ROMA, DELICIOSA Y BELLA II
29.08.2008
Ventajas:
Las mismas que puse en la primera parte
Desventajas:
Idem
Recomendable:
Sí
 dextrosa
Sobre mí:
www.unclickcontraelabandono.co m / Irene, tienes un corazón de oro.
usuario desde:19.07.2006
Opiniones:390
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Continuando con nuestro viaje a Roma, sigo contándoos la ruta que seguimos. No sabía como volver a poner una segunda opinión en el apartado "Roma", por lo visto no se puede repetir, así que lo añado a este apartado llamado "Por la letra R". Aún me falta la tercera y última parte que no sé donde la voy a publicar, pero bueno, ahora eso no me preocupa. Pongámonos manos a la obra...Día 3: Domingo El día anterior ya habíamos planificado más o menos la ruta que íbamos a seguir el domingo. Esa mañana cogimos un bus que nos llevó cerca del Castillo de Sant'Angelo o Mausoleo de Adriano, ya que desde el hotel era una buena distancia a paseo y el día se presentaba ajetreado. Una vez por la zona, cruzamos el famoso puente de Sant' Angelo lleno de estatuas a cada lado que representan a diez ángeles que sostienen los instrumentos de la Pasión, creados por Bernini y por si el conjunto no fuera bello, el río Tíber queda a nuestros pies. Una estampa realmente bonita. Una vez frente al Castillo, a lo lejos, se divisa la cúpula de San Pedro.Entramos gratis, ya que aún nos quedaba una "entrada gratuita" de la Roma Pass, aunque creo que el precio está alrededor de los 5.5 euros para aquellos que la paguéis. El Castillo la verdad es que enorme por dentro y por fuera, y entre las salas y los pasillos exteriores, se van un par de horas perfectamente para verlo todo. Se trata del Mausoleo de Adriano que posteriormente se convirtió en un edificio militar, de hecho en los patios internos podemos ver amontonadas bolas de los cañones. Su nombre actual, Castillo Sant' Angelo, proviene de la aparición del Arcángel San Miguel al papa Gregorio I. El Arcángel apareció sobre la cima del castillo envainando su espada, lo cual significaba el fin de la epidemia de peste que golpeó a la ciudad de Roma en el año 590. Lo mejor para mi gusto del castillo son las vistas que tiene, unas preciosas panorámicas de Roma, del Tíber, de la Cúpula de San Pedro… Sobre todo en la cima del castillo, donde se puede acceder por unas escaleras internas y donde una estatua de bronce del Arcángel San Miguel de Pierre van Verschaffelt, sobre un dibujo de Bernini, corona la cima del castillo. Allí hacía muchísimo calor porque el sol daba de lleno y cuidado al bajar las escaleras, que son bastante estrechas y una chica se cayó. Aparte, hay algunas salas interesantes, como la habitación del Papa, por ejemplo, donde no está permitido hacer fotos o los salones interiores. Hay un bar que queda en uno de los pasillos externos, a modo de terraza, con hojas que cubren a modo de techo y donde la verdad apetecía estar, pero cuidado, una cocacola la cobraban a 6 euros, demasiado cara teniendo en cuenta que en el patio de salida había una fuente con agua fresca y con muy buen sabor. Tras la visita al Castillo, anduvimos el puente de nuevo, pero esta vez en dirección contraria en busca del mercado del Campo di Fiori. Unos amigos nos habían dicho que es un mercado en el que se vende una fruta que tiene una pinta deliciosa, que está muy bien colocadita y luego allí te puedes sentar en una terracita a tomar algo. Andamos hasta llegar allí, pasando por callecitas de piedra y casas bajas, y nos quedamos un poco decepcionados cuando llegamos y no había mercado… No sé si es que no se celebra los domingos y nosotros pensamos que sí, el caso es que estuvimos por la plaza un rato y continuamos andando con muchas ganas de haberlo visto. Calor y más calor, eso sí. De pronto bajando por unas calles peatonales que quedaban detrás de Plaza Navona, más o menos, giramos la esquina y aparecemos en la Plaza de la Rotonda, y a la derecha, como si de una aparición se tratara aparece ante nuestros ojos el Panteón!!! No puedo deciros todo lo que me impactó, si la Fontana di Trevi me pareció grandiosa, el Panteón me pareció espectacular, fueron los dos sitios que más me gustaron sin lugar a dudas, ningún otro monumento me causó tanto asombro como estos dos. El Panteón de Agripa es un edificio increíble y además, escuchando la audioguía, aún impacta más conforme se conoce su historia. Si por fuera es de impresión, cuando penetras en el interior y ves ese agujero enorme en la cúpula y todo iluminado y lleno de columnas de hace muchísimos