Nelson sí fue derrotado. Chúpate esa, perro inglés.

5  12.10.2010

Ventajas:
Recordar un trocito de historia

Desventajas:
El olvido

Recomendable: Sí 

MorenoSister

Sobre mí: "Nunca dejes de sonreir, ni siquiera cuando estés triste, porque nunca sabes quién se puede ena...

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Los ingleses tienen una eficacia que roza con lo sublime para borrar y olvidar sus páginas históricas más penosas y las derrotas militares, especialmente si fueron humillantes a sus ojos. Leyendo hace un rato una opi de Pedroemilio sobre un libro acerca de corsarios ingleses, me acordaba de ello por enésima vez. Eso sí, las victorias nos las restriegan por los morros a la primera ocasión. Y como los españoles tenemos la maldita costumbre de acomplejarnos en estos temas, no sólo parece que nos regodeamos de nuestras derrotas, justificando que nos diesen por todas partes y de todos los colores, sino que, además, sumergimos en un olvido vergonzoso nuestras grandes hazañas y a nuestros grandes héroes. Incluso algunos historiadores los tildan de reaccionarios con sed de sangre. Unos fachas prepotentes todos, que lo saben ellos de buena tinta. Pero ejercen de palmeros babeantes ante las gestas de los ejércitos franceses, ingleses, prusianos y hasta de Gengis Khan. Claro, éstos son valientes, los nuestros unos genocidas exterminadores que arrasaron el mundo conocido a sangre y fuego. Esas cosas me ponen de muy mal humor y me indignan sobremanera.

Habría que ver qué hubiese ocurrido si los anglosajones hubiesen sido los descubridores y conquistadores de América. Bueno, se ve en lo que ha pasado históricamente de México hacia arriba. ¿Qué queda de las poblaciones autóctonas de Estados Unidos, aparte de los que tienen metidos en reservas? ¿Qué fue de culturas tan fascinantes como las de los indios Puebla, que fueron masacrados sin piedad y a culatazos para no gastar munición? Los españoles cometimos muchas tropelías en América, ahí están para la historia, pero la población no fue exterminada, se siguen manteniendo sus lenguas, sus costumbres, sus monumentos. Incluso parece que se nos ha olvidado que en 1549 se fundó en Lima la primera universidad de América en la que desde el principio se permitió estudiar a la población autóctona. Igualito que los indios de Norteamérica.

Toda esta introducción, casi un desahogo, la traigo a colación de lo que pretendo contaros hoy. Ya conocéis mi pasión por la historia y por las grandes batallas que incluyen navíos de línea, cañonazos y gestas heroicas y la opi de Pedroemilio me ha hecho recordar que en los libros de texto ingleses se dice que Sir Horacio Nelson no fue derrotado jamás. Y un cuerno. A Nelson le dieron las suyas y las de un bombero en Tenerife, cuando se presentó allí con parte de la Royal Navy dispuesto a saquear y hacer capitular a la ciudad, que se rendiría enseguida porque al fin y al cabo estaba poblada de “sucios españoles”. Pues los “sucios españoles” le mandaron de vuelta a Inglaterra con una humillante derrota en el bolsillo y un brazo menos.

Fotos de Por la letra N
  • Por la letra N Nelson herido antes del desembarco
  • Por la letra N El cañón Tigre
  • Por la letra N Cuadro de la batalla
Por la letra N Nelson herido antes del desembarco
Nelson herido antes del desembarco
Con un par.

ANTECEDENTES DE LA BATALLA DE TENERIFE

En 1797 la escuadra española había sido derrotada por la inglesa en San Vicente, mandada por John Jervis. El problema para los ingleses es que esa victoria no les había acarreado ganancias económicas y la tropa estaba algo desanimada. Para tratar de conseguir algo mejor, navegan hasta Cádiz y lo bloquean por mar con la idea de atacar el tráfico mercante. Pero allí estaba el almirante Mazarredo, de quien quizá os hable en otra ocasión, que organizó una flotilla de lanchas cañoneras que hostigó sin descanso a los ingleses, ya que contaban con mayor movilidad, conocían muy bien el “terreno” y usaban la noche para causar más daño. Los ingleses de vieron forzados a irse retirando cada vez más de la costa, por lo que el bloqueo dejó de ser eficaz. Hubo casos serios de insubordinación en las tripulaciones, desmoralizadas por las condiciones y el tiempo que llevaban en la mar. Jervis consideró que era momento de un golpe de audacia.

