Ruta por los Castillos Cátaros

5  21.09.2004

Ventajas:
Turismo e historia

Desventajas:
Ninguna

Recomendable: Sí 

tegama

Sobre mí: Gracias a tod@s por vuestras lecturas.

usuario desde:12.04.2004

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Os propongo realizar una fantástica ruta cargada de historia por los Castillos Cátaros, en el sur de Francia, por las regiones del Midi-Pyrénées y del Languedoc-Rousillon, donde aún perduran las ruinas de las fortalezas que los cátaros erigieron en la Edad Media para protegerse de las cruzadas cristianas. Los cátaros, que en los siglos XI y XII se extendieron desde Albi al resto del sur de Francia, defendían los ideales de pureza cristiana y se oponían a los principios de la sociedad feudal.
Por el departamento del Aude, en medio de sus bellos paisajes, se extienden las románticas ruinas de la época, de los castillos que los cátaros edificaron. Entre Carcasona y Perpiñán, aprovechando los picachos, en lo alto de auténticos nidos de águila, más cerca del cielo que de la tierra y desafiando los elementos, se elevan las ruinas de los castillos cátaros, algunos de ellos en lugares en los que parece imposible, porque parecen suspendidos en el aire.
Visitar las ruinas de los castillos cátaros es uno de los mayores atractivos de la zona, así que os animo a que hagáis el viaje, que no está demasiado lejos, y disfrutéis de estas bellas construcciones. Las antiguas fortalezas cátaras son, por su ubicación, castillos en el abismo.
Os voy a hablar de algunos de estos fantásticos castillos y de su historia pero, para empezar, voy a hacer una pequeña introducción en la que os haré un breve resumen de la historia del pueblo cátaro y su modo de vida, para que podáis entender mejor lo que pasó en esos castillos y por qué fueron perseguidos:
El pueblo cátaro fue el rebelde de la sociedad feudal. En los siglos XI y XII, una época en la que la actitud de la Iglesia no reflejaba las ideas de pureza del cristianismo, los cátaros se alzaron como “representantes puros” de la religión cristiana. Creían en los principios del Bien y del Mal, para ellos el infierno era el mundo en que vivían y sólo alcanzarían el paraíso si cumplían unas normas de vida. Buscaban la perfección cristiana, eran vegetarianos, tenían prohibido jurar, matar a cualquier animal, mentir o juzgar, y la mujer era tratada con igualdad. Rechazaron los modos de la sociedad establecida (matrimonio, guerra y obediencia a la autoridad), establecieron su propia jerarquía y vivieron separados del mundo circundante. Los que conseguían alejarse del mundo material pasaban a ser “perfectos” y, a diferencia de los demás (que lo recibían cuando estaban a punto de morir), tenían derecho al bautismo revelador. Su manera de vivir y de pensar libremente atacaba los derechos de la sociedad feudal, base de la Iglesia, por lo que fueron tratados de herejes y perseguidos en sangrientas cruzadas.
Ahora voy a hablaros de los maravillosos castillos que hay a lo largo de esta ruta de los Castillos Cátaros:
En los alrededores de Quillan se encuentra el castillo de Puivert, que cayó en manos de los cruzados tras tres días de asedio. El castillo de Puivert era un castillo residencial que albergaba a la corte y a los trovadores. Fue reconstruido en 1310 tras la caida de los cátaros. Tiene puerta fortificada, patio de armas, salones y torre maestra.
Algunos de estos castillos nos sorprenderán por estar situados a alturas innaccesibles, como el castillo de Montségur, situado a 1.207 metros de altitud, coronando un espolón rocoso llamado “Pog”. Este legendario castillo está situado al sur de Lavelanet, y fue uno de los más pertinaces baluartes de los albigenses. En la fortaleza se atrincheraron 700 personas, entre las que había un grupo de 200 cátaros notables, que resistieron heroicamente el asedio de un ejército al mando de Raymond VII, conde de Tolouse, durante casi un año y, una vez rendidos, ardieron en una inmensa pira en el Camp dels Cremats, situado a los pies del castillo y lugar que podéis visitar. El castillo de Montségur es el castillo más emblemático, y el símbolo de la resistencia cátara, donde el 16 de marzo de 1244 fueron quemados 225 “buenos hombres”. Sus murallas están al borde del precipicio. Las ruinas actuales son de una fortaleza del siglo XIV.
