COMIENDO PAELLA FRENTE A LA MALVARROSA

3  14.04.2011

Ventajas:
Valencia, el ambiente detenido, atención camareros

Desventajas:
Algo caro para lo que ofrece, algunos platos .

Recomendable: Sí 

ITACA213

Sobre mí: La primavera sabe que la espero en Madrid www.itacabuscandoaulises.blogs pot.com. Take a smile :) ...

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Sigo con mis opiniones sobre Valencia, como veis, las cuatro horas que pasé a mi bola en la ciudad me cundieron. Ya os comenté en mi opinión sobre L’Oceanografic que me quedé realmente sorprendida por esta ciudad, y que, ahora que tenemos AVE desde Madrid a poco más de una hora y media de trayecto, espero poder visitar en más ocasiones esta ciudad. Pero una de las cosas que tenía clarísimo que iba a hacer en esas horas libres era tomarme una buena paella en esta ciudad. No en vano, aquí es donde se come la mejor paella del mundo, así que no podíamos irnos de Valencia sin probarla.


Inicialmente, pensábamos ir a comer paella a la playa, por lo que ni cortas ni perezosas nos cogimos la línea azul del Autobús turístico y nos bajamos frente a la mismísima playa de la Malvarrosa. Esta playa es la playa evocada por Sorolla en algunas de sus obras más famosas; curiosamente esos cuadros no los pintó allí sino en su palacete de la Avenida General Martínez Campos en Madrid, evocando las luces de su playa valenciana. Por ello, después de haber visto tantas veces algunos de esos cuadros, especialmente los que se encuentran en el Museo Sorolla en Madrid, aquella playa era como si la conociéramos de toda la vida, como si formase parte de nuestros recuerdos de infancia. Pero, al menos para mí, hasta entonces era una auténtica desconocida, era la única vez que la pisaba.



La Malvarrosa es una playa inmensa, y aunque yo no pude dejar pasar la oportunidad de descalzarme y caminar, aunque sólo por unos pocos metros, por su arena, la extensión de esta playa me pareció larguíiiiiiiisima, de ésas que me encanta pasear en los días de invierno. Pero no, no había tiempo para tanto. Al inicio de la playa (en la parte más cercana a la Ciudad de las Artes y las Ciencias) se encuentra una zona llena de restaurantes famosos donde comer paella. Antes de ir, le había preguntado a Derviche sobre alguna recomendación de esos restaurantes, y me había dicho que él no solía ir a comer paella a la playa. Supongo que estos restaurantes son más de turistas que de otra cosa, pero al fin y al cabo, precisamente nosotras éramos turistas. Derviche me había hablado de L’Estimat o de La Marcelina. Como buenas turistas, preguntamos también al conductor del bus turístico que nos llevó hasta allí y nos recomendó La Pepica o La Marcelina. Pero como siempre nos gusta ir a nuestro aire, y nadie nos había recomendado con fervor ningún sitio en especial, decidimos husmear un poco aquí y allá, y finalmente mi acompañante decidió que le gustaba más La Pepica,

Fotos de Restaurante La Pepica, Maritime Villages, Valencia
Restaurante La Pepica, Maritime Villages, Valencia untitled - Restaurante La Pepica, Maritime Village
Restaurante La Pepica, Maritime Villages, Valencia
y allí nos quedamos.

LA PEPICA, UN AMBIENTE DE SIEMPRE.




Hay un dicho que suelo poner en práctica siempre que me es posible: Donde fueres, haz lo que vieres. Teniendo en cuenta que no estábamos en temporada alta, que era un día entre semana, que La Pepica parecía uno de esos lugares de siempre donde el tiempo parece haberse detenido, y que estaba prácticamente llena de gente que era valenciana (no había turistas, o casi no había), la ecuación estaba clara: debíamos quedarnos allí a comer. Y así lo hicimos.


Probablemente no sea el mejor sitio de Valencia para comer paella. Ni siquiera pongo en duda que un valenciano podrá achacarlo de caro (barato no era), de que la paella estaba así o asá, le faltaba esto o lo otro…, pero allí había gente que se notaba que eran tradicionales del local. Y a nosotras, que no somos de Valencia, la paella que nos pusieron nos supo a gloria.


