Carmen y la necesidad de algo más que sexo...

5  24.02.2006 (25.02.2006)

Ventajas:
Si te apetece leelo

Desventajas:
Si no, pues nada

Recomendable: Sí 

iresantana

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Alguno dirá que debería haber colgado esto en relatos eróticos, pero el contenido de ese tipo es poco y muy suave, así que he preferido hacerlo aquí...

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-¿Dígame?-Contestó de malas formas-
-Soy Ernesto. ¿Cenas conmigo?
-Cenar sí, acostarme no.
-Vamos nena, relájate y vamos a pasar una bonita noche.
-Estoy muy relajada. En mi casa a las nueve y media.

Colgó el teléfono sin dar opción a réplica. Ernesto era un chico, bastante engreído y presuntuoso que conocía de su época de universitaria. Fueron compañeros de clase, pero nunca se dirigieron la palabra hasta que terminaron la carrera, en una fiesta de una amiga en común coincidieron y con una tremenda borrachera, acabaron acostándose. A partir de ahí, se tenían el uno al otro en la agenda única y exclusivamente para cuando tuvieran ganas de sexo.

Ernesto, cuando terminó la carrera, se dedicó a no hacer prácticamente nada, con trabajos de ocasión, y viviendo de sus padres por tiempo indefinido, como él solía decir, hasta que encontrase el trabajo de su vida, que por supuesto, no se molestaba en buscar. Era el tipo de hombre con el que Carmen nunca hubiera tenido nada serio, totalmente contrario a ella en cuestiones laborales, y demasiado parecido a ella en algunos aspectos del carácter, pues eran petulantes y vanidosos por igual. Carmen prefería a un chico trabajador, pero que el narcisismo se lo dejase a ella.

Sin mucho interés, Carmen eligió la ropa que ponerse para su cita y puntual como un reloj, Ernesto llegó a su casa. Lo hizo pasar, y esperar. Pasó a terminar de arreglarse, mientras el chico, se entretuvo mirando el movimiento acompasado del extraño pez mariposa que nadaba en una pecera de proporciones considerables, y con una chapita en la que se podía leer, Rómulo.

-Oye nena, ¿Por qué no cenamos aquí?
-¿Eso quieres?
-Sí.
-Pues pide algo de cena porque no pienso cocinar para ti.

Ernesto pidió cena a un restaurante chino. Tardó muy poco en llegar el repartidor. Cenaron en la mesita de mimbre que tenía en la terraza. Casi nunca comía ni cenaba allí, esa terracita la usaba para desayunar el día que tenía tiempo suficiente y para leer.

-¿Has encontrado trabajo ya?
-Hago cosillas, pero nada fijo.
-¿Te parece bien?
-Sí. ¿Tienes novio?
-¿A ti que te importa?
-No creo que lo tengas, y si lo tienes es que no te tiene satisfecha, si no no hubieras aceptado.
-Eres un imbécil.
-Pero te gusto.
-Lárgate.

Ernesto se levantó, cogió a Carmen y la besó fogosamente. Carmen le apartó la cara una vez, pero a la segunda, se dejó besar. Le acarició los pechos por encima de la blusa y los muslos por debajo de la falda. Pasaron al comedor, el chico se tumbó en el sofá, y con un gesto de chulería le dijo que se quitara la ropa y después que se tumbara encima de él. Siguieron besándose, y comenzó a quitarle la ropa poco a poco a Ernesto. Cada vez detestaba más su forma de tratarla, dando siempre por sentado que querría sexo, pero era lo que ella siempre le había hecho saber.

Ernesto le dijo al oído palabras obscenas y aunque a Carmen no le gustaron demasiado, la excitación en la que se encontraba no le dejó parar. El chico, eminentemente mucho más fuerte que ella, se levantó y la puso debajo, le levantó los brazos y la cogió algo enérgico por las muñecas con una sola mano mientras con la otra, le quitó la última pieza de ropa que le quedaba, quedando así, el cuerpo de Carmen totalmente a su disposición. Entre gemidos y en más tiempo del que hubiera querido Carmen, Ernesto alcanzó el clímax, haciendo demasiado ruido. Jadeando y sudoroso, Ernesto siguió besándole todo el cuerpo, pero Carmen no estaba a gusto en esa situación y lo apartó.

-Eres la mejor.
-Lárgate.
-Vamos nena, deja que me quede.
-Que te vayas. ¿Cómo tengo que decirte las cosas?
-Venga, lo hemos pasado bien.
-¡Vete!
-Eres una guarra.
-No me llames así.
-Te llamo como me da la gana. Es lo que eres.
-Yo no soy ninguna guarra.
-Sí, lo eres, y volverás a llamarme.
-Eso te crees tú.

Ernesto se vistió, y como única despedida, dio un sonoro portazo. Carmen se quedó en la cama, asqueada de sí misma, y jurando no volver a quedar con él. Le gustaba el sexo, y si era con hombres distintos cada vez mejor, pero tampoco estaba dispuesta a ser tratada así.


Muai
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Comentarios sobre esta opinión
jmcalonso

jmcalonso

23.03.2006 02:15

Una continuación no vendría mal, no.

richi49

richi49

21.03.2006 16:55

Bastante real, aunque pensaba que le ibas a dar continuación. Quiero ver esa evolución. Besos

woodys

woodys

20.03.2006 14:51

Yo de ella (débil mujer, no?) le hubiera dado una patada en los coj...... Buen relato en el que pones en evidencia a un buen número de hombres y que de asco como algunos de ellos tratan a una mujer. Pero claro, para la gran mayoría de ésos, el sexo es una necesidad fisológica, el hacer el amor es para los cursis, ellos.... simplemente follan. Para mi eso es un maltrato en toda la regla. Perdón por el vocabulario, pero es que me enciendo con éstas cosas. A veces me avergüenzo de mi propio género. Te sigo y Saludos. Joan

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