P. ROBERTO,

5  02.02.2008 (04.02.2008)

Ventajas:
FUÉ PERO NO ES

Desventajas:
EVOLUCIONÓ

Recomendable: Sí 

instintobueno

Sobre mí: Si algo nos queda en el camino de la vida, es la esencia de ella misma en cada instante. ¿la sientes...

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TERCERA ENTREGA

TODA vida tiene un pasado, un pasado lleno de mil aromas distintos, no todos son recordados, ni son exactos, ni precisos, ni siquiera son del todo ciertos.

Pero es lo que somos, recuerdos, para seguir avanzando, para poder definirnos, para ser quienes somos pues estamos hechos por nuestro aprendizaje, nuestras conclusiones, nuestros pasos en esta vida, forjandonos con una única y propia esencia que nos hace, que nos crea. Y todo a base de recuerdos.

A veces, estos recuerdos son falsos, ya sea por iniciativa propia o por aquellos que viajan con nosotros en nuestro tiempo, a veces nos engañamos en pos de una busqueda, otras somos engañados por nuestra alma que, sin aun poder determinar una descripción exacta de lo que es en realidad, deja estas debiles huellas por determinación propia, quizás para que no suframos, quizás para poder seguir adelante o puede que con algún fin aún desconocido.

Si basamos nuestras acciones, nuestras decisiones, nuestro camino en los recuerdos que aún impulsa nuestra andanza en este mundo estaremos condenados a errar en aquella conquista del final propuesto.

ROBERTO se disponía a llevar el coche en dirección a su casa.

Deseaba encontrar a su querida Alicia semidesnuda, esperando... quizás en el baño, cuan suntuosa esfinge de sensualidad, puro deseo que sólo estas dos almas habían logrado preservar entre tanto desaliento, latente reinado en sus pasadas vidas.

Saboreó en su fantasía , falsas y eróticas imágenes que jamás llegarían a suceder. Ni siquiera volverían a aparecer en sus sueños, ni en sus pensamientos, ni nunca recordaría haber sentido lo que ese instante de ensoñación le otorgó como regalo único mientras conducía camino al hogar.

Tiempo después se le conocería como uno de los participes de las desgracias más sanguinarias que, en los años noventa, la historia tuvo en gracia registrar.

Roberto, ignorante de su papel en este terrible acontecimiento que pronto sucedería, se dispuso a estacionar en un mirador. El teléfono sonaba, con una peculiar melodía árabe.

Lo primero que pensó es que se trataba de Shantia. ¿Por qué había aparecido esa mujer entrometiéndose en su vida? ¿Cómo pudo haberlo permitido? Una cierta ira le envolvió mientras que, sin percatarse, comenzaba a comprender, a través de sus recuerdos desgranados y ahora, siendo pasado, vergonzosos, por qué ella había logrado conquistar casi todo su pensamiento de un tiempo a ese instante, a pesar de que aún sentía, sin remedio, un profundo e intenso amor por Alicia.

Alicia y Roberto llevaban más de cuatro años viviendo juntos y casi otros cuatro de un noviazgo pasional y arrasador... tan hermoso que dejaba atrás cuanta felicidad se pueda lograr a través de los mil caminos del amor.

Se habían conocido de forma fortuita en una discoteca, en un conocido pueblo costero del suroeste español... un loco fin de semana que cambiaría sus destinos, condenados tiempo atrás a una búsqueda constante de aquel amor que nunca llega.

Feliz fortuna que, cuan tierra a la vista, ilumina el camino cuando se encontraban inmersos en las tinieblas de un obscuro océano sin salida, en pasmosa quietud, con las velas de sus almas tristemente desgarradas, ya que en su juventud casi se habían consumido.

Las primeras copas los acercaron, sonrisa a sonrisa se fundieron en un circulo que hacía imposible volver a su grupo particular de amigos, que, con profundo respeto, dejaron crecer lo que condenado quizás estaba a encontrar su destino.

