Nitnelav Nas

5  14.02.2003

Ventajas:
Dinero

Desventajas:
Amor

Recomendable: Sí 

zoquete

Sobre mí: Hace sueño. Es intenso y se cala hasta los huesos. Suena Queen. También se cala hasta la médula. No ...

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¿Y ustedes creen saber lo que es el amor? Ya... me imagino que lo prefieren con mayúsculas. Amor. ¡Estúpidos, presuntuosos, ignorantes! Yo sí sé lo que es el a... el Amor. No, no me juzguen todavía, y esperen a escuchar mis argumentos.

Desde mi más tierna infancia me ha fascinado la conducta humana. Mi condición de poco agraciado por la naturaleza, en físico y espíritu, me ha proporcionado una saludable coraza contra elogios huecos e interesadas invitaciones. Cuando pequeño, me costaba asimilarlo pues consideraba mi exclusión social como castigo divino. Ni las más dulces matronas me dedicaban una sola de sus caricias, y así fue como forjé mi temple elevado, mi temperamento estudioso y observador. Al crecer y experimentar el crecimiento de mi sensibilidad por encima de la mediocre plebe, troqué mi abatimiento por un jovial convencimiento de mi excepcional don. Encontrarme apartado, per natura, de cualquier afecto me dejaba infinito espacio a la objetividad, ilimitado tiempo jamás abortado por fastidiosos compromisos y, sobretodo, una sobrehumana disposición para no permitir que mi juicio quedara sesgado por sensiblería alguna. De alguna manera, y esto es una evidencia que nadie puede rebatirme, tal aséptica posición me dota de un pedestal sobrehumano para el análisis del Amor.

Alentado por la conducta del célebre prestamista Gobsec, según relata Balzac, me persuadí del absoluto referente para cualquier alma humana: el dinero. Decidí poner en práctica sus enseñanzas, alcanzar tal poder que me permitiera explorar a las gentes en situaciones límite, obligarles a descubrirse en sus miserias donde la amistad y los afectos huyen despavoridos... ¡qué patetismo tan humillante puede exhibir el individuo cuando posees la llave de su felicidad! ¡qué innumerable sarta de sandeces puede llegar a escucharse en labios de los desesperados! ¡qué dramatismo tan descarnado y, paradójicamente, tan cómicamente ficticio he llegado a presenciar en nombre del Amor!

Permítanme señalarles sólo un par de los ejemplos acaecidos recientemente, precisamente con motivo de la celebración del catorce de febrero, en nombre del santo mártir que, todo sea dicho, dudo aprobara la utilización de su nombre para usos tan poco espirituales y tan folclóricos.

El primero se refiere a uno de mis más agraciados clientes, espléndido crítico de cine y acalorado polemista, Sr. Meeks, quien se encontraba alertado por su insólito éxito con el género femenino, que no le concede descanso y confunde en su actual relación, por no decir el coste que tiene para con sus otras obligaciones como profesional y ciudadano. Valorando mi preciso conocimiento de las mujeres y, también sea dicho, intentando satisfacer mi ego y así conseguir ciertos descuentos en el pago de sus intereses, solicitó mi asesoría para solventar sus problemas de agenda. He aquí lo que le expresé, y espero que sepan ser sensatos en su valoración, alejándose de las influencias que sus ridículos sueños o ilusiones pudieran causarles:

Apreciado Randy,

En primer lugar me complace remitirte la siguiente información sin coste alguno, considerando tu fidelidad para con mis servicios, que espero recuerdes deberás abonar no más tarde de fin de mes. Si precisaras de otra extensión al pago, los intereses subirán según lo estipulado en otras ocasiones.

Al respecto de tus inquietudes y sabiendo de tu evidente carencia de disciplina, procura seguir al pie de la letra las siguientes indicaciones, dado que apartarte de tal malsano hábito se escapa a mis pretensiones. Después de todo, tu derroche alimenta mi negocio.

1. Jamás dediques más de dos horas diarias, ni más de tres días a la semana a la misma mujer. Cuando se supera esta dedicación se produce un mayor consumo de energías para un menor disfrute. Eso incluye a tu actual amante.

2. Para evitar depender de los caprichos femeninos, especialmente de tu favorita, declárale tu amor a todas las mujeres que encuentres. Tiene un efecto fulminante y estadísticamente nada desdeñable. Tal vez alguna detecte que te repites, pero la riqueza de entonaciones y matices que tendrá tu “te amo” difícilmente será igualable.

