PARÍS I: LUCES Y SOMBRAS
12.01.2009
Ventajas:
Sus monumentos son tan conocidos que parece que hayamos estado antes, su ambiente, sus crepes
Desventajas:
El frío que pasamos, su metro, la estupidez de algunos franceses . . .
Recomendable:
Sí
 dextrosa
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www.unclickcontraelabandono.co m/ Con poco tiempo para Ciao.
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Hola de nuevo! Qué rápido pasa el tiempo, pero que lento me parece el día a día… Es por ello, que quiero contaros nuestra experiencia en París, y tal y como me pasó con las opiniones que escribí sobre Roma, me cuesta mucho ponerme con ello, porque sé que de una forma u otra, quiero contaros tantas cosas, que voy a resultar pesada. Supongo que también dividiré mi experiencia en varias opiniones para plasmar mejor mis sensaciones sobre la ciudad y contaros que nos pareció, qué visitamos y cuánto nos gustó.
Un pequeño preludio antes de comenzar para expresar mis sensaciones contradictorias frente a esta ciudad llena de contrastes en sí mismas. París es lujo, todos hemos oído hablar de ella como la ciudad de la moda, del glamour y de lo chic, pero también es una ciudad bohemia, con sus barrios pintorescos por donde deambulan artistas callejeros, curiosos con cámaras de fotos, parisinos alternativos… Pero no leí antes (quizás no leyera lo suficiente o me informara del todo antes de ir), que París también es una ciudad miserable, con sus mendigos pidiendo limosna, mendigos siempre (al menos siempre los vimos así), acompañados de sus perritos, pidiendo dinero para comer (quiero creer que es así), y es chocante cuando acabas de pasar por una de las zonas de más alto nivel adquisitivo en las que se concentran grandísimas y millonarias marcas de moda, y tuerces apenas una esquina, y alguien te está pidiendo para comer. Esto puede resultar "normal" en cualquier ciudad del mundo, por desgracia, pero sinceramente, no esperaba que hubiera tanta mendicidad, quizás me había imaginado la parte más bonita de París, que es lo que uno hace cuando viaja a algún sitio, centrarse en lo mejor. De todas formas, esto es sólo un pequeño inciso, pues es imposible explicaros la sensación que me producía ver a esta gente y dos segundos antes haber pasado por Cartier o por Gucci y todo amenizado por una temperatura que en ningún momento subía de -4ºC. Día 1: Sábado
Tras un madrugón de los buenos (nuestros despertadores sonaron a las 4.45), nos fuimos hasta Barajas para coger el avión de las 7.10 con destino París de la compañía EasyJet. Sin ningún problema, a dicha hora ya estábamos en el avión adormilados por un lado y emocionados por otro. Además de Alex, también se vinieron mis hermanos, siendo cuatro viajeros llenos de curiosidad por una ciudad nueva para casi los cuatro (pues Alex ya había estado, aunque como fue en un viaje de fin de curso, apenas se acordaba ni visitó muchos lugares que después visitamos). El avión aterrizó a eso de las 9.30 en el aeropuerto de Challes de Gaulle. Como no habíamos facturado, no perdimos mucho tiempo con el equipaje y pudimos irnos a tomar unos bocadillos que llevábamos para reponer fuerzas, ya que no habíamos desayunado. Posteriormente y sin perder ni un minuto, nos dirigimos hacia uno de los mostradores de información del aeropuerto a comprar la París Museum Pass, que tal y como habíamos organizado, escogimos la opción de 4 días (45 euros). Explicar que la París Museum Pass puede escogerse para 2, 4 ó 6 días consecutivos a unos precios de 30, 45 ó 60 euros respectivamente. No tardamos nada en comprarla porque las chicas del mostrador hablaban español, afortunadamente, entre otros idiomas. Tras esto, nos fuimos a coger un RER que nos dejara lo más cercanamente posible con el metro que nos llevaría hasta nuestro hotel. Aquí perdimos bastante tiempo, pues quisimos sacar los billetes en unas máquinas expendedoras que sólo aceptaba monedas, dándonos cuenta cuando estábamos en el proceso de compra. El caso es que decidimos ir a comprarlas a los mostradores, pero las colas son larguísimas!! Así que mientras unos hacíamos cola, otros fueron a buscar una máquina para cambiar billetes, que finalmente encontramos tras algún intento fallido de algún "fuera de servicio" y por fin pudimos comprar los billetes en las máquinas expendedoras. Os aconsejo que llevéis dinero suelto por si acaso y utilicéis las máquinas para comprar los billetes, ya que os podéis tirar entre 20 minutos y media hora haciendo cola para comprar los billetes en los mostradores. Podemos decir que París nos resultó la ciudad de hacer cola. Cada uno con su billete (8 euros), pudimos coger el RER que nos llevó hasta la estación de Gare du Nord y de ahí cogimos un metro que nos dejó en Jaurès, donde estaba el hotel. En total, perdimos casi dos horas, así que llegamos al hotel sobre las 12.00 de la mañana, dejamos las maletas y nos fuimos de ruta por París.
