Cartagena de Indias: una gran victoria olvidada

5  11.01.2010

Ventajas:
Es nuestra historia y debería ser nuestro orgullo

Desventajas:
El olvido

Recomendable: Sí 

MorenoSister

Sobre mí: "Nunca dejes de sonreir, ni siquiera cuando estés triste, porque nunca sabes quién se puede ena...

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Antes de empezar, me gustaría anunciaros que esta opinión va dedicada con todo cariño a dos ciao compis muy queridos: Acecombat y Forestalx, apasionados ambos de las batallas y de la historia y que me han animado en varias ocasiones a escribir sobre el Almirante Blas de Lezo, uno de nuestros heroes olvidados y ninguneados a pesar de que sus gestas dieron la vuelta al mundo. Tuvo la desventura de nacer español, porque si fuese francés o inglés habrían hecho hasta películas con sus victorias y el territorio estaría poblado con estatuas conmemorativas. Además, para más infortunio, era vasco y leal al rey de España y a su patria. El resto, os lo podéis imaginar. Qué mala memoria tenemos los españoles para quienes nos defendieron.

La batalla de Cartagena de Indias es completamente desconocida para la gran mayoría de nosotros y sin embargo supuso una de las derrotas más humillantes para la Armada Inglesa por parte de los españoles. Ellos, lógicamente, han tratado de silenciar el desastre en sus tratados de historia. Pero ¿y nosotros? ¿por qué ese olvido? ¿por qué esa manía casi enfermiza y acomplejada de recordar que durante mucho tiempo tuvimos a medio mundo a nuestros pies? Fuimos la nación más importante del mundo y parece que tenemos que ir pidiendo perdón por ello. Por eso la mayor parte de nuestras figuras históricas más importantes permanecen en una humillante amnesia colectiva, no sea que alguien se vaya a molestar. Cuánta hipocresía.

Nuestra historia tiene su comienzo en octubre de 1739. Cerca de la costa de Florida se produce la interceptación del barco contrabandista ingles Rebecca, al mando de Robert Jenkins, un capitán pirata con patente de corso de su majestad británica. Como el señor Jenkins se puso un poco “flamenco” con el capitán español, Juan León Fandiño, éste le hizo cortar la oreja y después le libera, pero dándole un mensaje muy explícito: “Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”. La opinión pública inglesa bramó de indignación y exigió que su gobierno declarara la guerra a España. El Primer Ministro Whalpole, a regañadientes y presionado por los comerciantes de Londres, lo hace. Muchos eran en Inglaterra los que aspiraban a hacerse con los mercados de América que entonces dominaba España, de ahí la presión y la urgencia.

Los ingleses planearon tomar la ciudad de Cartagena de Indias, que era donde confluían las riquezas de las colonias españolas y así dominar el comercio en el Caribe. La planificación incluía una
Fotos de Por la letra C
  • Por la letra C Ataque a Cartagena de Indias
  • Por la letra C Moneda conmemorativa inglesa
  • Por la letra C Estatua de Blas de Lezo en Cartagena de Indias
  • Por la letra C Mapa de la batalla
Por la letra C Ataque a Cartagena de Indias
Ataque a Cartagena de Indias
operación combinada del navío Septrention, al mando del Comodoro Anson, que andaba acosando pequeñas colonias del Pacífico Sur. Creían posible aniquilar el imperio español en América.

El 13 de marzo de 1741 apareció frente a Cartagena de Indias la mayor flota de guerra conocida en la historia. De hecho sólo se superó ya en el siglo XX con la que realizó el desembarco de Normandía. Los ingleses ponían toda la carne en el asador: 186 barcos con dos mil cañones dirigida por Sir Edward Vernon y con 23.600 combatientes. Curioso es saber que también iban a bordo de esos barcos 4000 reclutas de Virginia bajo las órdenes de Lawrence Washington, hermanastro del futuro libertador George Washington. Las defensas de Cartagena no pasaba de 3000 hombres y seis navíos de guerra: la nave capitana Galicia, el San Felipe, el San Carlos, el Africa, el Dragón y el Conquistador.

