Hola, me llamo Xavier y me gustaría aprovechar esta oportunidad que todos cuentan historias relacionadas con el sexo para dar mi testimonio sobre algo muy especial que viví y cambió mi vida. Algo increíble que ni viviendo mil vidas más me podría volver a suceder.
No sé si conoceréis Barcelona, seguro que sí. Allí hay un lugar muy popular y cosmopolita llamado la Rambla de las Flores, por donde pasea gente de todas las culturas y naciones. Hay tanta gente que se rozan unos con otros sin mirarse a la cara, manteniendo una mano en la cartera y la vista puesta en las estatuas humanas y otro tipo de artistas o payasos que amenizan el agobio de las masas, deteniendo el tráfico de pies por sus amplias aceras. Especialmente los típicos pies de turistas, con sandalias o chanclas y calcetines.Yo no soy turista y para agobiarme menos cuando paso por allí prefiero pasar por las aceras periféricas que son más estrechas y algo menos transitadas. Si os confunde mi expresión "periféricas" es porque no sabéis que la Rambla tiene tres aceras, siendo las de los lados muy estrechas en comparación a la central que es la verdadera Rambla en sí.
En dirección al puerto prefiero ir por la acera de la derecha, y ese día según bajaba en dirección al mar, a la altura de un hotel de lujo que no voy a publicitar, por razones que explicaré al final, vi que allí había un grupito de comerciales abordando a la gente, y ya desde la lejanía se podía ver cómo la gente que se paraba a hablar con ellos les entraba una risa tonta.Yo me dejé atrapar por una. Era bajita y tenía los ojos grandes y negros. Su escote exquisito y su sonrisa de fresa me predispuso mentalmente a esa risa tonta que había visto, y compartirla con ella. Pero antes la escuché.
-¿Qué opinas de la Sexología cómo ciencia?- me preguntó con un bonito acento francés.Entonces mi risa tonta fue mucho más tonta de lo que creía que sería. Y mientras yo me reía siguió explicándome.
-Somos de la Cleopatra's Court Foundation. Básicamente somos una organización de investigadores internacionales que lleva muchos años estudiando el amor y la seducción entre las personas.
¿Te gustaría participar en nuestras pruebas?-Que interesante, - dije - parece algo relacionado con Cleopatra, la faraona aquella de Egipto, ¿no? Me encantaría participar.
Me regaló una sonrisa muy sugerente mientras sostenía una carpeta rosa que tenía preparada para rellenar un formulario, y jugaba con un bolígrafo rojo a darse golpecitos en la mejilla. -¿Entonces te apunto, guapo?
-Sí, sí.
Comenzó preguntándome mi nombre, apellidos y mi correo electrónico. Nada me pareció demasiado comprometido. Luego me preguntó si le gustaba la idea de mantener un contacto permanente con la Cleopatra's Court Foundation.
-No, eso no- dije. Pensé que seguro que me pedirían más datos y no me apetecía recibir publicidad extra en mi domicilio toda la vida. Pero por las pruebas esas seguía sintiendo mucha curiosidad.-¿Quieres entrar conmigo Xavi? La ciencia milenaria de la Cleopatra's Court Foundation te espera.
La seguí, intrigado, no sin sorprenderme al observar su forma de caminar, algo tan simple como poner un pie delante del otro e ir avanzando, pero que ella convertía en un arte con aquel contoneo suyo. ¿Lo habría aprendido trabajando en la Cleopatra's Court Foundation? Seguro, pensé. Es demasiado sensual para una mujer que había hecho aquellos gestos juguetones tan inocentes con el bolígrafo. Y su sonrisa de fresa tan pura...pero me interrumpí los pensamientos porque sólo eran unos pocos pasos.Tras esos pocos pasos más allá, estábamos en el portal del hotel mismo. Parecía muy lujoso, y un portero vestido con smoking negro nos abrió las puertas y nos invitó a entrar como en las películas. Aunque toda mi atención estaba puesta en mi misteriosa francesa, no pude evitar ver el detalle de la corbata del portero; estampado con corazones. ¿Sería un regalo que le había hecho la Cleopatra's Court Foundation? Seguro, pensé. Un portero vestido con smoking no suele tener libertad para romper la armonía de su uniforme. Al entrar me topé con una cortina similar a las de los teatros, y un suave tacto aterciopelado. Mi captadora bajita de acento francés me sostuvo las cortinas abiertas para pasar.