El castillo de Quèribus, cerca de Cucugnan, dominaba desde un peñasco de 729 metros la llanura del Rosellón, y fue uno de los últimos refugios de los cátaros en capitular. Lo que más me sorprendió de este castillo es que integra en su estructura una extraña columna de piedra maciza parecida al cuerno de un unicornio. En días claros, desde el castillo de Quèribus, se divisan los Pirineos. El castillo de Quèribus acogió a un gran número de cátaros tras la caída de Montségur, y posteriormente sufrió reconstrucciones. En la tercera planta de la torre destaca la capilla gótica de Saint Louis.
Para llegar al castillo de Peyrepertuse hay que cruzar las impresionantes gragantas de Galamus. El castillo tiene una visión aérea de toda la comarca, y está formado por dos cuerpos perfectamente diferenciados: el de abajo o castillo feudal, y el de arriba o castillo real. Los albigenses refugiados en él sucumbieron al asedio de los franceses y Luis IX lo erigió luego como uno de los baluartes más temibles de la frontera sur del reino de Francia. Es uno de los castillos más grandes, y pertenece al grupo conocido como “los cinco hijos de Carcasona”, formado además por los castillos de Aguilar, Termes, Quéribus y Puilaurens. Está en la cima de una montaña a 796 metros, y tiene talladas en la roca unas escaleras que ascienden al punto más alto, desde donde se divisa el Mediterráneo. Este castillo de Peyrepertuse está fortificado de forma natural por los abruptos barrancos de la zona. Yo tengo algunas fotografías hechas desde lejos en las que parece imposible acceder a él, ya que da la impresión de estar totalmente incomunicado en lo alto de un peñasco.
El castillo de Puilaurens posee tres recintos con una superficie de trescientos metros de largo, y encierra en el interior de sus murallas más de una hectárea de edificios en ruinas. También destaca por su situación, ya que se alza sobre una aguja rocosa que domina el valle de la Boulzane, a 697 metros de altitud.
Luego, siguiendo la ruta en dirección a Béziers, entre les Conques sur Orbiel y Mas Cabárdes, comparten el espolón de la Montaña Negra los cuatro castillos cátaros de Lastours: Cabaret, Tour Regine, Surdespine y Querttinheux, que controlaban las principales vías de penetración del Cabárdes.
El castillo de Foix, situado en el condado de Foix, es uno de los focos más importantes del catarismo. Conserva dos torres cuadradas del siglo XIII y una circular del XV; el resto del conjunto es posterior. Funcionó como cárcel hasta 1862, y está muy bien restaurado.
El castillo de Lastours está situado en la cima de un promontorio del valle del río Orbiel, junto al mirador de Montfermier. Fue un importante núcleo cátaro, destruido en 1230, pero quedan restos de los cuatro castillos que hizo construir el rey de Francia a partir de 1240.
Yo finalicé el recorrido en Villerouge-Termenès, que es uno de los castillos mejor conservados de este itinerario. Dicen que en él sucumbió Guilhem Bélibaste, el último hereje de esta secta perseguida hasta el exterminio, el último perfecto cátaro conocido. Con su quema en la plaza de armas se dio por concluida la cruenta campaña de persecución sistemática que sufrieron los cátaros. Este castillo está flanqueado por cuatro torres, y aún se puede visitar el museo cátaro que alberga. Entre el 15 de julio y finales de agosto se representan escenas de la vida en la Edad Media, con mercado, torneos y juglares.
En la zona, además de los castillos, hay otros lugares que visitar, como Minerve, que fue atacada en 1210 por Simón de Monfort, y donde 140 cátaros “perfectos” prefirieron lanzarse a la hoguera antes que rendirse. En esta localidad podemos podemos ver una escultura en forma de paloma que echa a volar, y que se ha hecho para rendirles homenaje.
En la ciudad de Narbona (que, a principios del siglo XIII se alió a los cruzados y se convirtió en sede de los ejércitos que luchaban contra los cátaros) podemos ver algunos impresionantes monumentos del medievo, como su Catedral o el Arzobispado.
Otra curiosidad es la historia del monasterio de Santa María de Prouille, en Fanjeaux. Santo Domingo eligió Fanjeaux para predicar contra la herejía y, en las afueras de la localidad, aún existe un antiguo hogar de mujeres cátaras que el santo convirtió en el monasterio de Santa María de Prouille.
Si estáis interesados en hacer la ruta de los castillos cátaros, podéis ir en avión, en autobús, en tren o en coche. Yo fui en coche, porque el aeropuerto más cercano es el de Toulouse. En coche, desde Madrid, se coge la N-II a Barcelona, y alli cogemos la A-7 que lleva hasta Perpiñán. En esta localidad debemos tomar la autopista A-9 para llegar a Narbona, y la A-61 para dirigirnos hasta Carcasona.
Si decidís ir en tren, es uno de los medios de transporte más confortables para desplazarse por Francia, ya que allí la red ferroviaria está muy extendida.