siglos, uno no puede sino admirarlo y disfrutarlo. Estuvimos sentados cerca de media hora en un banco, observándolo todo mientras escuchábamos la audioguía y hacíamos fotos. A partir del Renacimiento el panteón es utilizado como sede de la Academia de los Virtuosos de Roma, sirviendo de sepulcro a grandes artistas italianos como Rafael, el gran Rafael!! Y por otro lado, alberga la tumba de Vittorio Emmanuelle, como dije antes, primer rey de Italia. El panteón es un templo pagano, dedicado a todos los dioses, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.Es totalmente alucinante pensar que estamos pisando un suelo de hace tantísimos siglos, tocando unas columnas que llevan aguantando el peso de la bóveda durante cientos de años y ahí siguen, como si no les afectara el tiempo. Lo que más me llamó la atención fue percatarme de algo obvio y es que el óculo está abierto, claro y por él entra tanto el sol, como el agua de lluvia, aunque por ello el pavimento es ligeramente convexo, sin embargo no deja de asombrarme que se conserve tan bien su interior a pesar de las inclemencias del tiempo durante tantos siglos. Por supuesto, cuando salimos a la calle lo recorrimos alrededor fijándonos en los arcos "escondidos" que alberga y que hace posible que el peso de la bóveda y el friso aguanten año tras año. Dicen que cuando caiga el Panteón, caerá Roma y cuando Roma caiga, caerá el mundo. Con eso os digo todo. En la parte derecha del Panteón (visto desde enfrente), se encuentra la Plaza de Minerva, bueno en realidad no sé si se llama así, pero creo que había una pequeña iglesia que sí tiene ese nombre y en la plaza hay un obelisco que me resultó muy simpático porque se sitúa encima de un pequeño elefante de piedra. Yo me quedé tan sumamente impresionada que me sentía abrumada y feliz, aunque con hambre, jaja, ya que serían como las 15 horas y no habíamos dejado de andar durante toda la mañana, así que nos dirigimos hacia la misma calle por la que habíamos venido y nos sentamos en un pequeño bar donde servían pizzas al taglio y donde comimos como tres trozos cada uno, más las bebidas por poco más de 15 euros. Tras comer y volver a la Plaza de la Rotonda, atestada de gente por otra parte, ya que hay muchas mesas de restaurantes y cafeterías alrededor (si no recuerdo mal, justo enfrente del Panteón hay un Macdonald), nos dirigimos a la calle que quedaba a la derecha (si nos ponemos de espaldas al gran edificio), y recorrimos camino hasta llegar a la Fontana, que está apenas a unos metros. Nos acercamos de nuevo allí para contemplarla de día y de nuevo estaba abarrotada de gente, es impresionante! Nos hicimos unas cuantas fotos más aprovechando la nitidez y la luz del día y tras estar allí un rato, nos dirigimos hacia Plaza Barberini, pero antes de llegar no pudimos evitar la tentación de entrar en una heladería (donde también se podía comer) que estaba al lado de la plaza y tomarnos un granizado de limón. Allí descansamos un poco y tras un refrescante limón que nos supo a gloria bendita, hicimos unas fotos a la fuente de la Plaza Barberini, la Fuente del Tritón, de Bernini, aunque no fue fácil, ya que había un hombre bastante ido que no dejaba de gritar a todo el que se acercara. De ahí, cruzamos la calle y aparecimos en otra fuente con forma de concha y unos metros más adelante nos encontramos con la famosa "Cripta de los capuchinos", que unos amigos nos habían recomendado visitar. Para entrar a la cripta hay que dar la voluntad, pero tiene que ser mínimo un euro, de forma que es una voluntad relativa. Está prohibido hacer fotos (tanto con flash como sin él) y grabar con cámara. La cripta es un pasillo y a la derecha nos quedan las celdas. De verdad que es una de las visitas que más impacto me causó, si podéis buscar algunas fotos por Internet para comprobarlo, y es que todo está decorado con huesos humanos, todo! Las lámparas, las figuras en las paredes a modo de adorno hechas de hueso, en fin, es increíble. Luego, en cada celda, podemos ver los cuerpos de los monjes capuchinos, algunos esqueletizados, pero hay otros que todavía conservan algo de carne y es realmente impactante. Algunos están acostados, pero hay otros que están de pie y justo frente a nosotros, lo cual me dejó bastante pasmada. Además, de que las celdas están totalmente decoradas con huesos, pudiendo apreciar vértebras a modo de columnas, huesos pélvicos, mandíbulas, etc. En parte es un tanto desagradable, de hecho a mí me lo pareció bastante, y pensé que es incluso macabro, pero