Sobre mí:Ante todo aventurero, me gusta conocer otras culturas, sobre todo el intercambio con la gente, apren...
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Fuimos desde Río de Janeiro, alquilando un coche recorriendo la Línea Verde (Costa que une Río con Sao Paulo). Se trata de una sucesión de playas salvajes con paisajes absolutamente cautivadores, y lo principal de todo, poco explotados turísticamente. Paratí se encuentra a mitad de camino. Es una delicia entrar en sus empedradas y tortuosas calles, las casas constituyen un festival de colores en el más puro estilo colonial. Su antigua fortaleza militar, escoltada por una pareja de cañones de bronce se asoma al mar desde su privilegiada atalaya. Las gaviotan sobrevuelan una y otra vez el edificio, mientras la silueta de la iglesia se dibuja en el horizonte en un primer plano. Merece la pena alquilar una bici para darse paseos por los alrededores, se descubrirá lña otra imagen de Parati, la que habitualmente no conocemos los turistas, la cara de la pobreza. Gentes y chamizos se hacinan entre barrizales y vertederos. Es la parte que a uno le pone los piel de gallina, pero que sirve para recordar una vez más la miseria que asola a gran parte de la población brasileña. Así mismo es altamente recomendable realizar una excursión a pie por algún paraje salvaje. Nosotros fuimos a Trindade para realizar una trilla (así es como se llama allí a una caminata o senderismo). Entre bosques tropicles avanzamos por las estrechas veredas hasta abrirse ante nuestros ojos una playa de esas que solemos ver en las películas, y por si fuera poco más adelante llegamos a nuestro destino final, una sucesión de piscinas naturales entre las rocas calmó nuestro calor, para acabar en un pequeño chiringuito donde dimos buena cuenta de los deliciosos pesacados a la parrilla que nos servieron.