Oportunista, como la mayoría de los capitanes de navío ingleses, tras enterarse de que los buques con los metales preciosos de las Indias se estaban desembarcando en Tenerife por el bloqueo de Cádiz, mando a dos de sus fragatas a investigar. Los resultados le causan gran optimismo: las fragatas apresan a otra española de la Compañía de Filipinas y a una corbeta corsaria francesa. Y ni corto ni perezoso planea organizar un ataque anfibio contra la ciudad. El encargado de la misión seria el entonces contraalmirante Nelson, que parte rumbo a Tenerife el 14 de julio de 1797 con cuatro navíos de línea (Theseus, Culloden, Zealous y Leander), tres fragatas (Seahorse, Emerald y Terpsícore), el cutter Fox y una bombardera llamada Rayo. En total llevaban 393 cañones y 3.700 hombres armados hasta los dientes y muy motivados.

EL ATAQUE

Tenerife estaba bajo el mando del capitán general de Canarias, el teniente general Gutierrez, que organizó una defensa muy eficaz a pesar de contar con menos hombres. Gutierrez tenía un gran historial militar y ya había derrotado a los ingleses en dos ocasiones anteriores, en las Malvinas y en Menorca, por lo que conocía un poco sus estrategias. El 17 de julio Nelson convoca a los capitanes para preparar el asalto, consistente en acercar lo más posible a las fragatas a la costa aprovechando la oscuridad y desembarcar las tropas, que atacarían las partes altas de la ciudad y las baterías del nordeste. En ese momento, la bombardera Rayo abriría fuego contra la ciudad con sus morteros buscando hacer el mayor daño posible para permitir a Nelson mandar un ultimátum: o se le entregaban los buques mercantes que se encontraban fondeados en el puerto con toda su carga y tesoros o la ciudad sería destruida. Nelson y sus capitanes se las prometían muy felices.

La noche del 21 al 22 de julio se pone el plan en marcha. Pero para sorpresa de los ingleses, que desconocían por completo el comportamiento del mar en esa zona, las fuertes corrientes impiden que las fragatas se acerquen demasiado a la costa. El ir y venir de los buques acaba por encender las alarmas de la ciudad, por lo que el factor sorpresa se pierde por completo. Para colmo no se podía llevar a cabo un bombardeo naval, porque los navíos de línea están muy lejos y las fragatas no iban armadas con cañones de tiro curvo, los válidos para estos casos. Las dos formaciones de botes que habían sido fletadas desde las fragatas inglesas, en vista de que las condiciones meteorológicas empeoran cada vez más, deben abortar el desembarco y volver a sus buques de referencia, aunque algunas zozobran y se hunden.

Ya por la mañana del día 22 algunos botes fondean cerca del barranco del Bufadero, desembarcando 1.000 hombres en condiciones penosas ya que desconocían por completo la orografía de la zona y los soldados ingleses estaban literalmente reventados por la noche terrible y por cargar con toda la artillería a cuestas. Las fuerzas defensoras enviadas por Gutierrez al risco de Altura frenan a los británicos, pero el general teme el desembarco de más hombres y ordena que se consigan milicianos civiles en La Laguna para cortar el avance enemigo, cosa que se cumple con gran celeridad. Tras casi dos días de tremendo intercambio de disparos de fusil y cañón, el 23 de julio Nelson ordena desde su buque insignia la retirada de la zona para dirigirse navegando hasta el barranco Hondo y de la Candelaria y probar desde allí. Pero Gutierrez se vuelve a adelantar a Nelson y coloca fuerzas en Santa Cruz, desplegando las mejor adiestradas en el Castillo de San Cristóbal y dejando un batallón en reserva por si las cosas venían mal dadas. Este constante movimiento de tropas españolas por la costa desconcierta aún más a los ingleses, porque parecía que hubiera muchos más defensores.

Nelson, ya bastante desesperado, reúne a sus capitanes y, tras reconocer que ha fracasado su estrategia estrepitosamente, les comunica que ha decidido un asalto directo a Santa Cruz por la noche, por el centro y directos al Castillo de San Cristóbal. El mismo conduciría uno de los grupos a pesar de saber el grave peligro al que exponía a sus tropas si se quedaban sin comandante. Lograron llegar a unos 300 metros de la costa pero son descubiertos por la fragata española San José y empieza el combate, que se va a desarrollar en cinco frentes distintos. Pero los primeros ingleses que llegan a las playas se habían equivocado de sitio, la munición está mojada por las olas y habían perdido las escaleras de mano para escalar. Al resto de ingleses les sorprende un nutrido fuego de las baterías españolas desde los puestos elevados, que abrían fuego con proyectiles, metralla y fusilería y acaban por hundir el cutter Fox. En los escritos de los propios británicos se reconoce que aquello era “como si se hubiese abierto el mismo infierno”. Antes de poder desembarcar, Nelson ve cómo su codo derecho queda destrozado por la metralla y el capitán Bowen muere en el acto.

