Opinión Diamante

Deuda de almas

3 13 de Ago de 2006

Ventajas:
Entretenida (con peros), la secuencia de la rueda de molino .

Desventajas:
Ritmo descompensado, falta de riesgo, doblaje de Davy Jones .

Recomendable: Sí 

Detalles:

Argumento

Calidad de dirección

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freddyvoorhees

Sobre mí: Temporalmente de vuelta. Se admiten opis para el MATRISS (ver Mi Página).

usuario desde:06.06.2001

Opiniones:181

Confianza conseguida:314

Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 188 miembros de Ciao

Ya falta muy poco para llegar al final del verano cinematográfico (ya sé que el de la vida real de todo el mundo acaba a finales de septiembre, pero los de la industria cinematográfica son más chulos que nadie y lo han redefinido a su antojo al eliminar septiembre de la temporada estival) y, a falta de tiempo para hacer una opinión hasta dentro de varias semanas en la que valorar todo con mayor perspectiva, he de decir que ha sido uno de los más flojos en años en lo referente a las “películas acontecimiento” (para entendernos, las megaproducciones). “Piratas del Caribe: El Cofre del Hombre Muerto” era la última que faltaba por llegar y ya avanzo que no ha estado a la altura de las expectativas, pero lo cierto es que ninguna del resto se ha situado por encima de sus ansias comerciales para ofrecernos un espectáculo de primer orden al que no sea sencillísimo sacarle pegas. El verano pasado tuvimos grandes películas como “Sin City” o “Batman Begins”, el anterior agradables sorpresas como “Yo, Robot” o divertimentos como “Shrek 2” nos secuestraban de nuestro sopor estival y en el 2003 el excelente remake de “The Italian Job” o “Piratas del Caribe: La Maldición de la Perla Negra” supusieron los mejores ejemplos de cine llegado de USA. La pega es que este 2006 no ha habido ni una sola que realmente superara holgadamente los mínimos exigibles.

La avanzadilla que supuso la horrenda “El Código Da Vinci” (mira que el libro me entretuvo bastante, pero lo que ha engendrado Ron Howard es patétco), la aceptable “Misión Imposible 3” (al menos servía para matar el rato) o la entretenida “X-men 3” (inferior a las dos anteriores, pero yo me lo pasé pipa en el cine) hacía presagiar que iba a haber ejemplos para todos los gustos y sólo hacía falta que alguno de ellos consiguiese ese pequeño plus necesario para ganarse un hueco especial en nuestra memoria, a buen seguro más por lo endemoniadamente entretenida (factor indispensable a exigir en cualquier filme) que es que por el hecho de ser una gran película (para lo cual hay que ofrecer un algo más que es imposible definir de una forma que sea válida para todas las propuestas y géneros). Tras un mediocre mes de junio (el ser una época de exámenes motiva poco a los distribuidores para estrenar cintas potentes en ese mes) se sucedieron los estrenos de la estimable “Cars” (el problema es que nos encontramos ante la cinta menos interesante de cuantas ha realizado Pixar hasta la fecha), la pasable “Superman Retuns” (sobre la cual ya me explayé largo y tendido en su momento) o el estúpido remake de “Poseidón” (menos mal que me invitaron a verla, porque de la suma de unos personajes sin interés alguno con una acción reiterativa y carente de emotividad surge una cinta aburridísima empeñada en mostrarnos el canalillo de Emmy Rossum cada 5 minutos).

La última esperanza del cine palomitero (entre medias de tanta superproducción tuve tiempo de ver la nueva versión de “Las colinas tienen ojos” y, aun estando por debajo de las prestaciones del original de Wes Craven, me parece lo mejor que he visto en cine este verano) residía en “El Cofre del Hombre Muerto” (para ahorrarnos espacio me referiré así a la cinta a partir de ahora), porque con la primera entrega me lo pasé pipa en el cine. Lamentablemente, esta secuela adolece de una serie de problemas que ya he visto en varias producciones de los últimos años (el querer acaparar más dinero dividiendo la historia en dos partes es uno de los más graves) que le impidan alcanzar el nivel de “La Maldición de la Perla Negra”. No obstante, no adelantemos más elementos y vayamos a lo que me encontré cuando me acerqué ayer al ver el estreno de la película (y del nuevo logo de Disney creado por Weta, el cual se muestra demasiado respetuoso con el de toda la vida, aunque es muy vistoso) ante una sala abarrotada de gente.

