El Valle del Genal
16.05.2010
Ventajas:
Inagotables
Desventajas:
Imperceptibles
Recomendable:
Sí
 alexpintor
Sobre mí:
No puedo ser muso de mí mismo, por eso soy el tuyo
usuario desde:28.12.2004
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ATAJATE: EN EL CORAZÓN DEL VALLE DEL GENAL Íbamos a estar varios días recorriendo el malagueño Valle del Genal de arriba abajo, y nos convenía alojarnos en alguno de los quince pequeños pueblos que lo integran, mejor que en la cercana ciudad de Ronda. Estaríamos más en contacto con el entorno y además nos ahorraríamos los desplazamientos desde la capital de la Serranía (aunque sólo está más o menos a 15 km de Atajate).El atajateño Hostal La Sierra fue el alojamiento más idóneo que encontramos entre las diferentes ofertas hoteleras de este conjunto de municipios. Atajate ocupa una posición más o menos central en las comunicaciones por carretera de la comarca, y junto a él pasa la carretera principal del valle, de Ronda a Algeciras, de modo que su situación estratégica nos facilitaba las cosas. Finalmente, Atajate con sus menos de 150 habitantes, es el pueblo más pequeño, con lo que la "inmersión rural" estaba más que asegurada. Desde las ventanas de nuestra habitación, que daban a tres lados del edificio, contemplábamos un hermoso panorama serrano y las casitas más altas del pueblo trepando por el cerro de Los Tajos. El silencio lo inundaba todo, salvo cuando se oía algún ligero berrido de los chivitos que se criaban en la cabreriza que había bajo una de las ventanas, en la parte trasera del edificio (seguramente propiedad de la misma familia que atendía el negocio).BENALAURÍA: EL PUEBLO OCULTO Casi todos los pueblos del valle tienen en común su emplazamiento más o menos oculto. Suelen esconderse a los ojos del visitante hasta que éste se encuentra muy cerca de ellos, incluso hasta que de repente, tras una curva, aparecen las primeras casas sin previo aviso. Eso ocurre con Benalauría, que no se ve desde ningún punto de esta misma vertiente del valle. Seguramente eso le ha servido para conservar un urbanismo morisco en buen estado de conservación, plagado de callejuelas recoletas y adarves en un laberíntico marco de casitas encaladas con tejados rojos, rodeadas de verdes e inmensos bosques.En Benalauría visitamos una antigua almazara, hoy museo etnográfico de la localidad. Hay que pedir cita en una tienda a la entrada del pueblo, donde una chica nos reunirá junto a otros visitantes para acceder de manera conjunta. El museo se recorre siguiendo una grabación de audio, por lo que había que estar atentos para no despistarnos. Lo mejor era dejarnos sorprender por la inmensa viga de castaño de la prensa, tan grande, mucho más que cualquiera de los huecos del edificio, que obviamente hubo de ser trasladada a aquél lugar antes de construir la casa a su alrededor. Primera pieza de nuestro botín: un aceite de oliva virgen exquisito. ENCINAS BORRACHAS Y SUS DÓLMENES INVISIBLESLlegamos al puerto de Encinas Borrachas, a 1000 metros de altitud en plena Serranía, desde Atajate. Al parecer, el peculiar nombre de este puerto de montaña, y del cortijo que hay en sus inmediaciones, procede de unos curiosos árboles que había hasta hace unas décadas, volcados y sin hojas en su parte superior por la voracidad de las cabras, con aspecto de estar borrachos. Justo en el alto del puerto existen unas señalizaciones de fondo púrpura que indican que allí se encuentran los dólmenes de Encinas Borrachas. Aparté el coche a la entrada del carril. Había una cancela cerrada, la finca está totalmente alambrada. Tras ella, el amplio altiplano de Encinas Borrachas, encajonado entre las moles calizas de las sierras, prácticamente peladas de vegetación. Si no fuera por el tráfico de la carretera, el panorama parecería desolador, inhóspito. Un rebaño de ovejas bajaba desde las peñas hacia los pastos del llano. Un pastor las acompañaba. Sin duda, nos había visto, enganchados a la cancela, mirando insistentemente hacia todos los rincones del llano, tratando de ver los dólmenes. Esperamos a que se nos acercara y le preguntamos. La sorpresa nos embargó. Aseguró que los dólmenes estuvieron allí..., pero que ya no. Que los habían enterrado y que no habían quitado las señales, "y ahí siguen, engañando a criaturitas que vienen pa ná". Nos quedamos con sus palabras, le dimos las gracias y volvimos a nuestra ruta.Unos amigos nuestros que también conocen la zona nos aseguran que los dólmenes están, aunque desde donde estábamos hay que fijarse mucho para verlos. En una guía del Valle del Genal adquirida recientemente me quedo con una frase que me llamó