Te conteré un cuento que habla de una mano. Una mano que ansiaba ser besada pero que al no tener ojos no podía encontrar unos labios que la besaran… Un día llegó una princesa a su mundo y la mano quiso sus labios y se puso sobre la piel de esta bella doncella. La palpó y pudo comprobar que se había posado sobre una piel fuerte y tersa, había cinco deditos, pero no eran como los dedos que componían su mano, pensaba que estaba perdida pero se dio cuenta que estaba acariciando la tersa y fuerte piel de un pie amoroso y suave.
Continuó hacia arriba porque, si alguna cosa había aprendido era que la cabeza estaba en lo más alto del cuerpo y ahí, en la cara, encontraría esos ansiados labios, muy por encima de los pies. Tenía que arriesgarse a hacer aquel peligroso viaje que la llevaría hasta sus queridos labios.Pasaron segundos y más segundos, parecía que el viaje no se acabaría jamás, fue hacia arriba y pudo notar como la piel fina y suave de las piernas se erizaba al paso de las yemas de sus dedos. La estaba acariciando con todo el amor que podìa darle… Notaba que la piel de su princesa era especial Continuó hacia arriba, pasando por una rodilla, la parte trasera de la misma era muy sensible a los dedos de su mano. La mano estaba muy agradecida por la bienvenida que le dio la parte posterior de la rodilla… todavía recordaba como se retorcía de cosquillas aquella preciosa, esbelta y curvilínea pierna… Era maravillosa.
Continuó su peligrosísimo camino hacia el norte… Atravesó una de las zonas más peligrosas de la anatomía femenina, pero todavía, aquella mano, desconocía los auténticos peligros que le esperaban… Llegó a la entrepierna, una zona también muy sensible donde se entretuvo…La pobre mano se pensó que se trataba de las mejillas de su princesa. Tenía un tacto suave y ya podía notar la humedad de unos labios que ansiaba besar, lo que no sabía la pobre y ciega mano era que no se trataba de unos labios…
Acarició con un especial cariño aquella entrepierna como si de las mejillas de su queridísima doncella se tratara… Las miró de forma inusitada y se fue en busca de su beso… Encontró fuego en esos labios… estaban húmedos como nunca se hubiera esperado aquella pobre mano… Pensaba que los labios de una princesa no podían estar tan húmedos y temió que ya hubieran besado a algún otro caballero… Tenía miedo pues quería ser ella, aquella pobre mano quien fuera la primera parte del cuerpo de su amo en ser besada, pero aquella humedad le hizo ver queno era así…Aun y así decidió ser valiente y surcar aquellos labios, acariciarlos, dejarse besar por ellos, notar su calidez, una calidez que parecía un infierno, notar su humedad entre los dedos que la formaban… Fue tan especial… Tampoco tenía la mano el sentido del gusto y no pudo disfrutar de los jugos que le brindaban aquellos labios… Pero todavía no sabía que no la estaban besando… Pobre mano…
Entonces, una vez satisfecha la mano quiso agradecer tan maravilloso, húmedo y tierno beso acariciando de forma dulce y agradable aquella bonita nariz que tenía su princesa…. Surcó aquel rostro, pero se dio cuenta que no era una nariz lo que tocaba si no un pequeño y cuidado bosque de fuerte y bien arraigado bello… La mano se asustó porque recordó la anatomía femenina y se dio cuenta que no eran unos labios cualesquiera los que la habían besado, si no unos labios de un sexo maravilloso y majestuoso y que la humedad que sentía no era más que la excitación de su princesa en cada una de las caricias de sus dedos, en cada pasada de las yemas de sus juguetes alargados… Una mano que había estado jugando, sin darse cuenta, con el sexo de su doncella… Fue entonces cuando la pobre y triste mano decidió buscar aquello que había ido a buscar, el beso de su amada…Continuó hacia arriba y se dio cuenta de la suavidad de la piel de su querida, la mano surcó una gran explanada donde nada más encontró un agujerito donde se paró como si de un oasis se tratara… Lo acarició, le hizo cosquillas, sabía que era una de las zonas más sensibles de su amada, pero no se entretubo demasiado porque estaba oscureciendo y en las montañas del norte había unos peligros contra los que nunca se había enfrentado y menos una única y temerosa mano…
Continuó, su avance era lento, los segundos iban cayendo, eran eternos, casi minutos larguísimos y llegó al pie de las montañas… Se enfrentaba a uno de los peligros más grandes que aguardan en el cuerpo de una mujer: sus pechos….Era peligroso porque cada pecho era un mundo, unos querían ser escalados suavemente, sin hacer ruido y solamente tocados por las yemas de los dedos, otros querían ser escalados con piolets, ser arañados… Otros necesitaban ser escalados con pequeñas ventosas, como si las pequeñas succiones pudieran ayudar a los dedos de una mano a escalar aquellos montículos de la anatomía de una mujer… Estos montes alos que se enfrentaba la mano eran suaves, como todo el cuerpo de su princesa, eran firmes y estaban coronados por un majestuoso pezón que pedía ser coronado por la mano, temerosa…
La escalada comenzó de una forma lenta y cuidadosa. Eran unos pechos que querían ser mimados, cuidados, querían notar la calidez de los dedos y de la mano deslizándose por su piel. Fue una dura ascensión, fue una lástima que la mano fuera ciega porque habían unas maravillosas vistas desde la cima de aquel pezón que coronaba el pecho. Un pezón fino y simpático que daba la bienvenida a todos los escaladores… Entonces llegó la diversión del rápido descenso…La mano bajó deslizándose sobre sus dedos, acariciando toda la piel a su paso, fue un rápido pero cariñoso y no menos peligroso descenso… Hasta que la mano llegó a un fino y terso cuello.
Acarició tiernamente ese cuello haciendo una ardua ascensión hasta una barbilla nada pronuncidada pero dura de ascender por la inclinación… La mano estuvo un buen rato pero una vez coronado este nuevo puerto de montaña supo que su ansiado beso estaba cerca…Continuó un poco más, ya era totalmente de noche… pero al fin estaba sobre sus labios, unos labios sueves, tiernos, rojos, con una ligera rugosidad que le recordaba a una fresa silvestre… muertos de deseo por besar… la mano se posó sobre los labios y se dejó besar… Eran unos labios calientes, pero no el invierno de antes, eran unos labios húmedos, pero con una humedad cariñosa para no ser ásperos… La mano agradeció aquel beso con una pequña caricia en la nariz y continuó hacia arriba hasta su frente…
Allí se entretuvo un ratito hasta que llegó a su cabello, al cabello de su princesa donde dejó que se perdieran sus dedos en un suave masaje que hizo que su princesa se fuera durmiendo…Buenas noches Princesa…
06.09.2005 00:38
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30.04.2005 12:15
Me ha encantado todo el recorrido, a costado llegar a la meta pero tanto camino como la meta merecen la pena....precioso. Un beso a esa mano
23.10.2004 19:25
Vaya, me ha gustado, un poco largo para mi gusto, pero está muy bien. Sin caer en obscenidades. Un saludo