La madre

5  15.05.2008

Ventajas:
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Desventajas:
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Recomendable: Sí 

Sapristi

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...

Olivia siente como se va
Todo está oscuro, y escucha una voz lejana, distorsionada, que habla sobre algo que ella no comprende. Intenta moverse, pero no puede, su cuerpo no responde y parece sumirse más y más en una especie de letargo que la arrastra sin que ella pueda resistirse. La voz ya es un susurro, y siente como un aterrador silencio se va acercando hasta ellay ella no quiere.

No quiere irse

Olivia despertó. Había sudado mucho mientras dormía, y sintió que sus músculos estaban entumecidos. Los primeros rayos de luz entraban por la ventana, a ella siempre le gustó levantarse con el sol, así que lentamente y a pesar de los molestos dolores, se incorporó y se dirigió al cuarto de baño. Se observó en el espejo y se sonrió. Hoy era un día muy especial, su niña, la pequeña Laurita cumplía siete años. Como ya era verano, pensaba dar una gran fiesta infantil en el jardín adornándolo con globos de colores brillantes, y todos sus amiguitos podrían bañarse en la piscina. Vendría un payaso que contaría historias y haría divertidos trucos de magia y además tendría muchos regalos y una gran tarta de chocolate que ella misma iba a preparar durante la mañana.

“Eso sí –pensó- será una sorpresa y ella no debe estar en casa mientras hago los preparativos”.

Así que se dirigió al dormitorio de su niña pensando que la mandaría unas horas a casa de la vecina con cualquier excusa.

-Buenos días Laurita –dijo cantando mientras abría la puerta del dormitorio.

Pero estaba vacío. El dormitorio de Laura estaba vacío y la cama estaba hecha. De pronto sintió que se le congelaba el pecho. Salió de la habitación corriendo y bajó las escaleras en dirección a la puerta de entrada. Estaba cerrada con llave, lo que significaba que nadie excepto su marido, había salido de la casa desde la mañana.

-¿Laura? ¿Dónde estás nena?

Escuchar su propia voz temblorosa en medio del silencio de la casa la estremecía aún más que no obtener ninguna respuesta. Su corazón se iba acelerando a medida que se movía por la casa, la cocina, la terraza, los dormitorios, el garaje…su niña no estaba por ningún sitio. Sintió que se le escapaban las lágrimas y llevándose las manos a la cabeza pensó en llamar a la policía. Se abalanzó sobre el teléfono como una posesa y marcó el número de urgencias.

-¿Hola? –la voz que respondió al otro lado le era conocida- Olivia, cariño,
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¿eres tú?

Era su marido. Sin saber como, había marcado el número de teléfono del despacho de Raúl. Ella no podía hablar, sentía un nudo en la garganta y una desesperación que le oprimía el pecho.

-Cariño –continúo la voz- ¿Estás bien?

-¡Raúl! –su voz brotó en un chillido, sin poder controlarlo- ¡La niña! ¡La niña no está en casa! ¡La estoy buscando Raúl y no está en su camita, no está por ningún sitio! ¡Hay que llamar a la policía! –y rompió a llorar.

-Escucha Olivia escúchame bien ¿sabes qué día es hoy, cariño?

-Sí, hoy es el cumpleaños de Laurita, ¡pero no está!

-Es cierto cielo, hoy es el cumpleaños de Laura, pero Laura está en el campamento, hace unos días que la llevamos al camping a pasar unas semanas, a ella le hacía mucha ilusión ¿recuerdas? ¿Recuerdas eso cariño? Quería pasar parte del verano con sus amiguitos del colegio en el campamento.

-Pero…no recuerdo… ¿un campamento?...deben ser las pastillas esas que me das, se me van las cosas de la cabeza, no pienso con claridad, tengo lagunas…

-Sí cariño, pero ya sabes que las necesitas para sentirte mejor. ¿Estás más tranquila ahora?

-Sí, no recordaba lo del campamento, claro, me asusté mucho.

-Bien, ya sabes que el médico dijo que al principio los medicamentos te harían sentirte algo excitada y confusa, pero con el tiempo se pasará ¿Te has tomado las pastillas que te dejé sobre la mesita de noche?

-No, fui a ver a la niña y como no estaba me asusté mucho…

-Pues ahora ve a tomártelas, ya sabes que debes hacerlo cada mañana. Ahora que sabes que no ha pasado nada sube a tu cuarto y descansa ¿de acuerdo?

-De acuerdo…-y colgó el teléfono.

Le dolía la cabeza. Por más que se esforzaba no lograba recordar con claridad el momento en que habían dejado a su hija en el campamento de verano. Sí, tenía algunas imágenes entrecortadas en las que se veía a ella y a Laura en el coche. La niña estaba en la parte de atrás, muy sonriente y cantando algo que no recordaba bien que era. Pero no encontraba nada más esclarecedor en sus recuerdos. Raúl no estaba con ellas en el coche, eso sí que lo veía claro. De cualquier modo, sabía que últimamente algo no iba demasiado bien en su cabeza, pues solía olvidarse de todo, incluso olvidaba lo que había comido durante el día, o si había hablado con alguien por teléfono.

