Buenísimo

4  16.09.2011

Ventajas:
si

Desventajas:
no

Recomendable: Sí 

cristobal1970

Sobre mí:

usuario desde:09.01.2011

Opiniones:156

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La primera vez que visité el Saló del Cómic creo que fue allá por el año 1988 y éste se celebraba en las Drassanes de Barcelona; todavía recuerdo las sensaciones de ese glorioso momento, pues nunca había visto tantos tebeos juntos ni tanta gente comprando por lo que me prometí que volvería al año siguiente, una promesa que no pude cumplir hasta el Saló de 1991, celebrado ya en Montjuïc. Para mi era una cita ineludible que tenia lugar cada mes de mayo y no falte a ella hasta bien entrado los años noventa, momento en el que tuve una crisis existencial y dejé de lado los cómics.

Tras seis años sin comprar un sólo cómic tuve la mala suerte de entrar en una conocida tienda barcelonesa de merchandising de todo tipo y adquirí un ejemplar de los X-Men por simple curiosad, más que nada para ver como estaba el grupo mutante después de un lustro sin leerlos. El cómic es como el tabaco, lo puedes dejar, pero siempre estarás enganchado, de manera que caí de nuevo en sus garras y hasta hoy en día sigo viciado al noveno arte.

Obviamente en esta segunda etapa no podía dejar escapar los salones, así que acudí a la flamante sede en el que se celebraba; la Estació de França. Aquello era impresionante. Creo que esa ha sido la sede más "comiquera" de todos los lugares en el que se ha celebrado ya que el hecho de estar en una estación de ferrocarril de principios del siglo XX le daba un ambiente especial.

Me sorprendió ver como había crecido la industria en tan solo seis años; el número de expositores había aumentado exponencialmente, las exposiciones eran mucho mayores y el número de eventos y conferencias se multiplicaban por cuatro. Eso sin mencionar la cantidad de nuevos expositores que no se centraban exclusivamente en cómics sino en Merchandising diverso. Lo único malo de esta ubicación es que estaba relativamente a la intemperie, por lo que si hacia mal tiempo el ambiente no era muy bueno.

Así que, más de una década después, el Saló se vuelve a celebrar en Maria Cristina. El espacio es mayor que en la Estació de França y los comiqueros estamos resguardados de los elementos. Es un verdadero placer ir allí y pasearse por las decenas de expositores, observando las novedades del mundillo que esperan al Saló para ser lanzadas al mercado, viendo como muchos de los asistentes se disfrazan para semejante ocasión y removiendo entre miles y miles de tebeos en busca de algún número atrasado de los X-Men, 4F, el Trepamuros, Batman o alguna obra de Miller, Moore, Eisner, Gaiman, Tardi, Corben, etc...

Para mi es todo un rito que comienza unos meses antes cuando comienzo a apartar algo de dinero de la nómina y comienzo a informarme de las novedades que se van a lanzar; el día de la visita es emocionante mientras realizo la cola de rigor y una vez dentro es como encontrarse ante una mesa servida de exquisitas viandas y no saber por cual empezar. Es magnífico y muy recomendable; de hecho no es necesario ser un gran aficionado a este mundo ya que sólo por el hecho de respirar ese ambiente vale la pena ir.

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