El final de la novela ♀♀

5  11.04.2006 (05.06.2006)

Ventajas:
Cuando se escribe desde el corazón .  .  .

Desventajas:
.  .  . no existen desventajas .

Recomendable: Sí 

iresantana

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Erotismo: 1. Amor sensual. 2. Exhibición de las relaciones sexuales en su aspecto lúdico y cultural. 3. Expresión o descripción artística del amor físico.

Este relato esta a medio camino entre la prosa y la poesía.


♥ Estábamos tumbadas a una distancia límite entre lo prudencial y lo pecaminoso. Después de mucho rato hablando, con las voces cada vez más merecedoras de llamarse silencio, la miré fijamente a los ojos, pidiéndole con la mirada lo que mis labios no sabían o no se atrevían a decir, que me besara, pero no supo, no quiso o no pudo ponérmelo fácil, y con una media sonrisa, bajo sonrojada la mirada. El deseo y la timidez jugaban una exasperante partida de ajedrez en mi cabeza, y parecían dispuestos a acabar en tablas, por lo que tuve que ser yo la que deshiciera el ajustado empate mental.

Me acerqué un poco más a ella, y pasé dulcemente mi mano por su mejilla a lo que respondió de nuevo con una preciosa sonrisa. Dibujé entonces con mi dedo índice su perfil, empezando en la frente, pasando suavemente por la nariz y deteniendo unos segundos el lento recorrido en sus labios, para después llegar a su barbilla y con mucha ternura hacer que girara su cara hacia mí…ya no había vuelta atrás.

Aun pasaron unos instantes de nerviosismo contenido, hasta que nos acercamos y unimos por primera vez los labios. Suave al principio, simplemente juntándolos sin más, deshaciendo la tensión a base de cercanía. Pasó su brazo por debajo de mi cuello para estar lo más cerca posible y ese gesto fue el que convirtió poco a poco el leve roce de nuestros labios en besos más húmedos hasta convertirse en verdaderamente ardientes.

Nos besamos sin descanso, con pasión creciente que convirtió las sábanas primero en molestas y más tarde en innecesarias. Abandonó momentáneamente mis labios sin aviso, para darme pequeños besos en la frente, en la nariz y en la oreja, donde además me dejó como regalo, un casi imperceptible "Te amo".

La luz que acompañaba nuestro encuentro era perfecta, con la intensidad justa para que nos viéramos y lo suficientemente asustadiza como para que el sentido del tacto fuera el protagonista.

Muy despacio, disfrutando cada centímetro, fui bajando mis labios por su cuello, donde hice una larga parada y del que solo deserté para peregrinar con paciencia artificial por el valle perfumado aun cubierto por una prenda insinuante. Ella, sugerente, arqueó levemente el torso para facilitar la entrada de mis manos en la espalda y así poder retirar la última barrera entre mi boca y sus encantos. Lo retiré despacio, lo dejé a un lado y pude contemplar como se erigían sus pechos, que ante el dócil roce de mis manos crecían en excitación. Los besé, con ternura primero, con devoción después, a un ritmo pausadamente loco acompasado por sus débiles suspiros. Sabía que otras partes de su cuerpo esperaban mi visita, pero no era capaz de dejar la tarea de lamer sus preciosos pechos. El deseo por fin, había ganado por jaque mate a la timidez, que se retiró sin protestar.

Me alejé entonces de los que me habían tenido ocupada largo rato, y comencé un descenso sin prisa, para poder reconocer todo el territorio. El sabor y la suavidad de su piel me embrujaba y cual perdido aventurero, di lentas vueltas con mi lengua alrededor de lo que no tuvieron ni Adán ni Eva. Alargué un brazo y bajé a través de sus piernas, sintiendo mi mano perdida en un laberinto carnal, cuya salida estaba bastante clara. Mi mano había allanado el camino del desconocimiento y acto seguido fueron mis labios los que pasearon con dulzura por sus piernas, desde aquella que la articula hasta el preámbulo de mi meta.

Con una voz tintada de ternura para enmascarar la inquietud como adjetivo, me dijo que me acercara y no la hice esperar. Estaba disfrutando con mi flemática travesía pero codiciaba un beso en los labios que le negué en un principio al jugar con la ventaja de tenerla subyugada, pero cedí al fin a su deseo…y al mío. La bese con pasión adormilada, y le devolví con demora, el regalo que me hizo. Volví de nuevo a la poesía que estaba escribiendo, con la tinta de mi lengua en el papel de su piel. Me dediqué de nuevo a sus piernas, pasadizos de un laberinto indigno de ser llamado así por mostrarme sin trampas ni ocultismos mi objetivo que como sus pechos, una defensa de tela protegía. Con delicadeza retiré el obstáculo que tutelaba el secreto que pasó a ser de mi custodia. Pasé mis dedos temerosos por su húmedo epicentro, y ella, musa de mis movimientos, estremeció su cuerpo. En su cara se dibujaba el deseo mal escondido, y yo conocedora de ello, lo alargué hasta el infinito, rodeando con mi mano la moldura del pórtico que daba paso a la catedral de su placer.

Como hoja en madrugada, el rocío resbalaba por mis dedos, y no pude reprimir más el deseo artificialmente cohibido ante ella, de adentrarme en su memoria, acelerando la sinfonía al compás de sus gemidos. Mi ávida curiosidad y su petición no disfrazada se aliaron para dar lugar a una orden que recorrió mi espalda hasta llegar a mi mente, selladora de mi tarea de manufactura, para dar paso la investigación de aquella que habla. Puse mis labios en aquellos que se empeñan en llamarse de igual forma, para rozar con la que nunca se seca mi motivo de lujuria. Primero con delicadeza extrema, degustando el licor que amenazaba mi cordura, y disfrutando el bello canto de sus suspiros de locura. No espere la petición formal de algo que ambas deseábamos, e incrementé ya sin titubeos ni dudas por mi recién estrenada experiencia, el ritmo de mi lengua que con gula devoraba.

Los movimientos cortos e imprecisos que no seguían una escala, de mi reina enamorada, me advirtieron que estaba apunto de desvelar el crucigrama de su éxtasis, cosa que ya no tardó en ocurrir…la tensión de sus músculos que había besado uno a uno antes de llegar a la verdad, junto a sus gemidos, que ya olvidaron jugar a esconderse, fueron el prólogo de la conclusión que se acercaba. Su cuerpo tembloroso me concedió el enorme privilegio de ser única lectora del final de su novela, que cerró con el goce deleitable, del fascinante clímax alcanzado por ella en su secreto, por mí, en la mirada.

♥Te quiero♥

*Espero que (te) os guste. Muai :)
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Foto: Erika Langley
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Comentarios sobre esta opinión
fly1plane

fly1plane

07.09.2007 11:26

Siempre me han apasionado los relatos sensuales escritos con verdadero sentimiento.Este es genial.

Moraneus

Moraneus

27.06.2006 01:02

Wow neng, y eso que escribías mal.......

maria03

maria03

16.06.2006 20:45

Me encaaaaaaaaanta, tiene belleza y sensualidad a raudales :) suerteeee, besotes:-***

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