3. Fomenta el contraste. No hay sensualidad más explosiva que aquella que invita al placer para después sembrar la ansiedad, la inseguridad de que nada está conseguido. No hay tacto más sensible que el de la carne viva, surgida tras el roce más áspero.

4. Pierde la mirada en el infinito. Además de evitarte observar unos ojos que no son sino un complemento accesorio a un coño, te permite adoptar un aire profundo, que suele encandilar a más de una.

5. Jamás sientas desde dentro. La manera correcta es hacerlo desde fuera, ya sabes, tal como eyaculas. Detectas sus suspiros, caídas de ojos o temblores. Vas por buen camino. Se produce el espasmo, ¡excelente! Ahora quizás ella suspire o se resigne, pero eso ya no te importa. ¡Ojo! Si creyeras que aflora algún sentimiento, aniquílalo de inmediato. Ella podría detectarlo y estarías en la peligrosa situación de que piense que la quieres, y eso pondría en peligro la ejecución del punto uno.

6. Nada te importa, nada te preocupa. Practica la indiferencia. Eso descompone, desespera y aturde a una buena mayoría, especialmente si has iniciado tu galanteo de una forma agresiva y directa.

7. No rechaces a quien no te gusta nada. Aprovecha la ocasión. Es la candidata ideal para humillarla, rebajarla, utilizarla, sin que te quede resquicio alguno de culpabilidad ni remordimiento, ni torpes pensamientos que te alejen de tu objetivo. Es la relación más robusta y que mejor se ajusta al resto de los puntos.

8. Si te gusta, no pierdas el tiempo. Cómprate una muñeca hinchable, explora tu cuerpo o escribe sobre la soledad. No te mereces unas prácticas sentimentales que te vuelvan un vulgar tortolito, ¿no? Ella tampoco. Si quieres jugar, juega. Hay muchas mujeres juguetonas. No escojas a las que te puedan hacer creer que las quieres. Todo es mentira.

Espero con ansiedad los excelentes resultados de tales consejos, y el ingreso de las cantidades adeudadas.

Atentamente,
Nitnelav Nas

Desconozco cómo habrá evolucionado, pero apostaría una buena parte de mi capital por él, si ha seguido mis indicaciones. Les aseguro que los grandes de la Humanidad han practicado, en esencia, actitudes muy próximas a las señaladas en esa lista. Quienes así no lo hacen suelen ser víctimas de grandes melancolías, depresiones, ruinas, cuando no de suicidios. El yugo más cruel que puede existir es el de un concepto tan abstracto como el Amor, que exige tanto y ofrece tan poco. Sólo los idiotas e inconscientes pueden salvarse de esta estúpida lacra social, justamente debido a su innata capacidad de practicar la superficialidad.

El segundo ejemplo ilustra con precisión lo que les acabo de señalar. Recientemente recibí una tienda de regalos, que figuraba como aval de un desgraciado que no pudo devolverme el préstamo efectuado. Antes de deshacerme del bazar, me produjo curiosidad recrearme como vendedor. Quería explorar algo más en las motivaciones que mueven a los desdichados a comprar cosas inútiles, por el simple placer de mostrarse un afecto que lleva comprobante de caja.

- Buenos días.
- Diga, ¿qué desea?
- Esa cajita de madera del escaparate. La que lleva adjunto un mapamundi.
- ¿Algo más?
- Un sobrecito de pétalos, de esos aromáticos.
- ...

- Perdón, ¿no están a la venta?
- Sí, claro que sí, pero hoy es catorce de febrero.
- ¿Y bien?
- Ya sabe. La abolición.
- La abolición, ¿de qué?
- No se me haga el tonto. Lo sabe de sobras. Está terminantemente prohibido vender ningún regalo romántico. El amor se demuestra cada día, ¿para qué quiere los pétalos?
- Eso no es asunto suyo, ¿me los va a vender o no?

