en lo alto, con la ciudad a sus pies y la Catedral en la otra punta de la ciudad No menos espectacular es la llegada al Parador, con una gran explanada frente a él, sobre la que destaca la inmensidad del castillo.
Dos son las entradas al Parador. Una a la izquierda en la que tras atravesar un arco en la muralla unas escaleras nos permiten el acceso, bajo la torre amurallada, al Parador. A la derecha otro arco, da paso a las murallas y tras estas el patio de armas del castillo, habilitado como un precioso jardín.
El interior del Parador está totalmente restaurado, pues tras las guerras carlistas quedó as un incendio seriamente dañado.
Nos alojábamos en una habitación estándar, con vistas al patio de armas. Las camas no eran de matrimonio, pero estas se encuentran en otro tipo de habitaciones que tienen un precio especial. Muy bonitas estas camas de matrimonio, con dosel y todo, pero no están mis tiempos como para pagar 40 euros más al día por ese capricho.
Y ya hablando de la habitación, no era muy espaciosa, aunque si suficiente, pues no te sentías agobiado en ella. Me gustó su decoración, con el suelo rústico, las paredes en blanco y los muebles de estilo castellano, incluidos los cabeceros de la cama, el espejo y la ventana en madera. Completando la decoración, un cuadro tríptico de temática religiosa.
Una pega que ponerle a la habitación y que es además común a la mayoría de los hoteles: La iluminación. Es tan tenue que no contempla la posibilidad de que quieras leer un rato por la noche, pues ni siquiera la lámpara del escritorio tiene potencia suficiente. Este tema de la iluminación es extensible al gran salón del Parador, poco iluminado como para permitir la lectura.
No se si las habitaciones estaban muy bien insonorizadas o el personal alojado era muy silencioso, pero el caso es que no nos molestó ningún ruido para dormir. Dicho sea de paso, no extrañé ni el colchón ni la almohada. Vamos, que dormí como un niño soñando con castillos.
Uno de los aspectos siempre interesantes de los Paradores es su Gastronomía. De hecho hay Paradores que conozco por haber comido en ellos sin haberme alojado. Sin embargo en esta ocasión no puedo hablar de su comida, pues pese a contar con un interesante menú con motivo del 80 aniversario de los Paradores, nos resultó más cómodo quedarnos a comer por el camino el primer día, porque el segundo día de nuestra estancia ni siquiera estábamos en Sigüenza. Y en cuanto al desayuno, no lo incluí en el precio de la habitación, porque por lo que me costaba dicho desayuno para una persona un día, desayunábamos los dos los dos días a cuerpo de rey y aún sobraba dinero.
En cuanto a la ubicación del Parador, no puede ser mejor, pues no en vano el emplazamiento del castillo obedecía a controlar desde esa posición todos los movimientos de la zona, por lo que las vistas son magníficas. Desde el mismo castillo parte la Calle Mayor, que en un paseo de cinco minutos nos lleva directamente hasta la Catedral, una de las joyas de Sigüenza. Por el camino además podrás disfrutar de los edificios antiguos, así como de varias tiendas de artesanía, con mucho más que recuerdos típicos para ver. El único problema es que para regresar, la cuesta no es precisamente suave, pero este es un recorrido que no puedes perderte.
Agregar que el aparcamiento en el Parador no es ningún problema, pues además del espacio con el que cuenta entre sus dos murallas, donde de hecho nunca dejé el coche, la explanada exterior es amplísima y en ella hay sitio sobrado para muchos coches. Eso si, conseguir una foto del castillo sin un coche en sus murallas es misión imposible para un aficionado.
Aunque no te hospedes en el Parador, no pierdas la ocasión si vas a Sigüenza de conocerlo, pues el patio de armas está abierto al público de un modo gratuito. Dando a dicho patio de armas se encuentra la cafetería del Parador, donde bien dentro o en la terraza que está en el patio de armas, podrás disfrutar del encanto de este lugar.
CONCLUSIÓN FINAL
He quedado más que satisfecho con mi estancia en el Parador, tanto r el trato como por el agradable y especial ambiente que en él se respira. Además, el precio no fue disparatado, pues al no tratarse de fin de semana (era domingo y lunes), el precio de la habitación por noche (IVA incluido) fue de 100 euros, que tal como se ha puesto el precio de la hostelería (150 € por un hotel de tres estrellas en la costa) no me parece excesivo para un capricho.
Y siempre te queda el recurso como he practicado en muchos otros Paradores de visitar su cafetería, que aunque algo más cara (1,80 € el café), merece la pena.
Nunca he llegado a ir a este Parador, y mirá que me lo he planteado alguna que otra vez, porque siempre me ha apetecido dormir en un castillo, ¡pero lo haré! Un besazo
18.04.2009 09:38
Nunca he llegado a ir a este Parador, y mirá que me lo he planteado alguna que otra vez, porque siempre me ha apetecido dormir en un castillo, ¡pero lo haré! Un besazo
17.04.2009 14:34
Tiene que ser un sitio estupendo para alojarse, eso de dormir en un "castillo", tiene que estar muy bien. Saludos
16.04.2009 19:50
¡Qué envidia!