Elizabeth Swann y William Turner estaban a punto de casarse cuando son arrestados por haber ayudado a fugarse al pirata Jack Sparrow. La pena que cierne sobre ellos es la muerte, pero Cutter Beckett ofrece a Will la posibilidad de liberarse si le trae la brújula que Sparrow lleva consigo a todas partes. Will recorre mil y un puertos para dar con Jack, pero nadie es consciente de su paradero. Finalmente, y de pura casualidad, Will localiza a Sparrow en una especie de poblado indígena, los cuales tienen a Jack por un Dios, pero sin darle libertad para actuar a su antojo, lo cual se traduce en el cautiverio de Will. De forma que no revelaré consiguen fugarse y Will exige a Sparrow que le entregue la brújula, algo que éste está dispuesto a hacer si él a su vez le ayuda a encontrar que abre la llave del cofre donde el corsario Davy Jones ocultó su aún latente corazón. Jack actúa contrarreloj, pues 13 años atrás prometió a Jones entregarle su alma pasado ese tiempo y éste quiere cobrarse su deuda. A partir de aquí, una continua búsqueda por localizar el preciado cofre (y la llave que lo abre) para que todos consigan lo que quieran, pero se encontrarán con más de una sorpresa en su camino, alguna de las cuales pueden resultar letales.

MUCHO LASTRE QUE SOLTAR EN EL GUIÓN

El prácticamente inseparable (en toda su carrera artística tan sólo se han separado para escribir “Deja Vu”, cuyo espantoso trailer que promete una nueva película sobre el tema de la memoria humana que tan buenos resultados dio en las magistrales “Memento” y “Olvídate de mí”, en la cual Rossio ha trabajado en solitario) dúo de guionistas que forman Ted Elliott y Terry Rossio repite en la labor que ya desempeñaron en “La Maldición de la Perla Negra”. Si en sus inicios se especializaron en cintas de animación como “Aladdin” o “Shrek”, en su salto a la imagen real (con la que ya coquetearon en la simpática “Pequeños Guerreros”) las cintas de aventuras para toda la familia (género muy poco habitual en nuestros días) se han convertido en su especialidad con las dos entregas de las nuevas aventuras del Zorro o del caso que nos ocupa. La cosa está en que no parecen demasiado capacitados para llevar adelante continuaciones de historias que ellos mismos plantearon, porque si las espantosas críticas de “La leyenda del Zorro” (secuela que llegó con demasiados años de retraso, lo cual le valió el fracaso en la taquilla, error en el que no se ha incurrido en este caso) ya minaron mi confianza en ellos (aunque en ese caso obviaron la escritura del guión y se limitaron a plantear una historia sin apenas alicientes), el caso de “El Cofre del Hombre Muerto” reafirma lo que tan sólo era una sospecha.

Elliott y Rossio optan en primera instancia por reiterar una serie de elementos (la mayoría asociados al personaje de Jack Sparrow, el cual no ofrece ya novedad alguna y no está tan alocado como a un servidor le gustaría. Este dato resulta aún más extraño al leer la buena relación que tenían con Depp, lo cual debería haber facilitado el optar por más y mejor) que funcionaban relativamente bien (múltiples alicientes maquillaban el tono insatisfactorio de algunas escenas de transición y de una historia con demasiadas idas y venidas que no llevaban a ningún sitio) en la primera entrega. Para desmarcarse de eso optan por crear una historia más compleja pese a su innegable simpleza en el fin esencial: Encontrar un cofre. La cuestión es que entre medias hay tiempo para plantear la tortuosa historia de otro pirata, su relación con Sparrow, introducir a una especie de oráculo en el camino de nuestros héroes y todo ello sin descuidar elementos que venían de la primera entrega, matizando unos y alterando de forma sustancial otros (el personaje de Norrington sale ganando bastante en interés con el cambio).

