EL CEREBRO NO ES UN MÚSCULO, PERO...
28.03.2006
Ventajas:
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Desventajas:
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Recomendable:
Sí
Detalles:
Facilidad de preparación del juego
Más
 bedizu
Sobre mí:
JOSÉ Y PILAR___HOP___83ª CEREMONIA DE LOS ÓSCAR___RABBIT HOLE___CRANFORD___CISNE NEGRO___¡QUÉ TIEMPO...
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Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 55 miembros de Ciao
No es uno de mis juegos favoritos como jugadora, pero sí como observadora, y es que se trata de un juego muy infantil donde el adulto no encuentra más aliciente que aumentar o disminuir la dificultad que marca para el pequeño con sus preguntas. La forma "oficial" de jugar establece que hay dos jugadores y cada uno debe intentar adivinar, a través de preguntas sobre el aspecto físico del personaje, cuál es el que ha elegido el contrario.
Mi experiencia, tras varios años enseñando a jugar a esto a niños pequeños, es que el juego tiene una gran complicación para los niños que los mayores no comprendemos en principio, por eso la mejor forma de enseñar a jugar (y creo que la única efectiva, porque impide la frustración de perderse en el juego) es que el adulto elija el personaje y vaya ayudando al niño a tapar a los que no sorresponden con la descripción. Sin dos tableros, sólo con uno. Lo primero que siempre me ha sorprendido es la dificultad de los niños para comprender algo tan sencillo como la exclusión. El niño pregunta ¿es rubio? y la respuesta es sí o no. Está claro que el niño entiende la respuesta, pero le cuesta llevar a cabo la maniobra siguiente, que es eliminar a los que no corresponden a lo que el adulto a respondido.
No se trata de una dificultad que haya encontrado una vez, sino que se bloquean una y otra vez. Tú les dices que el personaje es rubio y ellos no saben si tumbar a los rubios o a todos los demás. Seguro que hay una explicación lógoca para ese bloqueo, que me interesa mucho porque supone un gran paso adelante en la lógica deductiva. El juego encanta a los niños a pesar de esa dificultad, porque si tienes paciencia y les vas guiando, al final tienen una gran sensación de triunfo cuando ven que la tarjetita que tienes en la mano coincide con la suya.
He enseñado a jugar a esto a niños desde 3 años, y aunque el juego está indicado para niños más mayores, al simplificarlo yo, los niños disfrutan igual. Sin embargo, me quedo estupefacta al ver que a pesar de que los niños se van haciendo mayores, vuelven a hacerse una empanada cada vez que retoman el juego tras pasar un tiempo sin practicar. Sólo un niño he conocido que lo pille rapidito, e incluso ha sido capz de jugar con los dos tableros, como marcan las normas, a los 3 años y medio. De todas formas, requiere tanta concentración para él pensar en lo que él tiene y disociarlo de lo que tiene el otro, que al final siempre volvemos a lo de siempre, sólo que nos turnamos y unas veces adivino yo y otras él.
De toda la vida yo tenía el antiguo, donde todos los muñequines eran blancos, así que las diferencias eran de género, color de pelo, barba... y ese diseño estaba muy bien porque permitía al adulto enseñarle muchas diferencias al niño que van más allá de lo evidente. Al principio el niño te pregunta por lo que más llama la atención ¿es calvito? ¿lleva gorro?, pero cuando ya ha logrado un buen manejo del proceso deductivo, llega el momento de introducir nuevas preguntas cuando seamos nosotros los que adivinemos. Por ejemplo: ¿tiene la boca grande? ¿tiene los ojos azules? ¿tiene colorines en la cara? ¿tiene ricitos? ¿tiene el pelo liso? ¿lleva pendientes? ¿está contento? Por cierto, he notado que a los niños les cuesta mucho distinguir dos conceptos: la barba y el bigote, que a ellos se les hace un max-mix y se lían.
Si metes esas nuevas preguntas cuando te toca adivinar a tí, verás cómo ellos te copian y empiezan a enriquecer el juego con nuevas preguntas, algunas copiadas de las tuyas, pero otras inventadas por ellos, como ¿es pelirrojo? ¿está enfadado? Este juego está muy bien pensado por varias razones, y una de ellas es que fuerza al niño a pensar él sólo (juega en tu contra), aunque se equivoque, y el premiar con un marcador pequeño cada triunfo es muy gratificante para ellos. Siempre me sorprende con qué cara de satisfacción les gusta poner juntas la tarjeta que yo tenía en la mano con la que él ha deducido.