Y ahora sí, una vez dentro, mi capacidad de pensar las cosas con seguridad de criterio se esfumó. Aquello no parecía un hotel, o si lo era, lo habían transformado.
Por todas partes que mirara había macetas de piedra blanca y parras con infinitas ramas enredaderas, y racimos de uvas colgaban de las paredes o algunas partes del techo. No podían ser reales, allí no había sol, pero estaban muy bien hechas.En el lugar que uno esperaría el mueble normal de recepción, lo habían cubierto con telas de terciopelo granates y habían colocado pequeños jarrones blancos y negros con flores que eran tan exquisitas y exóticas que yo no reconocí. Debían de ser orientales.
Unas bandejas con incienso humeaban dejando un olor relajante de vainilla en el ambiente desde a ambas esquinas de la mesa de recepción. Pero lo verdaderamente impactante eran los recepcionistas. No supe si dar media vuelta y salir corriendo, simplemente dejarme caer de rodillas o acercarme paso a paso. Y lo último parecía lo más difícil.
Los recepcionistas eran un chico y una chica, ambos parecían gemelos por su belleza simétrica. Tenían la piel levemente morena de los usuarios muy moderados de rayos UVA o autobronceadores, el pelo de los dos era largo hasta los hombros y rubio oscuro, lo llevaban engrasado con un efecto mojado y ondulado que les quedaba muy bien. Los dos llevaban unos pequeños aros dorados por pendientes en ambas orejas que les favorecían. Los ojos de los dos eran de un tono azul oscuro. Me transmitían intimidad. Los pechos de ella y los pectorales de él, ungidos con aceites suaves, emitían reflejos luminosos de la enorme araña de cristal que pendía del techo. Mi francesa fue hasta ellos,
Fotos de Relatos Eróticos XII
les cuchicheó algo y asintieron, les dio la carpeta que llevaba y creo que les dijo el idioma en que tendrían que tratarme, cómo habían tantos extranjeros en la Rambla... pero yo sólo sentí una rara envidia al verla tan cerca de aquel par de bellezas de revista, por eso cuando me animó para acercarme a la recepción me pilló desprevenido. Inconscientemente había estado mirando a los tres como si yo allí sobrara, cuando realmente era protagonista, y por eso hasta me asusté cuando me invitó a acercarme. Me sentía muy nervioso ya que no imaginaba que la prueba iba a ser algo cómo eso. La maravilla que vino de mi percepción visual a mi mente, la había interpretado cómo si fueran dos estatuas de chocolate delicioso. Sus caras de rasgos magníficos y bustos perfectos, me hicieron imaginar por un instante cómo sería acariciar las mejillas, los pechos y los delicados hombros de la chica mientras besaba en los labios a su compañero. Me pareció que mi pulso se volvió tan ruidoso en aquel silencio que imaginaba que cada latido les delataba a los tres lo mucho que me gustaría tener algo sensual con ellos. Para empezar.
La sensación de estar alucinando se multiplicó, cuando los recepcionistas gemelos hablaron suavemente al unísono. El contraste de un suave timbre femenino y masculino que se enganchaban el uno con el otro a la perfección en el aire me resultó muy morboso y mágico.-Has sido aceptado en la Cleopatra's Court Foundation.
-Eh, tiene que haber un error -dije tratando de tragar saliva- fui yo quien acepté.-A nosotros dos nos llaman Géminis, y somos el símbolo romántico escogido de las estrellas para iniciar tus pruebas en la atracción y la pasión- dijeron en perfecta sincronización ignorándome.
-Ahora te darán un símbolo- me reveló en susurros al oído mi pequeña francesa. Me gustó. Lo del símbolo me dejaba igual de confuso pero quería que me susurrara otra vez. ¿Por qué todo lo que hacían los de esa Cleopatra's Court Foundation me desarmaban de cualquier resistencia? Tal vez porque sabían cómo hacerlo. Que simple eficiencia. Hasta el nombre de la fundación era sugerente. ¿No significaba Fundación de la Corte de Cleopatra? Y todo aquel lujo, creo que era algo así como decir que eran la nobleza del palacio de aquella antigua reina. -Sirenas, por favor- pidieron los Géminis a la nada de un rincón del salón, y dos sombras femeninas salieron de las sombras. Tenían unos cuerpos flexibles y un poco pálidos. Hermosos piercings que imitaban caracolas blancas, adornaban sus ombligos rubios y sus carnales labios tenían un pequeño aro plateado. Sus pezones estaban cubiertos por pequeñas conchas marinas muy blancas y de la cintura les caía una falda translúcida también de color blanco que parecía igual de suave que la piel que dejaba medio escondida.