El problema de aspirar a tanto es que ya se sabe que quien mucho abarca, poco aprieta y ese se convierte en el mayor mal de “El Cofre del Hombre Muerto”. Elliot y Rossio se olvidan de aclararnos más el tortuoso origen de Davy Jones, los motivos de a qué viene tanto deseo por apoderarse de su corazón, la racionalidad de ciertas sorpresas de la cinta y, ante todo, de convertir a la película en una auténtica cinta de aventuras. Es cierto que había varios tiempos muertos en “La Maldición de la Perla Negra”, pero las escenas de acción, combates espada en mano (siempre he sentido debilidad por ese tipo de duelos, destacando, dentro del cine contemporáneo, la lucha final entre los trigales en la apreciable “La venganza del conde de Montecristo”) o similares son escasas en comparación a lo que uno esperaría, ya que tardan demasiado en llegar y, con la salvedad de la modélica secuencia con múltiples acciones paralelas en la que destaca la lucha a bordo de una rueda de molino, carecen de la épica necesaria.

De las constantes caídas de ritmo que hacen que tan pronto la película sea un divertimento de fábula como un coñazo de campeonato (las dos despedidas del personaje de Will de personas muy cercanas a él son vergonzosamente malas) prefiero hablar cuando le toque el turno a su director, pero es el componente que faltaba para añadir la guinda a un guión muy decepcionante. Los personajes ya conocidos no evolucionan demasiado (incluso cierta acción que puede sorprender de uno de los tres protagonistas principales me resultó previsible), los nuevos no están suficientemente bien perfilados, las cosas se estiran para que la película tenga una duración desmesurada (unas dos horas y media) para lo que nos ofrece, la aventura es más escasa de lo deseado y las partes de calma no puede decirse que sean muy afortunadas. Estos fallos de raíz suponen un lastre muy difícil de salvar por parte de la película y es que es en el guión donde “El Cofre del Hombre Muerto” más falla.

ACEPTABLE DIRECCIÓN CON ALGUNOS PEROS DE IMPORTANCIA

Gore Verbinski es un director que con tan sólo seis largometrajes en su haber ha demostrado (con fortuna desigual, eso sí) una innegable polivalencia. Su debut vino de la mano de “Un ratoncito duro de roer”, curiosa cinta infantil que se acerca bastante a lo que yo tengo en mente que debería ser un cartón en imagen real. El siguiente paso en su carrera fue la pésima “The Mexican”, absurdo vehículo para el lucimiento de Brad Pitt y Julia Roberts que no auguraba nada bueno, pero con “Piratas del Caribe: La Maldición de la Perla Negra” nos deleitó con la mejor y más entretenida cinta de aventuras de los últimos años. Tras ello rodó un nada desdeñable (aunque innegablemente inferior) remake de “The Ring” y hace bien poco sorprendió con “El hombre del tiempo”, una cinta sobre un perdedor (personajes mucho más interesantes que los típicos héroes a los que todo les sale bien y consiguen a la chica casi sin abrir la boca) más cercana al espíritu de cineastas como Alexander Payne (las similitudes entre el personaje de Jack Nicholson en “A propósito de Schmidt” y Cage en el filme de Verbinski son innegables) o Wes Anderson, lo único que la comercialidad a la que está ligada el realizador le valió el rechazo de no pocas personas.

Es indiscutible que son películas de todo tipo (además por el camino tuvo tiempo de meter mano en la desastrosa versión de “La máquina del tiempo” protagonizada por Guy Pearce) y, con la excepción de “The Mexican”, todas con cierto interés, lo cual hacía pensar que en esta secuela podía ofrecernos un espectáculo que no redundase de forma constante en las cosas que hicieron triunfar a la primera entrega. Por fortuna, la responsabilidad de Verbinski de que el largometraje que nos ocupa no haya respondido a mis expectativas es bastante baja. De entrada, me sorprendió muy gratamente (quizá sería más adecuado decir que me encantó) la forma que tiene de plantear el arranque de la función, ya que la dirección y el montaje en los primeros planos parecían planteados como si fuera una película muda (de hecho, podrían haber seguido un rato así sin que nos hubiéramos perdido nada importante). Vaya, puede parecer una chorrada o una ida de olla por mi parte, ya que es apenas un momento, pero la impresión fue tan fuerte que he tenido que comentarlo. Por desgracia, en el resto de la función no puedo destacar con tanto júbilo la labor de Verbinski, aunque considero que no ha hecho mal su labor pese a las múltiples pegas que voy a ir enumerando y detallando.

