Y SIGO GANANDO LAS BATALLAS

1  07.11.2010

Ventajas:
de fumar, ninguna; de dejar de fumar, todas

Desventajas:
de fumar, todas; de dejar de fumar, ninguna

Recomendable: No 

m_i_r_e

Sobre mí: YA SOY PLATAAAAAAAAAAAAAAA!!!! ahora a por el oro, madre mía!! http://mecaneuro-probandoproba ndo.b...

usuario desde:25.04.2006

Opiniones:869

Confianza conseguida:187

Comparte esta opinión en Google+
Esta opinión ha sido evaluado como excepcional de media por 49 miembros de Ciao

Buenos días compañeros:

Paseándome por Ciao Café he visto el tema del tabaquismo y sin pensarlo dos veces he abierto el Word y aquí me encuentro, escribiendo sobre un tema del que (creo) puedo aportar diferentes puntos de vista, gracias a mis experiencias personales, experiencias familiares, estudios y profesión, además de sufrir, como todos vosotros, las constantes noticias y prohibiciones que actualmente el gobierno está tomando sobre el tabaco y los fumadores. Me refiero al tema del tabaquismo, un tema que, aunque no queramos, nos afecta a todos aunque en distinta medida. A mi, como os decía, me ha afectado, me afecta y seguro que me afectará, bastante.

Para que os hagáis una idea, os resumiré un poco todo lo que quiero contaros; Tras pasarme más de 10 años fumando un paquete de tabaco diario, por fin pude tener la suficiente fuerza de voluntad para convertirme en exfumadora hace ya tres años y medio; he perdido bastantes familiares por problemas asociados al tabaco y tengo a mi alrededor otros que, con suerte de poder disfrutar de ellos, siguen fumando con problemas de salud; mi condición de psicóloga me hace tener una visión científica del tabaco y, aunque no trato adicciones, si que me encuentro con conocimientos suficientes como para asesorar sobre diferentes tratamientos a seguir y trucos a llevar a cabo para conseguir dejar el tabaco; y también he sufrido las constantes prohibiciones del gobierno en lo que a zonas cerradas se refiere en restaurantes, cafeterías y comercios del estilo; mi familia tiene una pequeña cafetería donde la ley ha golpeado duramente y lo seguirá haciendo en un futuro, estoy convencida.

Con este panorama, ya veis; no soy fumadora, pero tengo mucho que decir. Mis experiencias, mis estudios y mi profesión me lo permiten. No quiero más que contar mis pensamientos, creencias y situaciones vividas con este tema y ofreceros mi ayuda si os estáis planteando dejar el tabaco y no sabéis por donde empezar.


EL TABACO COMO UNA DE LAS PEORES ADICCIONES

Si atendemos a nuestro entorno, hay infinidad de estímulos que pueden causar adicción; algunas de ellas son el juego, el alcohol, el sexo, internet, y las drogas, y dentro de esta clasificación debemos incluir el tabaco, ya que se trata de eso; de una droga, aunque legal, al menos por el momento. Esta adicción es una de las más negativas para el organismo, porque lo machaca hasta el punto de poder provocar enfermedades que pueden llegar a matar al organismo y por tanto, a la persona. Y no es un dato que me lo invente; según el periódico El Mundo, para este año 2010 se ha estimado que 6 millones de personas morirán por culpa de enfermedades causadas directamente por el tabaco.

Pero este dato es relativamente nuevo, en comparación a lo antiguo que es el uso del tabaco. Sin ir más lejos (paradójicamente hablando) los Romanos ya ingerían tabaco como medio medicinal, y se sigue consumiendo a día de hoy por razones muy distintas a las que antiguamente era usado. Tampoco la forma de consumirlo es igual; actualmente suele consumirse mediante inhalaciones, pero antiguamente era mascado, bebido, comido e incluso untado sobre el cuerpo. Sea como sea, la moda de fumar, sigue. Y es que, desde que empezó a fabricarse en América, muchos han sido los que se han convertido en adictos y pocos los que han logrado salir de esta adicción.

Como os decía, el tabaco se originó en América, aproximadamente entre los años cinco mil y tres mil a.C. Se extraía del interior de las plantas Nicotiana Tabacum, de ahí el nombre que recibe la substancia más poderosa que encontramos en la composición de los cigarros; la nicotina. Cuando los primeros descubrimientos científicos que encontraron substancias cancerígenas vieron la luz, millones de personas ya eran adictas a esta substancia. Por ello, empezaron a aparecer un sinfín de terapias para conseguir dejar esta adicción; muchas de ellas fructíferas, otras de ellas como una forma de sacar dinero y poco más, y otras, simplemente, imaginativas. Hoy en día todo vale si nos hace dejar de fumar.


¿Por qué es adictivo el tabaco?

El tabaco es adictivo por sus substancias. Es imposible nombrarlas todas, pues contiene un número de substancias incontables, pero todos sabemos que la substancia por excelencia, y la que se responsabiliza de la adicción, es la nicotina. Y es que esta substancia es un estimulador del organismo, que, como luego comentaré, hace segregar una serie de neurotransmisores que “_hacen cosquillas_” a este organismo, por lo que le gusta, y esto hace que vuelva a producirse la conducta. Como cuando sabemos que un alimento nos gusta mucho y lo comemos muchas veces.

Además, el tabaco no solo es adictivo para el cuerpo, sino también para la mente. Y en este aspecto no son los neurotransmisores los que intervienen; son las asociaciones que nosotros creamos con el cigarro. Pero vamos poco a poco.

Se me ha quedado algo en el tintero que me gustaría comentar, referente a los ingredientes que contiene un solo cigarrillo. Algunos de ellos no sospecharíamos que nos los estamos fumando a cada cigarro. Nombrar todos los ingredientes es una misión imposible, pero aquí os nombro algunos que llaman la atención:
-_Acetona_ (todos sabemos para que sirve)
-_Metanol_ (o lo que viene a ser lo mismo, carburante para cohetes)
-_Mercurio_
-_Cloruro de vinilo_
-_Acido Cianhídrico_ (usado en las cámaras de gas)
-_Amoniaco_
-_Arsénico_ (Veneno violento)
-_Butano_
-_DDT_ (insecticida)
-_Plomo_
-_Alquitrán_ (Esta es la substancia más cancerígena)

Muchas veces nos volvemos inmunes a estas informaciones, más que nada porque nadie nos las pone frente a las narices, o porque no las queremos ver, o porque simplemente sabemos que están ahí pero el placer de fumar puede con el razonamiento acerca de si estos productos pueden ser beneficiosos o perjudiciales para el cuerpo. Sea como sea, me ha apetecido ponerlas para crear una confrontación con esas personas que ni se imaginan lo que fuman, aún sabiendo que fumar es perjudicial para la salud. Lo que quiero provocar con esto no es informar sin más, sino el inicio de un razonamiento y quizás el primer empujoncito para abandonar esta adicción que, recordemos, este año se cobrará seis millones de muertes por enfermedades causadas directamente por la inhalación de estas substancias.