visto en la distancia, no puedo dejar de reconocer que es muy sorprendente y los elementos decorativos están tan bien hechos con los huesos que cuesta creer que sean de verdad. Además, la iluminación es más bien tenue, con muchas lámparas de aceite y velas y no huele mal, a pesar de todo, había un vago olor a incienso. Muchas de las celdas además tienen tumbas, con sus cruces clavadas sobre cada montículo de tierra. A la salida (o entrada, depende) estuvimos leyendo un poco la historia de los capuchinos, ya que está en varios idiomas, lo cual es de agradecer, y de quién son algunos de los cuerpos que se exhiben en las celdas. Os comento a modo de anécdota que uno de los cuerpos de la primera celda pertenece a una princesa que era sobrina de un monje capuchino. A todo eso, serían las 5 de la tarde y necesitábamos refrescarnos de verdad, así que esta vez cogimos el metro (la única vez; por cierto, nos sorprendió cuánto descienden las escaleras mecánicas, imagino que es bastante complicado en una ciudad como Roma excavar sin encontrarse con ruinas) que nos llevó hasta Termini y de ahí al hotel, donde pudimos ducharnos y descansar. Los planes para esa tarde eran ir al Trastevere y ver el barrio de noche, pero se truncaron porque cogimos un autobús sin tener mucha idea de donde paraba y nos bajamos en una parada equivocada que nos dejó en la Plaza de San Pedro, de forma que estuvimos paseando por ella y haciéndonos fotos. Me causó impresión, aunque de otro modo, estar allí, en esa plaza que tanto sale por la tele y tener enfrente la grandiosa Basílica de San Pedro, rodeada de columnas. Bajando por Via la Conciliazione, que me hacía mucha gracia ir paseando por esa calle, nos dirigimos a una parada de autobús para que nos llevara al famoso Trastevere, pero el autobús que debía venir era uno de estos que pasan cada tanto, de forma que estuvimos esperando cerca de media hora y decidimos dejar la visita para el día siguiente. En parte fue un chasco porque nos apetecía ver el ambiente del Trastevere de noche, pero bueno, al final no estuvo mal la noche. El caso es que nos dirigimos hacia la zona de la Fontana y Panteón buscando un sitio donde cenar, queríamos ir a un restaurante que nos habían recomendado y que yo había leído que está muy bien, pero no lo encontramos, algo que nos pareció raro porque pasamos por toda la calle fijándonos en todos los números, por lo que llegamos al famoso DaBaffeto, casi sin comerlo ni beberlo, y decidimos quedarnos allí. Serían las 21.30 aproximadamente, había bastante cola, lo que había leído era cierto y la mayoría eran italianos. Estuvimos esperando como 15 minutos hasta que nos llamaron. Avanzaba rápida. La verdad es que el da Baffetto viene a ser como un bar cutrecillo en España, pero con mucha fama, se nota que es antiguo, que tiene solera, como dirían. El restaurante hace esquina, en las paredes había luces de colores en plan luminosos y plantas que ascienden, la fachada es bastante vieja. Nos sentaron fuera, así que no os puedo comentar cómo es por dentro, pero por lo que vimos sí se ve que tiene sus años, de hecho el dueño era un viejecito que no dejaba de dar gritos para ir sentando a la gente. Empecemos a describir cómo fue nuestra experiencia en el da Baffetto, en primer lugar, nos sentaron fuera como he dicho, había mucha gente, así que lo hicieron fue sentarnos en una mesa de seis personas con un grupo de cuatro en el que iban dos parejas italianas. Reconozco que estábamos un tanto incómodos porque la noche anterior habíamos cenado en L'allegro Pachino y aunque estábamos casi pegados a la pareja de al lado, no estábamos en la misma mesa, algo que cambia bastante. Pero se notaba que no sólo nosotros estábamos regular, sino las dos parejas de jovencitos también. Al final nos relajamos, porque total no nos entendamos y para qué íbamos a estar mal… La verdad es que había leído bastantes buenas críticas sobre este sitio, pero reconozco que no me pareció nada del otro mundo, comimos una pizza cada uno, que recuerdo estaba rica, pero no más que otras que hubiéramos probado, de beber agua y cerveza y de postre un tiramisú, que fue lo mejor de toda la cena. A mí el tiramisú no me gusta mucho, pero este estaba delicioso, parecía natillas, me encantó. El total de la cuenta fueron 25 euros, no me pareció tan barato como había leído en páginas web, pero bueno, como experiencia no estuvo mal y el tiramisú mereció la pena. Además, destaco el pasotismo del camarero que nos atendió, nada amable, me tiró la