En verdad ellos fueron los únicos que llegaron a entenderse, en una noche, tan íntimamente entre ambos grupos de amigos. Parecían hechos el uno para el otro, casi se leía a gigantescas letras mientras sonreían, ya como idiotas casi al presentarse.

La noche, las estrellas, el mar y ellos caminando… inolvidables recuerdos, más de cien o de mil, o de tantos como tiempo tengas para recordarlos, que perdurarían para siempre, siempre juntos, en profundo abrazo, viendo pasar su tiempo, amándose con la desesperación enfermiza de aquel que sabe que, si se suelta, cae a ese abismo el cual nunca tuvo que haber contemplado.

Los días se dejaron llevar por el compás de este armonioso mundo, corrieron, no mucho pero no pararon... lo que ellos fueron, eran, sintieron, tenían... era tan hermoso que jamás podría el tiempo, ni el espacio, ni los glaciales más temibles enfriar, ni calmar siquiera.

Al menos así lo creyeron, agarrándose con profunda necesidad a ese pensamiento, durante un determinado tiempo.


Pero ese tiempo terminó, dando lugar a otros pasos, otro camino... la cosa fue, sutil pero acompañada con la cruda realidad, aquella que te enseña sin color la absoluta certeza de perder, sin remedio, cada pasado envolviéndolo en siniestros recuerdos, deformados por cada alma, a su antojo y sin seguridad alguna de haber existido.

Ya no vieron las mismas cosas cuando sus ojos posaban los mismos lugares, la visión que un suceso feliz nos otorga determina nuestros pensamientos, nuestros corazones, nuestros deseos en un momento dado. Pero ya no sonreían, ya, ni siquiera un pasado en común complacía la necesidad humana de ser únicos, especiales, perfectos, sin competencia en sus anhelos, es fácil encontrar jóvenes almas felices.

Que decir respecto a cuando tuvieron sus primeros roces, de pareja, discusiones y diferencias... pequeñas murallas que, quizás no fueran demasiado gruesas, ni altas, ni duras pero si con ansia de crecer, gobernar el raciocinio y separar para siempre lo que esas dos almas nunca hubieran permitido, en su escondida pura esencia, que sucediera.

No fueron demasiados, ni grandes batallas se libraron en aquel hogar, pero si se apagaron las luces, la penumbra apareció cuan regalo después de mil días sin noche alguna. Acogieron a este nuevo compañero, sentimiento diferente pero gratificador que permitía seguir caminando en este mundo que, a cual acierto, mil dolores y desgarradores sufrimientos supone avanzar hacia cualquier destino.

Cuando una luz se apaga no lo hace instantáneamente, ni homogéneamente. Todo depende del lugar, de la luminosidad exterior, del espacio en el que se encuentra, en el tiempo en el que ocurre... Sin que perdieran oportunidad fueron encontrando sin fin de obscuridades diferentes, no pudiendo distinguir si el silencio entre semanas fuera peor que un olvidado recuerdo de aquel roce de piel que tan gratamente les uniera en un pasado.

Tantos colores tienen un cuadro como puedas robarles, arrebatarles. En este caso hubo un guiño en el rió del destino, un frágil brillo de luz que iluminó por un tiempo este hogar que tanto lo necesitaba, aunque nunca se sabrá bien si fue por gracia de alma buena o perversa ya que entregó una apaciguadora paz en un momento ya apenas insostenible, que fue gratamente acogida y elogiada con la ignorancia de que meses después encontrarían sin esperarlo con que la honda de su felicidad traspasaba sin remedio a otros lugares, a otros territorios inhóspitos, a otros seres despiadado desesperados con el único fin de arrancar lo que desconocen aun a costa de destrozar cuanto encontraron, por siquiera oportunidad alguna de lograr algo más bello o al menos diferente de lo que en ese instante poseen.

Ella era maestra, en un colegio cercano, entregaba sus esfuerzos, que no eran escasos, en hacer de aquella guardería un lugar hermoso donde los niños encontraran el vértice de su camino, aunque incierto, bien es verdad que no existía por aquellos lugares un lugar mejor donde empezar a caminar.