¿¿Qué ocurre en nuestro cuerpo y en nuestra mente para convertirnos en adictos??

Como bien comentaba anteriormente, existen diferentes tipos de adicciones o dependencias, con diferentes procesos cada una de ellas y diferentes tratamientos para combatirlas.

En primer lugar, existe la dependencia física; es la adicción que crea el organismo, causada por una cantidad en sangre de cualquier producto adictivo (en este caso, la nicotina) que necesita ser superior cada vez, porque el organismo desarrolla lo que se denomina “tolerancia” (se acostumbra a niveles normales y cada vez pide más substancia en sangre para poder sentir placer). Aunque esta adicción parece ser la más difícil de combatir, no es así; es la más fácil, aunque hay que tener paciencia.
Esta adicción se explica por varios neurotransmisores. En especial, por la dopamina y las endorfinas. Estos neurotransmisores son segregados cuando algo nos gusta; de hecho, algo nos gusta porque segregamos dopamina, y esto estimula a las neuronas. Estas substancias siguen el mismo patrón de comportamiento que nosotros; si algo nos gusta, lo repetimos. Como fumar propicia la segregación de neurotransmisores que gustan al organismo, volvemos a fumar. Esto no tendría mayores consecuencias si no fuera porque cada vez que fumamos introducimos nicotina en nuestro cuerpo, substancia adictiva que va a crear una adicción cada vez más potente; así, llegará el momento en que sin esa substancia, el organismo experimentará unos síntomas negativos que le harán volver a fumar para conseguir el bienestar.

En segundo lugar, existe la dependencia psicológica. Esta es la adicción más potente que experimentamos, la que más cuesta de extinguir y la que explica las recaídas cuando se producen como mínimo tres días después de fumar el último cigarro. Mientras la adicción física desaparece sola, la adicción psicológica necesita lo que llamamos “fuerza de voluntad” para desaparecer, y aún así muchas veces no desaparece completamente; más bien aprendemos a vivir manteniéndola a ralla.
La manera en la que se produce la adicción psicológica es bastante simple, pero como vemos, lo bastante poderosa para ligarnos al tabaco toda nuestra vida. Se crea mediante asociaciones; muchos de los fumadores tenemos asociado que, cuando terminamos de comer, nos fumamos un cigarro. Y lo mismo ocurre cuando nos levantamos. Y cuando nos tomamos un café. Y cuando tenemos el descanso laboral a media mañana. Y cuando salimos de fiesta. E incluso cuando vemos a alguien fumar, o tocamos nuestro paquete de tabaco dentro del bolso, o lo vemos encima de la mesa. Ocurre incluso cuando nuestro organismo tiene el nivel necesario de nicotina en sangre y no nos lo pide. Y, parece que no, pero estas asociaciones son muy potentes como para desaparecer de la noche a la mañana. La erradicación necesita terapia y tiempo. No es más que otro factor que nos demuestra el poder que tiene nuestra mente sobre nuestras conductas.

La dependencia física tarda tres días en desaparecer. Tras este tiempo, el organismo se reacostumbra a niveles cada vez más bajos de nicotina, aunque con mucha más dificultad que cuando lo hace a niveles superiores cada vez. Pero la dependencia psicológica es la que más trabajo cuesta; muchas veces no llega a desaparecer del todo. Aquí es donde actuamos los psicólogos.


¿Cómo saber si somos adictos al tabaco?

Mi experiencia personal me ha hecho conocer a mucha gente que dice lo típico de “yo puedo estar perfectamente sin fumar, de hecho solo fumo dos cigarros al día” o “yo lo dejo cuando quiero” o “fumo por tener un vicio, pero no soy adicta”.

Pues bien; TODO ESTOS ARGUMENTOS SON FALSOS. Los genera nuestra mente como mecanismos de defensa ante una realidad que no queremos ver, por diferentes razones; quizás porque los fumadores no quieren aceptar el daño que se están haciendo al cuerpo; quizás porque se encuentran castigados por la sociedad y las leyes si admiten que tienen una adicción; quizás porque no han estado sin fumar el tiempo suficiente para darse cuenta de que necesitan un cierto nivel de nicotina en sangre para estar bien. Aún así, mucha gente no es consciente del autoengaño que están depositando sobre ellos mismos cara a la sociedad, cuando los únicos engañados son ellos y nadie más; a mi no me afecta que mi amigo sea adicto a la nicotina aunque se empeñe en decirme que no.

Pero, ¿Cómo saber, de verdad, si somos adictos? Para ello vamos a intentar aclarar términos:

La adicción existe si existen otros dos fenómenos: La tolerancia y el síndrome de abstinencia. La tolerancia es el fenómeno por el que el cuerpo siempre necesita más dosis de la substancia adictiva, en este caso la nicotina, para estar en paz y no sufrir malestar. Poco a poco, el organismo va acostumbrándose a determinadas dosis, se hace inmune frente a ellas y pide más. De acuerdo a este fenómeno, poco a poco vamos a ir fumando más porque sentiremos más “_mono_”, hasta el punto de perder el control sobre los cigarrillos que nos fumamos. La tolerancia es uno de los síntomas por los que se diagnostica la adicción o dependencia.

El segundo de ellos es por el síndrome de abstinencia, conocido popularmente como “el mono”. Se deja ver cuando el cuerpo está el tiempo necesario sin la substancia adictiva para que baje el nivel en sangre y empiece a experimentar los efectos negativos de esta falta de substancia. Estos efectos pueden ser miles, pero generalmente suelen ser irritación, nerviosismo, insomnio y agresión, entre otros. Cuando el síndrome de abstinencia aparece, es porque hemos desarrollado una dependencia a una substancia. Si no la hubiéramos desarrollado, el cuerpo no reaccionaría de esta manera.

Así que para saber si somos adictos, deberemos comprobar si hemos desarrollado una tolerancia y si tenemos síndrome de abstinencia. Y esto puede comprobarse de manera sencilla en casa; solo con prestar un poco de atención a lo que fumamos, si fumamos más que hace un tiempo, o llevando un seguimiento diario de cuantos cigarros nos fumamos para ver si, dentro de dos meses, la cantidad ha aumentado. Respecto al síndrome de abstinencia,

Fotos de Tabaquismo
Tabaquismo 5578853 - Tabaquismo
Tabaquismo
es muy fácil comprobarlo; tan solo debemos de estar un día sin fumar para ver si nuestro organismo experimenta reacciones irritantes, agresivas, o nerviosas. Si lo hace y además, hemos subido los cigarros que nos fumamos al día, no hay duda; somos adictos y esto, hay que aceptarlo. Principalmente porque si no lo hacemos, no engañamos a nadie más que a nosotros mismos.