pizza a la mesa, ya que no llegaba al estar nosotros situados al final de la mesa y pegados a una pared, el plato debía estar caliente y como la separación con las mesas de detrás y delante es mínima y no podía pasar, tuvo que "tirarla". Los vasos y cubiertos nos los dio para que nos lo colocásemos nosotros y no fue demasiado cortés en ningún momento, por no decir, que no lo fue. Así que sinceramente, el tiramisú lo mejor, pero en general, no recomendaría este sitio. Me parece caro para el servicio que ofreció en cuanto a atención, sobre todo. Esa noche, estuvimos dando una vuelta por la zona, nos dirigimos a Plaza Venecia donde estuvimos viendo el monumento a Vittorio Emmanuelle de noche, cubierto de pájaros que lo sobrevolaban, y es que si los monumentos son bellos de día, de noche tienen magia. Tras dar un pequeño paseo por la zona, decidimos ir hasta el Coliseo para verlo de noche también, de forma que cogimos un autobús que nos dejó a los pies del mismo. Es una maravilla poder apreciar tan inmensa obra de arquitectura en la oscuridad, evidentemente está iluminada, pero de una forma muy sutil. A mí me encantó, me parecía mucho más intenso y cercano, quizás al no poder apreciar todo su tamaño de golpe, como cuando nos impacta la vista siendo de día. Estuvimos dando un paseo por allí, había ambiente, sobre todo de gente joven y vendedores de rosas que se acercaban continuamente a las parejas, cuidado con estos que son unos pesados, te insisten hasta la saciedad y luego te ponen la rosa en la mano y vaya como se la cojas! Son iguales que las gitanas con las ramitas de romero… Además es que dices que no, y siguen, y así hasta que me harté y le "grité" al tío que no, y me dejó en paz, jaja. Hubo una cosa que me resultó muy curiosa y es que luego esperamos el autobús justo enfrente del Coliseo y yo decía: "Pero Dios, que tengo el Coliseo delante y estoy esperando el bus!!!", esa magia entre lo antiguo y lo moderno, no sé, me pareció una situación muy peculiar, de hecho pensé que la mayoría de los romanos estarían tan acostumbrados que estarán delante del mismo y como quien tiene un edificio cualquiera delante, oye. Con una sonrisa en los labios, decidimos dar un descanso al cuerpo y que mejor forma de hacerlo, que yéndonos a dormir. Mañana de nuevo estaremos aquí. Día 4: lunes A estas alturas teníamos ampollas en los pies e íbamos arrastrando el cansancio de los días anteriores. Habíamos planeado ir a pasar la mañana al Trastevere, pero antes, queríamos ir a visitar la catedral de Roma, y para eso nos dirigimos hacia la Plaza San Giovanni in Laterano o San Juan de Letrán. El nombre oficial es Archibasilica Sanctissimi Salvatoris, es la más antigua y la de rango más alto entre las cuatro basílicas mayores o papales de Roma, y tiene el título honorífico de "Omnium urbis et orbis ecclesiarum mater et caput" (madre y cabeza de toda las iglesias de la ciudad de Roma y de toda la tierra), por ser la sede episcopal del primado de todos los obispos, el Papa. Fue consagrada por el Papa San Silvestre I. Las otras tres basílicas mayores, todas caracterizadas por tener una Puerta Santa y un Altar Papal, son: la Basílica de San Pedro del Vaticano, la Basílica de San Pablo Extramuros y la Basílica de Santa María la Mayor. Anexo a la archibasílica hay un claustro con jardines y arquerías, y un palacio (el Palacio de Letrán), propiedad del Papa. Antiguamente, todo este complejo lateranense fue la sede del Papa y del gobierno eclesiástico, hasta el tiempo en que la corte pontificia se mudó a Aviñón (Francia), periodo conocido como Cautiverio de Babilonia. Al regresar los Papas a Roma, se establecieron en la colina vaticana, donde actualmente está la Santa Sede. Esto os lo copio tal cual de Wikipedia, porque es justo lo que nos contaba la audioguía. La verdad es que esta catedral es impresionante, enorme y tiene un baldaquino precioso, en la parte superior de éste se guardaban las cabezas de San Pedro y San Pablo, que ahora están resguardadas en la Basílica de San Pedro del Vaticano. Bajo el baldaquino, en el altar mayor, está enterrado el Papa Martín V bajo cuyo pontificado se abrió por primera vez la Puerta Santa en esta basílica.A mí me gustó especialmente, entendí porque se la considera la madre y cabeza de todas las iglesias de la ciudad de Roma y de toda la tierra, ya que es impresionante. Justo enfrente, saliendo de la catedral, encontramos el edificio que alberga la Scala Santa, el Sancta Sanctorum, conocida así por guardar en su interior alguna de