Una empezó a entonar una canción de largas vocales, con una voz demasiada perfecta, triste y serena para ser realmente interpretada al natural, pero así era, y aunque lo que cantaba era un sin sentido, o eso me pareció a mí, sentí una tensión en los hombros de la emoción que estaba experimentado. Y esa emoción inclasificable creció cuando vi que la otra de las anunciadas Sirenas se puso a bailar la danza del vientre.No comprendo que hechizo habían lanzado en el hotel, pero yo me sentía cómo un estúpido animal que deseaba tocar por lo menos algo de todas aquellas bellezas tan irreales y perfectas.
Me sorprendió ver como las Sirenas se intercambiaban el papel, y cuando una dejaba de bailar empezaba a cantar la otra, y así se fueron intercambiando tan sutilmente , que las transiciones entre bailar y cantar tan sensuales se hicieron borrosas para mí.Se habían convertido en espejismos de curvas, ondas de pureza blanca con un poder sexual que me puso la piel de gallina y el vello de los brazos totalmente de punta. Y algo más. Ya casi no controlaba la idea que me estaba haciendo. Si la prueba me permitía tocarlas, cómo las podría empezar a poseer.
Nunca me había imaginado que algo tan artístico podría ser a la vez tan excitante. Las Sirenas se fueron acercando a mí, bailando y cantando con una suavidad y lentitud que me ponía muy ansioso de tenerlas cuanto antes a mi lado. Pero yo no di un paso. No olvidaba que detrás de mi estaban los sublimes Géminis, que me habían matizado que yo había sido aceptado, así que ahora por nada del mundo me gustaría ser rechazado. Y también junto a mí seguía estando la pequeña francesa encantadora que me había traído a este mundo de sensaciones. ¡Le tendría que dar tanto las gracias después!Deseé otra vez con todo mi corazón que las pruebas incluyeran roces. Luego caí en la cuenta, y me pareció aprovechado y poco noble de mi parte pensar así ante aquella exhibición sublime de arte erótico que hacían por amor a la ciencia.
Pero de poco servía pensar eso, cuando las Sirenas llegaron junto a mí, mis sentidos siguieron soñando en cómo sería el roce, y llegué a crear sensaciones fantasma en los poros de mi piel. Creo que mi respiración se volvió exageradamente fuerte por si al mover los hombros al inspirar pudiera entrar en leve contacto con la cercana piel de ellas. Estaba muy enfermo, pero más allá de eso no me permitía más confianzas, por miedo a una expulsión del paraíso.Cada una de las dos bailarinas cogió una de mis manos, que no sé si me temblaban pero no me extrañaría, y las plantaron en las curvas de sus níveos, delicados y flexibles torsos que seguían serpeando para mí. Sus voces ya se habían convertido en calientes suspiros. Un leve cantar susurrante que unían mediante las ondas del sonido a sus bocas con mi piel, separadas por meros centímetros.
Me di cuenta entonces que eran tan hábiles que sin parar de bailar sensualmente, cantar en voz muy baja para mí y dirigir mis caricias con cada mano por sus ondulantes vientres, con la otra que tenían libre me estaban desvistiendo. Y la francesa las ayudaba recogiendo mi ropa, que entregaba a los Géminis.Perdí la chaqueta y la camisa, pero no sentía frío ni inseguridad. Verlas bailar, tocarlas y escucharlas a la vez, me confortaba demasiado. Me sentía hipnotizado. Y tampoco me importó que mis pantalones cayeran al suelo. Tal vez me habría parecido un poco precipitado hacer algo así en la recepción de un hotel, pero aquello hacía mucho rato que ya no era un hotel para mí. Era un centro de arte erótico sin tabúes. Era la Cleopatra's Court Foundation. Un refugio en el edén de los pecados más hermosamente concebidos.
