¿chapamos este relato japomistico? pues vamos asha...
VIENE DEL EPISODIO III
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Salieron por una estrecha apertura a la altura del mango, justo donde había habido un remache flojo.
- Chotto matte! (0) - una voz excesivamente femenina lloraba en forma de palabras de desesperación - ¡Volved! Mi padre ha roto el pacto, pero puedo contenerlo. ¡Os lo prometo! - La espada nos está hablando.
- Sí, ahora que hemos salido. ¡Vamos Kenshiro! Olvida cualquier idea de entablar conversación con esa shufu(1). ¡Qué sea yo quien te dé lecciones! ¡Hay que ver! - Pero... dice que el monstruoso es su padre. ¿Puede que...
- ¡Haz caso a Yojimbo! - Musashi sonaba histérico - ¿No lo ves? Aquí fuera solo nosotros tres seguimos vivos. Todas las partículas se están deshaciendo. - No somos personas enteras. Nuestro hogar está en Onikiri-Maru, pero preferimos morir en libertad que volver allí. - Otomo empezaba a desaparecer.
Pero la mano de Yojimbo no estaba dispuesta a morir lejos de su amor, el propio Yojimbo. De un salto atravesó al desprevenido samurai. Milagrosamente el brazo le empezó a crecer. Estaban juntos de nuevo. Todos quedaron por un momento perplejos, aunque pronto volvieron en si. Kenshiro el primero.
- Tenéis razón, hemos abandonado la espada y no debemos mirar atrás de ninguna de las maneras. Si hemos salido de un agujero en el mango...¿dónde demonios estamos? - Kenshiro, Yojimbo ¡Mirad!
Las imágenes se intercalaban. Imágenes de todas las luchas en las que la espada había participado. Imágenes de las muertes de los tres guerreros. Estaban en la mano del guerrero que los había matado pero detenidos por la falta de tiempo real. - ¡Qué curioso! - Yojimbo sonreía - Cuando me mataron pensé que lo que me había condenado fue el no proteger el flanco derecho. Y viéndolo desde aquí me doy cuenta de que fue el izquierdo.
- Estupendo, lo que tengo que hacer es esperar al momento en el que muero y molestar a la mano de mi asesino lo suficiente para salvar mi vida en el pasado. Musashi así lo hizo y al momento desapareció, sin poder despedirse de sus amigos.
- ¡Milagroso! Cuando vuelvan a aparecer mis imágenes haré lo mismo que Musashi. - ¡Detente Yojimbo! ¡Es que no te das cuenta! Musashi ha evitado su muerte, pero se supone que el portador de esta espada tendría que haber muerto en esa lucha.
- ¿No es así? Veo a Musashi asestar un golpe mortal.
- Mortal, sí. Para ti o para mi. Pero este guerrero es inmortal. Días después se despierta y... lo ves... está saliendo de su tumba. Le enterraron con la espada y está excavando con ella.. Te puedes imaginar quién será su primera víctima después de esto. - Lo veo. Kawaisou (2) Musashi... Puedo suponer que ahora mismo estará otra vez ahí dentro...
- No eres tan tonto como creía, Yojimbo. Seguro que está hecho partículas. No sirve de nada evitar una muerte, o mil. Ahora estamos igual que antes, pero solo somos dos. - Pues me dirás que vamos a hacer.
- Tenemos que ir al principio. Cuando se creó la espada. Este tipo es inmortal porque Onikiri-Maru se lo permite. - Tantos siglos y a todos nos mató el mismo tipo. ¡Cabrón inmortal!
Estoy pensando. Mira la piel de esta mano. No solo por no envejecer, tiene una finura extraña. Ninguna herida, ningún... Bueno sí, tiene callos, pero no de luchador... No están en los sitios correctos. Más bien diría que son callos de...
- Estas empezando a caerme bien, Yojimbo. Cuando utilizas la cabeza en vez de la boca todo sale mejor. - Déjate de halagos. ¿Cómo vamos al principio?
- Podemos ralentizar el tiempo de una imagen y seleccionar cual queremos ver. Musashi se concentró en su muerte y detuvo ese momento. Tenemos que permanecer en esta mano hasta antes de que fuera su propietario. - Pues como sea esta la mano del herrero que la creo lo tenemos claro para impedirle algo.