Ventajas del tabaco

Bueno; este punto me parece, como mínimo, paradójico. Pero he decidido incluirlo porque, para ciertas personas, el tabaco tiene sus ventajas; pero lo difícil de comprender es que el efecto de estas ventajas no gana la batalla al efecto de los inconvenientes, y son, muchas veces, falsas creencias que nuestra mente se encarga de razonar para convertirlas en verdades absolutas para nosotros mismos; son, en muchos de los casos, mecanismos de defensa ante el peligro que conlleva fumar y mitos que los medios de comunicación (cuando podían anunciar tabaco) como las empresas tabacaleras se han encargado de difundir por intereses propios.

El mito que más me llama la atención es este de “fumar, relaja”. Mucha gente asocia la conducta de fumar a una situación estresante, o ansiosa, y tras el cigarro se encuentran más calmados. De nuevo tenemos aquí el inmenso poder de la mente y la prueba de que puede dominarnos completamente y puede hacernos creer cosas que son material y físicamente imposibles. Porque no tenemos que olvidar la base; el tabaco es un producto estimulante que va a potenciar la actividad mental. Mucho más lejos de ser un inhibidor del sistema nervioso central, es un potenciador. Lo excita y por ello, algunos estudios han revelado que fumar mejora el estudio cuando estamos estudiando o mejora los resultados cuando estamos haciendo alguna prueba de concentración. Es verdad que en el mundo de las drogas encontramos substancias inhibidoras, pero este no es el caso del tabaco, precisamente. Partiendo de esta base, no es razonable que nuestro cuerpo se encuentre más relajado tras fumar un cigarrillo porque, bien al contrario, se sentirá más excitado.
¿Y por qué pensamos, entonces, que fumar relaja? Por un sinfín de motivos. El primero de ellos lo explican las asociaciones que hacemos con el tabaco. Y es que, aunque es un excitador del sistema nervioso central, generalmente solemos fumar en nuestros momentos de tranquilidad; en el bar cuando nos tomamos un café, en el sofá cuando terminamos de comer y vemos la tele, en nuestro descanso laboral, en una reunión con nuestras amistades. Esto hace que tengamos asociado el tabaco a nuestros momentos de relax y que necesitemos fumarnos un cigarrillo cuando necesitemos un momento de relax. Viene a ser algo así como el famoso dicho “_Si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma_”. Una causa y una consecuencia que se buscan mutuamente.
El segundo de estos motivos lo puede explicar la sociedad. Seguro que todos hemos escuchado infinidad de veces la frase “fumar relaja”. Todos los fumadores, y algunos exfumadores, lo dicen. ¿Habéis escuchado alguna vez a un fumador que diga que fumar le excita? Yo, por mi parte, no. Esto crea un efecto en nosotros mismos, que muchas veces no somos capaces de ver o de creer, ni siquiera de imaginarnos; al final de la jugada, terminamos creyéndonos lo que la sociedad dice para sentirnos dentro de la norma. Consciente o inconscientemente, terminamos diciendo (y pensando) que el tabaco relaja porque a todos nos relaja.
El tercero de estos motivos viene dado por la publicidad tabacalera que, antes de prohibirse, hizo mucho daño a la sociedad. Y no es para menos; campañas con mensajes que asociaban el acto de fumar al éxito personal, con el amor, o incluso a un buen físico. Demasiados mensajes positivos para una sociedad cada vez más vulnerable, sobre todo si atendemos a las características de los adolescentes (y cada vez más, niños) que, motivados por estos mensajes, se iniciaron al tabaco y son, hoy en día, aún fumadores.

Otro mito muy extendido se refiere a que fumar nos facilita la socialización. Muchos adolescentes empiezan a fumar porque su círculo de amigos lo hace, intentando ser aceptado por sus iguales, o simplemente porque sus padres han fumado desde su nacimiento y es una conducta, para el niño u adolescente, completamente normal. Esto es bastante triste y lo único que hace es esconder un problema de inseguridad en la persona, que cree que su aceptación puede estar en manos de una conducta perjudicial para su salud. Pero ahora la tortilla ha cambiado de lado; la sociedad está empezando a rechazar a los fumadores y acepta, cada vez más, a los no fumadores.

Otro mito a derribar, que seguro que lo habréis escuchado, es que fumar adelgaza. Este suele tener mucha importancia en las adolescentes y niñas que ya sienten la presión que la sociedad y los medios de comunicación crean ante un buen cuerpo, delgado y sin apenas grasa. Si no hay bastante con los casos de trastornos alimenticios que vive la sociedad, ahora debemos añadirle una nueva forma para conseguir una delgadez, muchas veces, imposible: Fumar. Por mi parte, no creo que este sea el camino a seguir para educar a los adolescentes pues lo único que conseguimos es agrandar el problema de la obsesión por la estética con otro; la adicción.
Pero, ¿Qué hay de verdad en este mito? ¿Dónde está la línea que separa el mito de la realidad? Bien; en este caso es muy fina. No es que fumar adelgace, más bien debería entenderse de otra forma; dejar de fumar engorda. Y es algo lógico; cuando fumamos nuestro metabolismo basal sube, gracias al factor excitador que contiene el tabaco; de la misma forma, cuando dejamos de fumar, nuestro metabolismo basal baja; el cuerpo deja de tener la substancia activadora del sistema nervioso, por lo que estamos menos activos y la grasa no se quema de la misma manera. Pero, mucho más lejos de lo que se suele pensar, dejar de fumar no nos va a convertir en obesos ni mucho menos, además de poder prevenir el aumento de peso con más actividad, dieta equilibrada y unas buenas pautas preventivas. Un buen trabajo individual de reflexión puede ser contestarnos a la siguiente pregunta: ¿Qué preferimos, una vida sana y larga o una vida corta y un cuerpo delgado?


Desventajas del tabaco

Que el tabaco tenga ventajas puede ser, como hemos visto, discutible, pero sus desventajas están claras, comprobadas, corroboradas y sufridas a día de hoy. Y solo tenemos que atender al dato de la estimación que os apuntaba antes; en 2010, seis millones de personas morirán por culpa del tabaco. Esta es la mayor desventaja que nos podemos encontrar, y la que debe de propiciar un cambio en todos y cada uno de los fumadores.

Pero aquí no termina la interminable lista de desventajas; ya que el camino a una muerte propiciada por el tabaco contiene otras más desventajas relacionadas y encadenadas entre si, como si se tratara de una cadena con infinitas ramificaciones que crean otras cadenas y que estas, a su vez, forman otras.

Y es que las enfermedades que puede producir el tabaco son muchísimas; desde enfisemas (disminución de la capacidad pulmonar hasta depender de oxígeno artificial), pasando por cáncer de pulmón, problemas cardiovasculares como infartos, arritmias y demás. Además, acelera el envejecimiento neuronal y el envejecimiento de la piel, provoca infertilidad, resta efecto a las pastillas anticonceptivas y es muy perjudicial para el embarazo.

A nivel psicológico también tiene sus desventajas; poco a poco, y a medida en que crece nuestra tolerancia, vamos adecuando todas nuestras conductas al tabaco y vamos inhibiendo conductas que no pueden estar relacionadas con él. Así, poco a poco dejaremos de ir a bares donde no está permitido fumar, sacrificaremos un rato de tele para salir a pasar frío al balcón porque es donde se nos está permitido fumar, y preferiremos destinar cada vez más dinero a la compra del vicio antes de gastarlo en alimentación u otras necesidades.