En cuanto a alojamiento en el país de los cátaros podéis optar por alojaros en uno de los muchos hoteles que hay en las poblaciones, o dormir a cuerpo de rey en alguno de los castillos de la zona que, aunque no sean cátaros, han sido reconvertidos en hoteles. Yo os voy a hablar de los que conozco, es decir, en los que me alojé yo:
En Carcasona está el Hotel Astoria, muy próximo al centro de la ciudad, a la estación del tren y al Canal du Midi. Este hotel ofrece un ambiente familiar muy confortable.
En la localidad de Couiza nos alojamos en el Château des Ducs de Joyeuse, un magnífico castillo fortificado a muy pocos kilómetros de Limoux. Está clasificado como monumento histórico y ha sido convertido en un atractivo hotel con piscina. El alojamiento nos costó 75 euros, y el castillo nos encantó.
En Floure, unos 10 minutos en coche de Carcasona, nos alojamos en Château de Floure, una antigua abadía convertida en hotel, con un enorme jardín, piscina y restaurante.
En la localidad de Narbona elegimos el hotel La Dorade, que es la primera hospedería de la ciudad (fundada en 1648). Está en el centro histórico y en ella se alojaron personajes tan importantes como Luis Bonaparte.
Por último, en Perpiñán dormimos en el hotel Le Maillol, un edificio del siglo XVII situado en pleno casco antiguo.
Si os gusta la buena gastronomía, en el sur de Francia podréis disfrutar de una buena cocina elaborada a base de carne y pescado, junto a los buenos vinos de la región.
En Carcasona os recomiendo comer en La Divine Comédie, ubicado en la ciudad baja, frente al Palacio de Justicia. Ofrece buena carne y especialidades como el cassoulet de pato y el bacalao a la occitana.
En Limoux está La Maison de la Blanquette, que pertenece a los viticultores del municipio y sirve generosas raciones de especialidades de la región, como el fricassé de salchichón.
En Narbona tenéis Le Petit Comptoir, que es un encantador local que ofrece un amplio surtido de pescados y otras especialidades como el pato confitado.
En Perpiñán comimos en Les Trois Soeurs (especializado en parrilladas de pescado). Tiene una agradable terraza en la plaza Gambetta.
En Villerouge-Termenès os encantará comer en Rostisserie Medieval, un magnífico restaurante ubicado en una de las alas del castillo, y decorado con tapices. Ofrece comidas y bebidas medievales preparadas según recetas recuperadas de la época de los cátaros. Lo más curioso es que se come con las manos (porque no hay cubertería), los platos son de madera y el servicio viste a la vieja usanza. Os recomiendo ir. Los precios no son muy caros (eran a partir de unos 30 euros, creo). Seguro que os sorprenderá.
Además de este restaurante que nos hace retroceder en el tiempo, en el sur de Francia también se ofrece a los viajeros la posibilidad de regresar a la Edad Media a través de sus fiestas tradicionales. Así, en Mirepoix, se celebra en verano la fiesta de los Médiévales, que incluye desfiles y reconstrucciones históricas. La localidad de Foix también organiza su particular vuelta al medievo durante la segunda quincena de julio, con banquetes medievales, torneos y espectáculos de luz y sonido. Yo fui en verano y pillé casi todas las fiestas, que son muy originales pero, a mi juicio, las fiestas más espectaculares son las de Carcasona, localidad que organiza varios eventos a lo largo del verano, como el Festival de Carcassonne Languedoc-Roussillon (que incluye música, ópera, teatro y danza), la reconstrucción del incendio que sufrió la ciudad en 1798 (con el gran espectáculo de la quema de las murallas mediante fuegos artificiales) y, en agosto la puesta en escena de trovadores, músicos y actores que reviven la Edad Media con torneos, mercados y un sinfín de actos.
Os recomiendo hacer una ruta por esta fantástica zona del sur del país vecino. Seguro que os encantará.


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Comentarios sobre esta opinión
dextrosa

dextrosa

02.06.2010 13:01

Interesante opinión, me he apuntado alguno de los sitios que comentas. Saludos.

veraledden

veraledden

27.08.2008 20:51

Nosotros estuvimos la semana pasada y nos encantó, aunque nos quedaron algunos por ver. Fantástica tu descripción y muy útil

Barbosa

Barbosa

25.12.2005 19:45

y despues se consideraba al cristianismo como la religión justa. Cuando algo salia fuera de su fe, a pasarlo a cuchillo, como hicieron con este pueblo. Tengo muchas ganas de hacer esta ruta, siempre me a fascinado la historia de este pueblo.

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