Hace unos años, la comisiñon por la Memoria Historica impulsó una iniciativa que me pareció muy buena: la de abrir las fosas comunes de la época de la guerra civil y la posguerra e identificar los cadáveres que allí se encontraran, algo necesario si tenemos en cuenta que muchos familiares de desaparecidos durante e inmediatamente después de la guerra vivía en la incertidumbre de no saber qué había pasado exactamente con sus allegados. Pero lo que era una iniciativa para la recuperación de la memoria colectiva, o de aquélla parte de la misma que 40 años de franquismo silenciaron, cobró un tono político cuando fue adoptada por el PSOE y otros grupos políticos durante sus campañas electorales. Y es que, para que todo el mundo me entienda, se pasó de un intento de redignificar la época y los ideales republicanos, tan denostados por el régimen, a una ley para hacer exactamente lo mismo que los gobiernos franquistas hicieron hace cincuenta años, silenciar al otro bando. Y no es que esté de acuerdo con la ideología de lo que hoy en día se entiende por otro bando, no, pero defiendo su derecho a tenerla, a reivindicarla y a sentirla como propia. Si no lo hiciera, me pondría a su mismo nivel.
Pero vivimos en un mundo pretendidamente izquierdista, pacifista, demócrata, plurinacional y todo eso, y está muy claro que, en los últimos años hemos vuelto a la idea de las viejas películas del oeste, con democratas buenísimos y fachas malísimos. Hace unos años, por ejemplo, mientras estaba estudiando historia en la facultad, en Tarragona, nos surgió la posibilidad de asistir como público a un programa de Canal 33 (uno de los canales de la televisión autonómica catalana) que se llamaba Ágora y que trataba de temas de actualidad, y los temas de aquel día eran dos, el trasvase del Ebro, y la Memoria Histórica, y recuerdo que lo que más me impactó fue escuchar a un historiador catalán respetado, J.B. Culla, decir algo así como que los símbolos del pasado franquista debían ser retirados de la calle y destruidos para que nadie los recordara. Sé que muchos de mis compañeros y sobretodo una chica llamada Judith (hoy en día en las listas de ERC para las municipales en mi pueblo) aplaudieron esa frase. Pero yo, francamente, soy incapaz de hacerlo. Y es que no sé que diferencia hay, a la práctica y sin ideologías cutres de por medio, entre la molestia que le causa a un excombatiente republicano con hermanos encarcelados o fusilados durante la guerra una estatua de Millan Astray (o vivir en la plaza del mismo nombre), y la molestia que le puede causar a un excombatiente nacional con un hermano cura "paseado" por la FAI el vivir en la Avenida President Companys o ver una estatua de éste. Aunque mi visión del asunto pueda parecer demasiado fría, creo que un historiador o cualquiera interesado realmente en la historia, como pretende ser el señor Culla, debería saber respetar el pasado, le guste o no, desde un punto de vista neutral.
Y eso es lo que le falta a la Ley de Memoria Historica y, en general, a la historia que se enseña en las escuelas e institutos de este país nuestro. Porque si hacemos memoria, tendremos que aceptar que en el siglo XX España vivió, de facto, no un golpe de estado, sino como mínimo tres. El primero, fue el de Primo de Rivera, en 1923, el segundo, fue la proclamación de la República aprovechando los buenos resultados electorales de los partidos republicanos en las grandes ciudades, que no así en el campo, y la tercera, fue el alzamiento del 18 de julio del 36. Pero que quede claro, eso de la República legalmente constituida es un mito. Y yo me pregunto si ese detalle también será impartido en los colegios de ahora en adelante aprovechando que hacemos memoria o lo único que se pretende es, ya que hemos pasado cuarenta años de silencio auspiciado por los ganadores, ahora que la democracia ha vuelto, instaurar nosotros cuarenta años de silencio a la inversa. Y así, de un plumazo, nos lo cargaremos todo. El Valle de los Caídos, ¿lo volamos?, las estatuas,¡rompámoslas a martillazos!, y en las calles antes dedicadas a héroes franquistas, pongamos nombres como Avenida de la República o plaza Negrín, que seguro que eso no molesta a nadie. ¿Olvidemos en nombre de la memoria y sintamonos orgullosos?