Pero no solo los que fuman tienen estas desventajas; sino que también las extrapolan a aquellos que no son fumadores activos, pero si pasivos; personas que no fuman, pero conviven con gente que fuma y por tanto respiran el humo. Esto me parece una falta de respeto gravísima que todos los fumadores deberían de considerar. Por suerte, las leyes ya aprobadas y las que vienen en camino protegen a los fumadores pasivos, entre ellos la población más susceptible de pagar las consecuencias; los niños.


DEJAR EL TABACO

Un paso importante para cualquier fumador es el paso de convertirse en exfumador. Aunque muchas veces parece una tarea imposible, la gran cantidad de personas que lo han dejado a lo largo de la historia indican que no es imposible, y que, con fuerza de voluntad, se consigue. Eso si; no todos tenemos la fórmula correcta, efectiva o la capacidad de aguante para no volver a caer dentro de un tiempo tras haber conseguido liberarse de él. Y es que la tarea realmente complicada no es dejarlo, sino mantenerlo; de la misma manera que debemos mantener un control tras hacer un régimen. Si no lo hacemos, toda nuestra faena se irá al traste.

¿Qué podemos hacer, entonces, para conseguir el éxito? Con unos simples pasos y alguna que otra dosis de fuerza de voluntad, nuestros días como fumadores pueden estar llegando a su fin.

Si estamos pensando en dejarlo…

FELICIDADES, si es tu caso. Porque has dado el primer paso; reconocer que fumar es una conducta nociva para tu mente y tu cuerpo, hasta el punto de llegar a matarte. Lo dicho; Felicidades, porque no todo el mundo se da cuenta de ello, o por lo menos no con la suficiente intensidad como para querer superar la adicción y empezar una nueva vida, más sana y con más calidad. Pero no solo vale querer dejarlo; hay que tener los pies en el suelo, y la cabeza, bien amueblada.

Encontramos muchísimas personas que quieren dejar el tabaco, pero las personas que realmente lo consiguen son pocas. La diferencia entre estas cantidades de personas empieza por tener un plan de acción, y sobre todo, la predisposición para ello. No basta con querer dejarlo y seguir fumando, posponiendo la fecha del cambio y seguir fumando cada vez más. No basta, tampoco, con acudir a algún centro especializado con la creencia de que van a ser los profesionales quien van a dejar de fumar por ti, de manera que saldrás, por arte de magia, sintiendo repugnancia por el tabaco. No basta, tampoco, con aplicarte parches de nicotina y querer pasarse así toda la vida para no sentir el “mono” y tampoco fumar. No basta. Dejar de fumar es algo más complicado que todo esto y requiere mucha concentración, paciencia, motivación, autodeterminación y autoconfianza. Y es que, por muchos parches que nos pongamos, por muchos chicles de nicotina que masquemos, por muchas visitas a centros especializados que hagamos, si nosotros no estamos dispuestos a poner esfuerzo de nuestra parte, no vamos a poder dejar de fumar. Y esto no solo será perjudicial para nuestra economía (los tratamientos son caros, en general, y más aún cuando no dan los resultados esperados) y para nosotros mismos (no solo seguiremos quemando nuestro cuerpo; además, nuestra autoconfianza y motivación descenderán tan rápida y poderosamente que volver a encontrar la autodeterminación nos costará mucho más.)

Pero no es dejarlo lo más difícil. Como bien comentaba al principio, la dependencia física es la más fácil de controlar; la que realmente causa las recaídas es la dependencia psicológica. La mente puede llegar a dominarnos si no la mantenemos a ralla. Y esto se consigue con constancia y esfuerzo permanente; solo así podremos dejar de fumar definitivamente sin tener que pasar por recaídas que, como bien os he comentado, tienen sus consecuencias tanto en la economía como en el autoconcepto. Por ello, aquellas personas que piensen que dejar de fumar es mantener una lucha durante un tiempo determinado, tienen todas las papeletas para fracasar. Dejar de fumar es estar constantemente en lucha; no bajar la guardia ni un solo instante; aprender a vivir con “_el mono_” y aceptarlo como una característica más de nuestra personalidad. La adicción no perdona ni el fallo más remoto, pues, tras dejar de fumar, el reenganche es mucho más rápido y fácil, ya que el organismo ha aprendido a vivir bajo el estímulo del tabaco y está hecho para ello, aunque ya no lo tenga.

Y es que una persona adicta no se vuelve exadicta; una persona que ha desarrollado una adicción será, durante toda su vida, adicta; pero no dependiente de la substancia. O lo que es lo mismo; una persona adicta querrá, por todos los medios, conseguir la substancia adictiva, pero se controlará para no tomarla. Este control es el que tenemos que conseguir; el control que nos hará independientes ante nuestra adicción.

Así que no solo basta con querer, también hay que poner de nuestra parte para tener éxito en nuestro empeño. Solo así podremos dejar de fumar y no recaer con el tiempo.


¿Qué hacer para dejarlo?

Solo si tenemos clara la idea de dejar de fumar y la fuerza de voluntad necesaria para ello, podremos aplicar unos pequeños trucos que nos harán el proceso más llevadero. Algunos de estos trucos los recomendamos los psicólogos, otros los he usado yo misma para conseguir superar mi dependencia al tabaco; todos ellos son útiles y sanos, por lo que pueden serviros de ayuda ante el abandono del tabaco.

-Quizás el primero de ellos, y más importante es mentalizarse de que dejar de fumar no es un esfuerzo que tengamos que hacer durante dos días, ni una semana, ni un mes; dejar de fumar es un esfuerzo que vamos a tener que hacer durante toda la vida, en todas las situaciones, con todas las personas que nos rodean, y que tendremos que saltar baches, algunos más grandes y otros más pequeños, que nos encontraremos por el camino. Tenemos que pensar que la recaída puede servirnos como una nueva oportunidad para levantarnos, pero no sería bueno que nos sirviera de excusa para no esforzarnos. Insisto demasiado en esto, pero es la base de nuestro proceso y solo si este tiene una buena base, tendrá un buen camino.

-El segundo de ellos es fijar una fecha para ello, calendario en mano. Pero hay que saber elegir bien la fecha; es un error fijarla justo el mismo día de una fiesta con amigos, o dos días antes de ella. También es un error fijarla en una semana que se avecina difícil y en la que vamos a tener mucho estrés, ansiedad o problemas varios. Una buena fecha sería un día de una temporada en la que estemos más tranquilos, más relajados, más felices o simplemente más motivados. Así tendremos el camino allanado para no tropezarnos con facilidad.
Esta fecha debe de cumplirse. Hay que señalizarla en el calendario y, los días previos a ella, preparar la mente; llenarla de fuerza de voluntad y repetir diálogos como “voy a dejar de fumar porque yo misma quiero y puedo hacerlo”.