Las palmas de mis manos se deslizaban dirigidas arriba y abajo por su piel. Las Sirenas al tacto estaban tan cálidas y suaves que al final me sorprendí intentando besar a una de las dos. No lo rechazó, y yo fui tan feliz en aquel momento...Mientras besaba a una vi cómo la otra se introducía una mano por la ajustada cintura de la falda y acariciaba algo en su interior. Mi beso se hizo más intenso y posesivo ante aquella situación que me estaba volviendo loco. Mis manos seguían controladas por ellas, y ahora sí seguro que temblaban, pero para fotografiar mejor cada centímetro de su piel con mis dedos.
Cuando me quise dar cuenta, las voces se callaron, la Sirena que estaba besando se había deshecho de mí y empezó a alejarse en un segundo, y la otra Sirena usando la mano con la que se había acariciado a sí misma, me acercó sus dedos y pude ver sus dedos manchados de color plateado, que usó para pintarme lo que parecía el jeroglífico de una serpiente de plata en el brazo. Luego se fue, con una risita traviesa, acelerando el paso para alcanzar a la otra Sirena. La muy tramposa no había estado haciendo lo que mi pervertida mente imaginaba con aquella mano debajo de la falda sino preparando la pintura en sus dedos para dibujarme un símbolo en el bíceps. -¿Esto es mi símbolo?- pregunté sintiendo un escalofrío que me recordó que estaba casi desnudo, y estaba ahí con unos boxers ceñidos y un bulto delantero muy duro e hinchado. Pero eso me daba ahora igual, lo peor era el vacío que me había dejado aquel beso tan prometedor pero incompleto en los labios. Las Sirenas se habían ido, así sin más. Tal vez no tenían la prestancia inmóvil de los hermosos Géminis, pero cuando las Sirenas habían estado actuando para mí, el mundo sólo tenía una palabra con significado: lujuria.
Sonó un timbre en recepción y comprendí que anunciaban la llegada de alguien como yo. Ya casi había olvidado que había un mundo fuera. Y yo sólo era uno más para unas pruebas.-Sígueme, el ascensor esta por allí. Deja los zapatos aquí.
-¿Ascensor? - pensé - creí que se había terminado todo. Así que me sentí muy animado de nuevo. Dejé los zapatos, y los calcetines en la mesa de recepción, y ya ese proceder tan liberal no me parecía nada extraño. Me despedí de los Géminis muy rápido con cierta pena de no tener tiempo de besarles, ya que la persona nueva que llegaba no debía encontrarme ahí.
Además estaba eufórico, mi francesa seguía a mi lado. El vacío y el frío que había sentido por el abandono de las Sirenas, se convirtió en un hormigueo excitado en los labios que me habían besado, en mis manos que las habían acariciado y en el brazo por el que una de ellas había dibujado mi símbolo con sus juguetones dedos plateados. Cuando se cerraron las puertas del ascensor, sin pensarlo mucho la abracé. Y en el espejo veía su pequeña espalda envuelta en la poderosa acogida de mis brazos. Era tan pequeña y frágil que capté en el abrazo todo el molde exacto de su cuerpo en los nervios de mi piel.
Mi sensualidad animal le hizo gracia. Y escuché su risa que hasta ahora no había oído. Sonaba como la dulce campanita de una pequeña vaca lechera pastando feliz por praderas francesas. Ella era tan dulce, y adorable...
Me reí con ella deseando buscar esos pastos en la boca de mi vaquita francesa con la lengua. Y no deseaba hacer preguntas para que me siguiera siendo necesaria su compañía como guía. Cuando llegamos al segundo piso, la puerta del ascensor se abrió y ella me dio una cariñosa y rápida caricia desde mi brazo marcado hasta la nuca. Luego se separó amablemente de mi abrazo, y me dijo sonriendo con su romántico acento:
-Vamos, Xavi.
El pasillo olía a macedonia de frutas muy dulces, y se escuchaban gemidos, grititos y risas de todas las puertas del pasillo.A la alfombra negra que cubría el suelo del pasillo le habían desparramado por encima tallos dorados de trigo que resaltaban como estrellas de oro en un cielo negro. En las paredes colgaban cuadros de la manzana de Adán y Eva, pintada en distintas perspectivas y tonos. Y en las esquinas había estatuas parciales de desnudos sin cabeza.
Me explicó que la entrada principal era la suite del medio, pero que había más salas habilitadas por las que sólo se podía acceder desde dentro. -¿Tú no me acompañaras? ¡Ahora es cuando más te necesito, y ni siquiera sé como te llamas!