La víspera del ataque se había abierto una tronera en el muro del Castillo de San Cristóbal, colocando un cañón a baja altura que dificultase con sus disparos el desembarco inglés. La tradición cuenta que ese cañón, bautizado como Tigre, fue el que hirió a Nelson, pero es algo que no se ha podido demostrar nunca.
Tras intentar tomar sin éxito el Castillo de San Cristóbal, el capitán Troubridge, muy arrogante, le envía a Gutierrez un mensaje que le insta a rendirse. Obviamente Gutierrez rechaza categóricamente tal cosa y redobla los esfuerzos de la defensa. Un regimiento y un batallón hacen una maniobra envolvente y rodean por completo a los atacantes, impidiendo su avance. Nelson, al que han debido amputar el brazo, intenta reforzar el ataque con más botes, pero las baterías costeras hunden a las que van en cabeza y han de retirarse a los buques. Troubridge vuelve a enviar un ridículo mensaje exigiendo la rendición de Gutierrez pero al darse cuenta de la triste realidad manda que se solicite parlamentar con él. Gutierrez, que a pesar de estar padeciendo una crisis asmática terrible que le impedía hasta casi hablar y bajo la que había organizado toda la defensa, acepta la capitulación de los ingleses, permitiendo que los heridos y prisioneros fuesen devueltos y pudiesen reembarcar en sus buques.

No tuvieron los españoles muchas bajas, apenas 30 muertos y 40 heridos por 228 muertos y 129 heridos de los ingleses. Fue un buen desquite por la derrota de San Vicente. Posteriormente Nelson se enfadaría terriblemente con el Almirantazgo inglés porque se negaron a colocar una placa o hacer siquiera una mención en memoria del capitán Bowen, muerto a su lado en combate. El Almirantazgo le respondió que “nose hacía homenajes a los que habían protagonizado un hecho desafortunado a las armas británicas”. He aquí una explicación a lo bien que esconden los ingleses sus derrotas.

En el Museo Militar de Almeida, donde se exhiben los objetos y documentos más destacados relacionados con la épica jornada del 25 de julio de 1797 en Santa Cruz de Tenerife, ocupa un lugar principal un cañón de bronce, fundido en Sevilla en el año 1768. Su nombre es Tigre. Está perfectamente conservado y en condiciones de hacer fuego, por si a algún inglés se le ocurre volver a asomarse por allí.
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MARUJITACOTORREA

MARUJITACOTORREA

29.02.2012 00:51

No es tan mala idea eso de no recordar los fracasos, es más sano para la mente que estar continuamente recordandolos , que es una manía muy española. Me gusta mucho la historia pero siempre me ha costado tragar la historia de España, mal contada en esa manía de contar los fracasos con más detenimiento que las victorias, ese maldito espíritu de El Quijote que nos invade. Será por esa memoria selectiva que los ingleses aún conservan su Imperio, aunque solo sea de forma testimonial y España es vista aún por muchos solo por historias oscuras y tristes. Tampoco los historiadores patrios han puesto mucho interés en desfacer el entuerto, menos mal que estás tú para poner las cosasen su sitio, OLE!

La_cara_oculta

La_cara_oculta

27.11.2010 21:40

Qué maravilla de opinión, me encanta la historia y la historia bélica y de Inglaterra opino lo mismo que los franceses, es la perfide Albion. Yo opino lo mismo que tú de las reservas indias de nortemérica, es algo vergonzoso como los llevan al alcoholismo, como los degradan aunque eso no se dice, claro que no, está claro que ni los españoles ni los portugueses fuimos unos santos pero yo estoy convencida de que tiene que ver con el puritanismo anglosajón. Sobre Nelson, bueno, los ingleses están convencidos de que la marina inglesa del XVIII era la mejor del mundo, ellos son expertos en borrar lo que no les interesa y los españoles somos expertos en recordar solo los hechos negros de nuestra historia. Así nos va. Besos.

barre1968

barre1968

26.10.2010 22:45

Te voy a poner otra de la época, en la que le dimos a la Pérfida su merecido "La guerra de la oreja de Jenkins". Pon esto en el google que algo te aparecerá. No te la cuento, así es mejor. Besos.

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