- Escuche, tengo dos alternativas. Una: vendérselo y denunciarle. Su compra queda recogida dentro de la orden ministerial del diez de febrero, supuesto cuarto y está tipificada de alto riesgo, además de evidente rebeldía al pensar democrático, que bien dejó constancia de su repulsa a las fechas señaladas con motivos sentimentales. Ello le supone una multa y, si se demostrara su uso como regalo afectivo, podrían incluso encerrarlo.
- ¿La segunda alternativa?
- Cierro en media hora. Los favores que nos hagamos como ciudadanos libres no tienen por qué ser públicos...
- Ya, y como favor, ¿sube mucho el precio del contrafavor?
- Digamos que el cariño no tiene precio, pero ante el riesgo de malentendidos debe uno protegerse lo suficiente...
- Que significa...
- Lo que marca el artículo, más impuestos, posible multa y las molestias... Soy yo muy respetuoso con el estado.
- Agradezco su ofrecimiento. Aquí tiene el dinero de la caja y pétalos. Se lo regalo. ¿Cree que su acusación tendría sentido ahora? Como un insulto que se lanza y no puede dañar a quien no lo desea recibir, el afecto tampoco puede llegarle a quien lo esquiva. No hay riesgo de que este presente se considere, por tanto, “afectivo”. Tenga buen día.

- ... ... ¡Espere! Olvidaba una tercera opción...
- Ya no me interesa.
- La caja es suya si me dice el porqué de la elección...
- Es para mi amada. Si estuviera en mi mano le regalaría el mundo, pero un mundo lleno de agradables aromas, de pétalos que graben en su memoria cada uno de las dulces sensaciones que experimente...
- Déjelo. Palabras, sólo palabras sin sentido. Seamos claros, ¿cree que le gustará? ¿acaso no ve que hay mejores objetos, más lujosos y preciosos, más sólidos y elegantes, capaces de despertar las envidias de todas sus amigas? ¿se da cuenta de lo fácil que es que otro caballero le proporcione mejor presente y, con ello, le robe el corazón?
- ¿De qué me habla? No estoy comprando sus sentimientos, sino expresando los míos. Esta caja es una simple muestra de lo que me inspira, de cuán pleno me siento de ella... no pido, agradezco. Le debo el descubrimiento de mi capacidad de estremecerme, que jamás, por siniestras que sean las circunstancias, podrá desaparecer. Sólo espero inspirarle equivalentes emociones, pues le deseo la felicidad que me da, no se la pago.
- Créame que no envidio su carácter impresionable. No obstante, contésteme a esto, ¿por qué su relato me mantiene frío, casi asqueado, si tanta ventura dice proporcionarle?
- Ojalá pudiera sentirlo usted, aunque fuera por un momento. Pero me temo que no es objeto de transacción... Busque alguna de sus fanáticas devociones, ¿tal vez la música, el arte? e intente transmitírsela a un sordo o ciego. Tienen más posibilidades de entenderlo, pues la pasión nace dentro, no fuera.
- Coja la caja y márchese. Es suya, aunque le recomiendo que mejore su discurso, manido y vulgar. Váyase ya de mi tienda.

Por un momento creí que podría darme algún dato de valor, pero al final se probó como un charlatán más. Esa noche disfruté de un menú que le habría costado diez cajas como ésa y comprobé, con satisfacción, que no hay mejor regalo que el que se hace uno a sí mismo, donde ni traición ni deslealtad tiene espacio alguno. Entre los vapores del alcohol, me imaginaba al cretino acariciando el rostro de su amada, susurrándole afectuosos piropos mientras la caja, su símbolo, empezaba a ser pasto de termitas.

Permítanme una última evidencia. El dinero exige esfuerzo. El amor, pura dejadez. El dinero requiere disciplina, carácter. El amor improvisación, sometimiento. ¿Tiene sentido que el capricho se pliegue ante la voluntad?

Así, señores, son las repetidas falacias que tan fácilmente inflaman a los enamorados, por una serie de gestos y arrumacos que bien tasados se encuentran ya, sea el país que sea, cultura o religión. ¿O el amor, -disculpen, ya corrijo- el Amor no es acaso sino el comodín con el que los débiles, desafortunados y pobres pretenden suplir la salud, fortuna o dinero, valores de evidente objetividad? Humana vanidad: resulta tan fácil alardear del primero y excusarse al carecer del resto...

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Comentarios sobre esta opinión
Jolt

Jolt

05.02.2005 14:53

Me ha encantad el ultimo relato. Saludos

Marcio3

Marcio3

11.03.2004 08:00

Simplemente excepcional.Ciao.Gracias.

crisper

crisper

13.02.2004 23:09

Horriblemente cierto, ¿Cuándo nos vamos a dar cuenta que somos como ratas?.

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