Cuentos adultos...
07.11.2004 (27.02.2005)
Ventajas:
Que os gusten
Desventajas:
Que no os gusten
Recomendable:
Sí
 nillette
Sobre mí:
usuario desde:01.01.1970
Opiniones:191
Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 84 miembros de Ciao
Parece que a Ciao (o a alguien de la comunidad) no le gustó ver un relato erótico en el apartado "Todo lo que empieza por la letra...", y borró el que yo había escrito. Así que, paso a colocarlo en su sitio, puesto que había sido una historia muy elogiada. Como tampoco quiero borrar el que tengo, pues nada, aquí van dos cuentecitos de los que me gusta escribir. Muchos besos a tod@s los que me apoyaron cuando fue borrado mi relato... y a los que no me apoyaron, también!!!! LOLITADe siempre te ha ido el rollo “Lolita” pequeño pervertido. Te gustaba que me peinase con trenzas, verme comer un helado, o sentada en el suelo, con las piernas cruzadas como si fuese una niña. Recuerdo el día que decidí hacerte un regalo. Me “disfracé “ para ti. Una blusa blanca, una minifalda escocesa, unas coletas, una piruleta...... y te volviste loco. Los dos nos metimos en un papel, tu eras el profesor y yo la alumna díscola que te tenía siempre excitado. La representación fue tan real..... arrancó cuando te di a probar la piruleta...... conociste su sabor a través de mis besos. Nunca olvidaré tu expresión de intenso deseo. Jamás me habías mirado así, y eso que no te cortabas en tus miradas concupiscentes..... Me encantó. Me dio alas, y seguí siendo tu diabólica alumnita, mala estudiante la encarnación del pecado. Guiaste mis manos hacia tu sexo. ¡Cómo tensaba la tela! Estabas durísimo, lleno de deseo. Me arrancaste la blusa, frotaste la piruleta contra mis pezones, y la comiste a través de mi piel. Yo desabroché el botón de tus pantalones, y bajé la cremallera con los dientes. Estaba deseando hacértelo, niño. Deseaba ver tu sexo, tocarlo, acariciarlo...... Cuando lo tuve ante mí te miré a los ojos. Rocé la suave piel del glande con las yemas de mis dedos, escuché tu gemido, y decidí hacerte sufrir un poco. Me arrodillé ante ti, sólo con la falda de colegiala y las coletas, y me dediqué a castigarte, rozando tu miembro con la punta de la lengua y alejándome de ti. Quería que me suplicaras que te lo hiciera. Jugué un ratito, pero decidí que sería más divertido tumbarme en la cama boca abajo y no moverme..... Te tumbaste sobre mi espalda, besándome la nuca, metiendo las manos por mis costados para alcanzar mis pechos..... me dejé, pero me aparté. Y esta vez sí, situada entre tus piernas, cogí tu miembro y lo hice desaparecer taaaaaaaaaaaaaaan despacio entre mis labios que apenas parecía moverme. Convertí mi boca en terciopelo líquido para tu miembro. De vez en cuando, me lo sacaba para susurrarte *Mírame....*. Aunque tú no me sacabas los ojos de encima, todo hay que decirlo. Me quitaste las gomas que sujetaban mi pelo en dos coletas, y jugaste con mi cabello ya suelto. Me levanté, me situé a tu lado y te pasé el pelo desde los hombros hasta los pies. Y entonces, se me ocurrió...... hablando de pies...... decidí darte un muuuuuuuy sensual masaje, recorriendo las plantas con las yemas de mis dedos, presionando los puntos donde se reflejan todas las partes del cuerpo... pero decidí utilizar también la lengua. ¡Me excitó tanto tu gemido, mi amor...! Seguí masajeando tus piernas (siempre con las manos y la lengua), hasta regresar a tu sexo. Volví a acariciarlo con la boca. A veces bajaba hasta tus testículos, mientras mis dedos buscaban el punto que hay justo debajo de ellos, y presionarlo suavemente. “Ven... ven, si sigues vas a conseguir que me corra, y no quiero hacerlo aún”... Me tumbaste en la cama y me dijiste... “ Has sido una niña muuuuuuuy mala, mira lo que has conseguido... Ahora vas a ver tú lo que es bueno... “ Y me fuiste besando desde el nacimiento del cabello, descendiendo con dulzura, excitándome más y más... Y eso que ya lo estaba!!! Pensé que me quitarías la falda, para no tener obstáculos, pero debía de ser un afrodisíaco muy poderoso para ti, porque te limitaste a subirla. Tus besos en mi sexo hacían que quisiera retorcerme de placer, pero no me dejaste. Me tenías aprisionada... y era muy fuerte lo que me estabas haciendo sentir... mmmmmmm...tan fuerte... me dejabas sin aliento, quería más, más y más... Y lo tuve, exploté bajo tu lengua, que me había estado atacando inmisericorde... Tu ego, todo hay que decirlo, subió como la espuma, al ver que me habías rendido... Reptaste sobre mi cuerpo, y entraste tan despacito en él... Poco a poco empezamos a movernos, me diste la vuelta, y quedé cabalgándote, subiendo y bajando rítmicamente sobre tu sexo, que me estaba volviendo loca. Tus manos sujetaban mis caderas fuertemente, y te veía observar