Pues desde mi punto de vista, lo que se va a hacer es una vergüenza, es poner un gobierno democrático al mismo nivel que uno dictatorial, es suprimir restos de un pasado, que si bien puede ser que en la calle molesten a muchos, bien podrían estar en un museo, y es venderles a nuestros hijos una historia tan adulterada como la que les vendieron a nuestros padres. Y no quiero ver como pasa aquí lo que pasa en Alemania, dónde la etapa nazi ni siquiera se les enseña a los chavales para que no saquen "ideas raras" y, en cambio sólo se ha conseguido tener el índice más elevado de organizaciones de ultraderecha en toda Europa. Está claro: prohíbe una idea, un libro, un símbolo, y lo harás más atractivo; deja que los jóvenes asimilen su pasado, con sus luces y sus sombras, y conseguirás de ellos una reflexión sobre el mismo. Y si alguien aun cree que los que se reunen en la plaza de Oriente cada 20N seran menos cuando no quede en España una sola estatua de Franco o de sus aliados, quizás mañana piensen que el nacionalismo catalán desaparecerá si se hace volar por los aires el Fossar de les Moreres o que el nacionalismo vasco depende sólo de la existencia del Árbol de Guernica. La Legión Cóndor ya lo intentó, y no sirvió de mucho.
Así que, por favor, un poco de seriedad, más allá de rencores personales e investigaciones más o menos útiles, como lo que decía antes de abrir las fosas comunes, demostremos ser una sociedad madura y admitamos de una vez que nunca hay una guerra en la que sólo mate uno, qe barbaridades las hubo en los dos bandos, que la República se hundió sola, que las potencias internacionales la abandonaron, que Franco, aparte de un dictador, también fue el jefe del gobierno que industrializó España (la indústria de la República, concentrada en Madrid, Bilbao y Barcelona, era mínima), que nos abrió al turismo, que construyó las primeras autopistas… Seamos un poco racionales porque han pasado sesenta y ocho años y vamos a repetir los mismos errores, por los mismos motivos, y parece que no nos importa.
01.12.2007 03:37
pepinho, ya que tu no valoras mis comentarios, yo sí voy a valorar el tuyo. En primer lugar, no necesito que me des la razón, es mi opinion y no pretendo convencer a nadie. En segundo lugar, me parece simplista la idea de que aceptar que una etapa concreta tuvo partes buenas es dar la razón en todo a los gobernantes de esa etapa, al contrario, es ser crítico y razonable. Tercero, hoy en día no te fusilan, es verdad, pero eso tampoco implica que la democracia española sea perfecta, tiene muchos defectos, y obviarlos no sólo es simplista, es demagógico. Y cuarto, la historia es la que es, no podemos cambiarla a nuestro gusto. Eso es un hecho. Y nuestra visión de ella no debería ir asociada a ideologías políticas, a eso se le llama manipulación.
01.12.2007 01:54
Soy incapaz de darte la razón. Parece que comparas una dictadura con ir a comprar chicles al kiosko, para mi toda la credibilidad de tu opinión la pierdes cuando dices que "franco, aparte de ser un dictador.."como se puede seguir esa frase sin pensar lo que significa ser un dictador. Me parece muy frívolo tu comentario y lo siento, no lo voy a valorar. Creo que nos va muy bien sin él, ¿o no opinas lo mismo?. Ahora al menos no te fusilan si piensas diferente y podemos discrepar de quienes nos mandan. La gente que siembra la idea de que aquella etapa fue, aparte de una dictadura, una etapa de desarrollo, esta sembrando la idea de que una dictadura en el fondo es algo bueno...no me gusta esa gente.
27.11.2007 15:00
Me encanta como argumentas tu pensamiento, te mereces un excep.