las antiguas reliquias más apreciadas de la cristiandad, entre ellas las cabezas de los apóstoles san pedro y pablo, contenía también una veneradísima imagen del Salvador llamada "akeropita", es decir, "no pintada por mano de hombre", los historiadores auguran que esta capilla era el santuario más venerado de la Roma medieval, salvada por Sixto V. En el friso sobre el altar, el Papa hizo poner la inscripción "No hay lugar más santo en toda la Tierra". Otro elemento salvado de la destrucción y trasladado por el arquitecto Fontana a la pequeña basílica, fue la célebre Scala Santa, hoy sirve de acceso junto con dos escaleras más laterales a la capilla de los papas y es la que da nombre a todo el edificio. Algunos siguen identificando la Scala Santa como la escalera del pretorio de Pilatos en Jerusalén por donde Cristo subió varias veces el día de su pasión y que Santa Elena, la madre del emperador Constantino, mandó trasladar a Roma. Aunque esta tradición carece de fundamento histórico, los peregrinos suelen subir de rodillas sus 28 escalones al final de los cuales a través de unos barrotes se puede ver el Sancta Sanctorum con la venerada imagen "akeropita" del Salvador. Los escalones están protegidos por tablones de madera debido al desgaste continúo producido en el mármol por los numerosos de peregrinos que acuden a ella. Para aquellos que queramos subir sin hacerlo de rodillas, anexas a la Scala Santa, hay dos tramos de escaleras que suben hasta el altar también, como ya he dicho antes. El lugar está custodiado por los Pasionarios, de la orden de Santa Gema. Os añado una foto porqué me resultó muy curiosa esta visión. De allí nos fuimos en autobús hasta las Termas de Caracalla que vimos por fuera y no muy de cerca, y desde esa zona, nos fuimos directos al Trastevere. Al Trastevere no se puede llegar en autobús, así que éste nos deja en unas calles más o menos cercanas y de ahí ya vamos andando. La verdad es que se nota mucho el cambio cuando nos sumergimos en el barrio, ¿cambio en qué sentido? Pues en la tranquilidad, es una zona con mucho menos turismo, con muchísimos menos coches y de gente de toda la vida, con pequeñas tiendas de arreglos, que a la vez venden souvernirs, panaderías, casas y edificios añejos… Otra Roma. En el Trastevere vimos dos iglesias principales, la Basílica de Santa Cecilia y la Basílica de Santa María in Trastvere. La basílica de Santa Cecilia está situada en pleno barrio del Trastevere, y cuando apareces delante de su fachada no parece una iglesia como tal, parece algún edificio donde se albergue la sede de algo, el caso es que al entrar a través de sus puertas aparecemos en un patio decorado con columnas, jardines y una fuente con un cántaro en el centro. El color de la iglesia es blanco, muy pura también, en el pórtico está el escudo de armas y la dedicatoria del cardenal titular que financió la construcción de la fachada, Francesco Acquaviva d'Aragona. El interior de la basílica es pequeño, en vez de bancos hay sillas (aunque esto abundan en muchas otras, como Santa María la Mayor), al contrario que en el resto, apenas había nadie, cuatro personas y una monja anciana que se sentó en el altar. Precisamente en el altar se encuentra una escultura de un cuerpo que a simple vista nos sorprende (e incluso nos puede pasar desapercibida, sino reparamos demasiado en el altar), se trata de una escultura del autor Stefano Maderno, que según he leído fue modelada sobre el cuerpo de la propia Santa Cecilia cuando se abrió su tumba en 1595 y donde se aprecia la decapitación que sufrió, ya que alrededor del cuello se puede ver el corte en el cuello. Tras hacernos unas fotos allí y en el patio exterior, nos dirigimos con paso firme hacia la basílica de Santa María in Trastevere, la más importante de este barrio. Para llegar a ella pasamos por las calles típicas de la zona, adoquinadas, con casas adornadas con flores, restaurantes que ofrecen sus menús a los turistas, alguna tienda de souvenirs, con postales en sus puertas… El ambiente es muy sosegado, se nota que no estamos en el centro. Llegamos entonces a una plaza con una fuente en el centro, como no, que de lado parece adornada por ranas gigantes, aunque de cerca son similares a escudos. Justo frente a la fuente queda la basílica. Cuando penetramos en ella, nos llama la atención su techo de madera; en el altar, una imagen que me recordó a la famosa Santa Faz de Alicante, y en la nave de la izquierda (la basílica está dividida en tres naves), al final, nos encontramos con