el triángulo oscuro por el que nuestros cuerpos se unían... “Ven, nena, levántate... y arrodíllate”. Me tomaste de nuevo, esta vez a gatas... tenía que girar la cabeza para poder mirarte. Me estabas dando tanto placer que dejé caer la cabeza en la cama mientras estaba a punto de correrme otra vez al sentir cómo me dabas azotes, “por mala”. Mordí con fuerza la almohada para acallar los gemidos que salían de lo más hondo de mí. El orgasmo era increíble, no podía dejar de temblar... Era desaforado, intenso, burbujeante, de colores... Todavía estaba bajo sus efectos cuando sentí que tu también te estremecías, y te derrumbabas sobre mí. Permanecimos así, quietos, tendidos, tú sobre mi espalda, durante un buen rato, jadeantes, llenos de placer... Te levantaste para situarte a mi lado... *Gracias, mi pequeña Lolita... nunca me habían hecho un regalo tan bonito...* ¿Qué haces tú aquí? Cogí el tren a las 07:40, como todos los días, para ir a trabajar. No hay mucha gente, y veo un par de chicos dormitando en mi vagón. Me fijo en uno de ellos. ¡Pero si es Él! ¡Dios, después de tantos años! Nos habíamos conocido en la Facultad, y nos habíamos enrollado un par de noches de estas locas. Y había estado muy bien, la verdad. Después yo tuve novio formal, él empezó con una chica en serio, y nos veíamos muy poquito, sólo encuentros fortuítos en la calle y nos parábamos a charlar 5 minutos. Él también me vio. Su amigo estaba profundamente dormido, y se sento a mi lado. Nos pusimos al día con nuestras vidas, ambos habíamos dejado a nuestras parejas, y en medio de la charla me dijo: "Me sigue volviendo loco tu boca. No sabes cuántas veces he pensado en ella". Me quedé cortadísima, no sabía qué decir, porque... yo también había pensado muchísimas veces en él. Se dio cuenta de mi vergüenza, y, dulcemente, me besó. Sus besos siempre me habían arrastrado al abismo, y esta vez no fue distinto. "No, para, nos van a ver", protesté sin ninguna convicción. Pero él sabía que no era sincera, que en realidad deseaba que siguiera. Sus manos empezaron a modelar mi cuerpo como si estuviese trabajándolo con arcilla. Y me encendía como si fuese carbón. Muy bajito me susurró al oído "Quiero que hagamos el amor... ahora". Mi respuesta fue un beso profundo, largo, lleno de deseo. Nos dirigimos al lavabo del tren. La verdad es que es un sitio muy poco romántico, pero... Lentamente nos fuimos desnudando, redescubriendo nuestros cuerpos. Naturalmente, ya no éramos tan hermosos como en la Universidad, pero... descubrí que ambos sabíamos hacer cosas que desconocíamos por aquel entonces, cosas que nos llevaron a la cima más alta del placer. Cuando se arrodilló ante mí e introdujo su rostro entre mis muslos, acariciando mi sexo con su poderosa lengua creí que me moriría allí mismo. "Eso no lo sabías hacer antes", le dije... Yo también había aprendido cosas, y se lo quise demostrar. Me aparté de él, lo levanté y esta vez fui yo la que se arrodilló ante él. Comprobó que mi boca era más golosa que antes, que mi lengua había aprendido a serpentear mucho mejor, y a mí me encantaba mirarle mientras devoraba ese manjar delicioso. "Levántate, cariño, ven..." Me inclinó contra la pared, junto al espejo (no frente a él), y lentamente tomó posesión de mi cuerpo abierto y maduro para recibirle. Se introducía con perversa lentitud, haciéndome desearlo más y más. Cada vez que salía, mi sexo se contraía para impedírselo. Nos mirábamos en el espejo, y bebíamos uno del otro con la sed del que encuentra un oasis en el desierto. Me abrazaba y jugueteaba con mi botoncito, lo cual me hizo alcanzar un orgasmo burbujeante, intenso, de mil colores y mil sonidos. Me contraje con más fuerza porque quería provocar el suyo, y volver a ver su rostro mientras sentía lo que acababa de sentir yo. La verdad es que no tuve que esperar mucho más. Sentí que su miembro temblaba dentro de mí, y que me inundaba del cálido licor que estaba deseando vaciar. Su expresión era maravillosa, jamás me había parecido tan guapo como cuando le vi en ese momento. Salió de mí despacito, me apoyé contra la pared y reí como una niña traviesa. "¿Por qué te dejé escapar?" me preguntó. "Porque eres tonto", le dije. Como pudimos, recuperamos la compostura, y salimos del lavabo. Volvimos a nuestro sitio y comprobamos que su amigo había seguido durmiendo plácidamente. "Quiero volver a verte", me dijo. "Yo también". "Pero en septiembre me vuelvo a Escocia". Yo no fui lo suficientemente valiente como para irme con él.
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23.04.2007 16:53
estupendo relato. enhorabuena
22.09.2006 00:53
Lo leo tarde, pero da igual, el del tren sencillamente genial, me hace sentir que lo estoy viviendo, y a estas horas....Mmmm
06.09.2006 14:44
bravo