Hija de Dioses
25.09.2008
Ventajas:
Decididlas vosotr @ s
Desventajas:
Decididlas vosotr @ s
Recomendable:
Sí
 Lady_Elyon
Sobre mí:
♥ Sin tiempo apenas, deseando vacaciones! Poquito a poco os voy leyendo pero estoy muy desapar...
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Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 12 miembros de Ciao
Este cuento lo escribí para una web en la que participo diariamente (de hecho soy redactora del blog jejeje). Consistía en escribir sobre un forero, lo que te evocaba su nick, lo poco que conocías sobre él... a mí me tocó una chica llamada Viento, me dejé llevar por mi imaginación y éste fue el resultado, espero que os guste y entretenga, es un cuento muy cortito. Gracias por leerme, un besote a todos!
Hija de Dioses En la alta torre de Shanash el gran hechicero Phibe alzó su báculo hacia el cielo y comenzó a entonar un cántico macabro, frunciendo su adornado ceño y levantando la mirada hacia los cielos, estableciendo un contacto con el Dios Harenio, el más oscuro de los tres Dioses que habitaban los Cielos.Una gran tormenta se fue desencadenando mientras Phibe pronunciaba con voz ronca y extasiada su melodía, una serie de armoniosas palabras que traían al mismo Mal a la ciudad de Shanash. En el interior de la torre, una joven aprendiz vestida únicamente con una túnica blanca observaba todo lo ocurrido con gesto preocupado. El maestro Phibe se había vuelto loco tras una visita nocturna de una mujer ataviada con una túnica negra, símbolo de adoración y culto al Dios Oscuro. Hacía dos semanas de esa visita. A la pequeña aprendiz le extrañó que su maestro dejara entrar en la torre a semejante mujer, pues allí se rendía culto a la Diosa Marah, que representaba la fuerza interior y la voluntad, el espíritu luchador y la sabiduría. Viento, que así se llamaba la pequeña, sentía especial adoración por la Diosa, y por eso pronto ingresó en la torre de Shanash, tras haber sido criada por el gran hechicero Phibe.Ahora no entendía porque su maestro estaba invocando al Dios Harenio, aquel que representaba la avaricia y el poder, valores muy distintos a los que siempre había rendido culto. Cuando la ciudad comenzó a sumirse en tinieblas, presa de la furia del Dios Oscuro, Viento se asustó. Algo en su interior la empujaba a detener a su maestro. Se sentía con fuerza suficiente para intentarlo, y no dudó un instante. La llegada del Dios a la Tierra causaría una devastación sin precedentes, arrasaría con toda la ciudad y, con ella, eliminaría a todos los habitantes de Shanash, personas que vivían de forma humilde y laboriosa, personas inocentes de las que ahora Viento se sentía responsable. Subió las escaleras que conducían a lo alto de la torre, sintiendo una fuerza que iba creciendo en su interior a medida que se acercaba al exterior en lo alto de la torre. Fuertes ráfagas corrían a sus anchas, despeinando su largo cabello dorado. Alzó su báculo en dirección a Phibe e intentó pronunciar unas palabras mágicas para desestabilizarle e impedir que prosiguiera con su cántico. Efectivamente, Phibe estaba tan absorto que le cogió de improviso la actuación de su joven aprendiz, casi una hija para él. Inmediatamente, la fuerte tormenta pareció amainar.- ¡Viento! - exclamó el maestro - ¿Qué estás haciendo aquí? - ¡Intento salvar a Shanash de tu locura! El maestro no dio señales de hacerle las cosas fáciles a Viento. Apuntó con su báculo al lugar en el que estaba situada y con voz apenada dijo:- ¡Ashnish krimbel! Pronunció la maldición imperdonable para cualquier hechicero: la maldición de la muerte. Viento cayó inerte. El choque de su cuerpo contra el frío suelo de mármol de la torre volvió a la realidad al hechicero Phibe. Al instante se olvidó de lo que acababa de cometer y prosiguió con su invocación, cada vez más fuera de sí con los ojos desorbitados. Su cuerpo se convulsionaba en tortuosos espasmos y cada vez estaba más débil.Viento... Viento... Viento... - ¿Dónde estoy? - preguntó una aturdida Viento. - Estás en el Cielo - le respondió una mujer de cabello dorado, ataviada con una túnica púrpura en cuya cintura portaba un adorno en forma de flor de Lis. A Viento le resultaba familiar esa imagen, la había visto cientos de veces en los libros de la torre. Pero no podía ser... esa mujer era... - Soy la Diosa Marah, y él es el Dios Raunn, padre de la naturaleza - respondió la mujer. - Viento, debes impedir que Harenio sea invocado. Nos es muy difícil mantenerle controlado, pero ahora que el gran hechicero