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Hace dos fines de semana, nos apeteció ir a pasar la tarde-noche a Oviedo. El plan era el de casi todos los sábados: sidras, cena y bailoteo. Yo tenía antojo de ir a Tierra Astur Aguila, por eso de las mesas con barriles que había visto en la web, pero al final, me convencieron de que era un tontería, que mejor cenar en el de Gascona, porque así no tendríamos que coger coche y era mejor dar una vuelta por Oviedo. Ya nos habían hablado de que a las horas de la cena la cosa estaba chunga de conseguir, así que no nos lo pensamos dos veces y dijimos: "pues nada, se reserva". Llamó mi novio para allá y le dicen que nanai, que para menos de seis no se reserva. Primer fallo. Me cayó como una patada en los mismísimos. Estamos hablando de una cena para 4 personas, coño! ¡Que ellos no saben si vamos a coger dos raciones de patatas y una botella de sidra o nos vamos a pegar el banquete de nuestra vida! En serio, me pareció muy mal. Una cosa es que quieran rentabilizar el negocio y otra que te marginen por ser un grupo de 4. Como si no comieran más muchas veces 4 que 6… Luego a la hora de pedir, comprobamos, que si hubiésemos ido 2 personas más, hubiésemos pedido prácticamente lo mismo.
Pues nada, llegamos a Oviedo y nos fuimos al famoso Boulevard de la sidra a bebernos unas cuantíiiiiiiiiiiiiiisimos culinos. Nos llegamos hasta Tierra Astur en nuestro segundo intento de ver si colaba la reserva para dos parejas, pero otra vez nos encontramos con la negativa. A todo esto, tengo que decir, que a la puerta del restaurante, estaba otra pareja más, con pinta de turistas, preguntando lo mismo que nosotros. Daban ganas de decirles si se unían a nosotr@s y reservábamos una mesa para los 6… En vista de que no había manera de hacer la dichosa reserva, nos fuimos a tomar unos culines al chigre de enfrente, en el que no se escancia, sino que se recarga una tarjeta, se pasa por un lector y un escanciador automático te saca unos culinos perfectos.
Seguimos por ahí y cuando vimos que era una hora decente para cenar volvimos… por una parte yo tenia unas ganas tremendas de cenar allí, pero por otra os juro que se me habían quitado las ganas. Problema 2: no está permitido fumar. A mi me da igual porque yo no fumo pero a quien sea fumador, no le hace mucha gracia. Comprobado por la reacción de mis acompañantes. Entramos, preguntamos para cuando quedará una mesa libre para 4 y nos dicen que ¾ o 1 hora. Como yo ya iba contentita, le recalqué al buen hombre que éramos 4, que si estaba seguro que podríamos cenar allí. Esta vez no había problema. Le dejamos un nombre y nos da un número: el 21. Hay que estar atentos a una pizarra en la barra. A medida que va marchando gente, van borrando numeros y cuando llegue el tuyo, será el momento en el que por fin, vas a deleitarte con sus magnificas viandas… Es que suena a risa, pero estoy segura que es más fácil cenar en Lucio un sábado a las 10… Como no teníamos nada que hacer, pedimos más sidra… y nos dedicamos a cotillear un poco por allí lo que veíamos. Había un grupo cenando con una tabla que tenia una pinta… buf! Que hambre nos dio… También observamos, que dentro del restaurante, según entras a la derecha, hay una especie de tienda donde venden productos típicos a un precio, supongo, que ligeramente superior al valor real en supermercados. No obstante, todo se veía de muy buena calidad. También nos dio por ir a los baños, cosa que desde pequeña tengo la manía de hacer. No sé, creo que un baño dice mucho de un establecimiento. Los servicios estaban limpísimos. EL lavabo era una especie de abrevadero de ganado muy original. El fallo que les vi era que en la puerta para entra a hacer pis, quedaba un agujerito por el que yo estaba viendo a las señoras que estaban fuera. Desconozco si a la inversa también se vería.