Un inciso para comentar que el RER es un tren de cercanías, bastante viejo, pero soportable, eso sí, olía a caballeriza o establo, pero bueno. Tardamos como media hora hasta nuestro destino y sólo lo cogimos esta vez, no más durante el resto de días. Sobre el metro… se convirtió en nuestro medio de transporte, calculamos y aproximadamente hicimos como unos 30 viajes en él durante los cuatro días, así que tenemos una experiencia más prolongada. Nada reseñable, viejo y ruidoso, pero cómodo. Eso sí, subir y bajar escaleras por un tubo, ya que la falta de escaleras mecánicas se hace agotadora cuando llevas todo el día pateando y has hecho bastantes trasbordos. Algunas escaleras mecánicas de subida, ninguna de bajada. Ideal cuando se va con maletas o carros con niños, o carros de la compra. Como el hotel quedaba relativamente cerca del barrio de Montmartre, quizás dos o tres paradas, llevábamos organizado nuestro viaje para que éste fuera el primer sitio que ver, comenzando concretamente con la basílica del Sacre Cour. Para llegar hasta allí, pasamos por un enjambre de calles llenos de tiendas de ropa (había muchas tiendas con trajes de novias- pero no de diseño-, algo me que llamó la atención), comida, zapaterías y un bullicio excepcional de gente, poco a poco, fuimos alejándonos de esa zona y llegamos a las faldas de la colina donde majestuosamente reina la basílica del Sacre Cour. Blanca, y con sus cúpulas al cielo, llegar hasta ella puede resultar una pequeña penitencia si no se hace a través del funicular, sino andando, y es que los varios tramos de escalones, interrumpidos por explanadas que hacen de miradores, me resultaron agotadores, jaja. Es impresionante la cantidad de gente que había allí, creo que ni en Roma (excepto en la Fontana di Trevi), había visto tantas personas alrededor de un monumento. Realmente, cuando estás abajo y ves el Sacre Cour sobre ti, quedas muy impresionado y qué decir de las vistas del barrio de Montmartre desde sus miradores! Agotador, pero gratificante. Una vez que llegamos arriba del todo, no hizo faltar enseñar la Museum Pass, quedé impresionada por las maravillosas vidrieras de la construcción. En la basílica, con forma de cruz griega, no está permitido hacer fotos, así que es una lástima no tener un recuerdo de lo que había entre sus muros. Tras esto, visitamos su cripta y en ella, y a diferencia de la basílica, nos encontramos mucha paz, pues apenas hay visitantes, no sé si es que la gente no la ubica y se va de allí sin verla o sin saber siquiera de su existencia, pero a mí me gustó. Lo que más destaca a mi modo de ver son las esculturas, una en concreto de Jesucristo a tamaño natural que impresiona, así como la colección de cálices y demás riquezas del clero, entre ellas muchos corazones de oro de distinto tamaño.