Pero este pequeño contingente, como siempre ocurre con los españoles y que tanto sorprende al resto del mundo, no piensa en la capitulación, sino en luchar hasta morir. Cartagena estaba al mando del Virrey Sebastián de Eslava, con una larga experiencia militar y bajo su mando, pero para la parte naval, el General de la Armada Blas de Lezo, que ya contaba con 22 batallas y expediciones navales a sus espaldas. Había perdido la pierna en Málaga, el ojo izquierdo en Toulon y se le quedó lisiada la mano derecha en Barcelona. Evidentemente, no era de los que rehuían el combate en primera línea. También se encontraba en la ciudad Don Carlos Des Naux, que dirigiría la defensa primero del castillo de San Luis de Bocachica y después del castillo de San Felipe de Barajas. Entre ellos unificaron una estrategia para resistir a pie firme el ataque inglés.

Blas de Lezo ya había puesto en fuga por dos veces en años anteriores a Sir Edward Vernon cuando se había presentado por los alrededores de Cartagena de Indias: la primera vez le cerró el puerto con cadenas, puso sus buques en Bocachica para que antes de entrar tuviese que batirse con ellos y colocó en tierra un enorme cañón de 18 libras de su nave capitana, que le escupía andanada tras andanada desde una posición que los ingleses consideraban desguarnecida. La segunda ocasión sorprendió de nuevo a Vernon colocando sus naves de tan modo que obligaban al inglés a encerrarse y a ser vulnerable tanto para disparos largos como cortos, por lo que no le quedó más remedio que huir.

Vernon, que no perdonaba a Lezo las dos derrotas anteriores y que, además, iba bastante envalentonado por la gran fuerza naval que comandaba y por una vistoria hacía poco en Portobelo, enviaba carta tras carta al General español, a cual más desafiante. Pero Lezo, tozudo y extremadamente quisquilloso en cuestiones de honor le responde: “Hubiera estado yo en Portobelo, no hubiera usted insultado impunemente las plazas del Rey mi señor, porque el ánimo que faltó a los de Portobelo me hubiera sobrado para contener su cobardía...”. Sí señor. Con un par.

Así pues, Vernon, picado y prepotente, despliega su flota para bloquear la entrada del puerto y a cañonazos destruye tres baterías defensivas, dejándole el paso franco para desembarcar tropas y artillería. A continuación ordena un cañoneo incesante que durará 16 días con sus noches, con un promedio de 62 grandes disparos por hora, contra el Castillo de San Luis de Bocachica, defendido por Des Naux y 500 hombres. Blas de Lezo, buscando el apoyo de sus propios cañones, coloca cuatro de sus navíos en el lado interior de la bahía (he dejado un mapa de la zona en la imágenes para que os hagáis una idea), cerca del Castillo. La defensa de este fuerte fue heroica. Lezo y Des Naux pelearon en primera fila para defenderlo, pero la superioridad numérica inglesa es tal, que han de evacuarlo. Tratando de evitar que los buques ingleses tomen el canal navegable, Lezo hace barrenar sus barcos, lo que consigue retrasar el avance inglés de forma considerable.

Los defensores se repliegan a la Fortaleza de San Felipe de Barajas y en contra de la voluntad de Lezo, que consideraba que los navíos podían tener otro uso, se decide hundir los dos barcos que quedaban para dificultar también el paso por el segundo canal navegable. Pero el sacrificio fue inútil, porque, aunque con dificultades, los ingleses pasaron. Mientras, los colonos americanos tomaron la colina próxima al Castillo de San Felipe de Barajas. Vernon, orgullosos, entra triunfante con su buque almirante en la bahía y, dando la batalla por ganada, despacha un correo a Jamaica e Inglaterra con tan magnífica noticia. Después ordena el desembarco masivo de artillería y el cañoneo del Castillo de San Felipe desde tierra y mar para “ablandar” la resistencia final.