El guión de Elliot y Rossio es un escollo demasiado poderoso para que Verbinski pula los pequeños fallos que cometió en la primera entrega, es decir, dotar de más fuerza a escenas que de por sí no pasaban de anodinas. En ese error incurre Verbinski en varios momentos, pero no es menos ciertos que situaciones que podían molestar por típicas (la conversación entre Elizabeth y Beckett, el desafío de Will a Jones, etc.) resultan más interesantes de lo esperado cuando aparecen planteadas. Además, todo lo relacionado con el Holandés Errante (el barco que capitanea Davy Jones) resulta suficientemente impactante y oscuro para no caer en la reiteración de lo que nos ofrecía Barbosa y su tripulación en la primera entrega. Cierto que el personaje de Davy Jones está algo desaprovechado, pero es un auténtico villano y no una especie de émulo de Sparrow que era lo que nos encontrábamos con el personaje interpretado por Geoffrey Rush (actor que siempre me ha gustado, con la curiosa salvedad de “Shine”, por la que se dio a conocer y ganó el Óscar). Verbinski exprime bien esa virtud y la fuerza del look de sus hombres (uno de los cuales me recordó poderosamente a uno de los personajes de la serie animada “Street Sharks”) se incrementaba con el aire lúgubre de la embarcación.

Estos pequeños detalles no compensan las constantes arritmias que sufre la cinta, en parte por los problemas de guión, pero también porque Verbinski, dejando a un lado pequeños y simpáticos detalles (bastantes de los cuales están muy inspirados en la saga de videojuegos de “Monkey Island”), no puede evitar que el público llegue a aburrirse (de hecho, el amigo con el que fui a verla ya me comentó que estuvo a punto de quedarse dormido en cierta parte del filme) y eso, imperdonable en cualquier caso, lo es más aún en una cinta que pretende hacer del entretenimiento su emblema. El gran problema es que Verbinski no se conforma con dar un aire entre paródico y festivo a la función, que es cuando mejor funciona lo que nos propone (caso del comienzo del encuentro entre Sparrow y Bill “El Botas”), sino que quiere insuflar ciertos aires de grandeza a determinados acontecimientos que a muchos nos importan tres narices. Cierto que de hacerlo con maestría me hubiera quedado embobado y casi hasta hubiera clamado contra la presencia de la acción en el relato, pero el hecho es que recurren a frases sobadísimas que impiden que nadie pueda tomárselo realmente en serio.

Sobre las escenas de acción no voy a comentar gran cosa salvo reiterar mi elogio hacia la secuencia del combate en el molino, ya que en lo que quiero centrarme es en el error de Verbinski al caer en dos recursos bastante molestos. Uno de ellos es la ralentización para intentar dotar de mayor emoción a dos momentos de la película. En el primer caso, el disparo de una bala que no aporta absolutamente nada. El segundo, para no ser demasiado revelador, resulta innecesario porque todos sabemos que es algo que no va a llevar a ninguna parte por muy arriesgado que pueda parecer en un primer momento. Lo dicho, un error reseñable, algo en lo que también incurría Peter Jackson en “King Kong”. Y el ejemplo de Jackson viene al caso porque Verbinski se apropia de un tipo de plano que parece gustar sobremanera al responsable de la divertidísima “Braindead”: Los travellings en tomas aéreas, ya sea como constante recurso de transición del de paso de la acción de un escenario a otro o porque sencillamente queda muy guay en pantalla. La pega está en que el abuso de ese tipo de plano resulta molesto y, para seguir con Jackson, hubo un momento en el que su uso me hizo pensar que estaba al comienzo de “Las Dos Torres”. En definitiva, pequeñas pegas que para la mayoría no tendrán importancia, pero cuando uno se ha contaminado con tantos elementos teóricos sobre el mundo del cine es imposible no matar neuronas pensando en a santo de qué viene poner tantos planos así.