El trabajaba en un despacho de abogados, hacía ya algunos años, había logrado encontrar la sintonía en su trabajo, con sus compañeros, con su vida. Apenas dedicaba una hora de su tiempo, en cada día para lograr cubrir lo que se le exigía, dada su antigüedad y su posición.

En estos tiempos inciertos en los que ahora se encontraban la paz había vuelto a levantar su velo y no dejaba entrar alteración alguna. Ya no tenían diferencias, ni se peleaban, ni siquiera discutían por aquellos pasados revueltos que, sin dejarse amedrentar, resolvían aparecer de tanto en tanto para enturbiar esa tenue calma en la que se habían aposentado.

Se levantaban muy temprano entre semana, cuan rutina se enlazaban en graciosos movimientos bailarines que terminaban en la cocina, ya vestidos con sus prendas elegidas, desayunando entre palabras obligadas para la saciar la necesidad del momento.

Se despedían con un gesto mecánico y raudos cada uno salía con sus cosas, sin mirar atrás, sin recordar siquiera cuanto habían perdido, qué no habían hecho, cuanto habían olvidado.

Pero habían evolucionado, cuan reptiles adaptándose a un medio no elegido adecuaron sus necesidades, sus movimientos y su perspectiva a la situación en la que se encontraban, olvidando más por necesidad que por deseo lo que en otros años fueron, pasaron o heridas en su corazón palpitaran sangrando eternamente por dolores incurables.

En los horarios apenas coincidían, y, cuando en la noche se encontraban tenían hábitos un tanto distintos y tampoco podían pasar el tiempo junto. Cruel destino pudiera en principio parecer, pero en verdad que agradecían, aunque en silencio, aquellos momentos en los que, sin saberlo mutuamente, ambos soñaban con mundos distintos, aunque nunca fueron capaces de hacerlos realidad.

También es verdad que de vez en cuando salían con sus amigos, aquellos pocos que mantenían entre la discreción y la entereza la vida de esa amistad. ¡Entonces sí que recuperaban un tanto su mutua entrega!… era el recuerdo, elegido, perfecto, representando en un solo sentimiento cuanta felicidad pudieras desear y acumular en un solo instante. Aunque solía durar eso… un instante.

Pero recargaba, entregaba una fuerza en su interior, una iluminación hacia el entendimiento… en esos días entendían el amor como eso, efímero sentimiento cambiante a cada pensamiento que dedicas a comprenderlo, sólo vive cuanto quiere, como quiere, desaparece y no vuelve, o si, o visita cuan cigüeña al tiempo que llega la necesidad… aquel que crea que ha conseguido controlarlo, tenerlo a su voluntad, ha sido engañado, en la mayoría por este.

Roberto recordaba que cuando se volvían a encontrar, era como empezar de cero y charlaban, entre copas y ecos de risas, ahogadas palabras de aquello que fueron, que eran, que ocultos estaban entre marañas de injustificadas razones, hasta la madrugada, hasta la noche, de otro día, quizás en algún hotel, celebrando aquello que no pudieron entre silencios, pero que ahora recordaban y deseaban otorgarse.

Divinos momentos, casi, a veces, tan buenos como fueron los que originaron todo lo que acontece, llenos de una calida y ciega unión absolutamente incomprensible para cualquier ajeno a sus millones de horas de entrega mutua.

Pero lo que en principio fuese unos momentos puntuales, fue alargándose por carencias importantes de interés o de tiempo o quizás de esfuerzo. El caso es que los años no pasaron solos, vivieron con la fuerza de unos recuerdos poderosos, pero empezaron a olvidarse, mutuamente, de lo que eran en ese instante, de que existían en un mismo mundo.

