Relatos eróticos VI

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Opinión sobre "Relatos eróticos VI"

publicada 19/04/2010 | La_cara_oculta
usuario desde : 15/12/2009
Opiniones : 82
Confianza conseguida : 0
Sobre mí :
No para mí
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Desventajas ......
excepcional

"Tu carne y la mía..."

Llegan los calores y mi imaginación se dispara… Amado, donde quiera que te halles yo te estaré aguardando.

El que todavía no conozca a mi Amado para algunas personas podría ser un problema pero no para mí. La imaginación se dispara, el pulso se acelera y las duchas de agua fría empiezan a resultar interesantes. Yo conservaré mi castidad y mantendré mis fantasías más secretas a salvo de los ojos de los curiosos. ¿Acaso pensáis que en las siguientes líneas os voy a revelar todos mis secretos? Desde luego que no, una mujer sin misterio es como una rosa sin pétalos ( naturalmente aquí no estamos para hablar de las espinas de las rosas)

***
Quiero verme reflejada en los lagos profundos de tus pupilas mientras el mundo desaparece a nuestro alrededor. Encontrarme en ese rincón de tu corazón donde busqué refugio- del mundo o de mi misma, qué más da- sin que tú te percatases de ello. Tu permanecías ocupado persiguiendo tus propios sueños, demasiado lejano e inalcanzable para mí en el mundo tangible. Lo que no sabes, Amado, es que en el mundo de los sueños eres total y completamente mío. Mío para recrearme contemplando tu belleza masculina. Mío para ofrecerte mi corazón en una bandeja de plata y no temer que lo rechaces. Mío para gozar lentamente de tu carne.

Te guiaré a mi tálamo donde serás ofrecido en sacrificio a mi lascivia. Para ti, Amado yo seré todas las mujeres del mundo, después de conocer mi amor no volverás a pensar en las vestales de tiempos remotos, en las cortesanas experimentadas en el complejo arte de amar… pensarás en las mujeres que aman. Yo soy todas las mujeres del mundo y de la historia, en mí habitan todas las que una vez amaron y desearon al hombre

Ansío tocarte como nada en la vida; pasaría toda la eternidad acariciando tu epidermis, trazando en ella los senderos invisibles de las estrellas, grabando a cincel tu nombre y el mío sobre tu pecho. Tengo tantas caricias que regalarte que podría pasarme así los próximos mil años, sin hacer nada más que grabarte a fuego en mi mente a través del tacto. Ligeras como el roce de las alas de un miríada de mariposas. Profundas como la mente de la Sibila. Tiernas. Apasionadas.

Sólo cuando esté saciada de tu piel y de tu carne dejaré que me toques: para ti yo soy suave y dúctil como un metal blando, estoy hecha para adaptarme a tu corazón, para moldearme a tu cuerpo como si el mío fuera de arcilla blanda.
¡Y besarte! Bésate es como un sueño dulce, como saborear el más delicioso de los chocolates o de los cafés, como la comida cocinada por el mejor de los chefs para el gourmet más exigente. Besarte, Amado, es un placer digno de los dioses del Olimpo. Besaré con ternura tu rostro, y seré como un río que desciende por tu garganta para detenerme en la llanura de tu pecho, sin prisas, mis ósculos son como brasas suaves. Y llegaré a tu vientre, un remanso de paz antes de verterme en el océano.

Quiero lamer la cuenca de tu ombligo, besarte hasta que se contraigan tus músculos de pura delicia. Detenerme ahí amado mientras tu deseas otra cosa pero yo… yo no tengo prisa alguna porque estás en mis sueños y me puedo deleitar de cada detalle hasta sentirme saciada. Buscaré tu boca con la mía, tus labios, el sabor de tu saliva, de tu lengua y permitiré que saborees mi dulzura porque tú careces de la más remota idea de lo dulce que puedo llegar, yo que habito en bosques no hollados por el pie de los humanos. Dejaré mis ósculos como un tributo a tu esencia masculina ahí donde late el pulso, en la piel delicada del interior de las muñecas, en las sienes, en tu garganta. Y lameré la sal de tu piel. Tu boca es como miel derramada. Un pedazo de inmortalidad arrebatado a las deidades crueles.