Acercó su mano de uñas rojo pasión a mis labios y me acarició la barbilla que tenía cubierta por una corta capa de vello, y posó su dedo pulgar bajo mis labios con ternura.-Shhhh. Puedes llamarme Charmion, y escucha.. .
-¡Charmion!- quería suplicarle que entrara conmigo, me gustaría desvestirla y seguir lo del ascensor, pero ella selló mis labios con su dedo índice. Un gesto que siempre que lo había visto en bibliotecas y hospitales resultaba insuficiente, pero conmigo le funcionó. Me callé para escucharla atentamente.-Te habrás dado cuenta que en nuestros estudios nos inspiramos principalmente en las fantasías eróticas que organizaba Cleopatra y las influencias de la época: grecorromanas, egipcias, y judías. -yo asentí - Pues ahora ha llegado tu prueba real, y has de saber que ahí dentro se libra una guerra. Sí, la guerra de Venus contra Isis. Por la marca de tu brazo, sabemos que las Sirenas te han señalado cómo un miembro puro de las élites del placer alejandrino. En otras palabras, tú perteneces al Áspid, la cobra egipca que decoraba la corona de los faraones. Tienes el poder de matar o morir seducido por el veneno de tu propia creatividad erótica, tu divina empatía y tu flexible sensualidad, pero tus enemigos pertenecen a la camada de Rómulo y Remo, y son los hijos de la loba Roma. Se les distingue por el lobo que llevan dibujado en uno de sus brazos. Para ti son muy peligrosos porque son gente muy insensible a tu sexualidad de fantasía y tu ternura. Son depredadores. Para los miembros del Lobo el sexo es sobretodo algo que se ejecuta con frialdad y sólo el acto mismo les conforta. ¿Comprenez-vous?- "¿Entiendes?" me terminó preguntando Charmion.
-Sí. ¡Hala! Una guerra.. ahí dentro hay una orgía- dije embobado ante toda la trama de la prueba.-Aparentemente Roma va a ganar seguro, porque los áspides son tan imaginativos y, hedonistas que la mayoría se suicidaran de placer ante el vacío poder práctico del imperio de Octavio. Pero yo te lo pido, Xavi, creo que tú puedes cambiar aquí la historia y salvar a Egipto de la vulgaridad purista de Roma. Haz que todos los enemigos que puedas caigan por tu veneno. Encuentra la manera de que se retiren antes que tú.- dijo Charmion con sus bellos ojos negros suplicándome.
-¿Cuándo sabré que ha terminado la guerra? ¿Cómo sabré si he vencido o perdido?- quise saber.-Lo sabrás todo cuando acabes la prueba. Yo te lo diré.
Y así, me mentalicé para mi próxima acción con un vistazo al escote de Charmion, ella reaccionó con otra de sus risitas mágicas y me besó.
Me abrió la puerta y entré a la orgía más bárbara, inspirada en una remota época anterior al cristianismo.En la sala el aire era diferente, tenía una humedad tropical, y olía a fresas, a carne, jabón y a sexo. El olor a fresas me evocó por un momento los labios de Charmion que mentalmente también había asociado a esa fruta.
Tenerla allí me habría facilitado las cosas. La sala tenía unas pequeñas máquinas humidificadoras colgadas en las paredes que emitían nubecillas de vapor. Había pequeños cojines por todas partes, y muchas personas rodaban sobre ellos abrazándose.Me fijé en que todos llevaban símbolos en los brazos tal como Charmion me había dicho. Las Lobas y Los Áspides.
Estaba un poco cortado pero me acerqué a la multitud. La iluminación también era muy agradable. Era tan suave como los cuerpos de piel brillante que tenía ante mí.
Y esa era sólo la primera sala.
El complejo de salas era un paraíso de sensaciones y placeres. Jamás lo habría llamado una Guerra como me dijo Charmion.
Pero poco a poco, mientras me solté un poco, y fui involucrándome en los juegos de las orgías de cada sala, fui comprendiendo la diferencia entre nosotros, Egipto, y Roma.También tal y como me había advertido Charmion, el enemigo era demasiado directo y podía resultar ofensivo o perjudicial. Algunos lobos y lobas trataban de tener penetración desde el primer momento. Algo que me causaría mucho desgaste en aquellas orgías maratonianas.
