Ojos de un negro profundo a juego con la oscuridad reinante en aquella fría noche. Pupilas dilatadas, fijas, sin vida, buscando allí en lo alto la llegada de la señal que le hiciera partir. No sabía cuanto tiempo llevaba en aquel banco con la mirada clavada en la veleta del campanario de la iglesia.
Una noche dura, insomne, en juego entre sueño y realidad. Imágenes alocadas con ansia de instalarse en su mente. Demasiado tiempo intentando encontrar un sentido.El viento inquieto componía susurros que taladraban su cordura. Las ramas de los árboles parecían querer abrazarle entre sus extrañas formas. Él, con el cuerpo languidecido se ofrecía al ritual. Nada tenía que perder. Si sus temores en forma de fantasmas venían a buscarle no ofrecería resistencia. El miedo dejó de ser su compañero cuando desde bien pequeño se enfrentó con la muerte, que cruelmente sesgó la vida de sus padres haciéndole entender que la vida iba a ser un mano a mano con ella.
Un halo extraño empezó a rodear la plaza. Las hojas que antes rodaban inquietas empezaron a detener su marcha. Un silencio sepulcral solamente roto por los maullidos de algunos gatos saliendo de su escondite, hizo que notase un escalofrío recorriendo su columna.Allí en lo alto, la veleta componía su último giro buscando un destino que él temía. Los gatos mostrando un porte enigmático habían empezado su marcha hacia donde la flecha señalaba y el último, clavado en mitad del lugar le miró proponiéndole la partida. Al menos no iría solo, pensó.
Agua clara, fría y transparente. Ese era su destino. No sabía si vería su cara o escucharía su voz una vez que le ofreciera su ruego, como algunos afirmaban. Pero en cualquier caso había llegado su momento y no perdería la oportunidad de encontrar el guión de su existencia.Había caminado un buen trecho, guiado por los pasos saltarines de los felinos que parecían acertar la cercanía del mágico lugar. Estaba exhausto, aunque aquellos rayos de luz brillantes provenientes de la luna llena, parecían envolverle dándole aliento a la marcha.
De repente se encontró solo. Un potente viento despertó otra vez la furia de los árboles, que juguetones parecían empujarle hacia un claro que se adivinaba a pocos pasos. Allí en una roca gigante, los gatos con sus pelos encrespados, habían tomado asiento como espectadores de su aventura o quizás de una quimera que él mismo quería creer a toda costa.Cuando se dio cuenta el agua cubría sus tobillos. Fue entonces cuando pudo captar la magnitud de la extensión de agua que había frente a él. Jamás hubiera podido imaginar que un lugar tan bello pudiera subsistir a la demencia del ser humano. Inspiró profundamente para captar la energía que le rodeaba. Se arrodilló y colocándose a cuatro patas dirigió su mirada hacia el agua. Su reflejo le devolvió una mueca lastimera. No recordaba la última vez que vio su cara reflejada, pero ahora mismo parecía un muñeco lastimado por la dureza acumulada en tanto tiempo de soledad y tortura.
-Éste no soy yo, no puede ser- exclamó perturbado.Los gatos cantaron al unísono una triste melodía acompañándole en la orilla a su espalda. El aire inquieto cesó y allí donde su imagen quedaba reflejada empezaron a formarse unas ondas que difuminaron su cara dándole un aspecto espectral.
-¿Qué pasa ahora?- susurró. Pudo darse cuenta por el calor que empezó a desprender sus mejillas que estaba llorando. Las lágrimas, traicioneras, borraban la imagen de lo que era.Un leve chapoteo fue la señal de que algo extraordinario iba a ocurrir. Sus amigos en aquella fantasía, habían dejado la orilla y ahora, dando de lado a su tremendo pánico al agua, caminaban a través de ella hasta quedar sentados frente a él un metro más allá.
-¿Has llegado? ¿Estás aquí?Una tibia luz azul empezó a surgir de las aguas rodeando su cuerpo. Seguía con su mirada clavada intentando recuperar el reflejo, cuando éste de forma súbita cambió su imagen por la de un rostro angelical. La cara de la mujer más bella que él hubiese visto jamás yacía ahora bajo sus ojos.
-Sí, he llegado. No suelo negarme a la llamada de unos ojos que piden a gritos ser rescatados. ¿O acaso has venido a marcharte definitivamente?.-Nunca fue mi intención dejar de vivir. Ella me llama. Viene a buscarme y dice que le pertenezco desde el día que la vencí. Para quitarle la razón hice lo que hice tantísimas veces. Aquí tienes las pruebas.
Lentamente empezó a desnudarse, mostrando profundas heridas por todo su cuerpo. Heridas de enfrentamientos en las que siempre salió victorioso sin buscarlo.-¿Y qué quieres de mi? Pídeme lo que anhelas, si está en mi mano será concedido.
-Quiero encontrar un sentido a mi existencia. Quiero dejar de batirme en duelo con ella porque sé que tarde o temprano la victoria caerá de su lado y he pasado todos mis años sin disfrutar de la magia de la vida.-Dame la mano.
Sin dudarlo atendió su solicitud, dejándose llevar por aquella levedad que se apoderó de él. Le arrastró a la profundidad del agua para captar la espléndida belleza del milagro de la vida y la perfección de la naturaleza.-¡¡Qué hermosura!! Has de dejarme salir, noto que ya me falta el aire.
-¿Seguro que quieres que lo haga? ¿O acaso has descubierto que el don de la vida vale tanto como para aprender a disfrutarlo como el mejor regalo que jamás se nos podrá ofrecer?-Quiero vivir. Ya me impregné de tu sabiduría y belleza. Deja que vaya a empapar de ella a todo aquel que lo necesite.
Así fue, como aquella mañana, de vuelta a casa recorriendo un camino de vuelta que jamás volvió a encontrar, supo que cualquier vida por encima de todo tiene un sentido y que se ha de luchar por dotarlo de la racionalidad adecuada para discernir que la felicidad está al alcance de quien la busca. No por tropezar se ha de cejar en el empeño.La vida no se vive por uno mismo, siempre hay alguien a tu lado que necesita de tu existencia para complementar la suya.
Sabia es la naturaleza y sabia es la vida….Esa fue su lección. Desde aquella noche aprendió a vivir, que no es poco. Y de esa virtud nacieron muchas otras en otros seres.P.D: quería dejar esta cita de Gregorio Marañón (médico y escritor 1887-1960), que dice mucho de lo que aquí he querido expresar: "Vivir no es solo existir, sino existir y crear, saber gozar y sufrir y no dormir sin soñar. Descansar, es empezar a morir".
09.06.2009 07:39
Que palabras tan delicadas y hacía tanto tiempo que no te leía (ni a ti ni a nadie) la dulzura melancólica de algunas líneas me han hecho ver en la mente por un momento aquel procesador de texto de gmail en el que pudimos compartir la creación de un bello relato. Me fascina también tu psicología positiva con la moraleja de famoso incluida. Besos!!
30.07.2008 19:33
Linda amiga: Hermosas palabras para estos tiempos edonistas, donde sólo se concibe el culto a la vida como placer inmediato, y no como un proceso, como un camino que nos hace descubrir y crear cada día algo nuevo. No sólo hay que hablar de muerte digna, sino de una vida digna, algo a lo que todos tenemos derecho. Un beso.
12.07.2008 22:17
Ojala muchas personas vieran las cosas desde esa perpectiva....es una manera de tener una segunda oportunidad ...una bella historia...saludos