Tras la visita al Sacre Cour y a su cripta, y las fotos de rigor a sus gárgolas y su fachada, caminando apenas unos metros, nos engullimos en la esencia de Montmartre, de pronto, en una plaza, nos vimos rodeados de pintores, allí no es como tantas veces he visto en muchos sitios que te hacen una caricatura y todo el mundo te mira, allí es que hay tantos retratistas que lo que menos miras es a la gente que hace de modelo, puedes pasar horas mirando láminas, retratos, cuadros, etc. Me gustó mucho el ambiente. También las calles me parecieron muy típicas, casitas con las ventanas llenas de flores, músicos, pintores, restaurantes típicos, etc. Me gustó mucho, recalco. Tras pasear por las calles de Montmartre, se nos hizo la hora de comer, serían como las 14.30 de la tarde, quizás un poco más y la búsqueda de un sitio donde comer se hizo un tanto infructuosa pues nuestro horario en España no se puede extender al resto de Europa, de hecho, la mayoría de restaurante estaban cerrados, pasamos por delante de una pizzería cuyo horario era de 11 a 14!! Y nosotros decíamos, ¿pero cómo cierran a las 14? Pero claro, no estábamos en España. Finalmente acabamos en una de las muchísimas brasseries donde se sirven bocadillos, paninis, una especie de kebaps y también se hacen crepes. Comimos ahí, y un bocadillo (que no son como los de aquí) y un refresco, nos salió por un precio que no llegaba a los 8 euros. De postre, probamos el primer crepe de algunos más que seguirían en nuestro viaje, y mmm, no os puedo transmitir lo mucho que nos gustó!! Los crepes rondan los 2.50 ó 3 euros, dependiendo del puesto donde lo compremos. El nuestro era de nutella, pero también hay de muchos más sabores: con azúcar, banana, nata… y salados, claro. Fue ahí mientras comíamos, donde en la calle que quedaba justo enfrente vi a un hombre con un perrito pidiendo, y ay, puede resultaros cruel por una parte (lo digo por pensar más en el animal que en el hombre), pero yo vi al perro y pensé en el frío que hacía y debían estar pasando, que nada más salir de la pequeña cafetería, apenas separada de la calle por unos plásticos que formaban una cortina, tuve que echarle unas monedas. Esto no lo digo para quedar de buena samaritana, simplemente lo digo por lo que os comentaba de las sensaciones contradictorias que me produjo esta ciudad.
A esta hora estábamos bastante cansados y decidimos ir a "estrenar" la habitación de hotel, a ver dónde nos habíamos metido, pero yendo hacia la boca del metro nos encontramos con el famosísimo Moulin Rouge!! Y por supuesto no podía faltar la foto de rigor con el teatro a nuestras espaldas. Tras la emoción que produce enconctrarse con un sitio que nos es tan conocido y desconocido al mismo tiempo, llegamos al hotel y sinceramente, cuando llegamos y descansamos y nos dimos una ducha, lo vi todo de otro color y hasta el hotel me parecía el paraíso (ya me entendéis). Tras apenas una hora de relax, de nuevo nos pusimos a callejear para aprovechar la tarde y decidimos irnos a todo el centro, en concreto a ver el Arco del Triunfo y a recorrer toda la avenida de los Campos Elíseos. Del Arco del Triunfo sólo os puedo decir que nada más subir las escaleras del metro, apareció ante nuestros ojos imponente y realmente es impactante. Por supuesto lo subimos, y madre mía!! Entre mi hermana que no soporta las escaleras de caracol y Alex y mi hermano que las subieron a todo correr, a mí casi me da algo. Luego nos dimos cuenta que había ascensor… Desde luego, aunque uno tenga vértigo (al menos un vértigo soportable), merece la pena subir hasta la azotea, desde allí y a pesar del frío, tenemos unas vistas fabulosas de París, con la Torre Eiffel al fondo y la avenida de los Campos Elíseos a nuestro pies, por destacar quizás lo más reconocido. Genial. Tras