-Tras fijar la fecha, hay que anunciar tu nueva vida; familiares, amigos y conocidos deben saber que estás dispuesto a dejar de fumar y ya hay día para ello. A partir de ese día, serás una nueva persona. Es importante que nuestro círculo de amigos esté enterado, pues podemos pedir comprensión cuando lo necesitemos. Aunque esto vendrá unos días más tarde.

-Cuando llegue el día D, ese que hemos fijado en el calendario y para el que nos hemos estado preparando, a nosotros mismos y a nuestro círculo social, vamos a elaborar una lista con dos columnas. En una de ellas pondremos “Ventajas de dejar de fumar” , mientras que en la otra pondremos “Desventajas de dejar de fumar” . Iremos añadiendo todo lo que se nos ocurra, por muy disparatado que nos parezca, aunque pensemos que se trata de tonterías. Pero no; serán nuestras bazas para seguir o desistir en nuestra lucha. Cuando tengamos lista la lista, nos daremos cuenta de que habrá muchas más ventajas que desventajas. Esta lista se colgará, a partir de ahora, en un lugar visible de nuestra habitación, casa y/o lugar de trabajo (si durante el día pasamos tiempo en diferentes sitios, deberemos tener la misma lista en cada uno de ellos). En el momento en que tengamos necesidad de encender un cigarrillo, vamos a leer de nuevo la lista y vamos a darnos cuenta, de nuevo, que dejar de fumar tiene más ventajas que desventajas para nosotros mismos. A esta lista recurriremos siempre que queramos, aunque haga más de un mes que hayamos apagado el último cigarro.

-Mientras lo conseguimos, hablaremos con nuestros familiares y amigos y les pediremos un poco de respeto; podemos pedirles que no fumen en tu presencia, habilitar un lugar de la casa para ello que tu no frecuentes; negarte un cigarro si en algún momento de debilidad les llegas a pedir, y reclamar tu necesidad de ánimo. Tu círculo social puede darte una ayuda muy importante para dejar de fumar.

-Para eliminar la nicotina incrustada en la piel viene bien darse baños tranquilos de agua tibia. Esto abre los poros y los limpia, de manera que limpia los restos de nicotina que pueden quedar pegados dentro de ellos.

-Cuando tengamos “_el mono_” podemos hacer diferentes conductas; comer chicles (son preferibles ante otros alimentos que engorden) o beber agua a sorbos pequeños son buenas soluciones para aliviar la necesidad de nicotina. Lo que conseguimos con ello es que nuestra boca haga los mismos movimientos que cuando inhalamos el humo directamente del cigarro y esto “engaña” a la mente. También podemos hacer como que fumamos simplemente cambiando el objeto; en vez de hacerlo con un cigarro, hacerlo con un lápiz. Tener un objeto parecido y usarlo de la misma manera que usaríamos el cigarro puede aliviarnos la necesidad.

-Cada semana, pondremos en una hucha todo el dinero que nos hubiéramos gastado en tabaco si hubiéramos continuado fumando. Una vez al mes, abriremos esta hucha y con el dinero que hayamos ahorrado nos daremos un caprichito, en forma de compra o bien en forma de viaje. Esta será una de las mejores recompensas por cada mes que pasemos sin fumar, que bien que nos lo habremos merecido. Pero, por supuesto, cuidado con los regalos que nos compramos; ¡Nada que tenga que ver con el mundo del tabaco!

-Cuidado con el alcohol. A dosis bajas y normales, es un excitador de la mente y puede llevarnos a la conducta de fumar. Si que podemos beber, pero controlando las ganas de fumar que nos dará.

-Intentar cambiar el objeto del cigarro en nuestras asociaciones; muchas veces tenemos asociado el acto de fumar a alguna situación; fumar tras comer, por ejemplo; fumar en nuestro descanso laboral, fumar cuando estemos reunidas con amigas. No se trata, una vez lo hayamos dejado, de no hacer nada tras comer, no hacer nada en nuestro descanso laboral, no hacer nada cuando estemos reunidas con amigas. Se trata de cambiar el objeto; tomarnos un te en vez de fumarnos un cigarro nada más comer, o en nuestro descanso laboral, o en nuestras reuniones con amigas. Hay muchas cosas que pueden suplir al cigarro y que pueden, a la vez, entretener nuestra mente para conseguir que los pensamientos dirigidos al tabaco sean cada vez menores, tanto en cantidad como en intensidad.

-Con la cantidad de gente fumadora que hay, seguro que en muchos momentos encontramos gente haciéndolo que nos despertará la necesidad de imitarle. Entonces, será nuestro momento para crecernos. Pensamientos como “yo estoy consiguiendo dejarlo y ellos siguen fumando” pueden darnos un extra de motivación y confianza que siempre viene bien para seguir con nuestra lucha.

Podemos recurrir a estos trucos siempre que queramos; sin importar los días que llevemos sin fumar, los meses o años.


Ventajas de dejar el tabaco

Ventajas a corto plazo:

-Tendremos más agilidad
-Nuestra economía lo notará
-Nos veremos radiantes y llenos de fuerza
-El gusto y el olfato vuelven a regenerarse; olerás nuevos olores y gustarás nuevos sabores
-A los 20 minutos del último cigarro, el aumento de la presión sanguínea se normaliza y vuelve a sus índices normales
-A las 8 horas, la cantidad de nicotina y monóxido de carbono se reducen al 50%
-A las 24 horas, casi no encontramos monóxido de carbono y los pulmones empiezan a limpiarse
-A las''' 48 horas, el cuerpo ya se ha limpiado de toda la nicotina y nuestro organismo deja de ser dependiente al tabaco.'''
-A las 72 horas, podemos respirar mucho mejor; nuestros pulmones han mejorado mucho.

-Ventajas a medio-largo plazo:

-De 2 a 12 semanas, nuestro sistema circulatorio mejora mucho y nos sentimos mucho mejor. Por fin el mono va desapareciendo poco a poco.
-Entre los 3 y los 9 meses desaparece la tos.
-En 5 años, la posibilidad de tener una crisis cardiaca es dos veces menor que la de un fumador.
-En 10 años tenenos las mismas posibilidades que un no fumador de sufrir cualquier problema de corazón, mientras que el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón es dos veces menos que un fumador.
.


Posibles tratamientos

Actualmente tenemos diferentes tratamientos a elegir para dejar de fumar. Algunos de ellos son más fiables, otros son menos, pero todos ellos son correctos y están sujetos al criterio del cliente, que es quien debe elegir.

-Los tratamientos que se están poniendo muy de moda actualmente son aquellos que se realizan con hipnosis. Poca gente se atreve a ello, pero resultan ser, en general, efectivos. Claro que son caros y no siempre se realizan en una sola sesión. Su fiabilidad puede estar manchada por las creencias de cada uno, pero de nuevo, no es un tratamiento mágico; también necesita un esfuerzo por nuestra parte para poder conseguir el fin.