le está transmitiendo su fuerza vital es más poderoso. No podremos retenerle por mucho más tiempo, pronto conseguirá librarse de las ataduras y bajará a la Tierra, desencadenando un caos que aquí le es negado. - ¿Y yo que puedo hacer? - preguntó Viento - Estoy muerta, por eso estoy aquí. Phibe me lanzó la maldición de la muerte, es por ello que estoy en el Cielo, con vosotros.Los ojos de la Diosa Marah se llenaron de lágrimas. Miró a Raunn y éste asintió. Parecía que había llegado la hora de hacer una gran revelación... - Viento, no eres una mortal. Hace dieciséis años, Raunn y yo tuvimos una hija. Aquí, en los Cielos, desde tiempos inmemoriables siempre hemos sido una Triada: Harenio, Raunn y yo, Marah. El nacimiento de nuestra hija desencadenó un caos en la Tierra, pues un cuarto Dios no podía vivir aquí. Raunn y yo decidimos sacrificar a nuestra pequeña en virtud de nuestro gran compromiso como Dioses de la Tierra. No podíamos permitir que nuestro mundo se destruyera, de modo que abandonamos en la Tierra a nuestra hija. Sólo su esencia descendió a vuestro mundo y se introdujo en el cuerpo de una pequeña criatura abandonada a su suerte en la entrada de la torre de Shanash. Raunn se comunicó a través del Oráculo con el gran hechicero Phibes, haciéndole saber lo que albergaba ese pequeño cuerpo. Phibes se hizo cargo de la criatura y la cuidó e instruyó en el arte de la magia. Esa criatura, como habrás adivinado, eres tú. Tú eres el bebé abandonado y albergas la esencia de nuestra hija, eres Viento.Viento trataba de asimilar todo lo que la Diosa Marah le había contado. Así que, ¿en parte era ella su madre? Y el Dios Raunn, ¿su padre? Eso podría explicar los sueños que tenía de niña, a los que el maestro Phibes atribuía a su gran imaginación. La pequeña siguió meditando todo lo que le había sido revelado, pero una voz la sacó de sus pensamientos. - Toma este báculo e impide que Phibes invoque al Dios Oscuro. La sed de poder le ha vencido.Viento tomó en sus manos el gran báculo de los Dioses, que sólo había sido visto por los mortales en las ilustraciones de los libros más eruditos de toda la ciudad. En ese momento, todo cuanto había a su alrededor desapareció, incluyendo a los Dioses, y despertó en la torre. Phibes seguía entonando su cántico, pero su voz cada vez era más apagada, mientras que la oscuridad que se cernía sobre Shanash era más poderosa, como un gran monstruo que estaba engullendo la ciudad poco a poco. Viento tomó el báculo en sus manos sin saber que hacer. Nada más erguirse, una fuerza misteriosa se apoderó de su ser y, apuntando hacia el hechicero, susurró con una voz tan potente que hasta en los Cielos se escuchó: - ¡¡ASHNISH KRIMBEL!!Su voz tronó por encima del estruendo de los estallidos que emitía la oscuridad y su cuerpo se elevó varios metros por encima del suelo. Un aura muy potente iluminaba su figura, poderosa e inmortal ahora. El hechicero Phibes se desplomó y su cuerpo se transformó en ceniza, tal fue la magnitud de la maldición lanzada por Viento. La oscuridad fue remitiendo y poco a poco la ciudad volvió a ser iluminada por la luz del sol. Las tinieblas dieron paso a los rayos del astro rey. Todo volvió a la normalidad. En ese momento, Viento cayó inerte, más hermosa que nunca, sus cabellos ondeaban y su rostro mostraba una inmensa paz. Una mujer lloraba. Era la segunda vez que perdía a su hija. Un hombre de cabello plateado trataba de reconfortarla. - Tenía que ser así, Marah. Una lágrima silenciosa recorrió el rostro de la Diosa.~~~~~~~~ Años después, la ciudad de Shanash volvió a ser próspera. La época oscura había terminado, dando paso a una etapa de lucidez y prosperidad. La torre de Shanash había cambiado de nombre, siendo ahora la "Torre de Viento", en honor de la gran hechicera que una vez dio su vida para acabar con el mal imperante que el malvado hechicero Phibes había tratado de traer a la Tierra. Ahora, los nuevos aprendices de mago estudiaban la historia de Viento, y el máximo rango mágico correspondía con el color de la túnica blanco, con el que su hechicera Viento había perecido.
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01.10.2008 02:17
Jolines chiquilla lo bien que se te da esto de contar historias. Amos, me escribes esto a mi y me encantaría, así que tu friend estará contenta no?? un besoteeee
29.09.2008 15:08
Un relato precioso, a mi me encantan los relatos de este tipo...y estoy segura que a tu amiga del blog le entusiasmó. Besos.
26.09.2008 09:48
bonito relato, besos