Last blues for Katie
15.04.2006 (08.06.2006)
Ventajas:
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Desventajas:
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Recomendable:
Sí
 sheila71
Sobre mí:
usuario desde:29.11.2005
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Hacía siete meses que vivían cerca. Ocupaban los áticos de dos bloques vecinos, bloques de 13 niveles, alzándose con orgullo como dos torres blancas en medio de una urbanización de casas diminutas. El ático de ella poseía una terraza enorme, mientras él tenía un balcón tan pequeño que dos geranios y una palmera lo habían llenado a más no poder. La parte buena de la falta de sitio era que le había ayudado a mantener el anonimato, mientras él podía observarla detalladamente en cada momento. En la mayoría del tiempo fumaba tumbada con pereza en un balancín mirando fijamente el cielo. Dos veces a la semana tendía sabanas blancas, siempre blancas y después de hacerlo daba vueltas y vueltas entre ellas… una silueta delgada, de pelo largo y formas enloquecedoras. Le gustaba bailar pero sin música, moviéndose a son de algún extraño ritmo interior que solamente ella percibía. Después de un par de meses se percató de que bailaba cada vez que una de sus relaciones finalizaba. Después de cuatro meses estuvo convencido de ello ya que Katie no sólo bailaba sino a la vez lloraba, reía, liberaba todas las frustraciones con sus dulces, descontrolados movimientos de pájaro herido. Entonces él experimentaba sentimientos muy confusos, por un lado una infinita tristeza por el dolor de Katia y por el otro se alegraba con egoísmo… "Estás mucho mejor sola princesa, créeme, tienes el don de atraer los hombres inapropiados" Con el paso del tiempo habían creado un ritual, con cada separación de Katie, con cada baile solitario en la amplia terraza, él cogía el saxo y desde la sombra protectora de su casa, manteniéndose oculto, le tocaba un blues, improvisando los sonidos según los movimientos de su bellísimo cuerpo. ¿Por qué no le enseñaba la cara? ¿Por qué la evitaba y se escondía cuando coincidían por la calle? No podía dar una respuesta exacta pero los ocho metros de vacía distancia que separaba las terrazas le decían que no es el momento, que aún no y que quizás jamás lo sería. Y él se lo creía. Y estaba convencido de que sabía exactamente que deseaba Katia, una loca necesidad de amor sin egoísmo, un amor que la llene y la vacié sin intentar cambiarla ni un segundo, él lo sabia pero Katie no. No lo tenía en claro, no sabía que busca en una relación. Muestra de ello eran los nueve hombres distintos que habían pasado por su terraza y por su vida y habían desaparecido sin rastro después de dos semanas, invariablemente dos, ni un segundo más ni un minuto menos. "Algún día descubrirás qué es lo que anhelas princesa créeme, y yo estaré aquí presenciándolo" sonreía él triste mientras tocaba cada catorce días acompañándola en sus sufrimientos. Esta vez, esta precisa tarde Katie había salido de nuevo en la terraza, desfallecida y pálida pero su crisis era totalmente distinta a las demás. Llevaba tres meses estando sola y cada uno de los noventa días que habían pasado ella se metamorfoseó un poco. Sus ojos habían pasado de expresar la tranquilidad que el final de una mala relación te ofrece a la inquietud, posteriormente a reflexivo y profundo pensar para culminar con una tremenda, amarga, incurable tristeza. Como si Katie hubiera descubierto de repente la inexorabilidad del abismo en el cual ella misma se había hundido hasta tocar el fondo. Esto expresaban aquella tarde sus ojos de mirada apagada el reconocimiento del limite inferior. El lo presenció y a pesar de los ocho metros que les separaba lo percibió todo con nitidez. Y mientras Katie tendía ausente sus eternas sabanas blancas, mientras el cielo se oscurecía por una incipiente tormenta el cogió el saxo y comenzó a tocar como jamás lo había hecho, una dulce amarga y desasosegada canción. Un blues que resumía dos soledades y dos infinitos vacíos. Con el primer sonido ella levantó la cabeza sorprendida. Se había acostumbrado a pedir la música con sus bailes y ahora no bailaba ni mucho menos. Pero los sonidos la arrastraban, le exigían que lo haga, que se abandone en el movimiento liberador que tanto le gustaba. Olvidó medio tendida la ultima sabana, dejó caer la cestita de pinzas, hundió la barbilla en el pecho y su cabello revoloteó y le cubrió la cara y los senos. De repente Katie, como en un trance, alzó los brazos hacia el cielo de plomo y ejecutó un par de movimientos serpenteantes, señalando con dedos erguidos las nubes oscuras. Sus caderas ejecutaron un circulo