-El médico de cabecera puede ayudarnos a dejar de fumar. Puede administrarnos pastillas para reducir la ansiedad provocada por la falta de nicotina, e incluso darnos otros productos como parches o chicles de nicotina. Estos parches o chicles también podemos conseguirlos en las farmacias, pero no resultan una solución definitiva. Son aptos para ir disminuyendo la cantidad de cigarros poco a poco, pero no resultan efectivos, en muchos casos, porque siguen proporcionando al cuerpo la nicotina que el cigarro que no nos fumamos ya no proporciona; por tanto, la substancia adictiva entra igual y el cuerpo sigue siendo dependiente. Con los chicles pasa lo mismo. Lo ideal es usar estos recursos para ir disminuyendo la cantidad de nicotina hasta llegar un momento en que ya no nos apliquemos parches ni comamos chicles, y tampoco fumemos, por supuesto.

-También se puede dejar por vía libre, sin recibir ningún tratamiento ni administrar ningún medicamento. Es la opción más difícil, pero la que más reafirma a la persona y la que más confianza y motivación aporta. Para ello, pueden ser de ayuda los pequeños trucos que os he dejado anteriormente. Muchas veces es la mejor manera de hacerlo; la más efectiva y la que más nos enseña a nosotros mismos sobre nosotros.

Sea cual sea el método a seguir, todos ellos tienen el mismo fin; dejar de fumar. Cualquier tratamiento que decidamos usar puede ayudarnos a ello y estará bien usado si conseguimos, con él, abandonar el tabaco.


Recaídas

Son muchas personas las que, tras un tiempo sin fumar, recaen y vuelven a las andadas. Muchos son los factores que pueden llevar a ello, pero uno de ellos es común; la bajada de la guardia. Cuando una persona empieza el proceso de dejar de fumar, debe tener claro que no es un proceso con fecha de finalización; hay que ser constante y no permitirse ni el mínimo fallo, para garantizar su éxito.

Y es que, en nuestra época de fumadores, nuestro organismo ha aprendido y esta huella no se borra, aunque lo hayamos dejado hace muchos años. El estado de bienestar que el cuerpo sufría a cada calada no se olvida así como así… Por ello mismo, con un solo cigarro podemos volver a convertirnos en dependientes y tirar por tierra todo el trabajo. Hay que estar siempre al tanto y pensarlo.

Generalmente, una recaída es un mazazo a la confianza y la motivación personal. No obstante, algunas veces produce el efecto contrario; muchas son las personas que, tras un tiempo sin fumar, recaen y entonces fuman tranquilamente diciendo eso de “_yo lo dejo cuando quiero, porque una vez ya lo dejé_”. Y en parte, es cierto. Pero, ¿de que sirve dejarlo si tras un tiempo, se vuelve? No sirve de nada. Por ello, lo verdaderamente importante es dejarlo y mantenerse; aquí es donde se observa el potencial de cada persona y las ganas de mantener una vida sana el resto de su vida.

Por lo que una recaída debe ser considerada en su justa medida; no como un fracaso, pero tampoco como un logro. Simplemente debe ser considerada como una nueva oportunidad para intentarlo. Eso si, el proceso habría que empezar a construirlo de nuevo, y aunque esta vez nos costará más, con el mismo esfuerzo y un poco más de constancia, lo podremos volver a conseguir.


LAS LEYES Y NUESTRO NEGOCIO FAMILIAR

Como bien sabéis, desde hace un tiempo a esta parte el Gobierno está declarando la guerra a los fumadores y, por extensión, a toda la sociedad; las medidas no solo afectan a los adictos a la nicotina, sino también a los comerciantes que poseen un restaurante, bar o cafetería y que tuvieron que reformar, a principios del año pasado, el local para habilitar zonas de fumadores y no fumadores, siempre y cuando el local tuviera un mínimo de metros cuadrados. Si no llegaba a ellos, debían decidir si habilitaban el comercio como zona para fumadores o zona sin humo.

Mi familia posee una cafetería pequeña, por lo que sus metros son menos de los que se piden para poder habilitar las dos zonas dentro del recinto. Entonces tuvimos que decidir si la habilitábamos como zona de fumadores o no fumadores. Lógicamente, en una cafetería se fuma, y mucho; a la gente le gusta fumarse su cigarro tras el café y quiere hacerlo tranquilamente. La fuerza de esta asociación es tal que muchos de ellos no se tomarían el café si no pudieran fumarse su cigarro. Lógicamente, cuando una persona abre una cafetería es para ganar el máximo dinero posible y no para cerrar las puertas a posibles clientes; y como este razonamiento fue el que seguimos para decidir si la habilitábamos como zona de fumadores o no fumadores, decidimos que lo mejor para conservar el negocio era habilitarlo como zona para fumadores.

Por suerte, como os decía, no tuvimos que hacer obras. Porque, por lo visto, desde el 1 de enero del 2011 no se va a poder fumar en ningún restaurante/bar, tenga los metros que tenga. ¿Y esto que quiere decir? Que todos aquellos negocios que han tenido que realizar reformas para adaptar los locales a la ley impuesta a principios del 2009 han perdido el dinero, porque las han hecho en vano; en aquellos locales habilitados como zona de fumadores ya no se va a poder fumar. En contra de lo que posiblemente he dado a entender, yo, como exfumadora y consciente de los peligros que tiene el tabaco para la salud, entiendo y apoyo las reformas que castigan esta adicción, pero no apoyo el método ni la manera de paliarlas. Creo que se tendrían que haber tomado medidas más consistentes desde un principio, sin necesidad de cambiarlas cuando la gente ya se ha gastado el dinero del esfuerzo de cada día para adaptarlas a lo decidido anteriormente. Creo que tendría que ilegalizarse el tabaco, tal como actualmente se encuentran el resto de drogas, y así nos ahorraríamos muchos dolores de cabeza. Pero está claro que cada uno mira por sus intereses y al Estado esto no le conviene, pues el dinero que las tabacaleras aportan es una cantidad suficiente como para marear tanto a fumadores como a exfumadores.

Por cierto, la nueva ley antitabaco no solo afecta a los locales comerciales, ya que también estará prohibido fumar en parques y en coches donde viajen niños, entre otros. Como os digo, lo veo bien.


MI EXPERIENCIA PERSONAL CON LOS DEMÁS

La adicción a la nicotina es tan poderosa que, en muchos casos, conocemos de cerca los problemas que puede causar pero no son suficientes para aportar la fuerza necesaria para dejarlo. Y es que, ¿Quién no ha perdido un familiar por un cáncer, un infarto, o cualquier enfermedad derivada del tabaco? Y de las personas que han vivido estas situaciones, que seguro que han sido muchas, ¿Cuántas lo han dejado motivados por ellas? Seguramente, muchas menos de las que imaginamos. Y es que una siempre se cree que las desgracias van a parar a otros y nunca a una misma; pero, como digo, muchas veces tenemos lo que sembramos y, en este sentido, la solución para no tener problemas derivados del tabaco es, simplemente, no fumar.