El local de la Pepica da a dos calles, en realidad a la calle por un lado y al paseo frente a la playa por el otro. Incluso deben de tener una pequeña terracita exterior frente a la playa, pero ese día no estaba montada, sólo pudimos ver el recinto y unas cuantas mesas y sillas apiladas. El local interior se compone de una parte con barra (la que da al acceso de la calle principal) y un enorme restaurante con un aire de dejá vu, de ese tipo de ambientes donde parece que hace años el tiempo se haya detenido y que cuando entras, parece que retrocedes tres décadas atrás. Particularmente, he de decir que me gustan este tipo de lugares que te hacen retornar al pasado, quizá por eso a primera vista me gustó La Pepica. Tenía un ambiente como de restaurante de balneario en los años cincuenta, o incluso antes. Os podéis reír pero es exactamente a lo que me recordó. Hay una película de Garci, rodada en el Balneario de las Caldas en Asturias, con Alfredo Landa como protagonista y titulada Historia de un beso. El ambiente es muy parecido al que uno puede encontrarse en La Pepica, o al menos eso me recordó a mí.


Camareros impecables vestidos con el tradicional traje de camarero con chaleco de rayas grises incluido. El maitre, o más bien dueño, que iba y venía por doquier con las paellas. Ese ambiente de toda la vida, de Don Antonio, ¿cómo está ud. hoy? , a lo que Don Antonio contesta Muy bien, Paco, gracias. Si es que en el fondo yo soy una sentimental y me pierden este tipo de cosas, qué le voy a hacer…

LO QUE COMIMOS.




Como era una comida con proveedores, aunque tuve la carta abierta entre mis manos, y pude ver lo extensa que era, no fui yo quien eligió. Yo tenía claro que quería comer paella, y si tenía socarrat, mejor que mejor. Pero realmente a mí lo que más me gusta de la paella es el arroz, por lo que el hecho de que sea de un tipo o de otro, no es algo primordial en la elección (soy de las que se comen el arroz y va quitando tropezones).


Al final, mi acompañante decidió pedir una paella con todo el marisco pelado, unas coquinas de entrada y una ensalada. Como veis, no es que nos rompiésemos la cabeza eligiendo precisamente…


La atención fue fantástica, típica de un lugar tradicional donde se preocupan por sus clientes. En cuanto a la comida, podría puntualizar muchas cosas, y de hecho lo voy a hacer.


1. LAS COQUINAS.




Fue mi acompañante quien eligió las coquinas, aunque para mí es un plato de lo más bueno y sabroso normalmente. La ración era amplia sin embargo las coquinas no me gustaban nada. Estoy acostumbrada a comer el marisco como se come en mi tierra en el norte, con prácticamente total ausencia de aceite y muy al vapor. Estas coquinas eran todo lo contrario, parecía más bien que las hubiesen metido directamente en una sartén con aceite y las hubiesen dejado allí sin más, calentándose o refriéndose en el aceite. Por ello, estaban hiper-mega-aceitosas, no me gustaron nada de nada. Les pondría un 4 sobre 10, creo que con eso ya lo digo todo.



2. LA ENSALADA.




No es que sea un plato en el que se pueda sacar una nota grandiosa, pero menos aún si los ingredientes son los de siempre: sota, caballo y rey, o lo que es lo mismo, lechuga, tomate y cebolla. Creo recordar que también llevaba aceitunas verdes y negras y no recuerdo muy bien si llevaba hilos de zanahoria o no. De nuevo la ración era abundante y tampoco tengo mucho más que decir sobre una ensalada de este tipo, un 7 sobre 10 me parece una buena nota.



3. LA PAELLA.




Espero que algunos ciaeros valencianos ilustres como Derviche o Susitravel no se me lancen directamente a la yugular con lo que voy a decir. Por delante, reconozco que sabía que estos restaurantes de la playa eran caros y que precisamente no se caracterizaban por poner las mejores paellas de Valencia. Además, no es que nos sobrase el tiempo precisamente, así que, dentro de lo que había, lo doy por bien invertido. Sin embargo, ejem, creo que he comido paellas mucho mejores en otros lugares que no son Valencia. Empezando por las que hace mi tío el de Castellón, pero también he comido paellas muy dignas (teniendo en cuenta que no soy de Valencia ni una gourmet especializada en paellas) en otros lugares de la geografía española.