la atención, hablando de las deficiencias de señalización y numeración de carreteras y rutas en la comarca: "...incluso se señala la ubicación de un dolmen inexistente". Por dudoso o extraño que pueda parecer, con casi total seguridad se refiere a los "encinasborrachenses", que son los únicos monumentos megalíticos señalizados en todo el valle. En la práctica, para nosotros, los dólmenes son tan invisibles como las fiesteras encinas del puerto... EL SANTO PANDITO A mediados del siglo XIX nació en Alpandeire un niño que fue llamado Francisco Tomás, aunque luego fue más conocido como Leopoldo. Los panditos, que ése es el gentilicio de este pueblo serrano, le consideran un santo, y de hecho está en proceso de beatificación. Fue conocido como "el limosnero de Granada", y es que este religioso pasó casi toda su vida como capuchino en un convento de esta ciudad, hasta que murió y fue enterrado aquí, en una capilla que actualmente está en los Jardines del Triunfo. Pero Fray Leopoldo siempre ha sido conocido con el apelativo "de Alpandeire", siempre con esa referencia explícita a su pueblo natal, y en este pequeño pueblo donde es también tan querido y recordado, tiene una estatua que se levanta en lo alto de un cerro a las afueras de la población, abierto a los vientos de la sierra, a veces helados, dominando un amplio panorama del Valle del Genal.Fray Leopoldo, considerado muy milagroso y de honda devoción en gran parte de Andalucía, es visitado aquí por muchas personas que vienen a rezarle y hacer promesas, dejando multitud de exvotos en las oquedades de las piedras que sirven de basamento a la estatua, donde nunca faltan ramos de flores. Algo similar ocurre en la estatua homóloga que también tiene en Granada, en los citados Jardines del Triunfo, cerca del lugar donde reposan eternamente sus restos mortales. Alpandeire es mucho menos visitado que Granada, y es un lugar mucho menos multitudinario, así que podríamos decir que la veneración a Fray Leopoldo tiene en este pequeño pueblo, en este rincón del monumento serrano, un aire mucho más austero e íntimo, seguramente más del gusto del "santo pandito". Al margen de esta importante significación religiosa, quien quiera disfrutar de las vistas sobre Alpandeire y su entorno desde este lugar, encontrará también motivo más que suficiente para hacer una parada en su ruta y disfrutar de este privilegiado mirador, en el corazón de la Serranía de Ronda. ALPANDEIRE: LA CATEDRAL DE LA SERRANÍALa Iglesia de Alpandeire impacta desde todos los ángulos, y es lo primero que llama la atención cuando nos acercamos a este pueblo. Sorprende su volumen desmesurado rodeado de tan breve caserío, ideado paradójicamente para acoger a una población que Alpandeire nunca llegó a tener (actualmente tiene unos 300 habitantes censados, que de hecho serán bastantes menos). No en balde es conocida popularmente como "la Catedral de la Serranía", ya que no hay en toda la comarca otro templo cristiano tan grande, salvo en la ciudad de Ronda. Construida en la segunda mitad del siglo XVIII, sobre el anterior templo mudéjar del XVI, y éste a su vez sobre una mezquita, la iglesia de Alpandeire se ve desde casi todos los rincones del pueblo. ¿Sería este poderío del simbolismo eclesiástico el que despertaría en un joven labrador pandito (tal es el gentilicio del lugar) la fuerte vocación que le llevaría a convertirse en uno de los hombres considerados más santos en casi toda Andalucía? En todo caso, parece que en el pueblo cuna de Fray Leopoldo de Alpandeire, cuadra semejante despliegue de arquitectura católica.Si la iglesia impresiona por el exterior, contrastando su maciza elevación de ladrillo sobre las blancas y humildes casitas del pueblo, al traspasar su umbral la sensación se invierte por completo. La blancura y sencillez de sus naves y bóvedas convierten a este ámbito en un espacio de carácter doméstico, cercano, de escala más humanizada. No hay imponentes imágenes ni recargadas muestras de arte barroco que puedan subyugar al hombre que deambula sobre su enlosado. La frescura y humildad de un pequeño pueblo serrano habitan también en este templo, y la visita nos llenará de paz como si el tiempo hubiese dejado de correr para nosotros. FARAJÁN: LOS SOLITARIOS CAMINOS DEL HAVARALToda esta zona es conocida hoy como el Alto Genal, pero históricamente fue el Havaral, uno de los distritos en que se dividía la región dependiente de Ronda, cuando la población era musulmana. Las distancias entre un pueblo y otro del valle suelen ser muy cortas, tres o cuatro kilómetros de caserío a caserío. En la Edad Media sería incluso menos, pues hay multitud