Porque he vivido que el tabaco mata

Lo he vivido, y de bien cerca. Varios de mis tíos fallecieron, en su día, por diferentes tipos de cáncer. Todos ellos fumaban. Por aquel entonces yo era fumadora y, como muchos otros, no percibía el peligro real aún estando palpándolo en el seno familiar. Otro tío mío ha pasado ya por tres operaciones de corazón, propiciadas por repetidos infartos, y aún debe pasar por alguna más. Sigue fumando cada vez más mientras el médico nos informa que su calidad de vida es cada vez más preocupante. Y ahí va; pasando temporadas en casa y temporadas en el hospital, y sin capacidad, aún así, para darse cuenta de que todos estos problemas son propiciados por el tabaco y que, si lo dejara, la vida le iría mejor. Creo que este último caso contribuyó a darme las fuerzas necesarias para dejarlo definitivamente, por el miedo de perder a este familiar y por el miedo de ser yo quien un buen día esté pasando todo lo que él ha pasado y esté, además, haciendo pasar a la familia todo lo que hemos pasado. Comprendí que no merecía la pena; y este fue uno de los motivos que me impulsaron a dejarlo.


MI EXPERIENCIA PERSONAL CONMIGO MISMA. EL TABACO Y YO.

Como bien os decía, fui fumadora 10 años de mi vida. Desde hace 4, soy exfumadora.


Mis 10 años como fumadora

Decidí empezar a compartir mi vida con el tabaco cuando aún era demasiado joven para darme cuenta de la gravedad de lo que estaba empezando a hacer. En ese momento yo aún estaba en el colegio, estudiaba 1º o 2º de ESO, no lo recuerdo muy bien, y había visto fumar a mis compañeras de clase en contadas ocasiones, siempre a escondidas de profesores y adultos en general. Y no; no empecé a fumar por la presión del grupo, ni por sentirme aceptada; empecé a fumar por curiosidad. Por sentir que se sentía, por saber que sentían mis compañeras; algo bueno debía de ser, pues para poder fumar tenían que mentir, engañar, escaquearse y mantener la mentira. Una no hace todo ello cuando la recompensa no está a la altura.

Y fue en mi balcón, con un cigarro de mi madre, que era la única que fumaba en casa. Mi padre lo había dejado hacía, por lo menos, 10 años. La primera calada me sentó como un tiro, pero no desistí; me fumé todo el cigarro y a momentos me sentí bien de tenerlo en mis dedos y ser vista por los vecinos que paseaban por la calle; me sentía tan mayor que no tenía miedo a que algún vecino me viera y pudiera decírselo a mis padres. Por suerte o por desgracia, no me vio nadie conocido. El siguiente cigarro fue al cabo de un tiempo. No recuerdo cuanto exactamente, pero posiblemente, un mes. Aprovechaba las noches de sábado en que mis padres salían a cenar y no había nadie en casa; y entonces me fumaba un par de cigarros, y luego me encargaba de no dejar ningún resto; ni siquiera el olor. Con el tiempo, fui fumando más a menudo, siempre fuera de casa cuando estaban mis padres, y dentro de ella cuando no estaban. Hasta que la frecuencia fue tal que empecé a fumar con ellos en casa, encerrada en mi habitación. Aquí fue cuando mis padres empezaron a sospechar, pero ante las preguntas que me hacían, yo contestaba con negativas y así fui tirando hasta que la adicción fue evidente, como también lo fueron las sospechas de mis familiares, que dejaban de ser sospechas para convertirse en realidades. Entonces lo reconocí, aunque pocas veces fumé delante de ellos. Creo que puedo contarlas con los dedos de una mano.

Así pasé cerca de 10 años. fumando un paquete al día, gastándome toda la paga para mi adicción y con algunos problemas de salud que cada vez se hacían más evidentes; empecé a notar, poco a poco, que mi resistencia pulmonar era cada vez menor; cualquier esfuerzo me costaba un cansancio extra que, con el tiempo, no estuve dispuesta a aceptar; también noté como mi capacidad pulmonar era cada vez peor; las respiraciones ya no se daban tan fluidas, sino que tenía que respirar más fuerte para llenar mis pulmones de aire y no ahogarme. Empecé a darme cuenta, también, de que toda mi vida presente estaba ligada a un paquete de tabaco; que la adicción era tan fuerte que siempre estaba pendiente de él y que, si me quedaba sin cigarros en algún momento determinado, paraba todo lo que fuera necesario para conseguirlos. Esta fue mi vida durante años, hasta que comprendí que una vida así no era vida. No me sentía libre, sentía que el tabaco dominaba mi vida y que toda ella giraba alrededor suyo. Notaba que era joven para tener poca resistencia y capacidad pulmonar y que aún tenía muchos años para disfrutar de una vida sana, si yo quería. Esto, junto a una petición de mi expareja, y algún caso familiar que ya he comentado me dieron la fuerza necesaria para enfrentarme a ello.

Ya lo había hecho otras veces; la idea de dejar de fumar me rondaba desde hacía tiempo. Pero todos los intentos que había tenido hasta ahora habían fracasado. Lo intenté poco a poco, fumando un cigarro menos cada día, hasta llegar a fumarme uno diario, e incluso medio. Pero nunca llegué a dejarlo del todo hasta la última vez que lo hice. A día de hoy, no hay nada de lo que esté más contenta que de haber dado ese paso.


El paso de fumadora a exfumadora

Las diferentes razones expuestas me dieron la fuerza necesaria para hacerlo, aunque no me fijé un día en el calendario. Más bien, un día como cualquier otro, lo hice. Y recuerdo perfectamente lo que pasó, lo que me impulsó y lo que le sucedió.

Volvíamos, mi expareja (entonces mi pareja) y yo, del pueblo. Íbamos con su coche. Él no fumaba, yo si, aunque con él no fumaba todo lo que quería. Su abuelo había muerto hacía poco de cáncer, y esto le había hecho odiar el tabaco más aún de lo que antes ya lo odiaba. Pues bien; en ese trayecto, en aquel coche, me dijo que estaba muy preocupado por lo que me podía pasar en relación con el tabaco. Esto me lo había dicho muchas veces, pero aquella vez entendí que me lo decía de verdad; que de verdad sentía lo que me decía y su preocupación no era chantaje. No me pidió que lo dejara, pero lo hice. Entonces me quedaba un solo cigarro en el paquete. Hasta ese mismo momento, pensaba comprarme un nuevo paquete en el bar de mi calle, antes de subir a casa. Desde ese mismo momento, supe que no lo debía de hacer.

Subí a mi casa (sin un nuevo paquete), me encerré en mi habitación, creé mi lista de “ventajas de dejar de fumar” y “desventajas de dejar de fumar”, comprobé que las ventajas ganaban por goleada a las desventajas, saqué mi diario personal, me encendí el último cigarro de mi vida y escribí, con bolígrafo, y eso fue justamente lo que escribí; me estaba fumando el último cigarro de mi vida. Lo consumí al máximo, por supuesto. Me guardé la colilla. Aún la tengo en una pequeña caja; hasta el día de hoy, sigue siendo mi último cigarro.