La paella que nos pusieron era digna. Daba para dos buenas raciones, tenía poquito socarrat para mi gusto, y también tenía poquitos tropezones, eso sí, peladitos para que no hubiese problema. Yo además, en seguida eché mano del ali-oli y me tomé mi arroz con él en un pispás, la verdad es que estaba bueno. De nuevo, la nota que le pondría es de un notable, también de un 7 sobre 10.

EL PRECIO, O LA DOLOROSA SIN DOLOR.




No pagué yo, así que en este caso, para mí, la dolorosa no dolió tanto (valga la redundancia). Pero aún así, aviso a navegantes de que no fue un sitio precisamente barato. Normalmente una paella no es en sí un plato muy caro, pero esta comida se acercó a los 30€ por persona, y teniendo en cuenta lo que comimos, la calidad de lo que comimos, y que además lo regamos con agua (dos botellas: una con gas y otra sin gas) y que de postre sólo incluimos unas natillas y un café con leche, creo que el sitio probablemente sea un poquito caro para lo que ofrece.


Sin embargo, para el menester de aquel día, yo lo doy por bueno. Comimos razonablemente bien, frente a la preciosa y magnífica playa de la Malvarrosa, a mí además me encantó el ambiente del lugar (tan como de otra época), el servicio de los camareros, los comensales… Además, cumplimos al comer paella, visitar la playa y luego además pudimos disfrutar de L’Oceanografic. Lo dicho, que para cuatro horas en Valencia no nos podemos quejar. La próxima vez, si voy con más tiempo, buscaré un sitio mejor, prometido.


LA EXPERIENCIA DE ITACA: EVOCANDO A SOROLLA.

Nunca antes había estado en Valencia, pero sí en el Mediterráneo, también en la casa de la playa en un pueblo de Alicante durante muchos veranos, y sobre todo, había soñado los colores de la Malvarrosa a través de las marinas de Joaquín Sorolla. Sólo faltaba que el sueño fuese realidad, que traspasásemos la barrera del cuadro y la ensoñación y plantarnos allí (algo que con el Ave ahora es la mar de facilito). Y ese día por fin llegó, y yo paseé (aunque durante poco tiempo) por la Malvarrosa, y me tomé una paella. Queda para otro viaje pasear la Malvarrosa completa y comerse una paella mejor, pero cada cosa a su tiempo.


Decir la Malvarrosa es decir Sorolla. Es cierto que la fama o el recuerdo traspasan las barreras de la muerte. Porque allí, en su tierra y en su playa, frente al plato de arroz, recordé muchas veces a Joaquín Sorolla. Quizá incluso él mismo pudo acudir a La Pepica en alguna ocasión, al fin y al cabo es más que centenario este establecimiento, fue fundado en 1898, el año de la pérdida de Cuba. Y por allí, pasaron personas ilustres como el mismísimo Hemingway, quién lo iba a decir… Seguro que el ambiente que Hemingway, o incluso Sorolla, pudieran haber visto en La Pepica no es en absoluto diferente al mismo espíritu que aún se mantiene en este establecimiento. Todo frente al azul intenso del Mediterráneo y la playa de arena dorada de la Malvarrosa.


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Comentarios sobre esta opinión
mermi

mermi

05.07.2011 17:26

casi todos los sitios a pie de playa suelen ser más caros pero eso no significa que tengan la mejor comida, saluditos.

Octubre2007

Octubre2007

29.04.2011 22:17

Suelo evitar los sitios de playa a la hora de comer bien, precisamente porque estoy segura de que se pueden comer buenas paellas en Valencia (cómo no), aunque, hasta ahora, las mejores las he comido en Castellón (definitivamente, TENGO que ir a Valencia). Besos.

Borni

Borni

27.04.2011 16:19

Los sitios más típicos y con más fama se suelen pagar y como bien dices, la comida no siempre es la mejor.

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