Tan bueno es el juego que tiene su tensión, y ésta se debe al "cerebro pequeñín" que se esfuerza por superarse, y es que si al principio de cada partida el niño pregunta cosas que eliminan muchos personajes, a medida que quedan pocas caras en el tablero éstas se parecen más entre sí, claro. Él ha eliminado a todas las mujeres, los que llevan gorro, los que tienen pelo marrón, castaño, rubio y pelirrojo... y sólo quedan unos 4 en pié, todos con el pelo blanco, gafas... y es entonces cuando sus sesitos tienen que mirar esas caras, más allá de sus similitudes, evidentes, para ver lo que las distingue. Por eso, como les cuesta tanto encontrar o verbalizar en forma de pregunta, el detalle que las distingue, la tensión del juego (y de sus sesitos) crece. De ahí que, cuando logran hacer la pregunta decisiva, saltan de alegría ante el propio triunfo.
¡Qué maravilla es enseñar jugando! Hay otros juegos, como los de buscar parejas, que son sencillos, pero que a medida que aumenta el número de parejas empieza a ser aburrido para los niños, que no saben cuáles han mirado ya y cuáles no, y miran mil veces la misma. Sin embargo, este sencillo y perfecto juego de mesa me parece ideal par desarrollar el pensamiento deductivo.
Lamentablemente, el formato antiguo ha pasado a mejor vida, y este año los Reyes trajeron un nuevo tablero a casa de los niños que juegan también en la mía. Resulta que los tableros que los Reyes trajeron son políticamnete correctos, es decir, una mierda. No son malos porque haya negros en el tablero, sino porque el físico de los muñecos es mucho más caricaturesco, demasiado recargado (antes eran retratos simples, infantiles pero realistas). Ya no hay diferencias sutiles como si tiene ricitos o si lleva pendientes, proque unos llevan rastas, otros no se distingue si son chico o chica... vamos, una estupidez. No es racista observar esto, sino estúpido pensar que se puede jugar a un juego como este, de diferencias sutiles, con 24 personajes cada uno de su padre y de su madre. El objeto del juego es que se parezcan tanto como se distinguen, y que los grupos diferenciados que el niño elimina tengan, más o menos la misma cantidad de sujetos.
Por supuesto, los niños siguen queriendo jugar con mi tablero, y pasan mucho del otro, que encima tiene un diseño "aerodinámico" bastante incómodo para sus deditos, los cartoncitos se salen de sus puestos y demás. Vamos, que la han cagado por ir de modernos.
Hay otras versiones, como el de Disney o el de animales. Al primero le encuentro el mismo problema que al segundo, y es que los personajes son demasiado distintos entre sí, y al segundo le encuentro el problema del diseño del tablero, donde no se tumban los que se eliminan, sino que se gira un marcador. Así que la mejor, la vieja versión, que se puede encontrar en internet sin problema y en jugueterías algo rebuscadas.
*********************** Yo misma flipo con el rollo que soy capaz de soltar de una chorrada como esta, pero al mismo tiempo pienso en lo importantísimo que es para los niños familiarizarse con los juegos "de normas". Hasta los más pequeños saben acatar normas que entienden útiles: no te subas a la mesa que te caes, no te sueltes de la mano que te puedes perder..., y llega un momento en que la orden o la norma se puede enunciar sin necesidad de añadir la consecuencia, porque el niño ya intuye que es por su propia seguridad. Los niños pueden no entender la razón concreta de una orden, pero suelen intuir que es porque si actúan de otra forma, las cosas suelen acabar mal.
Sin embargo, las normas de convivencia son mucho más difíciles de entender y, sobre todo, de asumir. Son estas normas las que se establecen tácita o formalmente para facilitar la convivencia. A uno poco a poco le enseñan que no se grita en la escalera porque molesta a otros, que primero pasan los mayores, etc. Los juegos de normas son utilísimos para que un niño aprenda a aceptar normas u órdenes que pueden parecer abstractas ¿Quién las establece? No se sabe, pero sin ellas no habría juego posible. A lo mejor es que el respeto, el autocontrol, el orden de las cosas se debe empezar a aprender desde bien pequeños, y no intentar empezar cuando el "niño" lleva siete piercing, móvil con escenas violentas y pasa el sábado disfrutando de "la libertad" de beberse dos litros de cerveza.
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17.04.2006 03:25
Me traumatice de pequeña pues nunca llegue a tener este juguete , pero me encantaba jugar en casa de mias amigas. Saludos
05.04.2006 22:20
muy buena opinion, estos juegos son muy adictivos. Un beso.
03.04.2006 18:20
Qué guay la opi, también pensaba que este juego no daba para mucho más, pero desde luego bajo el punto de vista que le has dado tiene mucha miga. Yo tengo el antiguo, y me acuerdo que jugaba con mi hermana y no veas lo mal que lo pasábamos cuando una tenía una chica, porque sólo había 5 creo!!! Luego jugaba como si el tablero fuera una clase, y a los "alumnos" les cambiaba de sitio porque no se portaban bien, cuando uno estaba boca abajo era que no había venido a clase... Bueno, que le saqué mucho partido al jueguecito este, vamos. Saludos!!! :)