REITERACIONES Y NOVEDADES ENTRE LOS ACTORES

No creo que haya nadie, tantos fans como detractores de “La Maldición de la Perla Negra” o del propio actor, que dude que el actor que sostenía la película era el sin igual Johnny Depp. Los excesos de su actuación y lo peculiar de su personaje le reconciliaron con el gran público, el cual había dado la espalda a muchas de sus películas en el pasado, y encima le valió (con todo merecimiento, que no sólo las actuaciones dramáticas han de ser valoradas) su primera nominación al Óscar. Su Jack Sparrow entusiasmó a muchísima gente y la duda de si se limitaría a repetirlo sin más visto que el público ya estaba rendido a sus pies no parecía probable dada la alergia a las secuelas que había tenido Depp hasta ahora. No obstante, me equivocaba, quizá no plenamente, pero fallé.

Jack Sparrow no presenta novedad alguna relevante respecto a “La Maldición de la Perla Negra”. Su primera aparición tiene carisma, aunque no llega al nivel del barco hundiéndose de la primera. Su pillería y despendolamiento son miméticos y, si acaso, sus muestras de cobardía respecto a estar en alta mar para que Jones no pueda atraparlo es lo único no demasiado conocido por el espectador. Ojo, este detalle no parecía importar a la abrumadora mayoría del público, el cual no dudaba en reírle todas sus gracias y, porque no reconocerlo, yo también disfruté bastante con el personaje en algún momento. El problema es que es muy fácil prever sus reacciones y la previsibilidad es un mal tremendo para un personaje. En definitiva, Depp arriesgó la primera vez y, visto que salió genial, ha preferido ir por sendas conocidas y de demostrado éxito. No es tan poco si uno disfruta con el innegable carisma del peor (o mejor, según se mire) pirata que uno puede ponerse.

El irremediablemente soso Orlando Bloom mejora respecto a la bochornosa “Elizabethtown” y, gracias a dios, su personaje no resulta tan idealista como en la primera entrega, pero su personaje, con un look muy similar al Guybrush de “Monkey Island”, se revela más como un estorbo para el disfrute de la cinta que otra cosa. Viene a ser el bueno buenísimo de corazón impoluto tan habitual en las películas de héroes y villanos al uso y a mí ese tipo de personaje me enerva los nervios. Además, la alarmante falta de carisma que demuestra Bloom y sus limitadas capacidades interpretativas no ayudan a mejorarlo. Eso sí, su peso en la película me parece menor al de “La Maldición de la Perla Negra”, lo cual me parece un acierto, ya que el interés del público recayó sobre Sparrow y, pese a los errores cometidos con él en “El Cofre del Hombre Muerto”, es él quien realmente puede hacer que el público disfrute de lo lindo. La otra posibilidad era tópicos a mansalva y va a ser que no soy nada fan de ellos.

La jovencísima Keira Knightley ha evolucionado bastante desde que nos encontramos con ella en la primera parte. Ha pasado del cine comercial (la flojísima “El rey Arturo”) al artístico (la estimable “Orgullo y Prejuicio” por la que consiguió una nominación a los Óscar) sin que su carrera se resintiera y alguien que arrastra a cierto público al cine sólo con su presencia (nunca me ha gustado que alguien vaya al cine porque tal o cual intérprete es la mar de guapo, pero es lo que hay). Con su personaje surge la misma sensación que respecto al de Bloom y es que pierde peso en la trama y aún no estoy muy seguro de si su actuación me gustó o me pareció un poco tontería. La clave reside en la escena en la que finge un desmayo para captar la atención del trio que pasa de ella totalmente. Un momento puramente absurdo cuya eficacia no termino de dilucidar. En el resto de la cinta, pues cumple sin alardes. Valentía, engaños y candidez según el momento lo requiera. No está mal.