completo y cuando dobló una de las rodillas en repentino buscar del pecho el cielo le envió una pala de viento y una ráfaga de lluvia. El vestido se le pegó al cuerpo como una segunda piel, marcando sus pechos… sus costillas subiendo y bajando con precipitado respirar… las caderas que aun ejecutaban círculos… los músculos tensos de las piernas. Él lo vio todo y transcribió en sonidos toda la excitación que se había adueñado de su cuerpo, el ritmo se alteró, echó a correr a son de lluvia. "Baila para mi princesa, déjame verte en todo tu desatado esplendor como nadie antes te ha visto" Katie bajó los brazos lentamente, acariciándose el cuello, los senos, presionando la vientre calida con palmas abiertas, tensas. Abrió las piernas y flexionó las rodillas, las dos simultáneamente, mientras sus caderas ejecutaron unas cuantas volteretas a compás del saxo. Giró sobre sus talones, irguió el cuerpo y rodeó su delgada cintura con los brazos hasta que sus dedos se volvieron visibles, entrelazados a sus espaldas. Echó para atrás la cabeza y el cabello castaño le rozó las nalgas dibujadas por la tela azul del vestido mojado. Cuando el saxo ejecutó un solo de tres notas, prolongado como una insistencia…como un ruego… sus dedos desgarraron de repente el algodón azul…y se quedó así soberbia y desnuda… ofrenda para la tempestad . Solamente le quedaba el tanga y un delicado sostén de transparente encaje. Se dobló como segada, abriendo las piernas de nuevo y barriendo con el largo pelo el suelo de la terraza y él casi se traga el saxo al verla tan excitada e indomable. No dejó de tocar, de aquel blues dependía todo, era la curación, la salvación, un comienzo y un final, lo era todo… no podía dejar de hacerlo. Katie se giró revoloteando los brazos, su pelo voló con el viento y le apresó el cuello en tierno abrazo. Apretó sus senos con las palmas dibujó con los dedos los pezones perfilados oscuros por debajo del encaje y ladeó la cabeza escondiendo su rostro en la mata de pelo castaño "Sabes que te estoy mirando ¿verdad preciosa? Ahora bailas también para mí. Muy bien descubre pues tu magnifico cuerpo, descubre cuánto placer hay dentro de ti, amate Katie y déjame ser testigo de tu pasión." Los sonidos llevaron por los aires atormentados el ruego y ella pareció comprenderlo todo. Se tumbó en el balancín y buscó con dedos inquietos el hueco ardiente a la espera de un alivio. Los dedos de él se movieron enloquecidos en las teclas del saxo y los dedos de ella empezaron a frotar la carne al mismo ritmo desatado, apasionado… un rayo partió el cielo en dos mitades perfectas… la lluvia abrillantó la piel desnuda de Katie… resonó un fa prolongado hasta el limite del dolor… " Así cariño, amate con furia, descubre cuan maravillosa eres, dátelo todo y déjame verlo, así princesa, así. Vamos a convertir este maldito blues en el ultimo de una larga serie, que no debió de haber existido, así preciosa, desátate para mi" El pecho azotado por la lluvia subía y bajaba, sus dedos se adentraron en su cuerpo buscando el placer, la explosión de sentidos, un trueno retumbó en las ventanas de la terraza y Katie grito con pasión la liberación que experimentó, dulce loca liberación que la vació y la lleno al igual que la imagen de un hombre tocando el saxo , una imagen que tuvo presente en cada momento …una imagen con la cual fantaseó durante aquellos tres últimos meses… Un solo de tres minutos resonó en todo el vecindario compitiendo con la tormenta, Katie jadeó buscando el aire que no conseguía llegarle hasta los pulmones intentando calmar las sacudidas de su vientre entrelazando rendida y exhausta los muslos blancos. Se puso de pie soberbia estatua desnuda, hija de la lluvia, criatura de pasión , agua y fuego y le buscó a él con ojos ardientes deseando encontrarlo. El dejó que el saxo cayera a lo largo del pecho y abandonó el anonimato pisando con miedo y esperanza el suelo escaso de su balcón. Su mirada encontró la mirada de Katie, la soledad encontró la soledad y los ocho metro dejaron de existir a la vez que la tormenta sosegaba y se alejaba…
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10.10.2006 12:18
Impresionante. Qué bueno. No debería quedarse aquí en Ciao, deberías enviarlo a algún otro concurso. ). Me pongo en pie y plas plas, plas (aplausos -- 5 minutos o más ---) Bravo, bravo. Muy buena fusión del saxo y el sexo. He llegado a imaginar hasta la música.
03.10.2006 12:27
no me extraña q haya ganado el oro, la verdad es q he venido a leerlo porq acabo de leer el reducido y me llamó mucho la atención. me alegro de haberlo leido. bsazos:))
01.09.2006 16:19
Precioso sin duda!!! Felicidades!! BeSiNeS