esto, decidimos recorrer los casi dos kilómetros de la avenida de los Campos Elíseos y acabar en la Plaza de la Concordia, con destino a las famosas Galerías Lafayette. Sobre nuestro paseo por la avenida destacar la iluminación y la gran cantidad de gente, se notaba que el ambiente era navideño y festivo. Recorrimos gran cantidad de puestos, cada uno adornado con una bandera de Europa, donde se venden multitud de souvenirs y productos típicos, y para reponer fuerzas paramos en uno donde vendían chocolate caliente, que sinceramente y aún no siendo el mejor chocolate del mundo, nos sentó estupendamente. Llegar hasta las Galerías fue también una pequeña odisea, no sólo por la gente, sino que el cansancio realmente empezaba a hacer mella en nosotros y cualquier calle equivocada y por tanto volver sobre nuestros pasos, suponía un gran esfuerzo. Pero cuando ya estábamos por la zona, aparecieron muchos escaparates de Printemps, que no sé si es una cadena de ropa en sí misma, pero todo el mundo llevaba bolsas con este nombre y todos los escaparates lo anunciaban. Los escaparates nos gustaron mucho, destacan por su originalidad: ositos con escafandras como si bucearan, muñecas bailando, trenes de juguete, etc. Eran como un pequeño mundo de fantasía. Finalmente, pudimos llegar hasta las galerías (a la parte de mujer, pues hay distintos accesos, para hombre, mujer, etc.), que aunque no es más que un centro comercial, queríamos visitarlo por ver su cúpula y su decoración navideña, y por no sobrecargarnos el primer día con gran cantidad de monumentos. Nos gustó mucho su cúpula, y su gran árbol de navidad. Eso sí, todo me pareció muy caro y no encontré la marca Deborah!! A esas alturas, estábamos deseando volver al hotel, pero cuando ya habíamos cogido el metro de vuelta, paramos en una brasserie de la Avenida Jean Jaurès, que parecía un restaurante, y cenamos allí. La cena no fue nada del otro mundo y tuvimos verdaderos problemas para entendernos con el camarero, pero cenamos por unos 14 euros cada uno, un plato y bebida. Sinceramente, me pareció caro para lo que comimos, mis hermanos y Alex unas salchichas como las que se venden en paquetes, y unas patatas fritas, pero bueno, allí o comes muy caro y bien, o comes barato y no te quejas.
Tengo que decir que comimos todos los días en brasseries a base de bocadillos, paninis y demás y luego un crepe de postre, por ejemplo. No nos gastábamos más 8 euros en las comidas ni en las cenas, quizás algún día hubo alguna excepción, pero eso ya queda para otra opinión. Y aquí os dejo la crónica del primer día, finalizo diciéndoos que a esas alturas estábamos más que metidos de lleno en un viaje tan agotador como imprescindible.
Continuará… Gracias por leerme.
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30.07.2011 19:15
Estoy deseando leer la continuación de esta opinión. Besos.
21.03.2009 12:44
¡Qué pedazo de opinión! Espero que hables próximamente del barrio de La Defense, la city parisina. Desde el arco del triunfo tenías que ver sus rascacielos a lo lejos si el día era medianamente despejado.
11.03.2009 23:43
Con tu permiso, estas opis tuyas sobre París, me las imprimo para cuando vaya, porque son una auténtica guía de viajes de lo más práctico, porque lo indicas todo, los vuelos que has cogido, que con Easy Jet, se puede viajr a muy buen precio, dónde has comprado las Paris Museum Pass y que las hay para varios días de estancia, lugares a visitar y hasta los sitios donde poder comer sin arruinarse, que ya vi en tu última opi sobre París los precios que tienen los restaurantes de lujo como los de la Torre Eiffel y que, con las brasseries se puede una arreglar la mar de bien por cuatro duros. Un excepcional, para variar, muy pero que muy bien merecido. Y un besote.