La gran esperanza que tenía en la película era el personaje del malvado Davy Jones, el cual es una especie de mutación entre pulpo y humano (la cual no se nos aclara a qué se debe) con una tripulación de hombres salvados (aunque esa salvación se traduce en una mutación entre humano y alguna especie acuática) de la muerte cuya alma es obligada a trabajar para él en su Holandés Errante durante 100 años. Poder y ruindad parecían darse cita en un único personaje y yo ya me apartaba la baba de la boca, pero va a ser que el resultado dista un tanto de eso, aunque el motivo sea totalmente ajeno a la película. Me explico, el doblaje del personaje le otorga un muy peculiar tono de voz entrecortado que transmite cierta sensación de personaje simpaticote más que archivillano capaz de matarte sin pensárselo medio segundo. Por lo que he podido averiguar, eso es una licencia del doblaje, ya que Bill Nighy (el rockero pasado de vueltas de “Love Actually”, la cinta que le dio a conocer al gran público) le da un aire tremendamente respetuoso a su personaje que realmente impacta. No sé muy bien a santo de qué narices ha venido un cambio de tanta importancia, ya que destroza la actuación de Nighy y distorsiona de forma imperdonable las apreciaciones del público sobre el personaje. Por ahora, me queda la decepción de su doblaje y el hecho de que su personaje no esté del todo aprovechado (sus orígenes están muy mal explicados, algo que no sucedía con Barbosa). Eso sí, para el recuerdo me queda su impresionante aspecto físico y la breve pero deliciosa escena en la que toca el órgano con sus tentáculos. Ojalá en “Piratas del Caribe 3” sepan jugar bien con las múltiples posibilidades que ofrece.

La más molesta presencia de personajes ya conocidos recae en el dúo presuntamente cómico formado por los actores McKenzie Cook y Lee Arenberg. Del primero he podido disfrutar más su vis cómica en la teleserie “The Office” (prestigiosa serie británica que hace un tiempo dio lugar a una nueva versión norteamericana con el protagonista de “Virgen a los 40” en el papel protagonista) que emite actualmente Cuatro, de la cual dio el salto a papeles residuales en el cine, siendo el pirata con un ojo de pega de “La Maldición de la Perla Negra” el más recordado. Por su parte, Arenberg, intérprete de carrera de corte televisivo con apariciones episódicas en series como “CSI” o “Urgencias”, interpreta a su inseparable compañero. Reconozco que sus personajes en la primera entrega eran hasta algo simpáticos, pero aquí su presencia como malos graciosetes está totalmente fuera de lugar y resulta molesta, cansina y nada divertida. Quizá sea algo duro con ellos, pero es que sus personajes sobran.

Los otros dos personajes de importancia que repiten respecto a “La Maldición de la Perla Negra” son el Gobernador Swann y el ex-comodoro Norrington. El primero, interpretado con corrección por Jonathan Pryce (el aceptable villano de “El Mañana Nunca Muere”), pierde mucho peso en la historia y se limita a aparecer en pantalla como padre preocupado por el porvenir de su hija Elizabeth. Si sencillamente no apareciera en pantalla no nos hubiéramos perdido nada interesante. El caso de Norrington es el más interesante de todos, pues es quien más sale

