Guillermo escribe a Willy
06.03.2008
Ventajas:
Ninguna
Desventajas:
Ninguno
Recomendable:
Sí
 nomoretears
Sobre mí:
“Un pedante es un tonto estropeado por el conocimiento”. - Miguel de Unamuno
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Anteayer me encontré con mi amigo Guille; hacía tiempo que no nos veíamos, de hecho desde la pasada primavera cuando nos juntamos en el colegio de la calle Castelló para rememorar un aniversario más de la terminación de nuestros escolares estudios. Fue en el cóctel que un importante banco de inversiones extranjero celebró en ese lujoso hotel de siempre, para presentar sus exitosas cuentas anuales. Nada más entrar pude verle charlando animadamente en su impecable francés con un grupo de inversores que también habían acudido al acto. Su considerable altura y su negrísimo y liso pelo sobresalían claramente del resto de las cabezas del grupo. Debía hablar de algo interesante, por la atención con que sus contertulios le prestaban atención; no en vano Guille es uno de los más acreditados brokers españoles en el área de futuros sobre divisas y materias primas. Pude hacer un aparte con él; con su imprescindible vaso de agua de Evian en la mano charlamos de diversos temas. No sé como, quizás porque sé lo que tanto le interesan los temas relacionados con la guerra civil española, le comenté con detalle los tres soberbios episodios que sobre la vida de Willy han aparecido recientemente en CIAO. Me escuchó con interés pero apenas me hizo comentario alguno. Un par de horas más tarde, al despedirnos con las típicas promesas de próximos reencuentros, me dijo: -Manu, muy interesante esa historia de Willy que me has contado. A lo mejor le escribo una carta, para que tú la cuelgues en el blog que me comentas. Estate atento a tu correo electrónico.Hoy al abrir el correo me encuentro un breve mensaje suyo de salutación, "attacheado" un documento de word, su título: "Guillermo escribe a Willy". Lo leo y sin más dilación lo cuelgo como opinión en mi página de CIAO. Yo solo hago eso. El autor es Guillermo, Guille para los amigos. En esta ocasión Manu es un simple mensajero. --------------------------------------------------------------- ----------- Guillermo escribe a WillyQuerido Willy, allí donde estés. Me he emocionado, aunque él no lo notara, cuando Manu me ha contado los tres capítulos de tu última historia, la que tú desde allí donde estés has dictado a tus tres amigos de Ciao. Yo siempre me emociono al oír o leer historias así. ¿Sabes? Tu no has llegado a conocer que tuviste una hija y mucho menos que seguramente tienes nietos que se educan en esta España, en este Madrid que afortunadamente volviste a ver antes de morir. Pero al menos has llegado a saber que tu lucha no fue inútil y que hay partidas de ajedrez que al final son ganadas por los dos jugadores, hayan jugado con las blancas o con las negras. Nunca llegaremos a conocer a ciencia cierta de que ametralladora, de que fusil, partió la bala que causó tu herida y el obligado abandono de tu generosa aventura, pero yo me voy a permitir el pensar que quizás esa bala salió del Mauser 7,92 de Guillermo, un chico de 22 años, alto, delgado y levemente cetrino, de familia de agricultores de toda la vida, que se había casado con Carmen, una chica sencilla de 21 años, maestra de escuela que llegó a aquel olvidado pueblo para enseñar, para enamorarse y para casarse. Eran tiempos de la República, que tanto y tan bien hizo por la enseñanza en aquella España atrasada un siglo. Eran tiempos de la República, pero ellos se casaron, vírgenes e ilusionados, en aquella bonita y pequeña iglesia románica que tanto alababan los pocos viajeros y curiosos que en aquella ya lejana época llegaban a tan perdido lugar. Carmen y Guillermo se casaron el primer domingo después de la Semana Santa de 1936 (en aquellos tiempos la gente se casaba en domingo, ahora ya no, no es elegante); era abril y en abril todo florece muy rápidamente. Por eso algo floreció tan pronto en el vientre de Carmen. Willy, tú tenías tus ideales y por eso viniste aquí, a España, a luchar por ellos, noble y admirablemente. Pero Guillermo también tenía los suyos y hubo un momento en que pensó que también debía luchar por ellos, por los de su familia, por los de Carmen, por los que le gustaría que tuviese un hijo solo recién engendrado; también esos ideales, nada interesados, merecían respeto y protección. Cada día, cada hora que Guillermo pasó en el frente de la Ciudad Universitaria