de despoblados moriscos dispersos por la comarca. Por ejemplo, Balastar estaba “a un tiro de ballesta” de Faraján, en un llanete donde hoy se extiende una corta porción de cultivos aterrazados rodeados de alcornocal. Continuando por una solitaria y estrechísima carretera de curvas eternas, alcanzamos Faraján. Tras un breve paseo en el que recorrimos todo el callejero (mínimo), concluimos sin temor a equivocarnos que “todo el pueblo estaba en el bar”. JÚZCAR, DONDE LOS VIVOS Y LOS MUERTOS SE DAN LA MANOMás adelante, siguiendo por otra mini-carretera similar a la anterior (y a casi todas las del valle), está Júzcar, que extiende su caserío disperso, formando tres barrios, en un vallecillo rodeado de castaños. Aquí asistimos a la más peculiar procesión de Semana Santa que habíamos visto hasta ahora, reducida a su mínima expresión (como el propio pueblo). Una vez más, el pueblo estaba en el bar, salvo las chicas jóvenes que portaban un crucificado y una virgen dolorosa y enlutada, y las mujeres mayores que las acompañaban cantando una singular letanía. Fúnebre aspecto, en mitad del crepúsculo serrano, encajando con un pueblo donde el cementerio está dentro del casco urbano, junto a la iglesia, de modo que los muertos siguen viviendo junto a los vivos. CARTAJIMA: EL CASTAÑO ARENA Y OTROS ÁRBOLES CON NOMBREPor encima de Júzcar y Cartajima se extiende un macizo calizo erosionado conocido como Los Riscos. De características similares a su famoso hermano mayor El Torcal de Antequera, dominará el paisaje hasta que lleguemos a este pueblo, que se extiende sobre una pequeña loma entre las rocas grises y los multicolores castañares. En Cartajima estuvimos a punto de quedarnos sordos por la afición de algunos insensatos jóvenes del lugar que se entretenían haciendo estallar petardos en las escalinatas junto a la iglesia. A pesar de las regañinas de algunas ancianas del pueblo, las incómodas detonaciones siguieron todo el tiempo que estuvimos allí. Por una calle salimos unos metros del pueblo, internándonos por un camino que se hundía en el castañar, camino del vecino Parauta. Allí nos cruzamos con unos excursionistas que preguntaron a un labriego si aquel cercano árbol que ellos señalaban, de robusto tronco y añoso porte, era el conocido “Castaño Arena”. Al asentimiento del campesino, nuestros turistas expresaron en sus rostros la satisfacción de quien, tras un duro peregrinar, había encontrado el objeto de su veneración, seguramente extraído de la información de alguna guía de senderismo que detalla los árboles singulares (muchos de ellos, castaños), que pueblan la comarca, teniendo generalmente nombres propios: la Encina de Vallecillo, el Chaparro de Bentomí, la Sabina de las Cascajeras, el Algarrobo del Camino de Gibraltar, el Olivo de Benamaya, el Brezal de la Ensillada, y los castaños Mataquince, Rebeco, Hueco, de la María Matea, de los Saltarines... Satisfechos de haber conocido en primera persona al castaño personificado y estar en su compañía unos minutos, volvieron sobre sus pasos sin ni siquiera entrar en Cartajima, cuyo casco urbano empezaba pocos metros más arriba.PARAUTA: UN COBERTIZO FUERA DEL TIEMPO En Parauta, una hermosa algorfa me esperaba desde hace siglos. El urbanismo y la arquitectura vernácula de este pueblo me parecieron de los mejor conservados, y donde la huella andalusí parecía hacerse más visible y viva. Como Júzcar, Parauta está dividido en barrios, dos o tres, separados por huertas. No tiene ni una sola calle derecha, de trazado constante, y muchas casas presentan curiosos guardapolvos con aleros de madera sobre las ventanas o balcones que coronan la fachada. Junto a la iglesia, en un rincón que da acceso a las huertas circundantes, encontré un hermoso cobertizo que me habían mostrado unos amigos en fotografías que habían tomado por el Valle. No sabía ni en qué pueblo estaba, y casualmente me encontró, me atrajo hacia sí. Una silla y diversos enseres se encontraban sobre la irregular superficie que cobijaba la algorfa, como si allí hubiesen estado en la misma disposición desde lo más lejano de los tiempos, pues aparecían exactos en las fotos de mis amigos. Como todo el Valle, que parece suspenso en un letargo atemporal desde sus atávicos orígenes.IGUALEJA: EL GENAL RECIÉN NACIDO Siempre han tenido en Igualeja el orgullo de ser el pueblo donde nace el río Genal. Tal vez no sea ésta la fuente principal, según los criterios científicos que manejan los geógrafos, pues hay otras más alejadas de la desembocadura del río, y otras más caudalosas (como el río de Júzcar). Pero tradicionalmente, el nacimiento del río Genal está aquí. Se