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Antiquísimos adagios de oriente apuntan a que cada ser humano esta en una búsqueda constante de ese otro espíritu que le otorgara una conexión especial. De esta forma, ambos seres superaran las barreras que impone la mortalidad, por lo que quedaran unidos por toda la eternidad.
Para ello, el universo suele conspirar de maneras misteriosas al colocar las piezas de tal forma que el encuentro sea contundente, inevitable e inegable, aunque en esta encruzijada se vea involucrado un humano y un perro.
El cine siempre ha sido el escaparate en donde convergen miles de historias de interés humano y espiritual, por lo una historia real como la de Hachiko encuentra en el séptimo arte el medio idóneo para presentar su emotivo relato.
El profesor de música Parker Wilson (Richard Gere) vive en un suburbio estadounidense junto con su esposa y su hija cuando el destino lo reúne con un cachorro que fue enviado desde oriente. El can, perteneciente a una de la razas mas finas de Japón, enamora al profesor, así como a los habitantes del lugar, ya que siempre esperaba a su amo en la terminal de tren. Ya fuera con lluvia, calor o nieve, Hachi siempre esta ahí, a la espera del profesor. Aun cuando la fría mortaja de la muerte alcanza a su amo, su fiel amigo continúa estoico y fiel a sus principios.
La misma historia ya había sido contada en una cinta nipona, inspirada en la relación de un profesor de principios de siglo XX y su can, Hachi (Ocho en español). Y, en general, ambas versiones se enfocan en lo mismo, la amistad, la lealtad y el amor que une a una dos seres que, sin saberlo, se necesitaban mutuamente.
La participacion de Richard Gere le da un toque aun mas especially al filme. Como budista, conoce la importancia y relevancia de cada ser vivo que habita en el planeta y no dudo ni por un segundo que por ello haya aceptado interpretar el papel.
En el plano técnico, la dirección de Lasse Hallström es la adecuada, así como el uso de la edición y elementos de audio, sobre todo en los momentos mas emocionales de la película. Destaca el uso de una cámara subjetiva que emula la visión del can, con lo que el director hace participe a la audiencia de como Hachi ve al mundo.
Pero Hachiko no es una cinta que enfoque sus esfuerzos en el plano técnico, ni que busque inventar el hilo negro del drama. Es una cinta que retrata un tema sensible y humano que los amantes de los animales y todo aquel que tiene una mascota sabrá valorar. Me atrevería a decir que, incluso, saldrán un poco cambiados después de verla.