Subió las escaleras algo más tranquila, con la intención de obedecer los consejos de su marido y al pasar ante la puerta semiabierta del dormitorio de Laura se paró en seco. Una sensación de inquietud volvió a apoderarse de ella, algo que había visto la primera vez que entró en la habitación y que no le había parecido importante hasta ese momento le vino a la cabeza. No sabía que era exactamente, pero sintió que debía comprobarlo. Así que volvió a entrar en la habitación y su mirada se dirigió a la cama de Laura. El pánico regresó de nuevo, allí sobre la cama de su niña estaba “Lila” su muñeca favorita. Laura no iba a ningún sitio sin su muñeca, la necesitaba para dormir tranquila desde que era muy pequeña. Ella nunca se hubiese olvidado de llevarla consigo a un sitio donde sabía que iba a pasar la noche.

Olivia se sintió desfallecer, y con lágrimas en los ojos regresó al salón y volvió a descolgar el teléfono. Las manos le temblaban. Era el pánico. Ese extraño pánico que la acompañaba cada día, que había llegado a formar parte de su vida y que su cabeza no sabía controlar, por alguna extraña razón.

“Tranquila, tranquila, hay una explicación para esto…sí…una explicaciooon –se repetía en voz alta mientras escuchaba los tonos de espera al otro lado del auricular- Laurita no se separa de “Lila”, jamás lo hace…es tan chiquita aún…mi niña…un campamento, no puede estar en un campamento sin “Lila”…mi niña noo…noo -y no pudo remediar estallar en un llanto.

-¿Olivia? ¡Olivia! ¿Pasa algo? –era Raúl, su voz sonaba agitada.

-¡Cariño! ¡La niña se ha dejado su muñeca en casa, tenemos que llevársela! ¿Dónde está el campamento, cariño? Dime donde está…voy a llevársela yo misma… ahora… ¡Dime donde está!

Al otro lado del teléfono no hubo respuesta.

-¿Raúl? Mi amor…responde, tengo que ir a ver a mi niña. Hoy es su cumpleaños, tengo que verla y abrazarla…y llevarle su muñequita…ella la necesita para dormir…

-Escucha cariño, voy a volver a casa ahora –la voz de su marido sonaba extraña- por favor, procura tranquilizarte, en unos minutos estaré contigo, pero primero que nad…

De repente Olivia no escuchó nada más. Dentro de su cabeza vislumbró algo parecido a una luz que trajo hasta ella unas imágenes encadenadas, como si en su interior se hubiese activado un extraño mecanismo que llevaba quien sabe cuanto tiempo dormido. Dormido como lo estaba ella siempre, como su memoria. Dejó caer el auricular del teléfono y a lo lejos quedó la voz de su esposo.

“… Olivia cierra el maletero, mientras su niña sube al coche ... Lleva a Lila en sus brazos... Más tarde están en la autopista, de camino al campamentoLas dos canturrean una canciónLa niña juega con “Lila”“mami, Lila te quiere contar un secreto” “¿Ah si? Pues soy toda oídos”Laura se suelta el cinturón de seguridad para acercarse más a su madreOlivia no se da cuenta hasta que de repente ve la muñeca agitándose delante de su caraOlivia se asusta, da unos volantazos y se sale de la carreterapierde el control del coche y se estrella contra una vallay de repente todo es oscurotodo es silencio…”


Raúl regresó a su casa. Había salido del trabajo sin dar explicaciones y allí estaba, con el corazón encogido, intentando encontrar la llave de la puerta. Deseaba con todas sus fuerzas no haber llegado demasiado tarde. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Cuántos cumpleaños se habían perdido desde aquel fatídico día? Y aún seguía doliendo tanto como cien puñales que se clavan en lo más profundo del alma.

La casa estaba en silencio. Eso le preocupaba aún más. En el salón, los muebles estaban desordenados, tirados algunos por el suelo, los cojines esparcidos, las cortinas rasgadas.

-Cariño…estoy en casa…-dijo al silencio.

Subió las escaleras y escuchó un canto que llegaba desde la habitación de Laura. Allí estaba Olivia, acurrucada en la camita de su niña, con los ojos muy abiertos y la mirada perdida en el vacío. Tenía a “Lila” entre sus brazos y la apretaba con fuerza contra su pecho, balanceándose hacia delante y hacia atrás, como quien mece a un recién nacido.

Raúl se sentó junto a ella, y con lágrimas en los ojos le acarició la mejilla. Olivia lo miró, sonriendo, sin dejar de cantar.

-Mi amor…-le susurró él- ven, tenemos que tomar la medicación…

-¿Puedo llevar conmigo a Laurita? –preguntó Olivia, con los ojos muy abiertos.

-Sí mi vida…puedes traerte a Laurita…


Más tarde, Olivia comienza a caer en un sueño tranquilizador, mientras su esposo le susurra al oído lo mucho que la quiere, y lo mucho que las echa de menos, a las dos…


Olivia siente como se va
Todo está oscuro y escucha una voz lejana, distorsionada, que habla sobre algo que ella no comprende. Intenta moverse, pero no puede, su cuerpo no responde y parece sumirse más y más en una especie de letargo que la arrastra sin que ella pueda resistirse. La voz ya es un susurro, y siente como un aterrador silencio se va acercando hasta ellay ella no quiere.

No quiere irse

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Comentarios sobre esta opinión
piluka255

piluka255

14.06.2011 11:27

es muy rea pero tambien muy triste

bigman78

bigman78

05.06.2009 05:12

No entiendo porque se ha borrada buenisima comentarista increible me ha llegado.

bigman78

bigman78

04.06.2009 03:56

Excepcional, sin ninguna duda

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