Llegábamos tarde. Nos esperaban a la salida del cine para ir a cenar y animé a mi hermano a que corriera. Para ser sábado había poco movimiento en la calle, se notaba que había llegado agosto. No sé bien porqué, había caminos más cortos, pero tomé el que pasaba por su casa. Frente al portal, aparcado en doble fila, vi un coche de policía. Temí que su hermano Alex, se hubiera vuelto a meter en líos.
Aún no era totalmente de noche y la Luna empezaba ya a ocultarse tras los edificios; en diez días se podría ver desde mi azotea, saliendo a esa misma hora, como a mí me gustaba. Mientras recorríamos el bulevar mil pensamientos se agolpaban en mi mente. Tenía unas ganas de que mi familia se fuese a Galicia y quedarme solo el resto del mes... Tendría que madrugar para ir a la academia por las mañanas, pero de todas formas serían unas vacaciones.Finalmente llegamos a la calle del cine, no recordaba a qué altura estaba exactamente, pero la fachada blanca iluminada era inconfundible.
***-Me voy a dar una vuelta- dijo él.
-Vale cari, no tardes mucho. Mamá volverá pronto y ya sabes que le gusta que estés en casa para la cena- aconsejó ella sin apartar la vista del televisor.
Era siete años menor que su hermano Juan pero, dadas las circunstancias, ejercía como hermana mayor. Hacía poco más de un mes desde que casi había prendido fuego a la casa quemando en la papelera de su habitación un montón de hojas con sus paranoias escritas. Había pasado tres años en el psiquiátrico, pero la asistente social había decidido hacía tiempo que ya estaba bien, y que podía estar perfectamente en casa.Le preocupaban los mismos problemas que a cualquier chica de su edad, pero había algo más, algo que le había obligado a madurar mucho antes y que guardaba en secreto desde que Juan tenía su edad.
Días atrás una amiga suya me había dicho que no soportaba cuando, estando todos juntos, Rebeca se apartaba del grupo y, dándoles la espalda, se sentaba a solas. Pensaba que, cuando se sentía ignorada o veía que la atención se centraba en otra persona, ella aparentaba estar mal para llamar la atención; decía que estaba harta de que se hiciese la víctima para ser el centro de atención. Yo conocía la causa de su actitud, pero había prometido no contárselo a nadie, así que tuve que mostrarme de acuerdo.Ella necesitaba compartirlo con un amigo, le costó darse cuenta de que había encontrado a la persona adecuada pero, finalmente, me lo contó. Sé que no se ha arrepentido. Para mí no ha sido fácil, y ha habido momentos en los que preferiría no haberlo sabido, pero me alegro de que me lo confiase. Creo que pude convencerle de que no tenía motivos para sentirse culpable y seguro que se sintió mejor después de hablar de ello con alguien que pudiese ver el problema desde fuera. Todavía me sorprende que no derramase una sola lágrima cuando me lo contó.
Hacía ya nueve meses de aquello. Ahora todo iba bien, incluso creo que casi había logrado apartarlo de su mente. Su madre no se encontraba tan bien desde hacía años, el mal trago de la operación había valido la pena; aprobó el curso sin demasiados problemas y pasaría al instituto junto con la mayoría de sus compañeros; últimamente no le había ido mal con los chicos, se lo había pasado genial en el viaje de fin de curso y además, ese verano al fin podría salir de Madrid unos días, estaba deseando volver a ver el mar... ***
Llegamos a tiempo, acababan de salir. Fuimos en coche hasta el restaurante. Con la noche que hacía y lo cerca que estaba del cine no tenía mucho sentido, debían haberlo sacado para recoger a mi tía aunque, por otra parte, pocas noches podría uno moverse y aparcar con tanta facilidad. Cenamos con calma, no me gustaba mucho el ambiente del sitio, pero sólo en Florencia había probado unos spaghetti mejores. Tenía que aprovechar: a saber cuánto tiempo pasaba hasta que pudiese cenar otra vez así, y como no iba a pagar yo... Miré a Adri con complicidad señalando en la carta el postre especial de la casa y él asintió con una sonrisa pícara mirando de reojo a mis padres que, a su bola, charlaban con mi tía. Lo compartimos porque tampoco era plan de reventar, además había quedado con mis amigo sen menos de una hora y no me apetecía ponerme malo estando por ahí.Decidí volver a casa andando para bajar un poco la cena, hacía viento. Me acordé de ella y saqué el móvil de mi bolsillo. Llevábamos bastante sin hablar y aún estaría despierta. Lo cogió después de seis o siete toques y, tras un silencio, oí algo: eran sollozos.
-Rebe ¿Estás bien? ¿Qué te pasa?- pregunté.Pasaron cuatro segundos eternos. Escuché mi nombre ahogado en lágrimas.
***El timbre sonó. Su abuela había vuelto a olvidar las llaves... ¿O sería alguno de sus hermanos? Se levantó con desgana, llevaba casi dos horas tirada en el sofá viendo la televisión, menos mal que en menos de una semana estaría en la playita, no quería ni pensar en como sería pasar todo el mes de agosto así.
