Al son de las olas del mar.

5  02.06.2006

Ventajas:
hummm .  .  .  eso os lo dejo a vosotros .

Desventajas:
mi primer relato erótico y se nota, eh? aunque e sla segunda vez que lo cuelgo ¬¬

Recomendable: Sí 

Biddle

Sobre mí: "Emplear el sarcasmo con según qué gente es como atacar un castillo con merengues" Terry P...

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AVISO: ESTE RELATO ME LO BORRARON HACE COSA DE UNA SEMANA. NO HE TENIDO NOTICIAS DE CIAO, NI RESPUESTA A MI PREGUNTA DE POR QUÉ ME LO BORRARON. ASÍ QUE HE DECIDIDO VOLVERLO A COLGAR.

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La tetera escupía humo mientras esperaba pacientemente a que la masa de las crêpes se enfriase en la nevera y estuviese lista para su llegada. Me encantaba la pequeña cocina de nuestro barco, tan pequeña pero tan acogedora. Yo iba vestida con un pequeño camisón blanco que marcaba perfectamente las curvas de mi cuerpo, y cuya transparencia dejaba entrever mi pecho, insinuante… perfecto. Mis pies descalzos caminaban silenciosamente por el frío suelo de madera, de un lado a otro del barco, mientras terminaba de preparar todo para su llegada. Quité la tetera del fuego y me serví un té en una de las tacitas de barro que me regaló él por nuestro aniversario. Cogí la taza, mi paquete de tabaco, un mechero, y subí a cubierta, a admirar la puesta de sol.

Apoyada en la barandilla me encendí el cigarro, mientras mi cabello, a causa del viento, tapaba mi gesto. Cerré los ojos ante el cielo crepuscular mientras aspiraba la primera bocanada de humo, y le imaginé llegando, acercándose a mí silenciosamente por detrás, abrazándome por sorpresa y besándome la nuca tiernamente, bajando poco a poco por la espalda mientras el camisón se resbalaba ya a la altura de los senos, dejándome cada vez más desnuda ante él. Imaginé susurros al oído, susurros ininteligibles pero llenos de deseo mientras me agarraba las nalgas con fuerza, con miedo a perderlas en cualquier momento, como un tesoro suyo nada más.

De pronto oí una voz, la de él, que me decía suavemente:

- Llevo todo el día esperando este momento. Y creo que va a ser mejor de lo que había imaginado.

Sonreí, aún con los ojos cerrados, mientras sus manos empezaban a masajearme la espalda, delicadamente, y me apartaba el pelo para besarme el cuello con esos besos que solo él sabía dar. Deslizó los tirantes por mis hombros, para poder bajarme el camisón poco a poco, como había imaginado, mientras sus manos empezaban a acariciar mis pechos y a juguetear con mis pezones ya erectos.
El pequeño trozo de tela cayó al suelo y él empezó a bajar sus manos que me agarraban cada vez con más fuerza. Sentí cómo ardía de deseo mientras me sujetaba las caderas y empezaba a frotar sus pantalones con mis nalgas. Empecé a jadear, suavemente, porque sabía que eso le excitaba, que suspirase por todo lo que él me hacía. Sus dedos empezaron a juguetear con mi sexo, ardiente, que ya se deshacía en pasión… por él.

Fue entonces cuando me di la vuelta y suavemente le bese en los labios mientras con mis manos empecé a quitarle el cinturón y a desabrocharle la camisa.

- Creo que deberíamos levar anclas…
- Ya lo he hecho yo… mientras tú mirabas el paisaje.
- No miraba el paisaje. Te miraba a ti en mi mente.

Sonrió y me mordisqueó los labios con ternura pero juguetón. Se deshizo de la camisa dejando ver sus pectorales perfectamente trabajados, pero no se quitó los pantalones. Empecé a hacerlo yo cuando me detuvo y me susurró:

- Eso es para más tarde.

Me empujó contra la barandilla del barco y me empezó a besar los senos agresivamente. Había desaparecido toda la bondad de sus gestos, aunque cada uno de ellos estaba perfectamente calculado. Me mordió los pezones hasta que grité de dolor. Pero me gustaba tanto…
Sus dedos se introdujeron en mi vagina, entrando y saliendo rápidamente, con tal frenesí que bastaron pocos minutos para que por fin una oleada de placer me recorriese todo el cuerpo, dejándome jadeante y satisfecha. Me abrazó con dulzura y me cogió de la mano para guiarme a nuestro camarote.


