Navidad oscura

3  15.12.2002

Ventajas:
Es sólo un cuento

Desventajas:
Es sólo un cuento

Recomendable: No 

dark_mortis

Sobre mí: Toda persona es dos personas: una está despierta en la oscuridad y la otra está dormida en la luz.

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Era el 25 de diciembre del año 1097 de la Encarnación de Nuestro Salvador. Día de la natividad de Nuestro Señor. Nuestro oscuro caballero se encontraba inmerso en una de las grandes cruzadas por Tierra Santa aspirando a la expiación de sus pecados y la liberación final de su atormentada alma. Como cada mañana, después de tanto tiempo asistía a la misa de campaña previa a la batalla. Su cuerpo y su alma estaban allí, pero su mente se encontraba lejos. En aquella tierra tan querida que había dejado hacía casi dos años. Evocando en su interior momentos felices. La presente navidad se le antojaba triste, por no poder estar ni dónde quería ni con quien quería, pero en el fondo sabía que estaba haciendo lo correcto, o eso era lo que él quería creer. Y aunque cada día le costaba mucho más levantar la espada para sesgar una vida, sabía que era la única forma de redimir sus oscuros pecados. “No quiero hacerlo, pero es lo que debo hacer”.

Terminada la misa se dirigió a su tienda para terminar de preparar su equipo. Al no ser un gran duque no podía disponer de uno de los grandiosos pabellones como el que poseía su señor. Entró en la tienda, se arrodilló y dirigió la vista hacia arriba. Cerró los ojos y profesó una oración en silencio por sus seres queridos y por el alma de los familiares y amigos perdidos. Era la hora de marchar a la batalla. Algo le decía en su interior que no sería como siempre. Que hoy era distinto. Rápidamente apartó esos pensamientos de su mente. “Pasará lo que tenga que pasar”.

La preocupación de ese sentimiento lo atormentaba y decidió ir a buscar al padre Pío en busca de confesión. El padre se encontraba rezando en su tienda. El caballero pidió permiso para entrar y le contó al padre los motivos de su visita. Necesitaba confesión y la bendición de sus armas para la lucha.
-Hijo mío, ¿qué te atormenta tanto?
-El saber si estamos haciendo lo correcto.
-A estas alturas no deberías dudar de las buenas intenciones de nuestra sagrada misión. Es la voluntad de Dios nuestro señor.
-Pero es que...
-Además has podido ver la violencia y la rabia con que nos trata esta gente todos los días.
-¿Rabia? ¿Violencia? ¿Acaso nosotros no hacemos lo mismo? ¿No atacamos con saña incluso a gente indefensa?
-Es una conquista en nombre de Dios, y hay que llevarla a cabo cueste lo que cueste.
-Eso es precisamente lo que me duele, los costos de esta empresa.
-Eso no debería preocuparte, sabes que al final serás recompensado, y que muchos os llevaréis de aquí más de lo que habéis traído.
-Claro, las tierras.
-Eso es, las tierras conquistadas han de repartirse para su cuidado y para adoctrinar a estos pobres infieles en la fe de Cristo.
-Yo no he venido a por un pedazo de tierra.
-También sabes que tendrás el perdón eterno de todos tus pecados.
-Ya lo sé, pero tengo miedo de que al saber que nada de lo que pueda hacer me haga perder el perdón divino y mi lugar en el cielo, me haga escoger el camino equivocado.
-Yo sé que no lo harás. Te conozco y sé cómo eres.
-Gracias padre, perdone mis dudas y bendiga mis armas para la lucha.
El padre lo bendijo y el caballero salió de la tienda sin convencerse de si estaba haciendo lo correcto o no.

Reunido con su señor Armando, se disponía a iniciar el ataque para la conquista del pequeño pueblo. Era incomprensible para su atormentada mente de qué serviría un ataque a una población desarmada e indefensa. Pero no era un estratega. Era tan sólo el brazo ejecutor de la justicia divina como ya le dijo su señor Armando hacía tiempo. Su señor pudo ver la preocupación en sus ojos.
-Ya sabes que no debes dudar de la voluntad de Nuestro Señor.
-Señor, no dudo de su voluntad. Dudo de los medios que estamos llevando a cabo para conseguir lo que él nos ha pedido.
-No hay otro camino. Pero eso es algo que tú no entiendes, y tu idealismo te costará caro algún día. Ahora vamos a hacer lo que hemos venido a hacer. No hay nada más bonito que derramar la sangre del infiel en el día en que nació Nuestro Señor.
“A mí se me ocurre alguna cosa más bonita, por no decir muchas” pensó, pero lo único que salió de sus labios fue un triste “Vayamos pues”.

Otra batalla más de una guerra que no tenía final. El corazón le dolía cada vez que un cuerpo indefenso caía abatido. Pero no podía hacer nada y era esa misma impotencia la que le estaba matando poco a poco. No le tenía miedo a la muerte ya que no tenía nada que perder. Cabalgaba detrás de su señor como siempre había hecho. Al llegar a una calle estrecha su señor se paró, se volvió hacia él y le dijo:
-Entra en esa casa y acaba con los que allí habitan.
Sabía que era una prueba que le estaba poniendo su señor. El dolor le volvía a atenazar el alma. Bajó de su caballo y entró en la casa. El dolor se hizo insufrible cuando vio a una niña arrinconada y llorosa en una esquina de la pequeña habitación. Se acercó, levantó la mano y dijo “lo siento”. En el último momento, ella lo miró, y sus ojos resplandecieron como un espejo dorado en el oscuro corazón de nuestro caballero. En aquel reflejo, en la imagen invertida de la furia que guiaba la mano, nuestro caballero se encontraba por fin a sí mismo. No podía hacerlo.

El tiempo apremiaba, pronto su señor entraría en la casa para comprobar lo que estaba pasando. Su mente no podía pensar en una solución, y en esta tortura interior se encontraba cuando Armando entró en la habitación.
-Sabía que no lo harías. Sal de la casa. Yo lo haré.
-Señor es tan solo una niña. ¿Qué mal ha hecho?
-¡Sal!
-Señor, no lo puedo permitir.
Armando se sorprendió con la respuesta del oscuro caballero.
-Jajajaja, ¿no tienes valor para matar a esa niña y lo sacas para enfrentarte a mí? Siempre he pensado que eras un triste imbécil, pero jamás pensé que llegaras a estas alturas de estupidez. Muy bien, como quieras, morirás tú también.
Armando levantó la espada y atravesó el pecho del caballero. Sin oponer ninguna resistencia, el oscuro caballero sintió cómo el frío metal se hundía en su carne, cómo algo se rompía por dentro y cómo su vida se apagaba poco a poco. En sus últimos momentos de agonía su única preocupación era la niña y qué sería de ella, pero ya era tarde, demasiado tarde para hacer nada. Su tiempo en este mundo tocaba a su fin. La vista se nublaba y todo parecía más oscuro que nunca. Pensando en que había hecho lo correcto cerró los ojos, aguardando el momento de su ansiada liberación.

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Comentarios sobre esta opinión
asisi

asisi

18.10.2005 11:52

Menos el final, todo lo demás fantástico. Besitos

juanma611

juanma611

25.09.2005 13:22

Cuantas barbaridades se habrán cometido en nombre de algo tan discutible como la religión o los dioses,es una historia imaginaria que bien pudo ocurrir,un saludo

daren

daren

12.09.2005 20:31

mm,,,,,me gustó el relato.

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