una escultura de San Antonio que me llamó mucho la atención porque estaba atestada de peticiones y oraciones. No sólo a los pies, sino en los propios brazos del santo y entre los huecos que quedan en sus brazos al coger al niño. Yo quise dejar una, a pesar de que no soy muy católica, pero no tenía lápiz ni papel y luego Alex no quiso volver…En Santa María in Trastevere hay bastante más gente que en la basílica de Santa Cecilia, pero no llega a ser la masificación que hay en otras iglesias del centro de la ciudad. Como podéis suponer, a esas horas ya nos moríamos de hambre, así que buscamos algún sitio por el barrio para comer. La oferta es bastante amplia, desde sitios baratos con comida para llevar, hasta restaurantes más "finos". Decidimos probar en uno (de este no recuerdo el nombre), que estaba muy bien situado, ya que daba a una placita semicircular que quedaba cerrada por casas. El restaurante tenía mesas en el exterior, quedaban un par libres para dos personas, si mal no recuerdo, y decidimos sentarnos en una. Se puede decir que fue el restaurante más fino al que fuimos durante nuestra permanencia allí. Os comento cosas sobre él, en primer lugar la mesa estaba cuesta abajo, no de manera significativa, pero si un poco como para que temiéramos porque se nos cayeran los vasos. Lo malo de los restaurante allí es que aprovechan al máximo al espacio, produciendo cierta incomodidad en ocasiones a los clientes, en nuestro caso no podíamos mover la mesa para enderezarla ni a un lado ni a otro, ya que a la derecha nos quedaba la pared y a la izquierda unos pocos centímetros hasta la mesa que estaba al lado y por ese mini pasillo era por donde debía moverse la camarera, con lo cual tuvimos que comer un poco torcidos. No es una gran desventaja, pero bueno, siempre se puede estar mejor. A esas alturas del viaje, aún no habíamos probado la famosa pasta italiana (sí la lasaña y la pizza, pero no la pasta en sí), de forma que decidimos que ya era hora, así que Alex pidió un plato de pasta a la matriciana y yo pedí pasta a la carbonara, que había leído que está deliciosa y es muy distinta a la que comemos aquí. Efectivamente, los dos platos nos gustaron mucho, yo casi recuerdo el sabor del mío, y eso que la carbonara no es una salsa que me guste especialmente. Pedimos para beber, agua y cerveza y aquí sí pedimos postre, en concreto unos profiteroles, que tenían un precio de 3 euros y que nos parecieron bastante baratos, pero claro, pensando en la cantidad que te ponen en España, allí nos pusieron sólo dos y claro, 3 euros por dos profiteroles sí me parece caro. Eso sí, estaban buenísimos, la cubierta de chocolate estaba para mojarse los dedos y llevaban también chocolate en polvo blanco. La comida en general nos gustó, sin embargo, la atención por parte de las camareras dejó mucho que desear y no salimos muy contentos de allí, en primer lugar, por lo que os comentaba de la mesa cuesta abajo donde estábamos, ya que la mesa de al lado (eran cuatro y habían juntado dos) se fueron, de forma que separaron las mesas, quedando una de tres y otra de dos más cercana a nosotros, con lo cual le pedimos a la camarera si podíamos cambiarnos y nos dijo que "un momento", sin embargo, desapareció y ya no nos dijo nada durante toda la comida, de forma que nos trajeron los platos y pensamos que ya no hacía falta. Por otra parte, cuando ya acabamos de comer, y pedimos la cuenta… menudo pasotismo! Estuvimos esperando media hora a que nos la trajeran y eso que la pedimos dos veces, pero nada, que las tías pasaban y no os creáis que estaban desbordadas, más bien al contrario, a todo esto, en la mesa de al lado, llegaron unos españoles y estuvieron la misma media hora esperando a que les tomaran nota. Alex y yo estábamos por irnos sin pagar, hasta que la camarera se dignó a traernos la ansiada cuenta, en total, unos 25 euros, más o menos, creo que nos cobraron el servicio de los cubiertos (2 euros), aunque esto es bastante típico.Tras comer, salimos del Trastevere en dirección a la Isla Tiberina, que queda al lado prácticamente, pasando a través del Ponte Fabricio. La isla es pequeñita, yo me imaginaba que era mucho más grande y el puente que la cruza es por tanto de corta longitud, sin embargo, no deja de ser curioso verla ahí en medio. En aquellos momentos decidimos tomarnos la tarde muy tranquilamente, dejándonos llevar, así que nos pusimos a andar y dimos de frente con la Fuente Taruga o fuente de las tortugas, muy curiosa, por cierto. No muy lejos de allí, paramos