La luz anaranjada del atardecer teñía la cama de un color maravilloso. Me tiró sobre ella y se tumbó encima de mí, mientras me ahogaba en un mar de besos. Me tenía atrapada y no me dejaba quitarle los pantalones aún, hasta que le pude pillar desprevenido y le di la vuelta a la situación: de un empujón conseguí montarme sobre él. Su risa de satisfacción inundó mis oídos. Esa risa que me volvía loca, sí. Conseguí que se quedase quieto mientras con sonrisa picarona le iba desabrochando el pantalón, botón a botón. Podía sentir su miembro erecto que latía por el deseo de poseerme, de tenerme entera, toda suya. Lo dejé al descubierto para poder cogerlo con mis manos, acariciarlo, besarlo, lamerlo lentamente y finalmente mordisquearlo dejando al hombre que reposaba bajo mi peso jadeante, pidiendo más, más rápido.

- Ah, ah… Aún te haré sufrir un poco más.

Me enderecé sobre sus muslos mientras empezaba a recorrerme el cuerpo con mis manos, respirando fuertemente para ponerle más cachondo. Mi mano derecha empezó a descender hasta llegar al clítoris, y empecé a acariciarme con ganas, sintiendo cómo el placer volvía a aflorar como una oleada por todo mi ser. Él podía sentir mi humedad sobre sus muslos, lo sabía, y también sabía que eso le hacía sufrir más y más, que la necesidad de tocarme cada vez se hacía más intensa. Leía la lujuria en sus ojos. Entonces coloqué mi sexo sobre sus testículos y empecé a restregarme, lentamente, saboreando cada sacudida de placer cada vez que el movimiento rozaba mi clítoris.

- No seas mala, me estás matando.
- Lo sé, - contesté con una de mis sonrisas más juguetonas - ¿pero qué te parece esto?

Me deslicé de nuevo sobre sus muslos y me metí el pene en la boca, chupándolo salvajemente, una y otra vez, mientras él gemía de satisfacción. Mientras le lamía me llevé una mano entre los muslos y me empecé a acariciar de nuevo, hasta que poco a poco nuestros gemidos se fueron fundiendo en uno.
De pronto él se levantó agresivamente y me tumbó de nuevo sobre la cama. Sin decir una sola palabra me penetró con fuerza, con necesidad. Sonreí para mis adentros, le había hecho sufrir demasiado, llevaba un buen rato deseando hundir su miembro en mí.
Mientras introducía la lengua en mi ombligo empecé a moverme al compás de sus embestidas, al son de las olas que chocaban con nuestro barco a la deriva. Arriba y abajo, una y otra vez, tan dulce y tan agresivo a la vez. La ambigüedad de sus acciones me estaban llevando al orgasmo más rápido de lo que esperaba. De pronto entendí que mis gritos se escuchaban por encima del estruendo del mar, y que él disfrutaba escuchando mi placer, mientras seguía penetrándome sin piedad, hasta el fondo.
Una ola cálida me recorrió el cuerpo entero, acabando en un estruendoso gemido de satisfacción, mientras sentía como todo su ser se desataba dentro de mí, como una masa líquida de calor. Y se desplomó, agotado, sobre mi cuerpo desnudo. Apoyó su cabeza sobre mis pechos, utilizándolos de almohada, mientras yo le revolvía el cabello dulcemente.

El sol ya se había puesto, y la masa de las crêpes debía de estar ya fresquita.
- ¿En qué piensas? - me preguntó sonriendo.
- En que tienes una larga noche por delante, cielo.
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17.02.2009 23:05

esta bien.

Siba-Rita

Siba-Rita

04.09.2008 01:38

uooo, en esa noche de miercoles, tranquila y febril, pues mira, aqui mirando y me saliste tú, y ojeando ojeando, le di a una página cualqiera, y a una opinión que ma que otra cosa me moló por el nombre, luego vi que era erotico. Y me encontre una hermosa historia, y ahora me acostaré pensando en que bien se puede estar en un barco.... xDDD

fly1plane

fly1plane

04.07.2007 14:46

Me voy a tener que buscar un barquito y alguien tan apasionada porque me has puesto los dientes largos

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