Vaya, vaya maravilla
06.11.2003
Ventajas:
Dead Can Dance es una delicia de banda
Desventajas:
No, no, no hay
Recomendable:
Sí
Detalles:
Originalidad
Letras
Calidad y consistencia de las canciones
Duración del éxito
Tapa/diseño y contenido
Más
 leggiere
Sobre mí:
http://leggiere.blogspot.com
L.
usuario desde:22.10.2003
Opiniones:157
Confianza conseguida:78
Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 21 miembros de Ciao
En 1981 cuatro australianos, multiinstrumentistas y músicos de cámara, formaron la banda Dead Can Dance que inició el trabajo de rescatar la música del medioevo europeo. Para 1984, los puntales de la formación editaron su primer álbum, en el que recogieron los singles de cuatro años. El resultado fue un disco homónimo (DCD), en donde el sonido afterpunk aún resaltaba sobre los esfuerzos de Brendan Perry y Lisa Gerrard por dotar a su música de un estilo personal. Esta búsqueda quedó plasmada en el extraordinario “Spleen and Ideal”. Llamo extraordinario al disco porque no hay otra manera de catalogar un trabajo construido de manera artesanal y que tomó como base la música de cámara barroca del siglo XIV, los ritmos celtas y las composiciones corales propias de la tradición sacra europea, para construir melodías en donde los arreglos modernos no hacían más que resaltar el carácter intelectual de la obra.
La formación para instrumentos fue la siguiente: Gus Ferguson y Martin McGarrick en el cello; James Pinker y Tony Ayres en timbales y percusión; Richard Avison y Simon Hogg en trombones; Carolyn Costin en violín; y Brendan Perry en bajo eléctrico. El disco se abre con tres instrumentales continuos, “De profundis (out of the depths of sorrow”, “Ascention” y “Circumradiant dawn”, maravillosos ejercicios de música barroca en donde las voces de la soprano Andrew Hutton y de Lisa Gerrard se pasean desbordadas en composiciones que representan los títulos a la perfección.
En “The Cardinal Sin”, Gerrard canta con tal sentimiento que parece estar siendo sometida a tortura, mientras un cello y un piano dan mayor pesar a la escena. “Lucrecia espera en vano / por el hijo de sus sueños / dentro de su doloroso vientre / arde una llama de funeral”. “Enygma of the absolute”, con una percusión que asemeja al “Asi hablaba Zaratustra” de Richard Strauss (la de 2001), es el mejor momento del disco. La voz de Perry suena potente y reflexiva al mismo tiempo, tal como se escucha en el siguiente tema, “Advent”, otra joya musical enmarcada en el bajo martilleante y en un piano casi de jazz.
En disco se cierra con “Avatar”, instrumental que representa casi a la perfección el paso de la culpa a la expurgación de la pena, e “Indoctrination”, otro tema para el lucimiento vocal de Perry. Lástima que no se logre apreciar la portada del disco, similar a la de “Within the realm of dying sun” el trabajo posterior de la banda, en donde una especie de monje vestido de rojo sostiene una estrella en la mano delante de un edificio en ruinas.
Un delicioso viaje por el medioevo, actualizado por uno de los grupos más interesantes de los 80´s. No se trata del espantoso world music ni de música para relajarse, ni la llamada incidental. Es toda una aventura intelectual, que recoge poesía (el mismo título del disco pertenece a Baudelaire en “Las flores del mal”), música barroca y afterpunk con resultados que aún me sorprenden, a pesar de los 17 años que han pasado y de haber escuchado tantas veces sus notas.
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07.11.2003 02:30
Se nota que te gusta y que entiendes de música.
06.11.2003 23:51
No los conozco, intentaré oir algo de ellos, un beso!
06.11.2003 20:22
anda como los poemas de baudelaire