en un bar no demasiado turístico llamado "Bar Toto'dal 1890" y situada en Vía Portico D'Ottavia 2, donde nos tomamos dos capuchinos, los famosos capuchinos de Roma!! Realmente estaba delicioso y os lo dice una que no es nada amante del café. Ambos costaron 4 euros, nada caros. Estuvimos un rato sentados en una mesa situada en la calle, tranquilamente, sin agobios, charlando y disfrutando. Al final, las prisas por verlo todo te dejan machacado y nosotros no íbamos con esa intención (aunque lo parezca), por eso los dos últimos días nos relajamos y en muchos momentos nos dejábamos llevar. Tras un pequeño descanso, deambulamos hasta Torre Argentina, cerca de Plaza Venecia y de pronto me dice Alex: "¡Mira!", y yo que iba delante, me giro y veo un cartel que pone "Cat Sanctuary" en las propias ruinas romanas de Torre Argentina. Os cuento, el cartel estaba a la entrada de unas escaleras que bajaban hacia las propias ruinas, o eso parecía al principio, el caso es que bajamos y nos encontramos una mesa con varios artículos a la venta: tazas, monederos, figuras, relojes, etc, todo de gatos y a la derecha la entrada a una especie de casa, por la zona había muchos gatos durmiendo u observándonos, algunos se acercaban para que los acariciásemos y otros no invitaban a entrar a la casa propiamente dicha pasando ellos primero. Dentro de ésta, nos encontramos con más artículos a la venta y de mayor variedad y allí ya conocimos a varios voluntarios que se acercaron a nosotros en seguida y nos contaron un poco qué es "Cat Sanctuary", cuál es la labor que ellos desempeñan, la historia de alguno de los gatos que tienen allí, etc. Hablaban en inglés y ofrecen la posibilidad de hacer una pequeña ruta por las excavaciones de Torre Argentina en inglés también, a modo de guía. Os comento más detalladamente que dentro de la casa, digamos que en la entrada, están los artículos que hay a la venta y a la izquierda hay una pequeña sala cerrada donde nos permitieron la entrada, porque en todo momento fue gente muy amable y considerada. En esta sala hay gatos que están enfermos y no pueden estar sueltos por las ruinas, ya que no sobrevivirían, en la sala hay jaulas donde hay algunos gatos que están curándose de heridas o tienen algún problema de salud, más o menos, grave. Disponen de comederos, cuencos con agua, areneros y muchos juegos para que estén felices dentro de esa sala, ya que hay que tener en cuenta que esos gatitos no salen de allí. La verdad es que la labor de esta gente nos impresionó muchísimo, la simple visión de los gatos, cada uno con una historia y viéndolos allí felices, me dejó contenta por una lado, ya que hay gente que se preocupa por ellos, pero por otra parte mal, ya que había algunos enfermos con muy mala calidad de vida (a pesar de lo bien tratados que están allí), que posiblemente nunca sean adoptados por nadie. Si no llega a ser porque estamos en Roma y era un poco locura, os prometo que me habría traído a cualquiera de ellos. Os haré una opinión más concreta sobre este sitio, porque merece una mención especial. Después de pasar allí un rato con los voluntarios y estar con los gatos acariciándolos y jugando, compramos algunas cosas de la tienda (cuyo dinero va a la manutención de los mismos), y nos dirigimos hacia Via del Corso, pasando por la Plaza del Corso, donde se ubica el edificio del Templo. En Via del Corso entramos a algunas tiendas (allí nos encontramos con tiendas como Zara, Disney Store, de regalos etc.), más normales que las que hay en la exclusiva Vía Condotti, donde nos encontramos con Gucci, Armani, Yves Saint Laurent, Bvlgari,etc. Por supuesto, tras una mañana-tarde tan movida, estábamos bastante cansados, con lo cual cogimos un bus por la zona que nos llevó hasta el hotel. Qué cansancio!! Cuánto por ver hay en Roma, es increíble y además, siendo turistas vas con los ojos abiertos y cualquier cosa te sorprende y te llama la atención, a estas alturas no sé cuantos cientos de fotos habríamos hecho. Los planes de esa noche eran ir a la Plaza de Spagna y a la Plaza del Popolo, aunque sólo fuera de pasada, pero teníamos que verlas, así que ese fue el recorrido que hicimos la noche del lunes, fuimos primero a Plaza Spagna, que estaba atestada de gente y es que en la zona de la fuente Barcaccia, había un piano y por lo visto iba a haber una actuación o espectáculo. La plaza de Spagna nos gustó mucho, aunque siempre te haces una idea previa de cómo será cada plaza y al final sorprende su arquitectura o forma (o eso me pasaba a