Fotografías
  • Piratas del Caribe 2: El Cofre del Hombre Muerto - Blu-Ray Fotografía 5574745 tb
  • Piratas del Caribe 2: El Cofre del Hombre Muerto - Blu-Ray Fotografía 5574746 tb
  • Piratas del Caribe 2: El Cofre del Hombre Muerto - Blu-Ray Fotografía 5574747 tb
  • Piratas del Caribe 2: El Cofre del Hombre Muerto - Blu-Ray Fotografía 5574748 tb
Piratas del Caribe 2: El Cofre del Hombre Muerto - Blu-Ray Fotografía 5574745 tb
Jack Sparrow
ganando en comparación con la primera parte. Su aire estirado anterior se sustituye por un andrajoso borracho perdedor que, para subsistir, se ve obligado a enrolarse entre la tripulación de su odiado Jack Sparrow. Norrington no dudará en unirse a la pugna por el cofre para intentar recuperar su antiguo status y por el camino nos ofrece un personaje que, sin ser ninguna maravilla a endiosar, capta la atención del espectador. Se me olvidaba comentar que lo interpreta Jack Davenport, intérprete al que tenía manía por el odioso personaje que tenía en “El Talento de Mr. Ripley” y es que nunca perdonaré a Minguella dar tanta importancia a alguien que tan sólo aparece en una hoja del libro y de pasada. Con “El Cofre del Hombre Muerto” se ha ganado mi perdón, aunque miedo me da la más que probable posibilidad de que vuelva a perderlo en la tercera y esperemos que última entrega de la saga de “Piratas del Caribe”.

El mal ancestral que representa Davy Jones debía tener un émulo humano cuya avaricia y ansias de poder le dieran cierta importancia y eso encontramos con Beckett, el hombre que arruina la boda de Elizabeth y Will por su ansia de apoderarse del corazón de Jones. Lo molesto de su personaje es lo mismo que cansaba de Norrington en la primera entrega y es que su fuerza no reside en el propio personaje, sino que múltiples soldados y la legalidad son el amparo que tiene para someter al resto, aunque ante un arma de fuego poco puede hacer. Son esos detalles tan “provincianos” (por usar una palabra de desprecio que emplea el personaje) los que hacen que los malos humanos carezcan de relieve dentro de una película con connotaciones sobrenaturales como la venta de almas o maldiciones. Tom Hollander, el cual ya coincidió con Keira en “Orgullo y Prejuicio”, defiende bien el personaje, pero no consigue dotar de mayor interés a Beckett.

Otros dos personajes nuevos que merecen ser reseñados son Bill “El Botas” y Dalma. El primero es uno de los forzados tripulantes del Holandés Errante, encargado de transmitir a Sparrow que ha llegado la hora de que pague la deuda con su alma y que se reencontrará con alguien muy querido para él. Su primera aparición es la mar de simpática, pero los tópicos relacionados con la protección de dicho ser querido enturbian el personaje hasta dejarlo en una molestia más que algo a agradecer. Stellan Skarsgard, intérprete europeo cuyo salto a Hollywood vino avalado por el éxito de su colaboración con Lars Von Trier, le da vida con corrección, pero sus propias limitaciones acaban contaminando su actuación. El caso de Dalma es más particular a pesar de aparecer muy pocos minutos en pantalla y es que fue ella la que vendió la brújula a Sparrow, amén de contar con una caja de música sospechosamente similar a la que atesora Jones y de tener una actitud la mar de desconcertante. Naomie Harris, una de las supervivientes de los “28 días después” y vista en la “A Cock and Bull Story” (excelente filme del inclasificable Michael Winterbottom), ayuda a resaltar su curioso comportamiento que la acerca a la personalidad de Sparrow. En definitiva, una especie de oráculo muy peculiar muchísimo más interesante que el de las secuelas de “Matrix”.

CASI SIN PEGAS AL RESTO DE DETALLES

Para “El Cofre del Hombre Muerto” se han duplicado los efectos especiales en aras de una mayor espectacularidad. La eficiencia del trabajo de ILM (al igual que de los encargados de maquillaje) me parece fuera de toda duda, pero hay un elemento concreto que me gustaría destacar por encima del resto. Ya el trailer anunciaba la presencia del mitológico Kraken, una especie de monstruo marino emparentado con los pulpos cuyo interés se acrecentó tras ver el interesante comentario que se hizo sobre él en uno de los últimos “Cuarto Milenio” que vi antes de cansarme del programa de Iker Jiménez. En primera instancia parece que se nos quiera presentar al estilo del escualo de la modélica “Tiburón” y la verdad es que resulta efectiva, pero sus apariciones resultan menores en número e interés respecto a lo que esperaba. Sus enormes y numerosos tentáculos serán lo que más veamos y su espectacular apariencia sólo se hará explícita en el que pretende ser el momento cumbre de la cinta sin lograrlo. Eso sí, el trabajo de ILM de creación del monstruoso ser resulta irreprochable y en ningún momento se me pasó por la cabeza que eso era una mera creación de un ordenador. Mis felicitaciones para ellos y una nueva queja que poner al guión de Elliot y Rossio por no saber aprovechar el ilimitado potencial de esta criatura.

