Las aventuras de Carlos-IV. Un mendigo
03.10.2007 (15.10.2007)
Ventajas:
Solo se ven si se quiere
Desventajas:
existen
Recomendable:
Sí
 FDSB
Sobre mí:
Nada, que no arranco. Encima repaso a Carlos y me lo cambia de sitio.
usuario desde:15.09.2007
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Allí, entre el largo escaparate de la peletería y el no menos espacioso de la tienda de muebles de lujo, existía una zona de medio metro escaso de anchura por la que se cruzaban tuberías de todos los calibres, ascendentes una, descendentes otras, tranquilas algunas, presurosas la mayoría, mezcladas veteranas tuberías de hierro de antiguas conducciones de gas, pintadas de negro y repintadas mil veces, con modernos tubos de pvc que agotaban la panoplia de grises, desde los más cercanos a la negrura de la desdicha a los más próximos a la blancura de un excremento de paloma. Faltaban los descendentes de las aguas pluviales, de los que, sin embargo, se mantenían sus huellas en forma de restos de sus soportes. Allí, en tan reducido espacio que, sin sus presencia hubiese pasado desapercibido y con ella resultaba invisible, tapado por su corpulencia y sus andrajos, la imponente figura de un hombre de edad indefinida, requisito indispensable para ejercer su poética profesión, tan antigua como el dinero, inspiración de vates y novelistas, pareja inseparable de los agentes de la autoridad. Era un mendigo laico, ajeno a los extensos y complejos sistemas de la caridad cristiana que comenzaba en las escalinatas de los templos y terminaba en lujosos despachos de bancos y gobiernos. Este era laico, pero filósofo. Consciente de su imagen, cuidadosamente cultivada, con andrajosos pantalones de color absolutamente imprecisable, inúmeros jerseys y chaquetas que hacian imposible de precisar su figura real, botas militares sin abrochar y que en os ojales de los cordones no lucían cordones ni casi ojales, pero que se conservaban en aceptable estado, si no de revista, sí de uso. Poblada y larga barba rizada ocultaban gran parte de su rostro y la mayor de su pecho, el pelo, largo, se derramaba desesperado por sus hombros, posiblemente huyendo de una especie de gorra de bisera militar, de tela, en la que era imposible identificar su procedencia, siquiera fuese por el color, que no habia forma de adivinar.Sentado en una caja, flanqueado por perros a los que las pulgas cambiaban suavemente de lugar mientras dormían simulando ser rosquillos, colocaba ante el una caja con algunas monedas que él mismo se donaba y que servían de orientación al transeúnte sobre sus intenciones al colocarla. En cartel apoyado precariamente sobre un viejo saco (militar, por supuesto), repleto de vaya usted a saber qué cosas, explicaba el motivo de su presencia en tan visible lugar y la solicitud formal de colaboración económica de los viandantes a sus presupuestos particulares. Antiguo trabajador de un departamento ministerial al que habían expropiado el piso por permitir la entrada al mismo de perros indocumentados en número, según denuncia de sus vecinos, excesivo para la pacífica convivencia de la comunidad. El rechazaba tal intromisión en su propiedad y el importe de la expropiación permanecía depositado en una cuenta, apoyando el dato con fotocopia de un extracto bancario que confirmaba tanto las cantidades que él mencionaba como el origen de las mismas. Su rebeldía ante lo que consideraba un atropeyo le llevaba a denunciarla, pero también a vivir precariamente, a la situación que todos podían ver, junto a sus queridos perros. Una viejísima guitarra, aceptablemente conservada y no demasiado rota, con casi todas sus cuerdas, le servía de escusa para acompañar su figura y entonar una versión libre de "Los ejes de mi carreta" del argentino con aguardentosa y tristísimo voz: Cuando pregunta la gente que cómo han de llamarme contesto que "el expulsao": me echan de todas partesLa primera que me echa es la mujer que yo amo: cuando estoy con ella, fuera; cuando no lo estoy, de menos Segundo son los amigos (o que tal cosa se llaman) que protestan de mi ausencia y cuando estoy no me soportanEl tercero es mi jefe (entre él y yo no hay "filing") si no me ve "dónde me meto" y si me vé: "que hago ahí" Y es el caso, señores, que yo no busco compaña: ando solo esos caminos sin que naide m'aiga falta.Cada día improvisaba una, cuando no estaba simplemente explicandose su caso, que hacía tiempo había renunciado a explicar a cuantos, pasando de largo, largamente habían mostrado no tener interés en escucharle. Carlos se sentía tentado a darle algo, pero a la vez a criticar a quien pretendía vivir sin hacer nada. Inconscientemente había llegado a un acuerdo consigo mismo y, incluido en el automatismo general que presidía buena parte de su andar diario, buscaba alguna moneda en el fondo del bolsillo y, si cantaba, se la echaba, si no, no. Siendo, como era, un acuerdo privado entre el y él mismo, no estaba exento de conflictos, que más de una vez se había irritado consigo mismo y lamentado durante buen trecho el incumplimiento del acuerdo por no llevar monedas, pagando con desazon su descuido.Hoy, al aproximarse, y ver que estaba salmodiando la canción-protesta antes referida, en el fondo de su bolsillo apreció la existencia de una sola moneda, que resultó ser de dos euro, cantidad que le pareció excesiva y que le llevó a pensar en el sutil equilibrio económico de las relaciones con la mendicidad: se puede dar limosna, incluso poca, pero siempre que esa limosna no solucione realmente los problemas de quien la pide. Sería un auténtico escándalo, que en las grandes ciudades ocurre no pocas veces, que con la limosna el mendigo obtuviese ingresos netos superiores a los de quien se la da. Otra cosa son las instituciones de caridad oficiales cuyas estructuras y posesiones muestran bien a las claras su enorme poder económico y la diferencia que les separa con los donantes. Pero están bendecidas por los gobiernos y, en muchos casos, por algún dios. El mendigo es diferente, tan variado e imposible de clasificar como el resto de la sociedad, pero, en todo caso, mendigo, menesteroso, miserable...
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06.05.2009 14:32
Es un placer acompañar a Carlos en sus paseos, y compartir sus problemas cotidianos. Un saludo.
07.03.2009 01:41
es una pasada ver y conocer todo lo que rodea a Carlos en este viaje. Delicado tema este de los mendigos...salu2
11.11.2007 22:15
Pues este episodio del mendigo aún es mejor que el del autobús y eso que mejorarlo era harto difícil. Y la canción logradísima. Nada, que hoy te llevas otro de mis excepcionales y me tendrás aquí leyendo poco a poco tus textos, que son de lo mejor que estoy viendo en Ciao, de lo mejor y no es pelotilleo. Un beso.-