Ya sólo 600 hombres, bajo el mando de Lezo y Des Naux, defienden el Castillo. La defensa fue numantina y la violencia de la batalla llegó a límites inhumanos, hasta que Vernon decide que su infantería tomará la fortaleza con mucha facilidad, ya que está siendo sometida a un castigo brutal.

La noche del 19 al 20 de abril será la decisiva. Los atacantes, amparándose en las sombras de la noche, avanzan hacia el Castillo, pero lo hacen lentamente debido al peso de sus pertrechos y por el fuego de fusilería que, sin descanso, descargan los defensores del Fuerte. Llegan frente a las murallas y... oh, sorpresa, las escalas portadas resultan cortas, no pueden usarlas para atacar los muros. Aturdidos y sin saber qué hacer, intentan acercarse de todas maneras, pero los españoles arrecian en su fuego, muy certero desde su elevada posición, causando cientos de bajas inglesas. Cuando amanece, el espectáculo es horrible y macabro. Cadáveres, mutilados y heridos que vagan como fantasmas alrededor del Castillo de San Felipe hacen evidente la hecatombe inglesa. En ese momento Lezo ordena una salida de los soldados españoles que cargan a bayoneta calada haciendo huir desordenadamente a los asaltantes que quedaban en pie.

Vernon, hecho una furia, prosigue el bombardeo desde el mar durante 30 días más, pero el cólera y el escorbuto comienzan a hacer mella en sus tripulaciones. Los muertos, que son lanzados a las aguas de la bahía por decenas, convierten la situación en desesperada. Al fin el Alto Mando Inglés ordena la retirada, que se realiza lentamente, pero sin dejar de cañonear la ciudad. Los últimos barcos parten el 20 de mayo, aunque se han de incendiar cinco por falta de tripulación. En el regreso a Jamaica han de hundir otro y cada barco parece un hospital.

Mientras, en Inglaterra se da como cierta la victoria. Aún no conocen el desgraciado final de la intentona de Vernon y, con arrogancia y orgullo, hacen acuñar unas medallas conmemorativas mostrando a Lezo arrodillado ante Vernon (os dejo otra imagen) entregando su espada, con la inscripción “El orgullo español humillado por Vernon”. En ellas Lezo aparece con sus dos brazos, dos ojos y dos piernas para obviar que es un hombre lisiado. Estas monedas fueron objeto de burla durante mucho tiempo y, aunque se ordenó su destrucción, aún se conservan algunas. Los enemigos de Inglaterra las usaron como humillación durante años porque “debían ver en sus autores tanta mayor la vergüenza cuanto mayor fue su ligereza y arrogancia”.

Hoy aún puede contemplarse la imponente mole del Castillo de San Felipe en Cartagena de Indias. Para sus habitantes, el recuerdo de su defensa sigue vivo, aunque aquí lo hayamos olvidado. Y allí sí existe una estatua del gran marino Blas de Lezo como homenaje a su gesta y a su valor. Ojalá esta opinión sirva para rescatarle de un indigno olvido.


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Comentarios sobre esta opinión
MINAYAI

MINAYAI

24.08.2011 00:16

Me ha encantado! Me gustan los relatos historicos, sobre todo los nuestros. España fué una gran nación, lastima que en este pais tengamos tan mala memoria. Siempre recuerdo los episodios de la guerra de Cuba y Filipinas. Tenemos grandes héroes y sin embargo, parece que a nadie importa. Este pais es así. Pero, la historia está escrita y no se puede cambiar, aunque les pese a los enemigos de nuestra gloriosa tierra. Un excepcional saludo.

pericote123

pericote123

08.03.2010 23:04

muy buena opi...................suerte

Antaress

Antaress

23.01.2010 15:54

Sí, realmente se tomaban en serio lo que hacían, la verdad, todo un alarde de valentía; la historia es buenísima y no la conocía, así que gracias por contarla de forma tan amena. Esto me recuerda que he de estudiar un poco ciertas cosas. Besos.

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