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La primera imprensión de Praga al contamplarla por primera vez es que se trata de una ciudad encantada, por estar rematados muchos de sus principales edificios, catedral incluída, por esas cúpulas con formas extrañas que parecen salidas de un cuento de brujas. Pero Praga, aparte de la monumentalidad de sus edificios, de la belleza de sus iglesias, torres y castillos, ofrece un encanto especial para el turista. Pasar un rato por la noche sentado en el suelo de la Plaza Principal comiendo una salchicha y bebiendo una buena cerveza, todo ello a un precio más que razonable, es algo inigualable. Toda la plaza se llena de jóvenes sentados en corro charlando y bebieno, y realmente aquello es una fiesta todos los días del verano hasta altas horas de la madrugada. Por supuesto, pasear por la noche por el Puente de Karlov es una experiencia que nadie que visite Praga se puede perder. Desde luego que Praga es la ciudad con mayor encanto, a mi juicio, de toda Europa.