- No adelantes acontecimientos. Además, una espada así solo queda encantada por brujería o por circunstancias trágicas.
-¡Mira!
Ante sus ojos las imágenes comenzaron a cambiar. Se hallaban en efecto en una herrería. La mano en la que se encontraban ellos subía y bajaba dando fuertes golpes de martillo sobre un yunque macizo. Las brasas eran avivadas cada poco mediante un fuelle. La estancia era pequeña y acogedora. Había una mujer preciosa y una niña pequeña gateando sobre la madera. Musashi y Yojimbo podían sentir el amor del herrero por su familia.
"No dejes a la niña acercarse al fuego, Miyuki" le oyeron decir lejanamente. Sin duda eran tiempos de felicidad para aquella gente.
Luego volvieron a cambiar las imágenes. El herrero acariciaba a su mujer sensualmente. Probablmente acababan de hacer el amor.
"Con el dinero que me pague ese samurai por esta magnífica espada podremos comprarnos una granja, cariño..." Luego ella le besaba y se fundían en un abrazo.
La siguiente imagen era del herrero y su hija revolcándose juntos en el suelo, jugando, riendo...
Y al poco, todo volvió a cambiar. La estancia se hallaba en la penumbra esta vez. El frío se dejaba sentir incluso para los dos minúsculos samurai. La puerta se abrió violentamente y entró un hombre cubierto de cicatrices. Su rostro era una máscara de odio, ambición y crueldad.
"¿Dónde está mi espada, herrero?"
A partir de ahí las imágenes comenzaban a correr a velocidad vertiginosa.
"Señor... Usted me dijo que..."
"Cállate cerdo! ¿Crees que me importa?"
"Pero señor!... No! ¡A Miyuki no!"
"AAAgggghhhhhhhhh!!!!!"
WISHH WISHHH
"¡¡Por todos los dioses, deje a la niña!!
"Buen filo has conseguido, cerdo, pruébalo tú mismo a ver qué opinas"
"NOOOOOOOOOOOO AAAGGHHHGHH...:"
Kenshiro y Yojimbo se miraron espantados.
-Mira eso compañero...La mujer del herrero aún se arrastró hasta llegar a la espada, y cuando aquel hombre se la vuelve a clavar ella la retiene dentro de su pecho... No lo entiendo...
-Yo sí. Era cierto, una espada como ésta solo queda maldita por una cuestión de injusticia mezclada con sangre. El dueño tuvo que pagar un precio muy alto, ¿ o crees que es bueno ser inmortal? No debe haber nada más horrible que ver pasar los siglos y no morir nunca. Perder siempre a los tuyos, no poder enamorarte, ver las mismas guerras, muertes y errores humanos una y otra vez...
-¡Mira Yojimbo! Va a dar el golpe de gracia al herrero. Hagámosle defenderse. ¡Cojamos ese atizador de metal de ahí y paremos su estocada!
-¿Y qué crees que ocurrirá?
-No lo sé pero ya estoy harto de permanecer aquí. Que los dioses nos sean propicios.
-Honto da (3) ¡Vamos allá compañero!
Y el herrero alzó su brazo con fuerzas que no sabían de donde venían, y con el utensilio de metal detuvo el golpe. Al instante Yojimbo y Kenshiro desaparecieron.
FIN
(0) Chott matte! - Esperad un momento!
(1) Shufu - Putilla
(2) Kawaisou Musashi - Pobre Musashi...
(3) Honto da - Es verdad!
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QUEREMOS AGRADECER A LA SOCIEDAD DE HERREROS JAPONESES DE ESPADAS MÁGICAS SIN CUYA COLABORACIÓN NO HABRÍAMOS PODIDO ENTENDER EL MUNDO DEL ACERO AL DETALLE.
la historia completa la podeís leer por episodes en
http://www.geocities.com/mutanerda/relatos/espada.html
07.11.2005 15:19
ya ta, no te debo nah xD
06.11.2005 19:35
Anda que no estáis colgaos el moraneus y tú... ; P Pero oye, qué bueno eh?
06.11.2005 16:40
magnifico final, enhorawena a los dos :))) me ha gustado la originalidad, que cracks!