El hombre más viejo del mundo

5  21.09.2009

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Recomendable: Sí 

MrPinkFloyd

Sobre mí: Estúpido, simple, perturbado y facilón.

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Debería estar orgulloso de ser el hombre más viejo del mundo ...


Yacía arrodillado por el desaliento, negaba oscuridad tal como el paso del tiempo, el balanceo de los recuerdos torturaban sus sentidos, ya ajados, amarillentos de fósforo perdido. Su mirada, visión del invidente que yace abatida, débil vaivén torturante que busca la muerte. Ésta no mata, soporta. Figura triste del enfermo sin fin, sin luz en el horizonte, sombra del tejedor de canto que recita infortunios. Silencioso, se acerca. Sus frías manos, marchitas, acarician el rostro del que escribe sosegados minutos de incertidumbre, cómplices de una afónica imagen de inquietud. El susurro del tacto de sus manos sobre mi fría mente, más fuerte que la palabra hablada, se clava piadoso a filo enrojecido por el fuego candente en la realidad. Mas ¿Quién es aquél que veo allí a lo lejos? ¿Allá en los olivos que coronan la estrecha cima de la percepción? Reconozco por su blanca barba y sus deslucidos andares al anciano de la triste clemencia. Repentino sueño adormece mi cuerpo. No me resisto, desfallezco rápido.


El recuerdo de ese momento atormenta mis noches, de sentir profundo y de soberbios olvidos. Éste fue reducido a cenizas y luego sembrado de sal, pagué mi desafío a lo desconocido con destierro. Perdido, ignoro y busco de nuevo, no encuentro, me escondo y grito. La maldición de Herelus ensombrece mi memoria y la viste de negro tul, opaco que deja sentir, levemente. No puedo convivir con esta punzante negrura. Un murmullo jadea sofocante mis sentidos, hostigante me ahogo, lentamente. Huyo corriendo, castigado encuentro refugio en brazos de Tánatos, él me abraza. Intento negarme pero sucumbo lentamente, bajo el cuidado de la noche, oscura madrugada. Una sombra aparece entre yo y el descanso, un entreacto desconocido. Esta eclipsada imagen, cual némesis vengativa, humilla mi existencia; yo le suplico, yo le imploro, triste piadosa y figura, con miedo. Una voz susurra cerca del fin, súbitamente:


- La vida eterna,musa de muchos, elixir de pocos. La fuerza para ocultar la muerte de tus pensamientos, para siempre, es codiciada, y atreverte a ganar la batalla contra el miedo es posible. Te regalo la divina oportunidad de poseer la inmortalidad, real, la de cuerpo y alma, el sueño de los vivos, por la que se mata y se muere. En el monte Meru se recuerdan tiempos de búsqueda y derrota, tú tienes la posibilidad de ser el enigma de los dioses, el único que controle el tiempo. La inmortalidad más pura.


Cierro los ojos, fuerte, no lo pienso y no lo descreo, acepto el adorado reto. La negra efigie sonríe suave bajo la tamizada noche que vergonzada se llena de estrellas. Me oculta la mirada y advierte:


- Tu muerte ya no te pertenece, tu elección es tu destino. Si bien tienes derecho a ella, sólo eres dueño de una oportunidad para dejar de existir, el sentido de tu vida es no morir. Si quieres romper tal fortuna, digna de un rey de reyes, debes contar todas las estrellas que se ocultan en el firmamento y cuando lo consigas, descansarás de tu suerte. Recuerda, ahora; duerme y despierta.


Abro los ojos, húmedos, sin miedo. Miro al frente. Una parpadeante figura aparece en una cima, de terruño clemente, se alza piadosa en el horizonte. Valiente avanzo convencido hacia ella. Alcanzo un canoso cabello, una barba blanca, una mirada triste y marchita. Es un pálido y demacrado anciano que perturbado mira al cielo, negro tapiz que abruma, con las manos dirigidas hacia éste, afligido y desesperado. Extrañado le pregunto:


- ¿Qué le ocurre?


El viejo con voz ajada y temblorosa, sin mantenerme la mirada, me responde:


- Estoy contando las estrellas. Por ellas no vivo, por ellas no muero. Por siglos llevo aquí sentado, intentando dejar de sufrir, pensando que mi vida sin la muerte no tiene sentido. Temo seguir existiendo y no puedo poner fin a mi pesar, porque sueño con no soñar; pienso con no pensar; vivo con poder morir.


Debería estar orgulloso de ser el hombre más viejo del mundo, sin embargo, la vida se había convertido en una burla cruel y la muerte, un bello e imposible anhelo, el principio de la verdadera inmortalidad del hombre. Yo no dudo, aspiro el momento, miro al cielo y cuento las estrellas.

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Comentarios sobre esta opinión
zulayita

zulayita

15.01.2010 14:43

Fascinante! Sencillamente fascinador. La felicidad o la tribulación de la vejez no es habitual, otra cosa que la derivación de nuestra vida pasada.

antolinisima

antolinisima

01.01.2010 13:13

A mí me parece agónico y bastante triste. Un saludo!

Missiffu

Missiffu

14.12.2009 15:50

Que vocabulario chico, me a costado hasta leerla XD.La vida sin la muerte no tendria sentido, Un texto sublime mis felicitaciones.

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