Al principio opté por mover mi cuerpo hacia ellos balanceándome de lado, me liaba de forma que no les dejaran completar sus intenciones y tampoco sentirse rechazados. Intentaba dirigir su interés a sentir mis ingeniosos movimientos de cómo acariciaba el flanco de su torso con mi pene, o cuando estaban de perfil besar con ternura sus mejillas mientras hacía círculos con mis dedos en sus pechos sin cercarlos. Acercaba su mano suavemente a aquellas partes de mi piel que no fueran típicamente eróticas pero considerarían sorprendentemente agradable. En definitiva eso y mucho más que lo hacía intentando a ayudar a Roma a sentir a lo que no podría por si misma. Pero a medida que se aceleraron los lobos y las lobas, ya no podían frenarse, y los áspides empezaron a suicidarse en el placer hedonista de una masturbación o una penetración final.
Se retiraban de la orgía. Habían perdido engullidos por la pragmática, potente, efectiva y a la vez reducida sexualidad romana.
Yo follé un par de veces pero estaba acostumbrado a no correrme follando por seguridad y además prefería el sexo oral. Era más morboso, seguro, y desgastaba menos. Mi comodidad aunque pragmática era muy imaginativa y hedonista y eso era probablemente unos factores que de alguna manera las Sirenas habían detectado en mí y por ello me acabaron marcando el brazo con la cobra egipcia.
Empezaba a pensar que seguramente yo fuese un lobo reclutado entre áspides. Un general romano luchando por Egipto. El César o el Marco Antonio de aquella guerra entre Venus e Isis.
Eran muchas salas y experiencias para explicar aquí, pero si puedo decir que el final fue impresionante y aún hoy me estremece. Aquel ligero miedo y la obligación de actuar mientras uno se siente observado.
El final se produjo en la sala de los cubículos de cristal. Fue idea mía. No teníamos otra oportunidad. Eran unas grandes jaulas de cristal que colgaban de unas vigas. Los últimos tres áspides nos encerramos allí, solos.
Éramos dos chicos y una chica. Estuvimos jugando durante horas acercándonos y alejándonos del placer máximo, dando espectáculo pero sin llegar al colapso que nos descalificaría. Y fuera, decenas de lobos que no podían crear, ni soñar erotismo, simplemente consumaron su voyeurismo.
Cuando el último de los lobos se fue aún seguíamos en la jaula de cristal y nos sorprendió creando y enseñándonos nuevas sensaciones entre nosotros. Nos detuvimos y nos abrazamos como compañeros de burdel que han hecho un gran trabajo juntos. Oímos unos aplausos. El grupo de investigadores al completo del hotel entraba por la puerta felicitándonos. Eran unas dos docenas de personas.
Y por el medio venía Charmion acompañando a una mujer vestida con todo lujo. No era la más guapa pero tenía una misteriosa dignidad. Un aura faraónica. Cleopatra. Y me guiñó un ojo.
Días después me di cuenta. Lástima que había elegido al principio en la calle no recibir correspondencia de la Cleopatra's Court Foundation.
Jamás volví a encontrar el hotel, ni a saber nada de ellos.Todo se evaporó como un sueño, aunque mi símbolo nunca se borró, y un áspid plateado en mi brazo izquierdo me confirma cada día que realmente viví aquellas orgías faraónicas.
Aún me suicido fácil al recordar. Me suicido de placer con el veneno que aprendí siendo un áspid. Y luego me preguntó dónde estará ahora la Cleopatra's Court Foundation.
Quiero más ciencia de la cobra egipcia.
16.04.2008 16:45
Es que en Barcelona siempre ha habido lugares de este estilo, jee incluso en tiempos de la censura, los mandamases no consiguieron erradicarlo . mmm me voy pá la ducha. Un olé por tu creatividad.
19.12.2007 02:44
Fabuloso, hermano. Lleno de sensualidad y de elegancia, y atreverte a contarlo en primera persona es un acto de valor increíble. Y como dice Sheila, le aporta una vivacidad especial, una veracidad abrumadora. Me ha encantado el lenguaje que has empleado, y lo del suicidio de placer es simplemente brutal. Enhorabuena, Áspid. Por cierto, dios sabe que yo también sería un Áspid. ;) Un besote
26.08.2007 19:34
valorat ;p