Durante los siguientes días lo pasé mal. Bastante mal; pero yo misma me sorprendía de lo que había sido capaz de hacer. Por las noches no podía dormir, pero las pasaba riéndome yo sola por lo que estaba consiguiendo. Usé todos los trucos que os he comentado, y todos y cada uno de ellos me funcionaron. Fue duro, pero la satisfacción de conseguirlo pesaba más que todas las dificultades juntas. De hecho, 4 años después, aún no he vuelto a dar ninguna calada a un cigarro; y no porque no haya tenido ocasión; me han ofrecido infinidad de veces e incluso he tenido en mis dedos cigarros encendidos, pero nada más. Esta es la mejor señal de que la guerra está ganada; cuando el estímulo está delante de tus narices y eres capaz de frenar el impulso de la mente.

No obstante, soy consciente de que no está todo hecho. Dejar de fumar no es simplemente un proceso a corto plazo, es un ejercicio de constancia que puede durar toda la vida. Me costó bastante aprender a beber alcohol sin fumar, cuando salía de fiesta. Aun hoy me sigue costando. Me costó bastante acostumbrarme a no fumar después de las comidas; aún hoy me sigue costando. Me costó bastante rechazar cigarros, y aún hoy me sigue costando. Durante mucho tiempo buscaba gente fumadora en las paradas de autobús, o en mi familia, para situarme cerca de ellas y respirar el humo del cigarrillo. Ahora, por suerte, esto ha cambiado; tras 4 años, empiezo a repugnar el humo del cigarro; este es uno de los pocos avances que he podido experimentar a largo plazo. Los plazos son muy largos, pero en parte, me gusta; me hace aprender de mi misma; gracias a ello puedo conocer que mis límites están más allá de lo que siempre he pensado; que mi capacidad de control está muy por encima de lo que siempre creí y que mi autoconfianza no siempre ha estado donde se ha merecido.

Y sigo luchando y pagando las consecuencias de mis 10 años como fumadora; actualmente soy hipertensa y diabética, enfermedades que, aunque no las achaco directamente al tabaco, si que pienso que, posiblemente, si no hubiera fumado nunca no las tendría tan pronunciadas. Sea como sea, mi consuelo es pensar que más vale tarde que nunca.

La parte negativa de todo esto es que, tras hacer un gran esfuerzo para conseguir dejarlo y estar aún haciéndolo actualmente para evitar un mínimo fallo que me haga volver a las andadas, aún soy fumadora, aunque pasiva, y esto ya no depende tanto de mi como dependía mi condición de fumadora activa. Lo soy cuando voy a una discoteca, lo soy cuando voy a un bar, lo soy cuando me siento al lado de alguien que está fumando. Y antes me gustaba el humo, porque soy adicta pero no dependiente, pero ahora empieza a repugnarme y es cuando me doy cuenta de la importancia que tiene ser fumadora pasiva. Es toda una pena que después del esfuerzo, siga siendo fumadora pasiva porque lo quieran los demás. Por ello mismo os comentaba que estoy a favor de las nuevas leyes que se van a imponer, pues creo que me están haciendo un favor y que, sobre todo, están cuidando mi salud.


A MODO DE CONCLUSIÓN

Bufff….es difícil concluir una opinión tan larga, pero bueno; quizás os pueda ser de ayuda si lo que estáis pensando es dejar de fumar o simplemente queréis obtener información sobre la adicción. Y es que, aunque parece un tema sencillo, no lo es; existen muchos mitos acerca del tabaco que impulsa a la gente a fumar, mitos que no son verdad y tapan el verdadero problema asociado al tabaco; el tabaco mata, provoca enfermedades graves que pueden resolverse con la muerte y perjudica no solo a quien fuma, sino al no fumador que está al lado. Por este motivo, creo que todo el mundo deberíamos hacer un esfuerzo por sentir un poco de empatía y disfrutar individualmente de sus vicios, sin obligar a nadie a soportarlos. Sobre todo cuando son perjudiciales para la salud.

Desde aquí os doy todo mi apoyo si estáis pensando en dejarlo. Espero que mi experiencia os de esperanzas y os ayude a ello. Con solo eso ya habrá merecido escribir esta opinión…que mis días me ha costado.

Termino con una frase que leí en un artículo, que os incluyo en imágenes, cuando andaba yo dejando de fumar y que me reflejó todo lo que estaba sintiendo en esos momentos: Sabes que hay una sola cosa comparable al placer de no fumar; y es el placer de no fumar más. Una frase cargada de verdad.

Gracias por vuestras lecturas, valoraciones y comentarios.

¡Saludos!


Comparte esta opinión en Google+
Enlaces Patrocinados
Evaluar esta opinión

¿Cómo de útil te será esta opinión a la hora de tomar tu decisión de compra?

Directrices para las Evaluaciones

Comentarios sobre esta opinión
enderlarkin

enderlarkin

23.01.2011 13:04

Después de escribir una opinión realmente chorra sobre el tabaquismo (la mía, que no ésta, que es magnífica) no podía pasar por esta categoría sin premiar un texto tan completo, tan informativo, y a la vez personalizado con tus comentarios y vivencias. Enhorabuena por compartirlo. Saludos

juberri

juberri

15.01.2011 07:14

Estupendo y muy completo resume. ademas neo fumar esta de moda.

Octubre2007

Octubre2007

04.01.2011 17:36

Te felicito por una opinión tan completa y documentada. De entre las numerosas enfermedades de las que hablas, consecuencia directa del tabaquismo, nos olvidamos de los problemas circulatorios que, en algunos casos, resultan muy graves. Estoy en general de acuerdo con tu planteamiento, con una sola excepción. cuando dices que la ley o el gobierno "está declarando la guerra a los fumadores" y lo haces extensivo a toda la sociedad, debido a las consecuencias que algunos sectores consideran que podrá tener, etc... Yo creo que se está declarando la guerra a los espacios con humo y se está tratando de armonizar la legislación española a la de la mayoría de países europeos: prohibir el tabaco en espacios cerrados. Quizá la ley anterior no fuera buena (no seré yo quien la defienda) pero la que ha entrado en vigo el día 2 de enero, más que buena es necesaria, en mi opinión. Por cierto, sé de mucha gente que justamente AHORA va a empezar a ir a ciertos bares a los que no iban porque el ambiente era irrespirable. Y los que ya iban, seguirán haciéndolo (ya lo he podido comprobar esta misma mañana). Saludos y feli 2011.

Escribe tu comentario

máximo 2000 alcanzado

  Publicar el comentario


Evaluaciones
Esta opinión sobre Tabaquismo ha sido leída 968 veces por los usuarios:

"excepcional" por (94%):
  1. enderlarkin
  2. juberri
  3. azuar
y de usuarios adicionales 43

"muy útil" por (6%):
  1. Octubre2007
  2. chistos84
  3. agosto1975

La evaluación total de esta opinión no es únicamente el promedio de las evaluaciones individuales.