Otro detalle a destacar es que para la ocasión Hans Zimmer sí se ha involucrado directamente en la banda sonora de “El Cofre del Hombre Muerto”, algo que no sucedió con “La Maldición de la Perla Negra”, en la cual prefirió delegar en uno de sus múltiples pupilos. Cierto que Zimmer repite en parte lo que ya ha ofreció en otras cintas de Jerry Bruckheimer, pero su eficacia dentro de la película me parece indiscutible, llegando al punto de ser uno de los puntos a destacar en el que coincidimos mi amigo y yo. Cierto abuso de sus tan características fanfarrias no empañan el trabajo de Zimmer, aunque ni por asomo llega al nivel ofrecido en “La Roca”, mi banda sonora favorita de todas sus asociaciones con Bruckheimer.

ARRASANDO CON TODO

No suelo incidir de forma expresa en el resultado económico de las películas que analizo, pero el caso de “Piratas del Caribe: El Cofre del Hombre Muerto” se ha ganado una excepción con la cantidad de récords que ha batido hasta la fecha. Ha sido la cinta que en menos tiempo ha superado la barrera de los 100 millones de dólares en USA (tan sólo 2 días tardó), los 200 millones (en este caso comparte ese logro con otras dos películas) y los 300 millones. Es la película que más ha recaudado en Estados Unidos en su primer fin de semana al ingresar 132 millones de dólares e incluso antes de estrenarse en España ya era la cinta más taquillera del año. Por ahora, en nuestro país ya ha batido las mejores cifras de recaudación en viernes con 2,6 millones de euros y en su primer fin de semana con 8,8 milloncejos a lo cual sin duda ayudó el hecho de estrenarse 787 copias del filme, lo cual, por si alguien lo dudaba, también es un récord. Por ahora ya se ha convertido en una de las 20 películas más taquilleras de la historia y los pronósticos son muy optimistas sobre la posibilidad de que sea la tercera película (por ahora sólo “Titanic” y “El Retorno del Rey” lo han logrado) en superar los 1.000 millones de dólares en la taquilla de todo el mundo (y encima el abrumador merchandising a buen seguro aumentará considerablemente esa cifra). Sin duda indiscutible que la cinta ha arrasado con todo a su paso y como el público no ha salido ni mucho menos descontento no quiero ni imaginarme la bestialidad que recaudará la próxima entrega, porque ya es casi una regla de la taquilla que las últimas entregas de sagas exitosas son las que más ingresan en taquilla.

CONCLUSIONES

Me hubiera gustado comentar alguna cosilla más, pero ya estoy rozando el límite de extensión de ciao, así que ha llegado la hora de recapitular: “El Cofre del Hombre Muerto” es una película entretenida que no consigue llegar al nivel de su predecesora por la falta de riesgo, el excesivo metraje, el ritmo descompensado y la sensación que deja de haber dividido la historia en dos para conseguir más beneficios (algo que sin duda va a lograr como he comentado unas líneas atrás), pero, si logramos olvidar eso y aligerar las expectativas que la película ha despertado en la mayoría, lo que nos queda es una película para pasar el rato más que digna. La pena es lo que podía haber sido y al final no fue, pero todos sabemos cuál es la maldición de las segundas partes y “El Cofre del Hombre Muerto” no es una de esas escasas excepciones. 


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Comentarios sobre esta opinión
pequenayuffie

pequenayuffie

15.02.2008 16:45

EXCEPCIONAL OPINIÓN! ahora entiendo por qué te dieron el diamante. un saludo

yasi

yasi

26.11.2007 00:02

wauuu excepcional opinión..

rulicb

rulicb

23.06.2007 14:16

opinion curradisima.excepcional

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