Un cuento de San Valentín (ANÓNIMO MALAGUEÑO)

5  14.02.2005

Ventajas:
Basta de edulcoramientos

Desventajas:
Pasame un kleenex

Recomendable: Sí 

texas80

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Este cuento lo ha escrito un amigo mio. No quiere revelar su identidad. Espero que os guste y se lo quiero dedicar especialmente a calzedefoc. Prometo pasarme por CIAO con más tiempo. Besos y arrullos diversos

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El primer ventanal de la cafetería volcaba al exterior una explosión de color rojo. Estaba adornado hasta la exageración con bandejas de pasteles y cajas de bombones distribuidas sobre un plano inclinado cubierto de satén; todo tenía forma de corazón, desde los envoltorios hasta las cajas y guirnaldas. La tarde se entregaba mansamente mientras los rayos del sol arrastraban por la acera su melena dorada en un ocaso espectacular, extrañamente tibio para ser Febrero. A la derecha de la puerta de cristales, el segundo ventanal dejaba ver el espectáculo fascinante, por lo equívoco, de una barra llena de gente muda gesticulando y hablando ante una copa o una taza de café.
El tercer ventanal daba al salón. Una anciana acercaba cuidadosamente a sus labios yertos un vaso de leche para reblandecer aún más el ya mórbido bocado de ensaimada; al levantar la mano, su pulsera antigua le bailaba en la muñeca extremadamente delgada despidiendo destellos que parecían rebotar contra todas las superficies pulidas del local. A su lado, dos mujeres satisfechas la contemplaban, sonriendo; una, con los brazos cruzados sobre el vientre, la otra con la mejilla apoyada en una mano y la cabeza ladeada en actitud condescendiente: podía ser cariño; quizás, eran simples y prácticas constructoras de castillos en el aire ante las seductoras cláusulas de un testamento cuya apertura se adivinaba inminente.
En el ángulo más oscuro, dos hombres revestidos con ese tipo inconfundible de traje oscuro que huele a pañería de Regent’s Street escribían en sendos formularios y marcaban mil casillas invisibles que tapizaban varias hojas sujetas por un clip. En el centro de la mesa un cenicero transparente de vidrio barato acogía un habano y un cigarrillo rubio que se quemaban mansamente esparciendo su humo azulado en volutas que formaban hipnóticas formas al ascender por el aire caliente que les servía de vehículo. Cuando se citaron y tras los saludos de rigor - palmadas en la espalda, piropos recíprocos, firmeza despótica en el momento de pedirle al camarero dos copas de coñac suave- ambos comunicaron "a la ciudad y al mundo" que este año se iban a llevar las corbatas de rayas y el "nudo windsor": en el Congreso de los Diputados habían tomado buena nota de ello cuando asistieron al debate de Ibarreche.
Mientras subían hacia el gallinero donde estaba su escaño, alguien les afeó en broma - "¡cómo se nota que sois de provincias!"- sus nudos americanos "four-in-hand" y el color uniforme de las corbatas que les habían regalado los Reyes Magos conyugales. Apenas media hora más tarde saldaron su deuda estética - la manida cita de Jean Cocteau, leída en un suplemento dominical, les dio en plena cara: La mode c’est qui se démode- reconvirtiendo en el lavabo la carísima prenda de seda que llevaban al cuello y que fue a parar, sin compasión y con urgencia, al bolsillo secreto del maletín de piel donde convivían armoniosamente un frasco de perfume junto al cepillo "Kent" para el pelo en cuyo mango de madera, grabado a fuego, lucía el emblema real (By Appointment… established, 1777) orlado por la leyenda "Dieu et Mon Droit": nunca habían comprendido qué hacían aquellas palabras francesas en el escudo de la reina de Inglaterra. En una lujosa tienda de ropa masculina próxima a las Cortes les atendieron inmediatamente cuando pronunciaron ante la dependienta las palabras mágicas que tantas puertas habían abierto en otras ocasiones: "Señorita, tenemos mucha prisa, debemos volver enseguida al hemiciclo". Y ante ellos se extendió inmediatamente un arco iris más rico que la paleta de Velázquez. "Rayas, rayas, rayas - pedían enfáticamente mientras ojeaban con impaciencia el cromático muestrario- pero que sean alegres".
El sabio camarero, tras analizar a los recién llegados clientes, había pegado al ventanal del salón una mesa pequeña que multiplicaba por diez la intimidad. La ocupó - frente a frente, rodilla con rodilla- una pareja muy joven.
Ella vestía inusualmente de una manera muy clásica, él con pantalones vaqueros y una camiseta. Ella, de piel muy blanca, parecía una geisha: la roja pintura de los labios y el color negro del pelo acentuaban intencionadamente la formalidad de su arreglo y le hacían parecer más mayor de lo que era. Él, extremadamente delgado, llevaba una melena larga recogida en una cola que le llegaba hasta las primeras vértebras dorsales. Ella, miraba a la gente que pasaba por la acera con la espalda envarada y las manos junto a una taza de té que no bebía. Él, totalmente encorvado, luchaba con la frente casi en el mantel - dinamitando las normas de la más elemental etiqueta- por llevarse a la boca un tenedor en el que aparecía ensartado un enorme trozo de pastel empeñado en caerse sobre el plato. Ilusionado, ensayaba estrategias alternativas que su novia miraba atentamente de reojo.
Ella quería casarse con él: por eso estaban allí merendando. Él quería casarse con ella: por eso no le había propuesto… comerse una palmera de chocolate en los asientos traseros del "Ibiza".
Ella disfrutaba viéndose allí envuelta en el aroma aquilatado de años y años de café exprés. En eso le había salido a su madre. Él, repartía los segundos de aquella tarde feliz entre la nata que se le deshacía en las comisuras de los labios y el pecho de su novia, insinuado como una adivinanza bajo la tela de una blusa blanca.
Ella sabía que iba a ser feliz con él.
Él sabía que iba a ser feliz con ella.
El camarero frotó un paño por donde ya estaba seco en un gesto ritual y absurdo. Y pensó, emocionado, que el amor también era aquello.

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Comentarios sobre esta opinión
juanferpt

juanferpt

07.07.2005 13:46

Curiosa mezcla de temas, política, amor, moda...

la_sirenita_del_mar

la_sirenita_del_mar

03.03.2005 16:28

oooohhh!!!! que bonitooo, un besito cielo

feliciti

feliciti

19.02.2005 09:36

Excentrirco al tratarse de un cuento de amor, que se supone debe ser "romantico2 pero me ha gustado. saludos

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