Después de esperar un buen rato, quitarnos de encima a algunos moscones que mientras nuestros novios estaban fuera fumando, nos ofrecían su mesa con un número inferior al 21 y cotillear todo lo que pudimos, llegó el momento. Un camarero pasó por la barra preguntando quien era Daniel y por fin nos ubicaron. De ahí surgió el 2º problema y medio. No considero que fuera algo traumático, pero no me parece un buen detalle. Nos mandaron para la terraza. El día estaba fresco y nadie nos preguntó si preferíamos estar dentro, nos llevaron directamente para allí, teniendo en cuenta que por el mero hecho de cobrarte un 10% más por sentarte en la calle (es como una tarima alta, no estas en la calle al lado de la gente). Vamos, que en una cena de 80€, a lo mejor no me da la gana de pagar 8€ de mas, además de dejar propia, por estar pasando frío. Pero bueno, en principio, no nos importo… … a medida que empezó a llover y que la tarima de madera se empezó a mojar, mis necesidades de ir al baño, acrecentadas por el efecto de la sidra, hacían este trayecto mas peligroso que pasar el Pajares con nieve en sus buenos tiempos. Tenia que ir agarrada a alguien como si fuera tonta, porque entre los tacones, los agujeros que tienen los tablones de madera y que aquello era una pista de patinaje sobre hielo, la cosa era insostenible. Y para colmo estaba pagando un 10% mas por jugarme romperme una pierna!!! Así que ese lo denominaría el problema 3.
Respecto a la cena, decir que no tengo nada malo que objetar. La carta era muuuuuuuuuuuuuuy amplia, basada en lo que el restaurante con su estética intenta transmitir: todo era muy asturiano. Podría decir que hasta el diseño de las cartas era ideal, muy cuidado y estaba todo escrito en asturiano, cosa que hizo que mi chico no cupiese en si de gozo por ser un defensor acérrimo de la oficialidá de la llingua… Yo por mi parte había cosas que no tenia ni idea de que eran. Decidimos pedir una tabla para 4-6 personas. Ahí es donde quería llegar yo con lo de las reservas. El camarero, cuando le dijimos que la pedíamos dijo: "no pidáis nada mas que es muy abundante". Puedo prometer y prometo, que si vamos 6 y ejercemos nuestro derecho a reserva, pediremos eso más como mucho otra ración más de algo. Pero aseguro que no se van a hacer ricos con esa diferencia de 2 personas más. Cuando llegó la tabla, te ponen una especia de cuña para que la tabla quede elevada, con el que le dieron en todo el cabezón a uno de nuestros amigos. Pero eso esta claro, gajes del oficio… Aquella maravilla valía 60€, creo recordar y llevaba cosas riquísimas. Espero acordarme de todo: - Queso cabrales y membrillo. - Queso gamonedo y frutos secos. - Picadillo de jabalí - Una especie de salchichas muy raras. - Paté de algo de marisco, no recuerdo si cabracho, oficios, tiñosu… - Cecina - Lomo - Jamón - 2 variedades de chorizo - Carne de ternera en trocitos (exquisita y en su punto) - Patatas - Pimientos - Tortos de trigo calentitos. Mmmmmmmmmmm! Que cosa más rica. Para mi fueron la estrella de la tabla. Con eso y un poco de queso ya habría cenado. Ay, que ricos estaban tan calentitos, recién salidos del horno… Con eso, una jarra de sangría de sidra y los cafés cenamos. No sé como será lo demás porque solo hemos ido a cenar una vez. La próxima vez quiero ir al de Colloto, porque tienen parrilla y tengo antojo de pollo a la brasa. Pero si todo esta tan rico como lo que pedimos… tiene que estar de muerte. Echando un vistazo a mi alrededor solo pude ver la ración de jabugo y el solomillo de las chicas de al lado… tre-men-do. Y unos postres que pasaban de vez en cuando que hacían caer la baba.
Resultado: 1. Conseguimos cenar a pesar de que la cosa estaba difícil. 2. Pagamos 80€ justos, 40 por pareja. A los cafés y un pacharán nos invitaron. 3. Conseguí salir de la dichosa tarima con vida y las dos piernas intactas.
06.09.2008 09:23
me encanta visitar los sitios típicos de la zona. saludos
28.06.2007 01:43
Pues aunque he cenado me ha entrado un hambre leyendo tu opinion. Gracias. Un saludo
28.06.2007 01:20
Buena opi, chao.