Y besaré tu sexo erguido y vulnerable a un mismo tiempo. Yo quiero desvelar tu misterio de hombre, saborearlo. Recorrerlo con mi lengua, marcarlo con mi saliva y comprobar en mi boca la textura de esa carne, quiero conocerte íntimamente y que mío como eres en mis sueños te halles completamente a mi merced y capricho. Tú eres como un dios. Pero estos son mis dominios y soy yo quien decide qué presión ejercen mis labios contra tu verga y como tocarte. Eso no lo olvides jamás porque tenerte así es como morir y permanecer en el limbo. Sí, tú eres para mí. Yo sólo busco encender en ti la chispa de la eternidad. Inflamar tu deseo hasta que supliques clemencia porque no sabrás si te encuentras ante las puertas del Paraíso o del Averno

Tú, Amado, sigues sin comprender que nunca tendré suficiente de ti.

Me consume el deseo. Me abraso. Tócame…

Tú haces que sienta que por mi interior fluye magma candente en lugar de sangre. Besa mi garganta, hunde tu rostro entre mis pechos, en mi escote… ahí donde la carne es tierna y vulnerable. ¿Acaso no quieres complacerme? Cada caricia tuya traza senderos de placer tan enrevesados como los dibujos celtas sobre mi piel y debajo de mi piel. Para ti, ya te he dicho que soy suave, dulce, tierna, moldeable y apasionada… consumida por un deseo voraz por ti.

Ábreme. Mientras me miras a los ojos, mientras las yemas de mis dedos acarician tu rostro. Ábreme. Tu carne en la mía, sobre ella, debajo de ella o dentro de ella, mientras el mundo desaparece; no entiendo más eternidad que esta, la de la carne abierta y penetrada, la de la piel diluida en otra piel, los alientos que se entremezclan, sólo eso. Nada más. Ahogarme lentamente en tus ojos o ser succionada por un agujero de gusano, asistir a la muerte de una lejana estrella o a una hecatombe de la antigua Hélade. Sólo existir en ti y, en silencio, hablar el lenguaje ancestral y universal de los cuerpos que se unen marcando un ritmo tan antiguo como el de la propia vida.

Ah, tú eres mi perdición…

Me enloqueces, he nacido para amarte.

Por ti me incendio y me consumo en las llamas del deseo.

Y soy para ti. Y tú eres para mí.

Desgárrame pues sin ti no puedo vivir, cuando comprendas que tú y yo somos uno. Hazlo ahora pero antes, deja que vuelva a besar tus labios. Una vez más… luego te dejaré libre para que decidas si quieres permanecer en mi prisión o si, por el contrario, deseas recuperar tu libertad y volar lejos de mí, al lugar donde van los sueños perdidos y que sólo conocen las águilas majestuosas.

Sólo quiero tu piel, tu cuerpo, tus labios, tu sexo… no quiero amor mientras te rodeo con mis piernas o mientras tus manos se ciñen a mis caderas. Sólo quiero perderme en ti hasta el final de los tiempos. Sembrar tu cuerpo de besos y caricias, abrirme para ti, saciar mi sed y mi hambre de siglos contigo. Alcanzar el delirio y morir entre tus brazos para renacer acto seguido.

Sólo quiero...

Amarte.

***
Si alguien encuentra a mi Amado le ruego que le haga saber que lo estoy esperando en mi mundo de sueños y nieblas…


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Comentarios en esta opinión

  • dextrosa publicada 13/06/2010
    Intenso y dulce, Amado podría vivir así toda la vida. Un beso.
  • tadificil publicada 08/05/2010
    Que grande.
  • cay11 publicada 07/05/2010
    A mí también me ha parecido extraordinariamente sensual y también muy profundo porque, ¿qué mejor manera que expresar el Amor que a través de las más íntimas caricias? Besos. ps- seguro que encontrarás a tu Amado cuando menos te lo esperes.
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