de Madrid, encuadrado en una Bandera de Requetés, soñaba y sacaba fuerzas con la idea de que iba a tener un hijo, era un sueño, un sueño sencillo y sin filosofías. Muy de vez en cuando, solo muy de vez en cuando, alguna carta de una maestra de pueblo, casi una niña, le decía y le convencía de que no era un sueño, que ella sentía ya latir y crecer aquella vida en su cada día más abultado vientre. Poco antes de las navidades todo acabó. Una potente mina excavada a lo largo de muchos días, en las cercanías del Clínico, bajo las trincheras "nacionales", hizo explosión y se llevo por delante la vida de un chico de 22 años, alto, delgado y levemente cetrino, un chico de pueblo. Sus restos, diseminados por la brutal deflagración, al igual que los de otros de sus compañeros nunca pudieron ser recogidos, ni tan siquiera reconocidos. La vida continuó, a pesar del eterno dolor y de las inacabables lágrimas de Carmen, a pesar de las inconscientes y alegres risas de una niña que nunca llegó a conocer a su padre. Cuando esa niña fue creciendo y aprendió a leer, enseñada como maestra por su propia madre, en aquella alegre escuela que edificó la República, casi lo primero que leyó, con un triste punto de orgullo, fue uno de aquellos cinco nombres, que en una discreta y pequeña placa de piedra, del mismo color que las milenarias piedras de la iglesia, fue adosada a uno de sus muros y que simplemente ponía: "José…, Damián…, Luis.., Toribio…, Guillermo…., caídos por Dios y por España", nada más. Por su Dios y por su España. ¿ó no tenían derecho? Ahora, después de casi 70 años, dicen que van a quitar esa placa, que a nadie ofende ni hace daño, que ya tiene los nombres medio borrados por la lluvia, por el frío ábrego invernal y por el abrasador solano veraniego.Muchos años mas tarde aquella segunda Carmen, también en domingo, también de blanco, se casó en aquella pequeña iglesia románica con un chico de Madrid; infortunadamente el padrino no pudo ser el padre. Muy pronto también noto -por tres veces- que una nueva y femenina vida brotaba en su seno y por cuarta vez también, en un frío diciembre poco antes de las navidades, nació otro deseado y buscado Guillermo. Curiosamente en una moderna y prestigiosa clínica maternal situada a unos pocos cientos de metros del Clínico (clínica y clínico, vida y muerte, curioso juego de palabras ¿verdad?). Era 1973, más o menos. Willy, ahora que estas allí, allí donde estés, busca al primer Guillermo. Por lo que yo veo en la vieja fotografía del día de su boda, que está en lugar de privilegio en el salón de la casa de mis padres, él es alto, delgado y levemente cetrino -como un junco lorqueño- ojos de carbón, cara de bueno; te será fácil reconocerle. Y en caso de duda mírale a los ojos, si es él todavía debe llevar grabados en ellos la inocencia, la generosidad y la entrega y, también, la visión de la desesperanza, de la angustia y de una terrible muerte. Búscale, encuéntrale y tú que has tenido la oportunidad de ver el mundo explícale tan solo como es ese mar que él nunca conoció, tú que tuviste la oportunidad de madurar tus sentimientos dile que se siente al tener por primera vez a un hijo entre los brazos, desde tu experiencia de enamorado intenta devolverle las mil noches de amor y pasión que le robaron, dile.., dile…, tantas y tantas cosas, dile…Cuando le hayas hecho nuevamente vivir a través de tu palabra, para terminar proponle una partida de ajedrez. Que no os importe quien juega con negras y quien juega con blancas. Va a ser una partida con dos eternos ganadores, desde antes de empezar el juego.
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01.05.2008 00:23
Las guerras no son buenas :( Y el rencor tampoco lo es :)
12.03.2008 14:15
Ufff, si me emocionaron las aventuras del viejo Willy, esta carta que ahora le escribe Guillermo lo ha hecho más aún, no sé si ganaron o perdieron, aquí cada uno tiene su punto de vista, quizás lo que ganaron nunca pudieron verlo, pero ganaron al fin y al cabo, y creo que aquello que ganaron lo estamos disfrutando los que vinimos después. Precioso.
12.03.2008 13:18
Excepcional carta e inmejorable historia. sólo que estoy con los compañeros, para mí son perdedores más que ganadores...qué ganaron? Es difícil contestar a eso; sin embargo si nos preguntamos, qué perdieron? nos asaltan las respuestas, se amontonan....En una guerra todos los combatientes pierden y sólo las esferas de poder ganan a costa del dolor y la muerte de los demás. Saludos