Relatos Eróticos XIII

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Opinión sobre "Relatos Eróticos XIII"

publicada 30/03/2009 | alicia_lopez
usuario desde : 04/02/2006
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"Entre salvajes helechos"

Relatos Eróticos XIII

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http://www.youtube.com/watch?v=Uqh324qJTSQ&feature=related


Me encontraba en un rincón entre la espesura de la selva, en aquella isla perdida de algún lugar. En el momento en el que para mi dejó de existir el tiempo y el espacio, acaecieron los hechos que a continuación os voy a relatar.
La laguna estaba teñida por la verde flora acuática que emergía del interior. Posaba tranquila entre los salvajes helechos que parecían rodearla de un modo estudiado; elegantes, acariciaban suavemente cada uno de sus contornos con el movimiento del aire tibio al besarlos.


En un saliente de la montaña engalanada con los más preciosos hongos, una boca agrietada escupía un manantial virgen y cristalino violando la paz del agua lisa a la que profanaba con sutileza, dejando sonar una bella melodía de gotas luchando entre sí, excitadas y palpitantes.


Más al fondo podía atisbar algún otro tipo de vegetación, desde extrañas plantas que sólo había visto en libros de biología o en documentales de televisión, a enormes árboles que se perdían entre la maleza de las epifitas enredaderas.


La belleza abrumadora del paraje, discurría acompasada por el sonido de la cascada y algún que otro pájaro que imprevisiblemente emitía algún extraño graznido que más bien emulaba un gemido de placer humano desgarbado.


Por lo demás, una inquietante paz me rodeaba, tan sólo los grupos de mariposas de exóticos coloridos que parecían exclusivamente inventados para vestirlas a ellas mismas, me acompañaban ornamentando el aire.


Entonces me percaté, al volver de aquel letargo acaecido por la intensa belleza que masturbaba el paladar de mis ojos: no sabía donde estaba, ni que hacía en aquel lugar, pero poco importaba ya que me sentía inmenso, con una sensación de paz, tranquilidad y liberación que nunca había experimentado.


Bajé la vista hacia mi cuerpo, y me sorprendí desnudo, el asombro se apoderó todavía más de mis entrañas, pero no pude evitar esbozar una sonrisa al verme en esa situación tan surrealista: ¿Qué hacía desnudo en medio de la selva? ¿acaso estaba muerto y ese era el paraíso?.


El calor abrazaba mi cuerpo, lamiéndolo como una lengua perversa que dejaba gotas de sudor y saliva en su expedición por mi piel.


Avancé lentamente hacia el remanso acuático, sin dejar de mirar donde posaba mis pies por temor a pisar algún insecto o bicho extraño, salido de aquel mural onírico, apartaba las ramas de los helechos, abriéndome camino para llegar al preciado tesoro que sería el bálsamo para mi tórrido cuerpo. Entonces la vi.


Resplandecía en la laguna como una flor de loto negra, preciosa y tostada, jugueteaba arremolinándose en las aguas; se introducía y emergía dando un salto, su cuerpo hecho un ovillo giraba en círculos ayudándose con las manos; se dejó entonces flotar boca arriba.


Sus extraordinariamente alargados cabellos, flotaban al son de las pequeñas ondas creadas por la fricción anterior de su cuerpo, emulaban ensortijados canales de petróleo profanando el cristal de la laguna, brillaban como azabache ondulado, se abrían rodeando su cabeza como los de la hermosa Medusa.
Su cuerpo era como el de un ángel negro nacido para la perfección. En la distancia no podía apreciar más que sus formas sinuosas y delicadas, los contorneados pechos sobresalían del agua, como protuberancias emergidas, redondas, con dos pezones disparados y endurecidos. De su rostro, veía una blanca sonrisa dirigida al espacio, ella también pensaba que estaba sola.


Me escondí entonces tras la maleza para seguir observándola. Mis instintos respondieron a la calidez de su belleza y mi falo se endureció, ascendiendo poco a poco, húmedo y deseoso de mi mano. Lo agarré y comencé a masturbarme suavemente, sin dejar de mirarla ni un solo momento mientras jugaba en el agua, sentía celos de las gotas que recorrían su preciosa espalda, bajando por la columna, deteniéndose en el surco sobre sus nalgas y adentrándose luego en aquella cálida oscuridad entre sus piernas. Miraba su trasero redondeado y, me imaginaba mi lengua atravesando con pasión aquel orificio, apretando sus nalgas en mi cara, lamiéndola con tesón y escuchando sus gritos de placer.


Entonces el precioso ángel ascendió para posarse en una roca que, estratégicamente colocada por dioses en aquel lugar, dejaba que la espectacular visión prosiguiera hasta mi esperado final.


Se escurrió la humedad del cabello y sacudió la cabeza un par de veces antes de sentarse. Su cuerpo era precioso, inimaginable, sus curvas elegantes moldeaban un cuerpo muy delgado pero inmensamente femenino.
Ya sentada en la roca, comenzó a acariciarse los pechos, rodeando los pezones suavemente con la yema de los dedos. Abrió las piernas y dirigiendo su cabeza al cielo arqueó el tronco, dejando que la redondez de sus senos se apreciase a la perfección, deseaba morderlos, apretarlos, pasear mi sexo sobre ellos mientras ella intentaba capturarlo con la boca.


No podía creerlo, aquello no podía ser más que un sueño, mi excitación iba en aumento, casi no podía contener mis gemidos, mi mano estaba totalmente humedecida por mis propios fluidos y mi mano bailaba cada vez con más pasión sobre mi desesperada verga.


Sus manos llegaron al canal de su sexo y comenzó a frotarlo con suavidad, introduciendo sus dedos , ascendía luego en vertical entre los resbaladizos labios en precisos movimientos. Con los ojos cerrados, su boca entreabierta con forma de “o” dejaba escapar cortos y profundos gemidos. Movía las caderas al son del baile de su mano, como si estuviera siendo penetrada por un amante imaginario y la poseyera la más excitante pasión.


Deseaba tanto poseerla, adentrarme en su cuerpo, introducirme resbalando en una unión sublime. Encajando a la perfección en su profundidad, cálida y húmeda, ser apresado por sus entrañas.


Escuchaba sus gemidos cada vez más evidentes y la expresión de su rostro transformada por completo, perdía la dulzura por momentos para mostrar una máscara de lascivia extrema; su lengua recorría los abullonados labios mulatos que a la vez eran mordidos por unos perlados dientes. No dejaba de sacudir salvajemente las caderas, que esta vez cabalgaban sobre sus dedos extasiados.


Cerré los ojos alzando el rostro al cielo, notando que mi fin estaba próximo, el placer que sentía era indescriptible, me imaginaba que mi mano era su mano, mis fluidos hacían que la fricción perfecta la dejase nadar a lo largo de todo mi falo, parándose sobre el glande en medidas sacudidas, sentí entonces un escalofrío en la parte inferior del vientre, una ola que venía hacia el centro de mi sexo, hormigueo, calambres de placer, un tremendo tic tac y … su grito de culminación llegó junto al mío, desgarrado, un llanto felino de dolor y placer, de alivio se incrustó en mis oídos, al mismo tiempo que yo dejaba escapar mi satisfacción plena.

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Comentarios en esta opinión

  • ccb11 publicada 29/07/2010
    Un relato de los que enganchan, me ha encantado. Carlos.
  • Suelafina publicada 15/07/2010
    Muy bueno. Saludos.
  • paola529 publicada 19/05/2010
    Estupendo, sí señor.
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