Aún veía Roberto con absoluta claridad todos los instantes de aquel día, la puerta de su despacho se abrió de forma inesperada sobresaltándole por un instante, al ver quien aparecía ante él hizo que se le levantara una mueca de asombro, casi una sonrisa. Era un amigo, de aquellos de salvaje locura que siempre conquistaba cuanto corazón se proponía saciando la sed acuciante del placer que sólo la conquista de objetivos tan específicos como los que logró puede calmar, aunque no por mucho tiempo. Envidiado y respetado por los amigos, deseado por aquellas que topaban en su camino aquí, en el despacho se encontraba, quizás aún pudiera sacar esa espina que, aunque hasta ahora no se hubiese percatado, ahora notaba con pasmosa claridad tan cerca del corazón que apenas podía recordar sin sentir punzadas de un dolor casi olvidado.

Demostró ser un buen amigo, de aquellos de era dorada, aquella donde la felicidad por doquier encuentras a tu paso, para hacer más suaves tus pisadas, tu camino.

Hablándole en voz suave y persuasiva, contándole asuntos, pidiéndole ayuda, otorgándole sonrisas por conquistar su buen hacer.
Roberto siempre lo había envidiado, sin recato, sin reservas, siempre bromeaban con que algún día lograría que fuera al reves, que Julio le envidiara a él, aunque nunca fue más allá que unas risas ni Roberto logró su propósito.

Roberto, con seriedad miró a los ojos a lo que fuera aquel joven revoltoso que hacía estragos en las noches locas de antaño, amago una sonrisa y no pudo poner objeción alguna, dedicó varios días con una intensidad propia de su determinación a resolver lo que tanto enturbiaba la paz de su antiguo compañero de juegas.

Fue al día siguiente, en un club cercano cuando Julio pronuncio el nombre que tanto tiempo llevaba sin recordar, Shantia, una mujer que había logrado los anhelos y más profundos sueños de la mente aún un tanto viciosa de su amigo Julio, la noche fue alargándose a medida que el nombre de Shantia se repetía sin parar, entre alcohol y descripciones iluminó a Roberto una nueva musa por descubrir, tan sumamente deseable que ningún hombre jamás pudo contemplar sin desear hasta la última gota de su ser.

Roberto no dejaba de darle vueltas a ese nombre, lo vinculaba quizás a una profesora o una conocida de aquellos años de instituto, pero algo perturbaba sus recuerdos haciendo inalcanzable encontrar la exactitud, dejó llevarse sin remedio, como años atrás, al mundo donde los deseos convierten tu vida en una lucha sin cuartel por conquistar parcelas intimas que, a veces, otorgan la felicidad soñada.

Julio y Roberto se convirtieron en amigos inseparables, volvieron a salir de noche, con excusas apenas sostenibles pero sin necesidad de mantener, y una luz, diferente a cuantas había alumbrado el camino del joven, apareció para entregarle un destino, incierto igualmente, pero diferente al que llevaba antes de conocer a este redescubierto amigo.

Cuando apareció una noche en el club que frecuentaban con un portátil de última generación a Roberto se le aguó por un instante la noche, supuso que aún persistía el problema de la empresa de Julio y que pringaría toda la noche resolviendo cuestiones que sólo de día debieran ser planteados, pero no fue así.

La esencia de Shantia amenazaba con volver a su vida para hundirla en un abismo de terribles consecuencias… ¿Cómo imaginar un futuro tan desalentador?


Continúa el 19 de Febrero del 2008. (Gracias por vuestra paciencia y lecturas)
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Comentarios sobre esta opinión
Mayte_dalianegra

Mayte_dalianegra

01.08.2008 01:15

Una continuación inmejorable, me has dejado boquiabierta porque tu estilo es el de un narrrador profesional y lo digo con absoluta sinceridad. Además te tomas tu tiempo, esto no es un relato breve, sino parte de un capítulo de algo grande, de una novela. Para tu texto va la mejor de las notas. Un besote.

guantanamo

guantanamo

29.05.2008 23:39

Una buena opinión Saludos

john_andy

john_andy

19.03.2008 04:30

Siento que realmente disfrutas escribiendo, y eso nos llega a los lectores. ¿Quién es Shantia? Me preguntó cómo irrumpirá en la vida de tus protagonistas. Espero que no nos dejes mucho más tiempo en ascuas. Un abrazo.

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