mí). Me gustó mucho, la verdad, aunque el hecho de verla de noche quizás hizo que no nos fijáramos bien en todos sus detalles. Bajando las enormes escaleras, nos encontramos de lleno con las tiendas de las firmas más exclusivas, como ya os comenté antes, y es que en Plaza de Spagna se inicia Via Condotti. Metiéndonos por calles adyacentes, llegamos a una avenida bastante amplia (no sabría deciros si sigue siendo Via Condotti, yo creo que no) y llena de tiendas también (aunque aquí ya va decayendo un poco la exclusividad de las tiendas en comparación a lo visto anteriormente), de pronto, al fondo se oye un rumor que se hace más tangible conforme llegamos a la famosa Plaza del Popolo y es que bajo el obelisco hay dos sopranos y dos tenores, hay un pequeño espectáculo de ópera!! Yo que siempre he querido ir a una, de pronto me veo en Roma, en plena Plazza del Popolo, escuchando unas voces divinas!! Además, era curioso porque iban elegantemente vestidos, ellos con esmoquin y ellas con fastuosos vestidos, entre turistas con ropas comunes. Al frente la ópera bajo el obelisco egipcio dedicado a Ramsés II, de espaldas las iglesias gemelas Santa Maria dei Miracoli y Santa Maria in Montesanto. Fue un momento único porque realmente me sentí en Italia, me sentía feliz. Cantaron juntos y luego cada uno entonó su ópera, aunque no estuvimos mucho tiempo, sí el suficiente para apreciar el momento y sentirnos muy integrados en la ciudad. No nos quedamos mucho porque eran cerca de las 21.30 y estábamos muertos de hambre, jaja y la verdad es que los restaurantes que había por la zona nos parecieron caros, supongo que el hecho de encontrarse tan cerca de tiendas tan caras y en una zona tan pija, influía. Así que nos dirigimos de nuevo hasta nuestra zona predilecta, la Fontana y el Panteón. Caminando por las calles y cruzándonos con muchísimos turistas y juglares al estilo moderno, llegamos a un restaurante llamado "Il Pichio" o algo similar (no lo recuerdo con exactitud), lo que os puedo decir es que si os ponéis de espaldas a la Fontana, tomáis la calle que queda a vuestra izquierda y andáis unos metros y es uno de los que queda en esa calle, a escasos 30 metros de la Fontana. Está pegado a uno donde sirven pizza al taglio. Este restaurante nos gustó mucho, de hecho cenamos allí la noche del lunes y la del martes, además de que el camarero que nos atendió fue el mismo los dos días y era muy agradable, por fin encontrábamos a alguien simpático trabajando de cara al público!! No sé si es que en Roma están tan hartos de los turistas que acaban tan acostumbrados que no se esmeran por tratarlos con una mínima cortesía, puede ser, o quizás es que nosotros no dimos con los lugares más adecuados. En fin, que me voy del tema, el caso es que cenamos allí. Yo tenía mono de lasaña y Alex pidió una pizza, y de beber, agua y cerveza. De postre, un brownie que estaba, mmm, cómo estaba!! En total, unos 23 euros, la cuenta hecha a boli, muy casero todo y nada caro. Como os digo cenamos muy bien, la lasaña estaba exquisita, tenía muchísimas capas y la pizza de Alex muy rica también, aunque no recuerdo de qué era, pero vamos, que a él le gustó mucho. Como dije antes, el camarero fue muy agradable y simpático en todo momento y valoró que le hablásemos un mínimo de italiano, jaja, ya que siempre nos devolvía una sonrisa de aprobación. A ello se une que está en una calle muy céntrica, y quizás no os guste demasiado comer con público, ya que hay un chorro continuo de gente paseando, pero a la vez está bien porque ves el ambiente e incluso algún pequeño espectáculo callejero mientras cenas. De precio nos resultó bien también, creo que cobraron también los servicios de los cubiertos, en la media de lo que nos iban costando todos los restaurantes a los que habíamos ido hasta el momento. De vuelta, el autobús nos llevó con su traqueteo característico hacia el hotel. Sólo nos quedaba un día en Roma… Qué cansados estábamos, pero que dichosos nos sentíamos a la vez. El cansancio del viajero mezclado con la gratitud de haber podido pisar esas tierras. …Continuará…
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27.04.2013 17:50
Como comentaba en la primera parte de este artículo, me parece una auténtica delicia. Por cierto, desconocía tu devoción por los felinos. Besos.
03.07.2011 11:42
Ya nos queda nada para irnos y aquí estoy disfrutando con tu opinión, gracias, en cuanto pueda voy a por la tercera. Saludos.
24.03.2011 16:58
Segunda parte leída. Vamos a por la tercera ;-) Un beso