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Al pie del monte Dom, la montaña más alta de Suiza, encontramos la estación de Saas-Fee. Encuadrada en el valle de Saas , a una altura de más de 1.800 metros, esta estación es una auténtica joya para los amantes de la nieve, ya que mantiene más de 100 km de pistas esquiables hasta el mes de Abril.
Pero no sólo para los amantes de los deportes invernales, ya que la belleza del entorno, al más puro estilo tradicional suizo, hará las delicias de cualquiera que tenga el privilegio de visitarla.
Para empezar, no se puede transitar con el coche por la estación, así que nos olvidamos de alquileres de vehículos y, ya antes de llegar a nuestro destino soñado, comenzaremos a “pensar en verde” (así no me extraña que todo se mantenga tan precioso y con polución = cero...).
Nuestro viaje comenzó con un trayecto en avión hasta Zurich, erfect tren hasta Visp y, finalmente, transporte ecológico (eléctrico) hasta la estación.
Cuando llegamos a la estación y dejamos el tren, llamamos al erfe en donde teníamos reservadas las erfectament. Desde allí nos enviaron uno de estos cochecitos eléctricos (parecidos a los de golf, pero más grandes y mejor preparados para el frío, claro) y nos llevaron hasta nuestro destino. Muy cómodo, como si fueras en taxi.
El pueblo es precioso, el típico pueblo suizo que vemos en las tarjetas: casas de madera, con sus balcones también de madera, contraventanas, ..., calles perfectamente pavimentadas, iglesia “picuda”... vamos, como si estuvieras de visita en la aldea de Heidi.
Eso sí, las casas son muy rústicas y pintorescas por fuera, pero dentro son pura comodidad, que, en algunos casos, llega a convertirse en “lujazo”.
Si vamos a pasar unos días podemos elegir entre alojarnos en hotel (lo que hicimos nosotros) o en apartamento. La oferta es enorme, pues es una estación que, por sus características, es muy visitada. Hay ofertas muy interesantes dependiendo de las épocas del año, así que conviene consultar primero por internet y luego ir mirando en agencias de viaje.
Una vez instalados... a las pistas !!!
A través de un túnel por el que se mueve un funicular subterráneo (el metro-alpin) se puede acceder a lo alto de la estación, a unos 3.500 metros de altura, y sin necesidad de hacer colas. Todo un invento.
A partir de ahí... a disfrutar. Hay pistas para todos los niveles así que no hay excusa para deslizarse por las blancas laderas. A eso es a lo que vamos o ¿tal vez no?
En la estación de Saas-Fee no sólo hay esquí. Puedes disfrutar de piscinas cubiertas, pistas de tenis (también cubiertas), ... Para los más pequeños, y no tan pequeños (yo me apunté), la diversión está garantizada con una especie de lanchas neumáticas que utilizan para delizarse por las pistas más bajas. Otro entretenimiento que nunca había visto y que es de lo más ecológico, como no podía ser de otra manera, es el tiro al pichón. Pero ojo, que no se mata a ningún animalito: el pichón es artificial y la escopeta es láser... increíble, pero cierto.
El tercer día nos apuntamos a una excursión de esquí entre glaciares. Fue increíble. Tenías una sensación de soledad total y absoluta. Te ves tan pequeño e indefenso entre aquellos paisajes helados... pero a la vez tienes una sensación de libertad que no lograrás en ninguna otra situación. Si vais a Saas-Fee, apuntaros a una de estas salidas, es inolvidable.
Al día siguiente nos calzamos unas raquetas y nos fuimos a dar un paseo por los bosques. Madre mía!! lo que cansa... Y eso que tienen preparadas unas rutas específicas (supongo que para no matar a ningún principiante en el intento...) con diferentes niveles de dificultad. Nosotros fuimos a una sencillita y costó, vaya si costó... al día siguiente tenía unas agujetas criminales, pero debo decir que el paseo mereció la pena: otra vez impresionantes bosques, paisajes, con un silencio demoledor. Bonito de verdad.
Para los más comodones también hay paseos en trineo. Ves las mismas preciosidades que con las raquetas, pero no te cansas ni pizca...
Si el tiempo acompaña podéis pasear por la noche a la luz de las antorchas que colocan por algunos paseos entre bosques de la estación. Da una impresión primitiva, a la vez que muy romántica.
Y después de tanto ejercicio tendremos que comer ¿no? Pues en Saas-Fee hay un montón de restaurantes típicos dispuestos a sorprendernos con los mejores productos suizos.
No podéis dejar de probar sus fondues y raclettes (queso fundido sobre rodajas de patata hervida), así como sus embutidos ahumados. Está todo buenísimo. Los quesos son especialidad suiza, así que hay para dar y tomar. También tienen un buen vino, pero no es lo mío, así que no puedo opinar, aunque mis compañeros decían que era muy bueno y aromático.
Y si de restaurantes hablamos, cerca de la cima del Allalinhorn, a más de cuatro mil metros de altura, encontramos el restaurante giratorio más alto del mundo (creo que es el más alto). Supongo que no tengo que deciros que las vistas desde allí son de ensueño. El blanco de la nieve, el azul del glaciar, los diferentes verdes de montes, árboles, campos, ... y al fondo los pueblecitos, diminutos desde tanta altura... Indescriptible ...
Si tenéis ganas de juerga, en la estación hay discotecas y pubs, con un ambientazo tremendo, todos los días, pero especialmente fines de semana, que es cuando suben los esquiadores y snowboards de las diferentes ciudades suizas.
Pero esto no termina aquí, en el valle de Saas, en donde esta enclavada esta estación, podemos visitar la gruta de hielo más grande del mundo. Se calcula que tiene 5.000 metros cúbicos y es alucinante. Las diferentes tonalidades de hielo, desde el blanco más puro hasta el azul más luminoso, te hacen dudar si estás entre hielo o bajo el mar. La luz entra, choca contra las paredes heladas y lanza unos reflejos increíbles. Otra cosa que no podéis perderos.
Ya en la estación, y para descansar de una mañana de deporte total, nada como relajarse paseando entre sus preciosas casas típicas de madera, entre las que destacan las casas-almacén, construidas en el siglo XVII y en perfecto estado de conservación, así como los dos museos. En uno de ellos podemos ver diferentes enseres, fotografías, trabajos artesanos, ... que nos muestran como era la vida en esta tierra hace años, cuando el turismo no había llegado a tan elevados lugares... El otro museo está dedicado al pan. Artesas, amasadoras manuales, ... todo lo necesario para hacer, aún hoy en día, un riquísimo pan artesano.
Estuvimos siete días, pero nos gustaría habernos quedado más. Es el sitio ideal tanto para disfrutar de la nieve, como para descansar y desconectar paseando por sus bosques. Nosotros fuimos en Febrero, plena temporada, pero en verano dicen que también está precioso, pues el verde de los prados y bosques gana terreno a la nieve, pero dejándole su espacio en lo más alto de las montañas, para que los adictos al deporte blanco puedan seguir practicándolo durante todo el año.
Creo que Saas-Fee es un sitio digno de ser visitado. Lo recomiendo.
06.06.2011 18:49
Me alegra ver puntos morado escribiendo tan bien :)
06.06.2011 18:38
muy completa tu opi!