Avanzó por el oscuro pasillo y abrió la puerta, pero la luz del vestíbulo se coló por la rendija e instintivamente le hizo abrir la puerta más que de costumbre y mirar afuera sabiendo que no era alguien de su familia, pues no solían encenderla al bajar por las estrechas escaleras. Dos policías clavaron sus ojos en ella.-Joder, Alex ¿qué has hecho esta vez?- Pensó.
-Buenas tardes ¿Están tus padres?-No, no hay nadie.
-¿Podemos pasar un momento al patio? Se entra por aquí ¿verdad?Uno de sus vecinos (le sonaba de habérselo cruzado en el portal alguna vez) aguardaba detrás de los policías, medio oculto por una esquina.
-Sí, pasen, voy a por la llave.Volvió por el pasillo con algo de alivio al no oírles preguntar por su hermano. La llave del patio estaba colgada en un gancho tras la puerta de la cocina, era una llave bastante vieja, de fundición, no muy grande. Cuando salió de la cocina los policías estaban ya en el ángulo del pasillo. La televisión se oía claramente puesto que habían comenzado los anuncios.
-Es ahí detrás.- Dijo Rebeca.Los policías parecían no haber reparado en la puerta del patio la única a ese lado del pasillo en penumbra...
-Ya abrimos nosotros, espera aquí.- Le espetó el policía más alto extendiendo la mano hacía ella con la palma vuelta hacia arriba, aunque tal como lo hizo parecía estar deteniendo el tráfico. Justo en ese momento la luz del pasillo se encendió.El policía le dio la espalda y, sin avanzar, entregó la llave a su compañero a la vez que obstruía el paso. Rebeca pudo ver a su vecino junto a la puerta, al fondo del pasillo. Él bajó enseguida la vista evitando su mirada.
La puerta del patio no tardó en abrirse. Rebe no se entendía muy bien con esa cerradura cuando bajaban a pedir alguna prenda que había caído al tender. ¿Y que buscaría la policía en su patio? Alex tenía un par de macetas con algo plantado, pero...Con una extraña sensación en el estómago entró en su habitación y se dirigió a la ventana, aún estaba cerrada para evitar que el calor de la tarde entrara desde el patio. Apartó un poco la cortina, uno de los policías estaba de pie en el centro del patio, con la cabeza girada mirando hacia la puerta, el otro, agachado unos metros más allá, parecía observar algo. Cuando se incorporó, Rebeca pudo ver tras él unas piernas ensangrentadas en un ángulo imposible, y más a la izquierda, la camiseta azul que alguna vez se había puesto para estar en casa.
Corrió hacia el pasillo con lágrimas en los ojos, escuchó el nombre de su hermano y un instante después se dio cuenta de que había sido ella misma la que lo había gritado, aunque el grito se ahogó en su garganta. Entró en el patio, un brazó la sujetó del hombro, pero pudo ver la mirada perdida de Juan, que yacía sobre un charco oscuro, por su frente también chorreaba la ese líquido denso. Sintió un fuerte dolor en las rodillas. Se había dejado caer al suelo, levantó la vista pero el otro policía ya se había situado para impedirle la visión.Cuando miró de nuevo al suelo, entre las crecientes mánchas oscuras que dejaban sus lágrimas al caer, vió una gota de sangre.
*****Esto que acabáis de leer comencé a escribirlo hace ya tiempo, la historia es totalmente real, aunque he cambiado algunos nombres. Se puede decir que es el comienzo de uno de los capítulos más amargos de mi vida. Yo apenas conocía a Juan, pero hasta ahora ninguna muerte me ha afectado como la suya. Me he decidido a colgarlo porque después de aquello me prometí a mi mismo no volver a pensar en el suicidio, y ni me lo he planteado más. R.E.M. también compuso una canción con este propósito: "Everybody Hurts". No podéis imaginar el sufrimiento que puede ocasionar vuestra muerte, aunque creáis que no le importáis a nadie, os aseguro que no es así. Así que por favor, la próxima vez que estéis hundidos, pensad en esto, y recordar que siempre es posible salir adelante.
La historia de Juan fue muy triste, mucho más triste que la de la gran mayoría. Aún así, sé que se arrepiente de haber continuado subiendo las oscuras escaleras que le llevaron a su última ventana en vez de salir a la calle y dejar que un paseo al sol del atardecer despejara su mente.También estoy seguro de que todos los que lloraron por ti te han perdonado y te llevan dentro. Por mi parte sólo decirte que a Rebeca no le faltará otro hermano cuando lo necesite, aunque tu hueco haya quedado para siempre en su corazón.
31.01.2011 18:34
Muy emotivo. Saludos.
16.04.2009 18:07
Sin palabras.
02.06.2005 20:19
Qué fuerte... me he quedado sin palabras. Como relato, me ha gustado; lamento muchísimo que sea real. Y creo que todos debemos agradecer el mensaje implícito que encierra. Saludos!