trata de una cueva en la base de un macizo calizo, de la que surge el agua, mansamente estancada, transparente y reflejando los brillos del sol y el paisaje circundante. A pocos metros está el puente de la carretera y las primeras casas de Igualeja, de modo que el nacimiento se ubica en pleno casco urbano. El río comenzará así a recorrer sus primeros metros a través de las casas de Igualeja, dejando diferentes barrios a un lado y a otro, antes de comenzar a cruzar entre lomas de castaños y bosques salvajes ya por muchos kilómetros después. No en vano, es tal vez uno de los últimos ríos vírgenes de España, en el sentido de estar libre de presas y obras humanas similares que modifiquen o limiten su cauce. De hecho, apenas un par de puentes más, si acaso tres, volverán a cruzar sus aguas conduciendo carreteras con tráfico de coches sobre él. El Genal es un río recóndito, escondido de la vista, y para llegar a él casi siempre habrá que descender hondas sendas y sinuosos vericuetos. Pero no en su nacimiento. Aquí, el Genal se muestra accesible, sociable, en armoniosa simbiosis con el hombre, al que permite acercársele nada más nacer, para después volverse salvaje.PUJERRA: EL REY LABRADOR DE CENAY Recorriendo el recóndito pueblecito de Pujerra, en un rincón rodeado de castaños perdido en pleno Valle del Alto Genal, puede uno sorprenderse al encontrar este monumento. Cuando el viajero llegue a la pequeña Plaza Vieja, se topará con un busto broncíneo de airoso garbo y añosa prestancia en sus caracteres germánicos. Se trata de una estatua que representa al rey visigodo Wamba, que según una leyenda procedía de este terruño.Concretamente, más abajo del pueblo, por donde corre el aún joven río Genal (que como acabo de contar, nace un poquito más arriba, en Igualeja), se encuentra el Molino de Capilla, considerado solar del desaparecido pueblo de Cenay, que fue parroquia y cabeza de dezmería en 1505, según los datos de los historiadores. En Cenay es donde cuenta la leyenda que estuvo viviendo Wamba antes de subir al trono. Parece ser que se encontraba arando sus tierras cuando vinieron a buscarlo para su coronación. Wamba era remiso a ello alegando su edad avanzada y su poca cultura, como hombre del campo que era, de modo que resolvió: "Cuando esta aguijada que tengo en la mano florezca, seré yo rey de España". Hundió dicho palo en la tierra, y al momento se cubrió de hojas y flores, de modo que tuvo que aceptar la corona. ALGATOCÍN: EL SUPERMERCADO DEL GENALA Algatocín mi madre siempre lo ha llamado “El Gahtocín”. En este pueblo se encuentra el Súper Genal, el único supermercado de la comarca, donde en horario comercial es imposible encontrar aparcamiento pues parece (estamos seguros de que así es) que todo el valle viene aquí a hacer sus compras. También se encuentra el único colegio de secundaria de toda la comarca, adonde vienen los niños de la mitad sur (los del norte van a institutos de Ronda). Desde Algatocín se baja por una carretera de estrechez y curvas imposibles hasta un puente que cruza el río Genal. Bajo este puente me he bañado, como muchos serranos, desde antes de tener memoria. En Igualeja, un señor nos contó que la gente se sigue bañando aquí, aunque se avisa que el río está contaminado. MÁS GENAL…Encontrar un cajero automático en el interior del valle es una misión imposible. Tuvimos que ir hasta Ronda, porque el más cercano, en un área de servicio de la carretera hacia la Costa del Sol, no funcionaba. A la vuelta descubrimos que en un mapa de la comarca (que nos acababan de dar) había un simbolito de euro que representaba a los cajeros automáticos, situado junto a las poblaciones que contaban con este servicio. Comprobamos sobre el papel lo que ya sabíamos: que en todo el valle no hay ni uno. BENADALID tiene un bonito castillo, pero para comer es mejor salir a los alrededores del pueblo. En los miradores de la carretera Ronda-Algeciras se puede explorar el mapa vivo que es el paisaje, o improvisar un picnic.En BENARRABÁ se nos ocurrió que nos gustaría tener un limonero en el balcón. En GENALGUACIL vive el Arte. JUBRIQUE, “Jubriquillo del Aguardiente”, se quedó esta vez en la reserva, y GAUCÍN espera a que en otra ocasión nos asomemos al almenado de su Castillo del Águila y contemplemos los últimos meandros del Genal desde la ermita del Santo Niño. Completamos nuestro botín con una riquísima y oscura miel de castaño de Genalguacil y el delicioso queso de almendra de Atajate.
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18.08.2010 14:38
Muy buena opinión.
25.07.2010 18:17
Valorada!!
24.07.2010 20:58
Volveré con el excepcional....